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25 poemas aleatorios en audio | |
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Marianne
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Enriqueta Ochoa Por Enriqueta Ochoa | |
Después de leer tantas cosas eruditas estoy cansada, hija, por no tener los pies más fuertes y más duro el riñón para andar los caminos que me faltan. Perdona este reniego pasajero al no encontrar mi ubicación precisa y pasarme el insomnio acodada en la ventana cuando la lluvia cae... | |
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Consejos de un padre a su hija
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Poesía náhuatl Por Enrique Lizalde (español) y Lino Balderas (náhuatl) | |
Aquí estás, mi hijita, mi collar de piedras finas, mi plumaje de quetzal, mi hechura humana, la nacida de mí. Tú eres mi sangre, mi color, en ti está mi imagen. Ahora recibe, escucha: vives, has nacido, te ha enviado a la tierra el Señor Nuestro, el Dueño del cerca y del junto, el hacedor de la gente... | |
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El jilguero
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Alberto Blanco Por Alberto Blanco | |
El natural cansancio del jilguero rinde sus frutos en el crepúsculo: se posa en un alero o en una rama y entra temblando levemente al sueño. Su cuerpo es tan sutil y delicado como la carne de los dioses pueriles o bien como las notas más sedosas que la viola es capaz de sostener... | |
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Estoy acostada en la misma cama...
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Juan Rulfo Por Juan Rulfo | |
Estoy acostada en la misma cama donde murió mi madre hace ya muchos años; sobre el mismo colchón; bajo la misma cobija de lana negra con la cual nos envolvíamos las dos para dormir. Entonces yo dormía su lado, en un lugarcito que ella me hacía debajo de sus brazos. Creo sentir todavía el golpe pausado de su respiración... | |
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Diálogo del sabio y su discípulo
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Rosario Castellanos Por Rosario Castellanos | |
Cuando decimos yo nos atamos al cuello una vocal redonda, una cuerda de ahorcar; nos taladramos la nariz con un aro como el que rige al buey; nos ceñimos grillete de prisionero. Círculo de exclusión, rómpelo, sáltalo. Tus ojos son poliédricos como los de la avispa... | |
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Balada para dos locos
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Sabeli Ceballos Franco Por Sabeli Ceballos Franco | |
mi corazón para que en él escarbes busques tesoros entierres muertos no estaba muerta pero me vi nacer en la primera cita con tu cuerpo tengo muy poco pero te entrego todo la margarita anciana el pavimento las cuerdas que me rodean el cuello no te pedí que aparecieras mas llegaste... | |
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Romance apócrifo
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Manuel Ponce Por Manuel Ponce | |
Es el lirio nazareno, lo difícil de la hora, reyes sin fruto, el inútil degüello de la paloma. Paisajes de Mediodía, barnices de dura goma izan brocales antiguos, frescos tópicos de sombra. Hojas de plata caían sonando por la memoria del apóstol mineral cargado con las alforjas. Pero Jesús sueña un lago de soledades... | |
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Me tienes en tus manos...
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Jaime Sabines Por Jaime Sabines | |
Me tienes en tus manos y me lees lo mismo que un libro. Sabes lo que yo ignoro y me dices las cosas que no me digo. Me aprendo en ti más que en mí mismo. Eres como un milagro de todas horas, como un dolor sin sitio. Si no fueras mujer fueras mi amigo. A veces quiero hablarte de... | |
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Conjuro
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Jaime García Terrés Por Jaime García Terrés | |
De tu mirada llena las bienaventuranzas aguardamos, rotundo sol de mayo: Aquellos cuerpos en la calle solos están. Huye la pena misma de su lado. Catástrofes y fiebres asédianlos ajenas a distancia. Y les niega raíces la tierra que su sombra hiere... | |
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Vigilias
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Jaime Augusto Shelley Por Jaime Augusto Shelley | |
Quise que me conociera como realmente soy. Dejé atrás todas las trampas. En estado de alcohol grité, imploré, ofendí; vomité dolor y miedo sobre su regazo. Cuando me vio, sombrío en la humedad, febril por el desorden, revolcado y puro, casi un recién nacido, sin duda por el tanto amor, sin duda, escupió sobre mi rostro, huyó... | |
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Aire
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Xavier Villaurrutia Por Alberto Dallal | |
El aire juega a las distancias: acerca el horizonte, echa a volar los árboles y levanta vidrieras entre los ojos y el paisaje. El aire juega a los sonidos: rompe los tragaluces del cielo, y llena con ecos de plata de agua el caracol de los oídos. El aire juega a los colores... | |
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El retorno
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Rosario Castellanos Por Rosario Castellanos | |
Piso la tierra de Anáhuac que es la tierra de mis muertos. Pues bien: como su nombre lo indica y otros signos están muertos. No hablan... Algunos, los recientes, con el mentón atado todavía al último pañuelo, otros con la mandíbula intacta, calcio vuelto a su existencia mineral que... | |
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Pompeya
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José Emilio Pacheco Por José Emilio Pacheco | |
