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LA HISTORIA DE GAZAPO (18)

          Qué desesperación no saber con certeza, si aquella bella señora sucumbió, ante tan sublime poema.

          Qué desesperación no saber el desenlace de lo que a mi juicio, es uno de los pasajes más excitantes de su historia...

          Espero no ser irreverente, pero buscando entre sus poemas, encontré otro, con el mismo tono y tema que el de la "Señora de cincuenta y tantos"...

          Recalco, no puedo asegurar que se lo haya escrito a la misma señora, pero qué reconfortante sería pensar que así fue...

          Por respeto a aquella dama, no voy a compartir con ustedes este poema, porque conociendo a Gazapo... En sus años mozos... Una señora de cincuenta y tantos... No dudo, ni tantito, que aquella distinguida señora hubiera sido mi abuela.

          Bueno, pero que más da. Lo único seguro en toda esta historia, es que era un agasajo verlo escribir, tenía una habilidad tremenda.

          Un catorce de febrero, una, "noviamiga", lo colmó de regalos...

Que el disco de moda, la tarjeta de felicitación, la loción favorita, la corbata y él, por supuesto... ¡Nada!. Ese día lo vi muy apurado:

  "Dame un aventón me dijo tengo que ir a ver a una amiga".

Bueno, pero... ¿Qué no tienes coche?.

  "Sí, pero quiero que escribir algo en el camino".

          No hicimos ni 20 minutos, cuando llegamos me dijo: "Espérame tantito, nada más entrego esto":

¡Qué complicado es amarte!
(Perdón... Creo que me expresé mal),
¡Es maravilloso amarte!
Pero a veces es fatal.

Y es que me siento en la calle
cuando pienso en tu regalo,
que seas reina del detalle
eso, para mí es muy malo.

Porque querer igualarte,
resulta algo terrible,
ya no digas superarte,
eso es... ¡Misión imposible!

Porque ¿Qué se le da a una reina
que no te exige fortuna?
Quizá una azucena
o un rayito de luna.

¿Qué se le da a una reina
que no te exige un castillo?
Quizá un humilde poema
que sea grande por sencillo.

¿Qué se le da a una reina
que no te exige un tesoro?
Algo que valga la pena,
que no se compre con oro:

Una pulsera de lata,
una rosa de papel,
o quitarme la corbata
en la intimidad de un hotel...

¡Caramba, qué buena idea!,
ya sé lo que voy a darte.
Cierra los ojos, no veas...
Mi regalo es... ¡Adorarte!

Arrancarte una sonrisa,
amarte y volverte a amar,
despacito, así, sin prisa
y sin querer terminar...

¿Te gustó tu regalo?
¡Es de lo más honesto!
Si no te gusta... ¡Dalo!
Pero escucha esto:

Que para el próximo año
(perdonarás mi cinismo),
aunque me juzgues tacaño,
voy a darte... ¡Lo mismo!


Gazapo



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Publicado el: 10-05-2004
Última modificación: 00-00-0000


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