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rima

La rima

Según sea la rima, los versos se clasifican en estos grupos:

  • Versos de RIMA CONSONANTE

  • Versos de RIMA ASONANTE

  • Versos de RIMA BLANCA




    RIMA CONSONANTE

    Son versos de rima consonante cuando se repiten todos los sonidos a partir de la última vocal acentuada (con acento prosódico) de la palabra final del verso rimado. Para comprender este concepto, véase los siguientes ejemplos:


    Ejemplo

    cielo

    pálida

    ion

    paripé

    suyo

    parva

    falange

    anzuelo

    escuálida

    revisión

    pie

    barullo

    escarba

    alfanje

    anhelo

    pálida

    son

    fié

    bullo

    barba

     

    pelo

    pálida

    razón

    dé

    rehuyo

       

    cheelo

    pálida

    machón

    café

    aúllo

       

    modelo

    pálida

    zahón

    se

    excluyo

       



    RIMA ASONANTE

    Son versos de rima asonante cuando solamente coinciden los sonidos de vocales a partir de la vocal en la que recae el acento prosódico de la última palabra del verso rimado. Para comprender mejor este concepto, véase los siguientes ejemplos:


    Ejemplo

    flácido

    montaña

    desastroso

    amar

    describir

    mueran

    motor

    mágico

    agua

    asomo

    remediarán

    cosí

    querella

    cañón

    tácito

    rápida

    roto

    vas

    oí

    cosecha

    alcohol

    hábito

    plácida

    tocho

    manár

    querubín

    sea

    no

    ávido

    ansia

    beodo

    ya

    abril

    aconseja

    sol

    ánimo

    cárdena

    vosotros

    sagaz

    sonreir

    refriega

    relación


    En la rima asonante no se toman en cuenta ni las vocales débiles de los diptongos (u,i), ni las interiores de las esdrújulas. Por eso riman en asonante, con montaña: agua, rápida, plácida, ansia, cárdena, etc.




    RIMA BLANCA

    La frase "rima blanca" es un eufemismo para disfrazar la verdad de este tipo de versos = versos sin rima. Esta denominación agrupa tanto a las estrofas de versos que tienen una medida homogénea, como a los que carecen de estrofas y tienen diversas medidas. Por lo tanto, puede adivinarse que esta es la puerta por la que, sin darnos cuenta, nos adentramos en "la poesía de verso libre", eufemismo también para describir la prosa poética, esa que ni tiene medida, ni rima, ni estrofas uniformes, ni se somete a las reglas aquí descritas. Véase un claro ejemplo de rima blanca en este poema —en verdad bello— compuesto todo él de versos alejandrinos:


    ELEGÍA POR JOSÉ ANTONIO OCHAÍTA

    Me ha dejado tu muerte un sabor agridulce
    que en muchísimo tiempo no se irá de mi boca;
    un sabor machacado de retama y de tuera
    revuelto con panales de la miel de tu Alcarria.

    Tu verbo era fácil, tan hondo y castellano
    que cuando comenzabas a hablar de cualquier cosa
    saltaban las palabras, precisas, escogidas,
    con un sonido alegre de tallados cristales.

    Conocías de siempre a Dante y a Petrarca,
    sabías de memoria a Horacio y a Virgilio
    y en los libros pautados del canto gregoriano
    entonabas latines sin errar una sílaba.

    Tu verso era sonoro, delicado en matices,
    clásicamente puro, de recias consonantes;
    tal vez con influencias de Teresa de Ávila
    y del viejo Arcipreste para ti tan cercano.

    Cuando desempolvabas el siglo diecinueve
    —tú que habías nacido a principios del veinte—
    traías a nosotros pomporé de vitrinas
    y una palabrería francamente graciosa...

    En corros literarios, negándote decían:
    ¿Cómo escribe canciones siendo tan buen poeta?...
    Olvidando los nombres de Marquina y Machado
    y de que por montañas, también los hizo Lope.

    Pero tú proseguías tu labor meritoria,
    rimando sin descanso romances y sonetos
    para luego decirlos igual en una plaza,
    que frente a los tapices de unos Juegos Florales.

    Tus ojos eran vivos, morados de crepúsculo. Tu voz
    clara y vibrante, igual que una campana,
    y diciendo tus versos, te bailaban las manos
    en un aleteante, nervioso abaniqueo.

    Pues bien, así has caído, como herido del rayo,
    recitando un poema que hablaba de tu Alcarria,
    una noche de julio, cuando daba la una
    en todos los relojes de Castilla la Nueva.


    Rafael de León



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