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25 poemas aleatorios en audio | |
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Pequeña crónica de la fundación de una ciudad
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Juan Domingo Argüelles Por Juan Domingo Argüelles | |
Sobre esta piedra, junto a este árbol retorcido ya harto de la vida ellos fundaron la ciudad. Tal vez vinieron, ellos, tras las cosas; tras las casas vendrían otros, los postreros. Luego vendrían los amores y los primeros nombres de la vida, tenues apenas, inseguros, pero certeros ya... | |
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Preguntas
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Griselda Álvarez Ponce de León Por Griselda Álvarez Ponce de León | |
Si cabalga tu empeño por mis bandas y mis cabellos usas como bridas, despiertas en mi espalda alas dormidas y un reino de palomas me desbandas. Voy hasta a donde quieras. Tú me mandas. El rumbo hacia las cosas compartidas: Unas buscadas y otras poseídas, ir y venir del cielo que desandas... | |
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Espero curarme de ti
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Jaime Sabines Por Jaime Sabines | |
Espero curarme de ti en unos días. Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte. Es posible. Siguiendo las prescripciones de la moral en turno. Me receto tiempo, abstinencia, soledad. ¿Te parece bien que te quiera nada más una semana? No es mucho, ni es poco, es bastante. En una... | |
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Primero sueño (fragmento)
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Sor Juana Inés de la Cruz Por Ofelia Medina | |
Pero apenas la bella precursora signífera del Sol, el luminoso en el Oriente tremoló estandarte, tocando al arma todos los suaves si bélicos clarines de las aves (diestros, aunque sin arte, trompetas sonorosos), cuando como tirana al fin, cobarde, de recelos medrosos embarazada,... | |
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Tu carne olía ricamente a otoño...
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Tomás Segovia Por Tomás Segovia | |
Tu carne olía ricamente a otoño, a húmedas hojas muertas, a resinas, a cítricos aceites y a glisinas y a la etérea fragancia del madroño. Hábil como una boca era tu coño. Siempre había, después de tus felinas agonías de gozo, en las divinas frondas de tu deseo, otro retoño. Te... | |
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Aún no he terminado de llorar por mis muertos...
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Eduardo Langagne Por Eduardo Langagne | |
Aún no he terminado de llorar por mis muertos; tengo un nudo desnudo en la garganta porque no he terminado de llorar por mis muertos. El pecho acorralado, temblorosas las manos, mi respiración da cuenta de que no he terminado. En mi memoria viven todos ellos... | |
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Definiciones
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Eduardo Langagne Por Eduardo Langagne | |
Ella está hecha a semejanza de las cosas que amo. Se parece a la noche, o mejor: a una noche sin ausencias. Ella es exacta. Cuando la noche escurre, su cuerpo se humedece. Me permite trepar por mis temblores y agitar su nombre desde la oscuridad. Ella es irrepetible... | |
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Flor y canto
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Poesía náhuatl Por Enrique Lizalde (español) y Lino Balderas (náhuatl) | |
Ahora lo sabe mi corazón: Escucho un canto, contemplo una flor. ¡Ojalá jamás se marchite! In xochitl, in cuicatl Quin oc zan tlamatia noyolo: niccaqui in cuicatl, niquita yn xochitl, ¡Maca yn cuetlahuia!... | |
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Guía de la Ciudad de México
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Jaime Augusto Shelley Por Jaime Augusto Shelley | |
Desde las Lomas Heights, donde aún habitan, gozosos, los políticos enriquecidos, los antiguos banqueros, con su blanca (o verde) faz atónita y una numerosa flotilla de grandes capitanes de la industria y el comercio (que siguen nadando en la corriente, antes de que Neza los devore)... | |
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En las tardes...
