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25 poemas aleatorios en audio | |
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Desamor
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Rosario Castellanos Por Rosario Castellanos | |
Me vio como se mira al través de un cristal o del aire o de nada. Y entonces supe: yo no estaba allà ni en ninguna otra parte ni habÃa estado nunca ni estarÃa. Y fui como el que muere en la epidemia, sin identificar, y es arrojado a la fosa común. De: PoesÃa no eres... | |
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Mutaciones
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Juan Bañuelos Por Juan Bañuelos | |
Un Coyote Emplumado es más que un lobo sin manada es menos que un árbol sin raÃces es más que el aire sin ninguna fronda menos que esa puerta que la cierra el viento es más que un rÃo arrastrando troncos y animales menos que un ciervo yugulado en la espesura es más que cualquier... | |
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Hojamarga
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Juan Bañuelos Por Juan Bañuelos | |
Hija del campo y de la luz/ vientre de piedra sollamada/ nunca se elevó tan bajo tu hambre/ tu sombra sin su cuerpo/ la impostura/ la ceniza de tus trojes quemadas/ el látigo/los nadies de la sed... -qué sé yo qué!- Y a punto de salpicar está la sangre estando fraternal estaba y... | |
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Trabajos del poeta (XIV, XVI)
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Octavio Paz Por Octavio Paz | |
DifÃcilmente, avanzando milÃmetros por año, me hago un camino entre la roca. Desde hace milenios mis dientes se gastan y mis uñas se rompen para llegar allá, al otro lado, a la luz y el aire libre. Y ahora que mis manos sangran y mis dientes tiemblan, inseguros, en una cavidad rajada por la sed y el polvo... | |
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Fuego en voz alta para encender la primavera
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EfraÃn Bartolomé Por EfraÃn Bartolomé y el canto extático de los derviches | |
Vibro Estoy cantando Ilumino la oscuridad cantando De la fruta ligeramente amarga del corazón se levantan delgadas capas de una suave corteza Capas ligeras como el aroma que se desprende bajo el sol de un paquete compacto de grandes hojas de tabaco Estoy cantando Me descubro... | |
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Diálogo del movimiento
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Oscar Oliva Por Oscar Oliva | |
Muévete, muévete, le digo a la mujer. Mueve el cadáver que lloro, que cargo, que entierro. VacÃame. Riégame. Mueve los dÃas que han de modelarme en otro pez, que ya se presienten en mi olor. Mueve esta alegrÃa sobre la que estoy acostado. Muévete. Tan sólo... | |
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Pequeña del amor
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Jaime Sabines Por Jaime Sabines | |
Pequeña del amor, tú no lo sabes, tú no puedes saberlo todavÃa, no me conmueve tu voz ni el ángel de tu boca frÃa, ni tus reacciones de sándalo en que perfumas y expiras, ni tu mirada de virgen crucificada y ardida. No me conmueve tu angustia tan bien dicha, ni tu sollozar callado y... | |
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El dueño de la ciudad
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Alejandro Aura Por Alejandro Aura | |
El dueño de la ciudad vendrá algún dÃa con su claro rostro iluminado; el que la dejó para ir a conocer otros vistosos sitios; el que vestÃa con riqueza y llenaba de júbilo los corazones de quienes le oÃan... | |
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Voz de mis soledades (III)
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ElÃas Nandino Por ElÃas Nandino | |
No sé cómo mirar para encontrarte, horizonte de amor en que me excito, distancia sin medida donde habito para matar las ansias de tocarte. No sé cómo gritar para llamarte en medio de mis siglos de infinito donde nace el silencio de mi grito movido por la sangre de buscarte. Mirar sin... | |
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El emperador de los cadáveres
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José Emilio Pacheco Por José Emilio Pacheco | |
El emperador quiere huir de sus crÃmenes pero la sangre no lo deja solo. Pesan los muertos en el aire muerto y el trata siempre en vano de ahuyentarlos. Primero lograrÃan borrar con pintura la sombra que a media tarde proyecta el cuerpo del emperador sobre los muros del palacio... | |
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Nocturno a Rosario
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Manuel Acuña Por Carmen Feito Maeso | |
Pues bien! yo necesito decirte que te adoro decirte que te quiero con todo el corazón; que es mucho lo que sufro, que es mucho lo que lloro, que ya no puedo tanto y al grito que te imploro, te imploro y te hablo en nombre de mi última ilusión... | |
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SombrÃa imagen
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Alà Chumacero Por Alà Chumacero | |
Como el fúnebre aire desciende por las noches sobre los árboles, irrumpes fiel, devastadora y ciega; pueblas asà de nubes y de dolientes rosas la soledad ardida del deseo y esa callada tierra de mis ojos mirando la quietud, lÃvida arena donde el pensamiento yace sosegado... | |
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El retorno maléfico
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Ramón López Velarde Por Enrique Lizalde | |
Mejor será no regresar al pueblo, al edén subvertido que se calla en la mutilación de la metralla. Hasta los fresnos mancos, los dignatarios de cúpula oronda, han de rodar las quejas de la torre acribillada en los vientos de fronda. Y la fusilerÃa grabó en la cal de todas las paredes... | |
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Volaron águilas...
