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25 poemas aleatorios en audio | |
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Piel
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Jaime Labastida Por Jaime Labastida | |
Creyente sólo en lo que toco, yo te toco, mujer, hasta la entraña, el hueso, aquello que otros llaman alma, tan unida, tan cerca de la carne mortal y voluptuosa o siempre ardiente o nunca maltratada sino dulce, oscilante entre querer y subir, adentro de la espuma... | |
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Inopinado vasallaje
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Alejandro Aura Por Alejandro Aura | |
No encuentro dónde poner el grito, ni bote donde líquido echarlo, ni cajón, ni hoyo de topo, ni capullo, ni bolsillo, ni confesonario; abro una máscara atrevida que ni vista de cerca ni de lejos es serena; doy un paso tras otro conteniendo la respiración a duras penas... | |
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Señora Lexotán
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Enzia Verduchi Por Enzia Verduchi. Música de Plug | |
Qué son seis miligramos tres veces al día si con ello se pueden anestesiar los sentimientos, si controla la ansiedad del todo. No ríes, no lloras, no percibes ni el principio ni el fin del mundo. Basta con abrir la boca: el ama de casa no es indecisa ante la gama del supermercado;... | |
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Soneto I
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Carlos Pellicer Por Carlos Pellicer | |
Vuelvo a ti, soledad, agua vacía, agua de mis imágenes, tan muerta, nube de mis palabras, tan desierta, noche de la indecible poesía. Por ti la misma sangre tuya y mía corre el alma de nadie siempre abierta. Por ti la angustia es sombra de la puerta que no se abre de noche ni de... | |
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Por eso
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Manuel Acuña Por Frank Moro | |
Porque eres buena, inocente como un sueño de doncella, porque eres cándida y bella como un nectario naciente. Porque en tus ojos asoma con un dulcísimo encanto, todo lo hermoso y lo santo del alma de una paloma. Porque eres toda una esencia de castidad y consuelo, porque tu alma es... | |
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Nocturno muerto
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Xavier Villaurrutia Por Alberto Dallal | |
Primero un aire tibio y lento que me ciña como la venda al brazo enfermo de un enfermo y que me invada luego como el silencio frío al cuerpo desvalido y muerto de algún muerto. Después un ruido sordo, azul y numeroso, preso en el caracol de mi oreja dormida y mi voz que se ahogue en... | |
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La septuagésima segunda
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Alejandro Aura Por Alejandro Aura | |
en mucho estima el agua su condición quién no si yo fuera agua apenas una infinitesimal desviación mis moléculas no hubieran hecho esta complicada bestia ay teoría de achaques y de sueños imposible de explicar de solventar de fluir si yo fuera agua... | |
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Mientras los niños crecen...
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Jaime Sabines Por Jaime Sabines | |
Mientras los niños crecen, tú, con todos los muertos, poco a poco te acabas. Yo te he ido mirando a través de las noches por encima del mármol, en tu pequeña casa. Un día ya sin ojos, sin nariz, sin orejas, otro día sin garganta, la piel sobre tu frente agrietándose, hundiéndose, tronchando obscuramente el trigal de tus canas... | |
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Amo esta forma moviente...
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Homero Aridjis Por Homero Aridjis | |
Amo esta forma movienteeste universo este cuerpo del cuerpo por su corazón rojo santuario la intensidad no cesa el infinito quema en llama blanca el amor cierra sus ojos y los astros se encienden como ciervos que saben la dirección del viento amo esta corporeidad... | |
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El ladrón
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Enrique González Martínez Por Enrique González Martínez | |
Del jardín de mis hurtos, fui señor y soy reo. Abrí todas las puertas del edén de la vida, si alguna cerró el paso, la forzó mi deseo. Aprisioné cien años la alondra y el gorjeo; cien años hinqué el diente en la fruta prohibida. Expulsado y proscrito el castigo perdura... | |
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Linaje
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Rosario Castellanos Por Rosario Castellanos | |
Hay cierta raza de hombres (ahora ya conozco a mis hermanos) que llevan en el pecho como un agua desnuda temblando. Que tienen manos torpes y todo se les quiebra entre las manos; que no quieren mirar para no herir y levantan sus actos como una estatua de ángel amoroso y... | |
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Siempre ha sido mérito del poeta...