La tempestad de fuego nos sorprendió en el acto de la copulación. No fuimos muertos por el río de lava. Nos ahogaron los gases; la ceniza nos sirvió de sudario. Nuestros cuerpos continuaron unidos en la roca: petrificado espasmo interminable... | |
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Historia
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Griselda Álvarez Ponce de León Por Griselda Álvarez Ponce de León | |
Ay primavera, primavera suave! Érase una mujer que compartía el humus de la tierra, la armonía, el árbol fácil y el nidal del ave. Érase una mujer como una llave con la que abrir un mundo de alegría, una mujer, fugaz sabiduría, pacífica guerrera, beso en clave. Y érase un hombre así, de todas suertes hombre y señor... | |
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Nombres
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Gilberto Owen Por Claudio Obregón y Óscar Chávez | |
Preso mejor. Tal vez así recuerde otra iglesia, la catedral de Taxco, y sus piedras que cambian de forma con la luz de cada hora. Las calles ebrias tambaleándose por cerros y hondonadas, y no lo sé, pero es posible que llore ocultamente, al recorrer en sueños algún nombre: Callejón... | |
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Piedra nativa
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Octavio Paz Por Octavio Paz | |
La luz devasta las alturas Manadas de imperios en derrota El ojo retrocede cercado de reflejos Países vastos como el insomnio Pedregales de hueso Otoño sin confines Alza la sed sus invisibles surtidores Un último pirú predica en el desierto Cierra los ojos y oye... | |
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Talpa
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Juan Rulfo Por Juan Rulfo | |
Natalia se metió entre los brazos de su madre y lloró largamente allí con un llanto quedito. Era un llanto aguantado por muchos días, guardado hasta ahora que regresamos a Zenzontla y vio a su madre y comenzó a sentirse con ganas de consuelo. Sin embargo, antes, entre los trabajos de tantos días difíciles... | |
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Sombras
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Jaime Augusto Shelley Por Jaime Augusto Shelley | |
Después de los cuerpos van las sombras Átomos dispersos que se encajan en los pisos las paredes que estallan en los bordes dilatándose vuelven y se quedan en el mediodía Van las sombras como cuerpos Los cuerpos como viento... | |
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Bajo la tórrida ceremonia sin eclipse
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Marco Antonio Montes de Oca Por Marco Antonio Montes de Oca | |
Eres la estrella de mar sembrada en el cielo raso El invisible metal cuyo único peso es su nombre La ola en hombros del trigo El agua plural y antepasada El astro lapislázuli El astro verde veronés El astro amarillo iluminado El astro que al encenderse pierde los colores Y la alcoba del otoño... | |
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Tiendo la mano
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Jaime Augusto Shelley Por Jaime Augusto Shelley | |
Tiendo la mano ahora, no la azoto, no la empuño, no la doblo, tiendo la mano ahora que estoy. Si te digo que voy en calma, miento. Todavía abogo por las uñas y las ansias, rojos los nudillos, todavía no miento. Si te digo arado cuento los surcos entre dedo y dedo. Y hay un fruto y... | |
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Cerezas
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Ramón Xirau Por Ramón Xirau | |
Rojas las cerezas, rojo el claustro iluminado de vidas limpias. Claridad. ¿El sol, cántico de fuego? Rojas las cerezas todo luz, todo mar todo claustro. Cireresa Octavio Pazen seu aniversario Vermelles les cireres, vermell el claustre... | |
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Ciclo
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Marco Antonio Montes de Oca Por Marco Antonio Montes de Oca | |
Un resplandor un trueno y luego nada, Hastío tal vez, Preocupación por tu cuerpo que no llega, Vigas en el ojo ajeno y en el propio, Cierta pantera prensada como flor Entre las tapas ardientes de la noche; Acaso tú Mojada fabulosamente en la esperanza, Quizá los anillos En que un planeta baila sin hallar salida... | |
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Aún no he terminado de llorar por mis muertos...
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Eduardo Langagne Por Eduardo Langagne | |
Aún no he terminado de llorar por mis muertos; tengo un nudo desnudo en la garganta porque no he terminado de llorar por mis muertos. El pecho acorralado, temblorosas las manos, mi respiración da cuenta de que no he terminado. En mi memoria viven todos ellos... | |
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Economía doméstica
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Rosario Castellanos Por Rosario Castellanos | |
He aquí la regla de oro, el secreto del orden: Tener un sitio para cada cosa y tener cada cosa en su sitio. Así arreglé mi casa. Impecable anaquel el de los libros: Un apartado para las novelas, otro para el ensayo y la poesía en todo lo demás. Si abres una alacena huele a espliego y... | |
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Todo se deja, así (fragmentos)
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Carmen Alardín Por Carmen Alardín | |
Era todo tan leve como el punto más liviano del sol cuando amanece. Era todo tan suave como el higo picoteado de pájaros con sueño. Era luz que se quiebra en tu sonrisa suspendiendo sus frutos en la sombra. Era todo tan tenue que cabía en un adiós o en una bienvenida. Era todo tan... | |