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Rubén Bonifaz Nuño Por Rubén Bonifaz Nuño | |
Volaron águilas, leones gimieron vencedores. Alas lÃvidas despliega en mi cabeza el vino. Y un orden puro, como el de la noche en torno de las mesas, se construye. Y aunque nada es seguro, me deleito en el lugar de la amistad ahora. Como puño de tierra es lo que hacemos; como otoño en las ramas... | |
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No me quejo
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Sabeli Ceballos Franco Por Sabeli Ceballos Franco | |
no me quejo de la minusvalÃa con que tasaron a mi género los vecinos del débil sexo fuerte ni remedio tampoco dejaré de ser por eso pterodáctilo maternal sobreviviendo los milenios ciberferomona de pantalla con regulador de llanto en el cabello ni lavándome la cara me quitarÃa el... | |
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El regreso de Robinson Crusoe
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Enzia Verduchi Por Enzia Verduchi | |
Para Jorge Esquinca En un archipiélago del océano pacÃfico existen paquetes turÃsticos con tu nombre, paraÃso para jugar al golf o al tenis, para iniciar a los recién casados: villas Dafoe, comedor Viernes, curiosidades Crusoe. Ahora sólo eres más viejo, Robinson, no tienes que... | |
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La septuagésima sexta
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Alejandro Aura Por Alejandro Aura | |
de dónde nace el fuego vasta luz basta candente luz déjame pensar de dónde cómo he de sacar en claro nada entre tanta claridad de la rajada primera del oculto corte del medio de la carne de mujer ya sé de dónde de un ojo que puede construir lo que no ve... | |
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Muerte niña
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Carmen AlardÃn Por Carmen AlardÃn | |
No temas, niña sola cruza el salón despacio porque el eco es enorme y podrá degollarte las pisadas. Abrázate a tu sombra si es preciso, si no logras llegar, mejor no vuelvas, porque no es justo regresar por nada... | |
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Sitios
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Juan Bañuelos Por Juan Bañuelos | |
Andenes agobiados por la carga y descarga de mercancÃas que suenan como cráneos. Techos de nubes como tifones aún dormidos. Uno descansa al horizonte como un vaso de aguardiente sobre una mesa lacónica y de cedro. Aquél devana una madeja de liendres instantáneas. El ojo cambia... | |
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Jiga
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Tomás Segovia Por Tomás Segovia | |
Échame un vistazo al menos de arriba abajo mÃrame cómo estoy de cabo a rabo enamorado tengo enamorados los ojos y tengo la boca enamorada y tengo el pie izquierdo enamorado y mucho más el pie derecho tengo también enamoradas las espumosas ingles... | |
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Discurso sobre los cangrejos
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José Emilio Pacheco Por José Emilio Pacheco | |
En la costa se afirma que los cangrejos son animales hechizados y seres incapaces de volverse para mirar sus pasos. De las tercas mareas aprendieron la virtud del repliegue, el ocultarse entre rocas y limo. Caminantes oblicuos, en la tenacidad de sus dos pinzas sujetan al vacÃo que penetran sus ojillos feroces como cuernos... | |
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Un ramo de rosas
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Eduardo Langagne Por Eduardo Langagne | |
Una es la rosa que hirió a Rilke, quisiera por ello escarmentarla, pero no puedo; le temo y me fascina, me obsesiona la rosa memorablemente enlazada a nuestras vidas. Elegà alguna más de entre las milagrosas rosas de Juan Diego que la ilusión dibuja en un ayate... | |
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La rosa es una rosa es una rosa...
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Fernando del Paso Por Fernando del Paso | |
La rosa es una rosa es una rosa. Tu boca es una rosa es una boca. La rosa, roja y rosa, me provoca: Se me antoja una boca temblorosa. La roja, roja sangre rencorosa de la rosa, que quema lo que toca, de tu boca de rosa se desboca y me moja la boca, ponzoñosa. La pena, pena roja de mi... | |
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Palabras, frases, sÃlabas...
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Octavio Paz Por Octavio Paz | |
Palabras, frases, sÃlabas, astros que giran alrededor de un centro fijo. Dos cuerpos, muchos seres que se encuentran en una palabra. El papel se cubre de letras indelebles, que nadie dijo, que nadie dictó, que han caÃdo allà y arden y queman y se apagan. Asà pues, existe la poesÃa, el amor existe... | |
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Nocturno en que nada se oye
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Xavier Villaurrutia Por Alberto Dallal | |
En medio de un silencio desierto como la calle antes del crimen sin respirar siquiera para que nada turbe mi muerte en esta soledad sin paredes al tiempo que huyeron los ángulos en la tumba del lecho dejo mi estatua sin sangre para salir en un momento tan lento en un interminable... | |
