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25 poemas aleatorios en audio | |
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Primero sueño (fragmento)
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Sor Juana Inés de la Cruz Por Ofelia Medina | |
Pero apenas la bella precursora signífera del Sol, el luminoso en el Oriente tremoló estandarte, tocando al arma todos los suaves si bélicos clarines de las aves (diestros, aunque sin arte, trompetas sonorosos), cuando como tirana al fin, cobarde, de recelos medrosos embarazada,... | |
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Sitios
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Juan Bañuelos Por Juan Bañuelos | |
Andenes agobiados por la carga y descarga de mercancías que suenan como cráneos. Techos de nubes como tifones aún dormidos. Uno descansa al horizonte como un vaso de aguardiente sobre una mesa lacónica y de cedro. Aquél devana una madeja de liendres instantáneas. El ojo cambia... | |
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Antiguallas
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Francisco González Léon Por Rosenda Monteros | |
Casas de mi lugar que tienden a desaparecer; raras casas que aun suelo yo encontrar. Es de ver la multitud de los patios empedrados; el brocal con arcadas de ladrillo, los arriates adosados a los muros (altos muros patinados y sin brillo) y la parra que se afianza entre sus grietas... | |
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Sonetos (170, 172, 174)
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Sor Juana Inés de la Cruz Por Laura Castanedo | |
De amor, puesto antes en sujeto indigno, es enmienda blasonar del arrepentimiento Cuando mi error y tu vileza veo, contemplo, Silvio, de mi amor errado, cuán grave es la malicia del pecado, cuán violenta la fuerza de un deseo. A mi mesma memoria apenas creo que pudiese caber... | |
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La ciudad inocente
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Thelma Nava Por Thelma Nava | |
Ciudad antropófaga ¿por qué caminas en nosotros y te mueves como una bestia que la sombra confunde? Te desperezas en todos los habitantes que te identifican en esa cierta debilidad por el otoño, hábilmente disimulada. Nada puedes hacer cuando te derriban el último sueño... | |
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Luz
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Jaime Labastida Por Jaime Labastida | |
Ciego de nacimiento, me escandaliza el tacto. Vivaldi suena en medio de la bruma y la ciudad, bella hasta su colmo, intolerable, extiende dedos hacia el mar. El ancla de la vida se estremece, el sol rebasa sus medidas y entra durísimo, convicto, entre las nubes... | |
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Igual que en el grabado de Escher
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Eduardo Langagne Por Eduardo Langagne | |
No sé si subo o bajo la escalera Si desde arriba ya alcancé el peldaño No quiero más abajo hacerme daño descender o ascender lo hace cualquiera Si desde abajo encuentro la manera Puedo alcanzar el linde de lo extraño Si bajando traspaso la frontera... | |
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Recuerdo que el amor era una blanda furia...
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Eduardo Lizalde Por Eduardo Lizalde | |
Lo he leído, pienso, lo imagino; existió el amor en otro tiempo. Será sin valor mi testimonio. Rubén Bonifaz Nuño Recuerdo que el amor era una blanda furia no expresable en palabras. Y mismamente recuerdo que el amor era una fiera lentísima: mordía con sus colmillos de azúcar y... | |
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Perséfone (Fragmento)
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Homero Aridjis Por Homero Aridjis | |
Las piezas de ajedrez están sobre el tablero, esperando no sé qué próximo y exacto movimiento, fijas y creadas para impersonales ceremonias, suspendidas en la vigésima jugada ante el inminente derrumbe de las blancas, cuando el rey de albura ya no puede elegir y las negras deciden la... | |
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Romance apócrifo
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Manuel Ponce Por Manuel Ponce | |
Es el lirio nazareno, lo difícil de la hora, reyes sin fruto, el inútil degüello de la paloma. Paisajes de Mediodía, barnices de dura goma izan brocales antiguos, frescos tópicos de sombra. Hojas de plata caían sonando por la memoria del apóstol mineral cargado con las alforjas. Pero Jesús sueña un lago de soledades... | |
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La sexagésima segunda
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Alejandro Aura Por Alejandro Aura | |
que está desnudo que anda a saltos que ruge gime brama las órbitas de sus ojos se han abierto hacia atrás hasta fundirse que ha sido espejo de dones y crisol de fantasías el cabello le nace como una fuente negra y hosca que tira al derredor palabras sucias... | |
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Plátanos en el Main
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Enzia Verduchi Por Enzia Verduchi | |
Era otoño en Francfort y la primera visión del río fue un cuerpo ahogado en su sed. Juraste que los árboles aledaños al Main se llamaban plátanos y eran sus hojas las que se arremolinaban en ese cuerpo. Y a espaldas de esa premonición recorrimos los adoquines del Römer insensibles a... | |
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Bajo mis manos crece...
