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25 poemas aleatorios en audio | |
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Alabanza secreta
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Alà Chumacero Por Alà Chumacero | |
Sobre el azar alzaba su cabello súbito resplandor, y en avaricia alucinante hendÃa el porvenir como regresa el héroe, después de la batalla, dando al escudo sones de cansancio. Órbita del asombro, su mirar ornaba el viento fervoroso del sà antes de ser, en el venal recinto de los labios... | |
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Mi secreto
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Amado Nervo Por Enrique Rambal | |
Mi secreto? ¡Es tan triste! Estoy perdido de amores por un ser desaparecido, por un alma liberta, que diez años fue mÃa, y que se ha ido... ¿Mi secreto? Te lo diré al oÃdo: ¡Estoy enamorado de una muerta! ... | |
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Virgo Triunfans
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Manuel Ponce Por Manuel Ponce | |
De la mañana venÃa y a la mañana iba; era de la mañana y la mañana era. Jugaban a ser mañana, y en el balón del dÃa la mañana iba entera. Eran dos: ella y la mañana. Nueve y veinte en la mañana, en un reloj sin tiempo, una mañana eterna. Luz y perla en el dÃa, sol y plata en sus ojos muertos... | |
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Aquel tren
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Eduardo Langagne Por Eduardo Langagne | |
Yo era un niño En el tren a Chihuahua el paisaje era un frágil futuro arenoso y sin gente La paciencia rodaba en el alma con ruido de hierro Un túnel oscuro veÃa mis temores marcaba las lÃneas ocultas del agrio destino En una estación de madera una niña desértica puso sus ojos brillantes en mÃ... | |
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Mientras penetro en ti...
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Tomás Segovia Por Tomás Segovia | |
Mientras penetro en ti Sonámbula Dentro de ti está un yo Penetrando una tú Los veo claramente ahora (También yo tengo cerrados los ojos). De: Figuras y melodÃas De la primera parte: El dios oscuro 4 de Motivos seculares | |
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Aguja en el pajar
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Jaime Labastida Por Jaime Labastida | |
Desde la pluma brotas, súbita llama tensa que se prende aun a la madera húmeda y la quema y la guarda. Entonces tu jadeo (reiterado, sonámbulo sonido que atraviesa las destruidas, de amor, paredes de mi cráneo y pronuncia sin decirlo mi solo nombre oscuro y dibuja mi rostro), tu jadeo me recorre... | |
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Hacia el cristal secreto de los frutos
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Enriqueta Ochoa Por Enriqueta Ochoa | |
Dios mÃo, de tus labios bajan rÃos de luz hacia el cristal secreto de los frutos y amanecen maduros. Muchos hombres vienen al mundo a buscarse un lugar. Yo he venido en éxtasis desde el alba, atraÃda al aroma que escapa de tus cestos, pidiendo dormir entre tus frutos esta noche... | |
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Oración en la entraña quemada de un sabino
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EfraÃn Bartolomé Por EfraÃn Bartolomé y el canto extático de los derviches | |
Éste es mi territorio más secreto: he amado a la Diosa. Fui Acteón y soy el corzo ya. Huyo entre matorrales y mi propia manada me persigue: hiere mi amante piel. Con ladridos aún, pero mi entraña sabe que no tardarán mucho en darme alcance.9675; Los matorrales, los ladridos y la... | |
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Veintiseis de abril
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Tomás Segovia Por Tomás Segovia | |
Dime vida dime tiempo ¿voy demasiado aprisa? el amor como todo lo fértil tarda todo lo que ha de vivir se hace esperar es mortal arrancar de sus raÃces el destino lo sé lo sé no se atropella el don no se apresura lo que germina no se roba el mañana... | |
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Duerma la virgen su pasión secreta...
