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25 poemas aleatorios en audio | |
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Avenida Héroes
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Juan Domingo Argüelles Por Juan Domingo Argüelles | |
La ola de Dios del mar de Dios azota. En la playa de Dios, clavado, hundido, hijo y padre de Dios, migaja suya, azotado y cansado y malherido. JAIME SABINES I Aquí estaban los muertos dijo mi padre y el rugido del viento... | |
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Canto (VI)
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Mario Bojórquez Por Mario Bojórquez | |
Te quedaste sin tierra Partícula de polvo dispersada Te quedaste en el irte El ir te dio tu casa Labró tu sombra Puso en el patio Tu maceta de lirios congelados Pero en el ir también Quedaron los deseos Plantados a orillas del camino Arboleda de natas Para tu pie ligero De: El deseo... | |
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Del origen
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Juan Domingo Argüelles Por Juan Domingo Argüelles | |
Tiembla el hielo del sol y la calle se llena con su rojez. El aire se congela y es piedra. En la mitad del día el corazón se agolpa y la sangre levanta su torrente de espuma. Caen, lentas, las nubes calcinadas y comienzan a rodar en la vereda. El mundo aquí es el principio del mundo,... | |
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Soledad del poeta
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Enrique González Martínez Por Enrique González Martínez | |
El iris de las alas bajo el manto; en la pálida sien, lauro y encina, rubor de rosa y de púrpura de espina... Rompió a cantar, y nadie oyó su canto. Vagó por los infiernos del espanto y ascendió por la escala diamantina; llevó hasta el mar la planta peregrina, se echó a llorar, y el mar bebió su llanto... | |
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He allí la vida
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Jaime Augusto Shelley Por Jaime Augusto Shelley | |
No se ama mucho o poco. Se entrega uno, decididamente, en un abrazo que dura toda la vida al ser que palpita en el encuentro: puede cambiar la persona, el ser sigue siendo el mismo. No se ama a veces, o porque sí. Se es siempre ese otro hecho vida presente y temporal. El amor no... | |
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Llagado de su mano
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Gilberto Owen Por Claudio Obregón y Óscar Chávez | |
La ilusión serpentina del principio me tentaba a morderte fruto vano en mi tortura de aprendiz de magia. Luego, te fuiste por mis siete viajes con una voz distinta en cada puerto e idéntico quemarte en mi agonía. Lascivia temblorosa de las tardes de lluvia cuando tu cuerpo balbucía... | |
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La alondra
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Alberto Blanco Por Alberto Blanco | |
La alondra construye con su canto topacios inalterados por el vuelo: paisajes remotos en lo inmediato El sol en los viñedos de las colinas y las últimas sombras en la tierra bajo el cielo plateado más que azul. Cristales nacidos de los 4 vientos: memorias de viajeros que no aceptan... | |
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Mala fe
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Rosario Castellanos Por Rosario Castellanos | |
Ni el cielo constelado de estrellas ni la ley moral, urdida en la raíz del hombre. No, a diferencia exacta de Kant, no me suscitan tales contemplaciones tales meditaciones, maravilla o asombro. Me conmueve más bien la vastedad del espacio, la inmensa magnitud de los tiempos y las... | |
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En una sola llama
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Oscar Oliva Por Oscar Oliva | |
Cuando el mundo sabe a dónde va Tú y yo abrazados En el centro del cuarto Que es una nave quemada A punto de llegar al lirio De pie En el lugar donde hubo un bosque Una palabra Nos encontramos Anticipándonos a la gran carrera Donde nadie ha de avanzar un poco... | |
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Autoanálisis
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José Emilio Pacheco Por José Emilio Pacheco | |
He cometido un error fatal y lo peor de todo es que no sé cuál... | |
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Duerme velero
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Manuel Ponce Por Manuel Ponce | |
Duerme velero, mi velerito, duerme niño marinero, marino de lo infinito. En los brazos de María el niño Dios se adormece como barco en la bahía cuando en el mar amanece. Impelido por los vuelos de cefirillos alados, abrió surcos, rompió yelos de mares paralizados... | |
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Ahora
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Jaime Torres Bodet Por Jaime Torres Bodet | |
Ahora que las últimas cohortes incendiaron las últimas praderas, en esta soledad de mármol roto, de lámparas extintas y de palabras yertas; sobre un polvo que fue tribuna o plinto, corona de palacio o tímpano de iglesia; mientras el odio se organiza para un asedio... | |
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Elegías del amado fantasma (Tercera elegía)
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Rosario Castellanos Por Carmen Farías | |
Como la cera blanda, consumida por una llama pálida, mis días se consumen ardiendo en tu recuerdo. Apenas iluminas el túnel de silencio y el espanto impreciso hacia el que paso a paso voy entrando. Algo vibra en mi ser que aún protesta contra el alud de olvido... | |
