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Coquíes de mi tierra susúrrenme al oído el canto eterno que emana de sus adentro. Dulce melodía que canta una historia de conquistas y esclavitudes, de hambre y de progreso. Se oyen los tambores, el zas-zas del machete, se siente el olor a café y en cada piel hay un grito de superación.
Coquí, coquí, coquí….
Que lindo y melodioso se oye tu cantar por esas montañas de mi isla.
El progreso en su paso hacia adelante empuja tu diminutivo cuerpo hacías los montes profundos y solitarios. Pronto habrá que subir estos montes solitarios para gozar de tu cántico. Los ruidos de las ciudades, las planchas de cemento que caen en la tierra, formando pisos duro, los árboles tumbados, sus huecos y raíces eliminados, las insecticidas regadas por los pocos cañaverales que quedan, poco a poco te han ido matando, o te han empujado tierra adentro buscando sobrevivir.
Muchos nunca te han visto y más jamás te verán al menos que compren una postal con tu foto, pero aun así, se perderán de oír tu maravilloso canto. Y si algún día lo oyen estas nuevas generaciones, pensaran que es un grillo o quizás un animal de otro planeta.
Coquí, coquí, coquí……
Tomen conciencia, mi pueblo, de proteger lo que es netamente de nuestra isla. Lo único que los conquistadores no pudieron aniquilar ni otros dominar.
El coquí no es de Puerto Rico, mas bien esa isla es del coquí.
Coquí, coquí, coquí……
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