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25 poemas aleatorios en audio | |
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Ifigenia Cruel (IV)
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Alfonso Reyes Por Alfonso Reyes | |
Soy el rey Toas, de leves pies como las aves. Como quien manda, olvido mis cuidados por el oír el rumor que corre el pueblo. Hecha de mar y roca, alta señora, sacerdotisa que llevas la clava desde que el cielo apedreó a la tierra con el poder de la nocturna Diosa Díctina de la selva, hija de Leto... | |
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Llena está el agua...
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Carmen Alardín Por Carmen Alardín | |
Llena está el agua del dolor de los postes y la añoranza de las avenidas. De la canción que brota sin asombro y la sorpresa de la primavera. Llena está el agua de presentimientos, del amor que evadieron las palomas, de visitas a diario a los planetas donde habitan los muertos. De la... | |
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Hipótesis del solitario
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Rosario Castellanos Por Rosario Castellanos | |
Una cotorra, un timbre postal, un gato, un perro, algún espantapájaros cualquiera, alguien que, si recibe una dosis de amor, no segregue anticuerpos, no cree resistencias sino que simplemente asimile. Asimile sin intoxicaciones peligrosas y sin alteración de su naturaleza. Y luego,... | |
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Viento entero
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Octavio Paz Por Octavio Paz | |
El presente es perpetuo Los montes son de hueso y son de nieve están aquí desde el principio El viento acaba de nacersin edad como la luz y como el polvoMolino de sonidos el bazar tornasoleatimbres motores radios el trote pétreo de los asnos opacos cantos y quejas enredados entre las barbas de los comerciantes... | |
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Nostalgia
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Manuel José Othón Por Eduardo Lizalde | |
O! ubi campi? En estos días tristes y nublados en que pesa la niebla sobre mi alma cual una losa sepulcral, ¡ay! cómo mis ojos se dilatan tras esos limitados horizontes que cierran las montañas, queriendo penetrar otros espacios, cual en un mar sin límites ni playas. ¡Pobre pájaro... | |
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Oigo los coches
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Fabio Morábito Por Fabio Morábito | |
En la mañana oigo los coches que no pueden arrancar. A lo mejor, entre los árboles, hay pájaros así, que tardan en lanzarse al diario vuelo, y algunos nunca lo consiguen. Me alegro cuando un auto, enfriado por la noche, recuerda al fin la combustión y prende sus circuitos. Qué... | |
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En que descubre digna estirpe a un borracho linajudo
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Sor Juana Inés de la Cruz Por Ofelia Medina | |
Porque tu sangre se sepa, cuentas a todos, Alfeo, que eres de Reyes. Yo creo que eres de muy buena cepa; y que, pues a cuentos topas con esos Reyes enfadas, que, más que Reyes de Espadas, debieron de ser de... | |
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El martes
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Gilberto Owen Por Claudio Obregón y Óscar Chávez | |
Pero me romperé. Me he de romper, granada en la que ya no caben los candentes espejos biselados, y lo que fui de oculto y leal saldrá a los vientos: Subirán por la tarde purpúrea de ese grano, o bajarán al ínfimo ataúd de ese otro, y han de decir: Un poco de humo se retorcía en cada... | |
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Eres tú verdadero
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Nezahualcóyotl Por Raúl Dantés | |
Eres tú verdadero...? ¿Eres tú verdadero, tienes raíz? Sólo quien todas las cosas domina, el dador de la vida. ¿Es ésto verdad? ¿Acaso no lo es, como dicen? ¡Que nuestros corazones no tengan tormento! Todo lo que es verdadero, lo que tiene raíz, dicen que no es verdadero que no tiene raíz... | |
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Vencidos
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Alí Chumacero Por Alí Chumacero | |
Igual que roca o rosa, renacemos y somos como aroma o sueño tumultuoso en incesante amor por nuestro duelo; fugitivos sin fin que el rostro guardan, mudos cadáveres precipitados a una impasible tempestad; y morimos en nuestras propias manos, sin saber de agonías, caídos descuidados... | |
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No es una desgracia abrir los ojos...
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Rubén Bonifaz Nuño Por Rubén Bonifaz Nuño | |
No es una desgracia abrir los ojos ni tener despiertos los deseos y estar triste y solo y pensando. Y no ser de aquellos que consiguieron su placer a ciegas para cegarse; su televisión después del cine, sus bailes, su ruido, sus limonadas; pero que a la medianoche se sientan, pesados... | |
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Que te acaricie yo, tus pechos, ave...