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Rubén Bonifaz Nuño Por Rubén Bonifaz Nuño | |
Siempre ha sido mérito del poeta comprender las cosas; sacar las cosas, como por milagro, de la impura corriente en que pasan confundidas, y hacerlas insignes, irrebatibles frente a la ceguera de los que miran. Por ejemplo: todos nos sentimos mordidos por algo, desgastados por innumerables bocas... | |
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Avenida Juárez
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Efraín Huerta Por David Huerta | |
Uno pierde los días, la fuerza y el amor a la patria, el cálido amor a la mujer cálidamente amada, la voluntad de vivir, el sueño y el derecho a la ternura; uno va por ahí, antorcha, paz, luminoso deseo, deseos ocultos, lleno de locura y descubrimientos, y uno no sabe nada, porque... | |
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Canto (IX)
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Mario Bojórquez Por Mario Bojórquez | |
Ninguno podrá jamás decir de ti Tuve su mano franca junto a la mía estrechando el deseo Haciendo de una fuerza común un compartido sueño Si alguien te vio no supo nunca el color de tus ojos La vena matriz de tu corazón Apenas diste un paso para retroceder Y un gesto que acusaba... | |
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Llanto
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Griselda Álvarez Ponce de León Por Griselda Álvarez Ponce de León | |
Viuda de ausencia toco la mañana, es tan igual invierno y lejanía, que quizá se pudiera se podría abrir la noche junto a tu ventana. Al gallo inútil con su inútil diana en el alba su canto estrellaría, no pasaría el sol no pasaría envuelto ya de noche en su sotana. Viuda de ausencia... | |
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El arte de vivir
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Alberto Blanco Por Alberto Blanco y Dana Blanco | |
No dije nada que te pudiera herir y sin embargo tuve que mentir Tú no querías oír la verdad pero me pediste, sí, sí, sí, sí sinceridad Y yo sinceramente tuve que mentir y allí radica -tal vez- (tal vez) el arte de vivir ¿Cuál es el arte de vivir? Unas palabras pueden cambiar... | |
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El sueño de Adán
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Alí Chumacero Por Alí Chumacero | |
Ligera fue tu voz, mas tu palabra dura con vuelo de paloma sin más peso que su inmóvil cruzar el mar del viento; y persistes como un sonido bajo el agua, desde mi piel al aire levantada, ligera como fuiste, como esa ala que olvidada del mundo se recrea, convertida en ausencia y en... | |
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Duerme velero
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Manuel Ponce Por Manuel Ponce | |
Duerme velero, mi velerito, duerme niño marinero, marino de lo infinito. En los brazos de María el niño Dios se adormece como barco en la bahía cuando en el mar amanece. Impelido por los vuelos de cefirillos alados, abrió surcos, rompió yelos de mares paralizados... | |
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Niña
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Octavio Paz Por Octavio Paz | |
Entre la tarde que se obstina y la noche que se acumula hay la mirada de una niña. Deja el cuaderno y la escritura todo su ser dos ojos fijos. En la pared la luz se anula. ¿Mira su fin o su principio? Ella dirá que no ve nada. Es transparente el infinito. Nunca sabrá que lo miraba... | |
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Muerte hilandera
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Carmen Alardín Por Carmen Alardín | |
Cuando los huracanes son exclusivamente tuyos, cuando tienen tu sello y las tormentas se unen únicamente a ti, cuando los huracanes muerden las carreteras y hacen flotar la intimidad sin prejuicio alguno ni resto de virtud. Entonces, yo voy creciendo a fuerza de invocarte... | |
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Vivir sin tus caricias
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Amado Nervo Por Enrique Rambal | |
Vivir sin tus caricias es mucho desamparo; vivir sin tus palabras es mucha soledad; vivir sin tu amoroso mirar, ingenuo y claro, es mucha obscuridad... 25 de julio de 1912 De: La amada... | |
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Florido laude
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Salvador Novo Por Salvador Novo | |
Lo menos que yo puedo para darte las gracias porque existes es conocer tu nombre y repetirlo. Si brotas de la tierra, hostil de espinas, ávida de cielo, en vigoroso impulso y ofreces un capullo a la caricia leve del viento y cálida del día, sé que abrirás a la mañana bruja tu... | |
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Rescoldo
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Jaime Labastida Por Jaime Labastida | |
Se va hacia atrás el horizonte. La estrella Sirio vuelve hasta su origen (¿cuál, oh dioses, a dónde va con esa prisa oscura?). Otros planetas surcan, en órbitas, mi sangre. El agua ya es tiniebla, el árbol se comprime. ¿Por qué la estrella y la conciencia? ¿Por qué la tempestad,... | |
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La orfandad del sueño
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Thelma Nava Por Thelma Nava | |
Regreso de los sueños que se inclinan cada noche a recoger violetas. De tardes que se juran la lluvia a perpetuidad. De palomas que se adelantan a los acontecimientos. Regreso porque es preciso convencerse y mirar que los atardeceres cambian siempre de sitio y la lluvia no solamente se detiene en los labios... | |
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Fábula
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Octavio Paz Por Octavio Paz | |
Edades de fuego y de aire Mocedades de agua Del verde al amarillo Del amarillo al rojo Del sueño a la vigilia Del deseo al acto Sólo había un paso que tú dabas sin esfuerzo Los insectos eran joyas animadas El calor reposaba al borde del estanque La lluvia era un sauce de pelo suelto... | |