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Los locos
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Thelma Nava Por Thelma Nava | |
Los he visto de cerca, solemnes y magníficos, poniéndose su cuerpo cada día mientras les duele el cráneo desvestido. Los he visto en la tierra, azotándose, gusanitos de Dios sin esperanza. Colgados de la vida, con su domingo a cuestas que tarda en regresar una semana... | |
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Los demás de la foto
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Eduardo Langagne Por Eduardo Langagne | |
ella temía que el amor que me tenía fuera mayor al amor que yo a ella le tenía y prefirió dejar de dar amor al amor que me tenía ella tiene ahora a quien darle el amor que me tenía el que no quiso darme a mí cuando tenía mi amor que era mayor al amor que a mí ella me tenía... | |
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La anunciación
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Rosario Castellanos Por Carmen Farías | |
Porque desde el principio me estabas destinado. Antes de las edades del trigo y de la alondra y aun antes de los peces. Cuando Dios no tenía más que horizontes de ilimitado azul y el universo era una voluntad no pronunciada. Cuando todo yacía en el regazo divino, entremezclado y confundido... | |
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Ahora
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Fabio Morábito Por Fabio Morábito | |
Ahora, después de casi veinte años lo voy sintiendo: como un músculo que se atrofia por falta de ejercicio o que ya tarda en responder, el italiano, en que nací, lloré, crecí dentro del mundo pero en el que no he amado aún , se evade de mis manos, ya no se adhiere a las paredes como antes... | |
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El artista (I)
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Oscar Oliva Por Oscar Oliva | |
Por 1656 Diego Rodríguez de Silva y Velásquez se pinta en un lienzo frente a su caballete ejecutando los retratos de Felipe IV y de doña Marianaque se reflejan en el espejo del fondo Doña María Agustina Sarmiento, menina de la infanta doña Margarita, le ofrece en una bandeja un búcaro con agua... | |
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Romance apócrifo
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Manuel Ponce Por Manuel Ponce | |
Es el lirio nazareno, lo difícil de la hora, reyes sin fruto, el inútil degüello de la paloma. Paisajes de Mediodía, barnices de dura goma izan brocales antiguos, frescos tópicos de sombra. Hojas de plata caían sonando por la memoria del apóstol mineral cargado con las alforjas. Pero Jesús sueña un lago de soledades... | |
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Alabanza secreta
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Alí Chumacero Por Alí Chumacero | |
Sobre el azar alzaba su cabello súbito resplandor, y en avaricia alucinante hendía el porvenir como regresa el héroe, después de la batalla, dando al escudo sones de cansancio. Órbita del asombro, su mirar ornaba el viento fervoroso del sí antes de ser, en el venal recinto de los labios... | |
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Me encanta Dios
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Jaime Sabines Por Jaime Sabines | |
Me encanta Dios. Es un viejo magnífico que no se toma en serio. A él le gusta jugar y juega, y a veces se le pasa la mano y nos rompe una pierna o nos aplasta definitivamente. Pero esto sucede porque es un poco cegatón y bastante torpe con las manos. Nos ha enviado a algunos tipos... | |
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La palabra
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Enriqueta Ochoa Por Enriqueta Ochoa | |
Ahora, cuando se apaga el fuego que arrasó mis llanuras, con su gemido estéril, convalezco bajo un sol tibio con la fuerza enarcada. Sabiamente me alimenta la miel de una colmena inefable. Acaricio la exactitud de las celdillas e infatigable, se enardece mi espíritu, aletea... | |
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Atrás de la memoria
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Marco Antonio Montes de Oca Por Marco Antonio Montes de Oca | |
De hinojos en el vientre de mi madre Yo no hacía otra cosa que rezar, Por la grieta de su boca perfumada Alguna vez el resplandor externo sorprendí; No estaba yo al corriente de la realidad Pero cuando ella sonreía Un mediterráneo fuego se posaba En el quebradizo travesaño de mis huesos... | |
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Canto de primavera
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Nezahualcóyotl Por Raúl Dantés | |
En la casa de las pinturas comienza a cantar, ensaya el canto, derrama flores, alegra el canto. Resuena el canto, los cascabeles se hacen oír, a ellos responden nuestras sonajas floridas. Derrama flores, alegra el canto. Sobre las flores canta el hermoso faisán, su canto despliega en... | |
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Por miedo
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Amado Nervo Por Enrique Rambal | |
La dejé marcharse sola... y, sin embargo, tenía para evitar mi agonía la piedad de una pistola. ¿Por qué no morir? pensé ¿Por qué no librarme desta tortura? ¿Ya qué me resta después que ella se me fue? Pero el resabio cristiano me insinuó con voces graves: !Pobre necio, tú qué... | |
