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Esta noche, hoy,
le explicaré a mi almohada
que tu no estas
porque no eres mío;
y le pediré a las sabanas
que ahoguen el deseo
de acariciarte;
y a mi habitación
que ya no te imagine dentro.
Esta noche, hoy,
le pediré a la luna
que no perturbe
la oscuridad de mi aposento
con ese rallo de luz,
que inquieto,
traspasa el cristal de mi ventana
buscándote en mí lecho.
Esta noche, hoy,
indagaré porque el silencio
te extraña con vehemencia
no le importa perderse
en los sonidos guturales
o gemidos de placer intenso.
Esta noche, hoy,
borraré tu imagen que,
con las sombras
de aquel árbol
el techo en lo alto
tu silueta me dibuja
y, esperando que se apague,
le contaré un cuento
a aquella lámpara
que encendida espera
alguna noche iluminarte;
y al viento que se cuela
por la rendija medio abierta
esperando, en pequeña ráfaga
trastocar tu piel ardiente,
le diré esta noche,
que aquí nunca estarás
que nunca dejaras tu huella
aun que sigamos anhelándote por siempre
porque aquí, aquí tú... no perteneces.
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