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Jaime Sabines Por Jaime Sabines | |
Bajo mis manos crece, dulce, todas las noches. Tu vientre suave, manso, infinito. Bajo mis manos que pasan y repasan midiéndolo, besándolo, bajo mis ojos que lo quedan viendo toda la noche. Me doy cuenta de que tus pechos crecen también, llenos de ti, redondos y cayendo. Tú tienes algo... | |
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Post-scriptum
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Rosario Castellanos Por Rosario Castellanos | |
Mi antagonista (que soy siempre yo) me dice: Muy sencillo. Has resuelto tu problema como Spinoza, more geometricum : un lugar, una forma para permanecer y una función, quizá, para cumplir. Pero se te ha olvidado decir quién supervisa la coincidencia exacta entre el tornillo y lo... | |
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El deseo concluido
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José Carlos Becerra Por Julio Trujillo | |
Las imágenes que emergen de tu cuerpo desembocan en esta noche que no eres tú ni soy yo quienes conversan en el cuarto de al lado y a quienes escucho completamente solo. Concibiendo esta noche como algo inmóvil, bien podríamos ser tú y yo los que están al otro lado, tu voz es un... | |
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Onix
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José Juan Tablada Por Sergio de Alva | |
Torvo fraile del templo solitario que al fulgor nocturno lampadario o a la pálida luz de las auroras desgranas de tus culpas el rosario... ¡Yo quisiera llorar como tú lloras! Porque la fe en mi pecho solitario se extinguió, como el turbio lampadario entre la roja luz de las... | |
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E pur si muove
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Oscar Oliva Por Oscar Oliva | |
Nada se mueve en la ciudad. Dejo caer mi mano, y nada. Respiro hondo: sólo mi pecho en esta habitación se mueve como la leche en un vaso. Días y días levantando objetos, gritando, azotando puertas, escandalizando, y nada. Nada se mueve en la ciudad. La ciudad no da señales de vida... | |
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De piedritas el buche
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Alejandro Aura Por Alejandro Aura | |
Las palabras no son aire ni se las lleva el aire. Las palabras, cuando caen, se filtran en la tierra, se escurren por las eras geológicas, por las cavernas subterráneas y llegan al fin a un gran depósito que ha ido creciendo con los siglos de donde parte la sustancia... | |
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El fuego
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José Emilio Pacheco Por José Emilio Pacheco | |
En la madera que se resuelve en chispa y llamarada luego en silencio y humo que se pierde miraste deshacerse con sigiloso estruendo tu vida Y te preguntas si habrá dado calor si conoció alguna de las formas del fuego si llegó a arder e iluminar con su llama De otra manera todo habrá... | |
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Mi madre sola...
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Jaime Sabines Por Jaime Sabines | |
Mi madre sola, en su vejez hundida, sin dolor y sin lástima, herida de tu muerte y de tu vida. Esto dejaste. Su pasión enhiesta, su celo firme, su labor sombría. Árbol frutal a un paso de la leña, su curvo sueño que te resucita. Esto dejaste. Esto dejaste y no querías. Pasó el viento. Quedaron de la casa el pozo abierto... | |
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Mi amante
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Alí Chumacero Por Alí Chumacero | |
Desnuda, mi funesta amante de piel vencida y casta como deshabitada, sacudes sobre el lecho voces y ternuras contrarias a mis manos, y un crepúsculo escucho entre tu cuerpo cuando al caer en ti agonizo en un nacer marchito, sin el duelo comparable al temor de tu agonía... | |
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Soneto II
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Carlos Pellicer Por Carlos Pellicer | |
Hoy hace un año, Junio, que nos viste, desconocidos, juntos, un instante. Llévame a ese momento de diamante que tú en un año has vuelto perla triste. Álzame hasta la nube que ya existe, líbrame de las nubes, adelante. Haz que la nube sea el buen instante que hoy cumple un año, Junio,... | |
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Asaltos a la memoria
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Enriqueta Ochoa Por Enriqueta Ochoa | |
Amanece, en las macetas de la ventana arden los geranios. Un vaho lechoso entra en el viento. Corre el día hacia las dunas de la oscuridad. Después de avanzada la noche me desprendo abajo quedan mi piel, mis huesos. Me echo de picada a las profundidades, atravieso el infierno... | |
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Lecciones de las cosas
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Rosario Castellanos Por Rosario Castellanos | |
Me enseñaron las cosas equivocadamente los que enseñan las cosas: los padres, el maestro, el sacerdote pues me dijeron: tienes que ser buena. Basta ser bueno. Al bueno se le da un dulce, una medalla, todo el amor, el cielo. Y ser bueno es muy fácil. Basta abatir los párpados y no ver... | |
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Muerte del hombre
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Alí Chumacero Por Alí Chumacero | |
Si acaso el ángel desplegara la sábana final de mi agonía y levantara el sueño que me diste, oh vida, un sueño como ave perdida entre la niebla, igual al pez que no comprende la ola en que navega o el peligro cercano con las redes; si acaso el ángel frente a mi dijera la ultima... | |