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Víctor Sandoval Por Víctor Sandoval | |
En las tardes, cuando los hombres besan a sus mujeres por las calles y se hacen el amor como jóvenes bestias. Cuando los que practican este duro oficio de inconformes convierten los cafés en las repúblicas del ocio y la utopía. Cuando se enciende en las ventanas el relámpago gris de... | |
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Sexo
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Griselda Álvarez Ponce de León Por Griselda Álvarez Ponce de León | |
Juego de fauno sembrador de mundos alto de amor y activo de congojas, a tu servicio las semillas rojas te esperan en surcos infecundos. Protervo dios alegre por segundos más alegre quizá cuando deshojas la flor primera, cuando te despojas de todos tus ardides errabundos... | |
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Dar un rumbo al corazón
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Poesía náhuatl Por Enrique Lizalde (español) y Lino Balderas (náhuatl) | |
Qué era lo que acaso tu mente hallaba? ¿Dónde andaba tu corazón? Por esto das tu corazón a cada cosa, sin rumbo lo llevas: vas destruyendo tu corazón. Sobre la tierra, ¿acaso puedes ir en pos de algo? . Moyolhuica ¿Tle in mach tiquilnamiquia?... | |
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El mar
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Salvador Novo Por Salvador Novo | |
Post natal total inmersión para la ahijada de Colón con un tobillo en Patagonia y un masajista en Nueva York. (Su apendicitis abrió el canal de Panamá.) Caballeriza para el mar continentófago doncellez del agua playera frente a la luna llena. Cangrejos y tortugas para los ejemplares... | |
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Ajedrez
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Rosario Castellanos Por Rosario Castellanos | |
Porque éramos amigos y, a ratos, nos amábamos; quizá para añadir otro interés a los muchos que ya nos obligaban decidimos jugar juegos de inteligencia. Pusimos un tablero enfrente de nosotros: equitativo en piezas, en valores, en posibilidad de movimientos. Aprendimos las reglas, les... | |
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El cuervo
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Alberto Blanco Por Alberto Blanco | |
Sé que es diciembre en alguna parte y que saltan los astros en las copas blandas de los abetos recién nevados. Sé que hay una especie de cuervo que llega a encender su propia mecha y extiende lentas alas de humo a lo largo del cielo. Una tenue luz -mientras tanto- atraviesa las... | |
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El himno de los bosques
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Manuel José Othón Por Eduardo Lizalde | |
En este sosegado apartamiento lejos de cortesanas ambiciones, libre curso dejando al pensamiento, quiero escuchar suspiros y canciones. ¡El himno de los bosques! Lo acompaña con su apacible susurrar el viento, el coro de las aves con su acento, con su rumor eterno la montaña... | |
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Mosquitos
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José Emilio Pacheco Por José Emilio Pacheco | |
Nacen en los pantanos del insomnio. Son negrura viscosa que aletea. Vampiritos inermes, sublibélulas, caballitos de pica del demonio... | |
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Tan grande, ¡ay Hado!, mi delito ha sido...
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Sor Juana Inés de la Cruz Por Guadalupe (Pita) Amor | |
Tan grande, ¡ay Hado!, mi delito ha sido que por castigo de él o por tormento no basta el que adelanta el pensamiento sino el que le previenes al oído? Tan severo en mi contra has procedido, que me persuado, de tu duro intento, a que sólo me diste entendimiento porque fuese mi daño más crecido... | |
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Pasan las estaciones del año, pasan y no entran
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Alejandro Aura Por Alejandro Aura | |
La última calle de la ciudad no existe, en las orillas a todas horas nacen calles bajo los pies de los que pasan, y transitan muchos más sueños de los que el gobierno se imagina; por eso no es posible contarlas, no es posible manejar a la ciudad con una tabla aritmética... | |
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Rescoldo
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Jaime Labastida Por Jaime Labastida | |
Se va hacia atrás el horizonte. La estrella Sirio vuelve hasta su origen (¿cuál, oh dioses, a dónde va con esa prisa oscura?). Otros planetas surcan, en órbitas, mi sangre. El agua ya es tiniebla, el árbol se comprime. ¿Por qué la estrella y la conciencia? ¿Por qué la tempestad,... | |
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La mesa
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Fabio Morábito Por Fabio Morábito | |
A veces la madera de mi mesa tiene un crujido oscuro, un desgarrón difuso de tormenta. Una periódica migraña la tortura. Sus fibras ceden, se descruzan, buscan un acomodo más humano. Es la madera que recuerda viejos brazos. Y que recuerda que reverdecían... | |
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Los petirrojos
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Alberto Blanco Por Alberto Blanco | |
Con la puesta del sol los colorines cantaron: de todos los puntos cardinales convergieron los petirrojos en la almendra. Paulatinamente llenaron con sus cuerpecitos las ramas duras y secas del otoño. Las jacarandas en tonos menores y las nubes sonrojadas... | |
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La sexagésima séptima
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Alejandro Aura Por Alejandro Aura | |
hacia dónde las cosas se dirigen no la vida y no los grandes temas el objeto la cosa material lo natural ajeno y cierto y todo lo que hacemos como el poliuretano y el vinyl el aluminio el nailon sus juegos de moléculas abren ante mí los ojos asombrados... | |
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Quinta avenida
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José Juan Tablada Por Sergio de Alva | |
Mujeres que pasáis por la Quinta Avenida tan cerca de mis ojos, tan lejos de mi vida... ¿Soñáis desnudas que en el baño os cae áureo Jove pluvial, ¡como a Danae!... o por ser impregnadas de un tesoro, al asalto de un toro de oro tendéis las ancas como Pasifae? ¿Sobáis con... | |
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Los distraídos
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Rosario Castellanos Por Rosario Castellanos | |
Algunos lo ignoran. Creían que la tierra era aún habitable. No miraron la grieta que es sismo abrió; no estaban cuando el cáncer aparecía en el rostro espantado de un hombre. Rieron en el instante en que una manzana, en vez de caer, voló y el universo fue declarado loco... | |