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VÃctor Sandoval Por VÃctor Sandoval | |
Duerma la virgen su pasión secreta. Sueñe con su preñez la joven desposada. Tal para cual, en el espejo, el cornudo se adorne de laureles. Tres veces ha cantado el gallo para el amigo tránsfuga. Dueños de la verdad, los conjurados repinten en las bardas su anatema. Oiga pasos de amor... | |
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Un tigre de papel
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Juan Domingo Argüelles Por Juan Domingo Argüelles | |
Toco la piel del tigre y el tigre vibra, ronronea, se hace el dormido bajo la palma de mi mano, como un trompo que zumba: mitad madera, mitad punta acerada. Hablo de un libro: en su espesura encuentro la fauna de mis dÃas, los árboles que a diario me cobijan y los saurios y helechos... | |
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Muerte del hombre
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Alà Chumacero Por Alà Chumacero | |
Si acaso el ángel desplegara la sábana final de mi agonÃa y levantara el sueño que me diste, oh vida, un sueño como ave perdida entre la niebla, igual al pez que no comprende la ola en que navega o el peligro cercano con las redes; si acaso el ángel frente a mi dijera la ultima... | |
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Espejo y agua
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Alà Chumacero Por Alà Chumacero | |
Tu alma en mà dejó su frÃa imagen, sólo recuerdo de lo que vivÃas, y si al espejo miro y me reflejo allà encuentro tus ojos, tu silencio de cera con un reposo de apagado aliento, como si descendiendo arenas o un tropel de recuerdos sobre mi piel, con sosegado paso hacia el cristal... | |
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Poema en tu cuerpo
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ElÃas Nandino Por ElÃas Nandino | |
Por qué no soy yo tu cuerpo sobre mi cuerpo desnudo para abrazarme a mi tronco y sentir que soy yo mismo ascendiendo por mis muslos? ¿Por qué no soy yo tus ojos para mirarme los mÃos y decirme con miradas lo que al mirarte te digo?... | |
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La palabra inmóvil
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Aurora Reyes Por Aurora Reyes | |
Amor, fuera olvidarte como perder los ojos, cegar frente a los verdes más claros de la vida, caer en el invierno con un sueño encerrado sepultando los brotes de la flor del prodigio. Desconocer las formas que anidaron el tacto, ignorar la sonrisa que prepara la aurora en los húmedos labios terrenales... | |
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Mi villa
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Ramón López Velarde Por Pepe Alameda | |
Si yo jamás hubiera salido de mi villa, con una santa esposa tendrÃa el refrigerio de conocer el mundo por un solo hemisferio. TendrÃa, entre corceles y aperos de labranza, a Ella, como octava bienaventuranza. Quizá tuviera dos hijos, y los tendrÃa sin un remordimiento ni una... | |
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Ayer estuve observando a los animales...
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Jaime Sabines Por Jaime Sabines | |
Ayer estuve observando a los animales y me puse a pensar en ti. Las hembras son más tersas, más suaves y más dañinas. Antes de entregarse maltratan al macho, o huyen, se defienden. ¿Por qué? Te he visto a ti también, como las palomas, enardeciéndote cuando yo estoy tranquilo... | |
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Canto de Nezahualcóyotl
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PoesÃa náhuatl Por Enrique Lizalde (español) y Lino Balderas (náhuatl) | |
He llegado aquÃ, soy Yoyontzin. Sólo flores deseo, ha venido a estar deshojando flores sobre la tierra. Allá corto la flor preciosa, corto la flor de la amistad: junto contigo, con tu persona; ¡oh prÃncipe! Yo Nezahualcóyotl, el señor Yoyontzin. Nezahualcoyotl icuic Nihualacic ye... | |
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Llorar ¿Por qué?
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Amado Nervo Por Alà Chumacero | |
Llorar? ¿Por qué? Este es el libro de mi dolor: lágrima a lágrima lo formé; una vez hecho, te juro, por Cristo, que nunca más lloraré. ¿Llorar? ¿Por qué? Serán mis rimas como el rielar de una luz Ãntima, que dejaré en cada verso; pero llorar, ¡eso ya nunca! ¿Por quién?... | |
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Con la flor del domingo...
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Jaime Sabines Por Jaime Sabines | |
Con la flor del domingo ensartada en el pelo, pasean en la alameda antigua. La ropa limpia, el baño reciente, peinadas y planchadas, caminan, por entre los niños y los globos, y charlan y hacen amistades, y hasta escuchan la música que en el quiosco de la Alameda de Santa MarÃa... | |
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Horas
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Jaime Labastida Por Jaime Labastida | |
DurÃsima la luna. Igual que tú, tan lejos. Suéñame, te digo, como te sueño aquÃ, hasta que los dos sueños se conviertan en fuego, hasta que mi aliento sea el tuyo, hasta que respiremos cada uno por la boca del otro. La luna asoma, llena y sorda. No estás al otro lado del teléfono... | |
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La Victoria de Samotracia
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Rosario Castellanos Por Rosario Castellanos | |
Avanza como avanzan los felices: ingrávida, ligera, no tanto por las alas cuanto porque es acéfala. Una cabeza es siempre algo que tiene un peso: la estructura del cráneo que es ósea y el propósito siempre de mantenerla erguida, alerta. Y lo que adentro guarda... | |
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Gota a gota...
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Salvador Novo Por Salvador Novo | |
Gota a gota acendró hiel y ambrosÃa su vino el Tiempo. Trémula sorpresa depara al labio férvido que besa crátera de oro milagroso dÃa. Espumas elevó con alegrÃa embriagador minuto de belleza. Apuramos, extinta su pavesa, la desazón de la melancolÃa.... | |
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Asesinado por la lluvia
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Carmen AlardÃn Por Carmen AlardÃn | |
Esperaba rastreando por la tierra, seduciendo a las rocas con su ensueño mortal. Esperaba pintar de otro color su reja enamorada, pensando ya que nadie más lo esperarÃa del lado opuesto a su esperanza. Esperaba ver brotar otro arbusto de su semilla calcinada... | |
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Sitios
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Juan Bañuelos Por Juan Bañuelos | |
Andenes agobiados por la carga y descarga de mercancÃas que suenan como cráneos. Techos de nubes como tifones aún dormidos. Uno descansa al horizonte como un vaso de aguardiente sobre una mesa lacónica y de cedro. Aquél devana una madeja de liendres instantáneas. El ojo cambia... | |
