| El retorno maléfico |
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Mejor será no regresar al pueblo, al edén subvertido que se calla en la mutilación de la metralla. Hasta los fresnos mancos, los dignatarios de cúpula oronda, han de rodar las quejas de la torre acribillada en los vientos de fronda. Y la fusilerÃa grabó en la cal de todas las paredes ... |
| Hoy como nunca |
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Hoy como nunca, me enamoras y me entristeces; si queda en mà una lágrima, yo la excito a que lave nuestras dos lobregueces. Hoy, como nunca, urge que tu paz me presida; pero ya tu garganta solo es una sufrida blancura, que se asfixia bajo toses y toses, y toda tu una epÃstola de rasgos moribundos ... |
| La mancha de púrpura |
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Me impongo la costosa penitencia de no mirarte en dÃas y dÃas, porque mis ojos, cuando por fin te miren, se aneguen en tu esencia como si naufragasen en un golfo de púrpura, de melodÃa y de vehemencia. Pasa el lunes, y el martes, y el miércoles... Yo sufro tu eclipse ... |
| La suave patria |
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Yo que solo canté de la exquisita partitura del Ãntimo decoro, alzo la voz a la mitad del foro a la manera del tenor que imita la gutural modulación del bajo, para cortar a la epopeya un gajo. Navegaré por las olas civiles con remos que no pesan, porque van como los brazos del correo ... |
| Me estás vedada tú... |
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Imaginas acaso la amargura que hay en no convivir los episodios de tu vida pura? Me está vedado conseguir que el viento y la llovizna sean comedidos con tu pelo castaño. Me está vedado oÃr en los latidos de tu paciente corazón (sagrario de dolor y clemencia) la fórmula escondida... |
| Mi corazón se amerita |
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Mi corazón, leal, se amerita en la sombra. Yo lo sacara al dÃa, como lengua de fuego que se saca de un Ãnfimo purgatorio a la luz; y al oÃrlo batir su cárcel, yo me anego y me hundo en ternura remordida de un padre que siente, entre sus brazos, latir un hijo ciego. Mi corazón, leal, ... |
| Mi prima Agueda |
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Mi madrina invitaba a mi prima Agueda a que pasara el dÃa con nosotros, y mi prima llegaba con un contradictorio prestigio de almidón y de temible luto ceremonioso. Agueda aparecÃa, resonante de almidón, y sus ojos verdes y sus mejillas rubicundas me protegÃan... |
| Mi villa |
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Si yo jamás hubiera salido de mi villa, con una santa esposa tendrÃa el refrigerio de conocer el mundo por un solo hemisferio. TendrÃa, entre corceles y aperos de labranza, a Ella, como octava bienaventuranza. Quizá tuviera dos hijos, y los tendrÃa sin un remordimiento ni una cobardÃa. ... |
| Noches de hotel |
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Se distraen las penas en los cuartos de hotel con el heterogéneo concurso divertido de yanquis, sacerdotes quincalleros infieles, niñas recién casadas y mozas del partido. Media luz... Copia al huésped la desconchada luna en su azogue sin brillo; y flota en calendarios, en cortinas polvorosas ... |
| Y pensar que pudimos |
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Y pensar que extraviamos la senda milagrosa en que se hubiera abierto nuestra ilusión, como perenne rosa. Y pensar que pudimos, enlazar nuestras manos y apurar en un beso la comunión de fértiles veranos. Y pensar que pudimos, en una onda secreta de embriaguez, ... |
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