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Fernando del Paso Por Fernando del Paso | |
Que te acaricie yo, tus pechos, ave, como rezar las cuentas de un rosario. Y que mi amor badajo y campanario te lo repique yo, que yo te clave. Que sean mis manos, de tus muslos, llave. Tu rosa, de mis dedos, relicario, y en su fronda la lengua de un canario con mi lengua, la sal,... | |
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Hierba
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Carmen Boullosa Por Carmen Boullosa | |
Allá va la hierba que creció sin tocar tierra. Va la que no conoció el lodo ni el seco craquelar sin lluvia. Pasa en flor, sobre la ráfaga. Pasa silbante. Blandida o aventada como arma o herramienta. No sabe pesar porque nunca ha pesado. Al volar no duerme ni descansa. Hierba sin nombre, hierba perra... | |
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Pompeya
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José Emilio Pacheco Por José Emilio Pacheco | |
La tempestad de fuego nos sorprendió en el acto de la copulación. No fuimos muertos por el río de lava. Nos ahogaron los gases; la ceniza nos sirvió de sudario. Nuestros cuerpos continuaron unidos en la roca: petrificado espasmo interminable... | |
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Esta barca sin remos es la mía...
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Carlos Pellicer Por Carmen Montejo | |
Esta barca sin remos es la mía. Al viento, al viento, al viento solamente le ha entregado su rumbo, su indolente desolación de estéril lejanía. Todo ha perdido ya su jerarquía. Estoy lleno de nada y bajo el puente tan sólo el lodazal, la malviviente ruina del agua y de su platería... | |
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Lagarto
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Jorge Fernández Granados Por Jorge Fernández Granados | |
Camina como un dragón caído que fue despojado del fuego y de las alas. Sobreviviente de una raza de gigantes, hoy luce el agazapado apetito de la demora, el lento, hastiado zigzaguear de un pesimista. Es una piedra en el centro del desierto. Hay otro tiempo detrás de sus ojos... | |
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Sospecha crueldad disimulada, el alivio que la esperanza da
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Sor Juana Inés de la Cruz Por Guadalupe (Pita) Amor | |
Diuturna enfermedad de la esperanza que así entretienes mis cansados años y en el fiel de los bienes y los daños tienes en equilibrio la balanza; que siempre suspendida en la tardanza de inclinarse, no dejan tus engaños que lleguen a excederse en sus tamaños la desesperación o la confianza... | |
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La piel
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Jaime Labastida Por Jaime Labastida | |
Creyente sólo de lo que toco, yo te toco, mujer, hasta la entraña, el hueso, aquello que otros llaman alma, tan unida, tan cerca de la carne mortal y voluptuosa o siempre ardiente o nunca maltratada sino dulce, oscilante entre querer y subir, adentro de la espuma... | |
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Llorarte es bueno
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Sabeli Ceballos Franco Por Sabeli Ceballos Franco | |
Ya he llorado hasta sentirme viva Me he comido de dolor hasta los dientes Llorarte, sí pero lamiendo el mundo Amarte, sí y llorar de amor por eso Llorar sin religión sobre una biblia de lágrimas He pensado demasiado en lo que te falta y me sobra Lloro sin querer, como si hubiesen... | |
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Para nombrar a España con amor
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Thelma Nava Por Thelma Nava | |
País que venías a mi encuentro sin sospecharlo(¿o era yo la que caminaba hacia ti?) que estuvo siempre detrás del mar, con su aliento de sal y el deseo de la primera golondrina. Es posible que un día me reconozca en ti, en tu olor de semillas, en tus flores recién cortadas... | |
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Antes del reino
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Homero Aridjis Por Homero Aridjis | |
Es tu nombre y es también octubre es el diván y tus ungüentos es ella túla joven de las turbaciones y son las palomas en vuelos secretos y el último escalón de la torre y es la amada acechando el amor en antemuros y es lo dable en cada movimiento y los objetos y son los pabellones y el no estar del todo en una acción... | |
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Jaula de oro
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Oscar Oliva Por Oscar Oliva | |
Musa en alcahaz toca a mitad de lo que fluye; pues la otra, enrarecida, va en efusión, si no divina, sí en exterior extendido,en vuelo. Hasta los codos, todavía hay poesía. Un paso más, y aleando se derretirá esta musa que crepúsculos ignora, encarcelada... | |
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Muerte hilandera
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Carmen Alardín Por Carmen Alardín | |
Cuando los huracanes son exclusivamente tuyos, cuando tienen tu sello y las tormentas se unen únicamente a ti, cuando los huracanes muerden las carreteras y hacen flotar la intimidad sin prejuicio alguno ni resto de virtud. Entonces, yo voy creciendo a fuerza de invocarte... | |
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Los sonetos de Zapotlán
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Carlos Pellicer Por Carlos Pellicer | |
Un amarillo estar de otoño al día. Sus olvidadas comunicaciones abrieron los antiguos corazones que junio en otros junio exprimía. Triunfos de corporal idolatría desnudan sepulcrales posesiones. Las perlas, amargadas, las acciones atléticas, vejada fantasía. ¿En dónde estás, eterna primavera?... | |
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Fiumiccino
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Enzia Verduchi Por Enzia Verduchi | |
Sobrentendido es no hablar de aquel diciembre, mencionar siquiera el tintineo de los cubiertos y los cuentos para niños hartos en el avión. Nadie puede olvidar en un trazo de crayola, por colorido que sea, a quienes sirvieron el ambigú ignorantes de que sería su última cena... | |
