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25 poemas aleatorios en audio | |
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Los cuartos de hora
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Francisco González Léon Por Hugo Gutiérrez Vega | |
Dos gotas de cristal que rebotaran, y al rebotar sonaran con timbre desigual: tín... tán... tín... tán. Así suenan los cuartos de las horas del reloj parroquial. La noche es una lámina astronómica de mármol, donde van rebotando los cuartos de las horas: tín... tán... tín... tán..... | |
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Estoy acostada en la misma cama...
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Juan Rulfo Por Juan Rulfo | |
Estoy acostada en la misma cama donde murió mi madre hace ya muchos años; sobre el mismo colchón; bajo la misma cobija de lana negra con la cual nos envolvíamos las dos para dormir. Entonces yo dormía su lado, en un lugarcito que ella me hacía debajo de sus brazos. Creo sentir todavía el golpe pausado de su respiración... | |
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El sufrimiento armado (2)
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Oscar Oliva Por Oscar Oliva | |
Frente a la tumba del comandante Marco Antonio Yon Sosa, en Tuxtla Gutiérrez, escucho el crepúsculo resquebrajándose. Un conejo salta por entre los matorrales. ¿Cómo es su apariencia? Gris es su pelaje y es hermoso, y largas son sus orejas. ¿Cómo se ven sus ojos?... | |
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Ala del sur
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Efraín Bartolomé Por Efraín Bartolomé | |
La gran selva dormida: gritos bramar de monos crujir de ramas leves y un silencio magnífico después Desde la fronda un billón de ojos miran el estrellado cielo: su reflejo El ancho río fluye como una vena dulce en la espesura La densa noche tropical y su vaho amoroso bajo la blanca... | |
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Hoy llueve, es tu primera lluvia...
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José Carlos Becerra Por Julio Trujillo | |
Hoy llueve, es tu primera lluvia, el abismo deshace su rostro. Cosas que caen por nada. Vacilaciones, pasos de prisa, atropellamientos, crujido de muebles que cambian de sitio, collares rotos de súbito; todo forma parte de este ruido terco de la lluvia. Hoy llueve por nada, por no... | |
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No me ilusiono...
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Rubén Bonifaz Nuño Por Rubén Bonifaz Nuño | |
No me ilusiono, admito, es de mi gusto, que soy un hombre igual a todos. Trabajo en algo, cobro un sueldo insuficiente; me divierto cuando puedo, o me aburro hasta morirme; hablo, me callo a veces, pido mi comida, y a ratos quisiera ser feliz gloriosamente, y hago el amor, o voy y vengo sin nadie que me siga.... | |
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No lo puedo evitar
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Sabeli Ceballos Franco Por Sabeli Ceballos Franco | |
no te imaginas qué bien me veo hoy con el orgullo abanderando la cabeza con qué garbo me iré andando hacia [el trabajo con la sonrisa terca como una etiqueta que se asoma por el vestido ¡qué buen porte! dirán los que me [vean ¿a qué se debe? inquirirán muertos [de envidia lo... | |
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A lo mismo
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Sor Juana Inés de la Cruz Por Guadalupe (Pita) Amor | |
Bello compuesto en Laura dividido, alma inmortal, espíritu glorioso, ¿por qué dejaste cuerpo tan hermoso? ¿Y para qué tal alma has despedido? Pero ya ha penetrado en mi sentido que sufres el divorcio riguroso porque el día final puedas gozoso volver a ser enteramente unido... | |
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Un pectoral de pavor para el capitán Fiallo
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Efraín Huerta Por Efraín Huerta | |
Ardía el caballero con sus ojeras rotas llameaba su piel e iluminaba la ciudad Moría de hambre el capitán Fiallo acostado en su lecho de una bruta piel de toro y un leño por almohada brasa de muerte y soledad rezos y campanadas esquilas como cementerios del aire Ardía desde el corazón hasta el vientre... | |
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La quincuagésima segunda
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Alejandro Aura Por Alejandro Aura | |
el trapo empapa de su agua concentrada la trama entera de sus viejas historias a ver de dónde viene esa humedad de ardores densos con que pone la tela de mi ropa su envoltura acogedora a mojar mi piel ni modo que sea surtidor interno o medio o ejercicio... | |
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La gloriosa
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Julio Torri Por Julio Torri | |
Las cuestas y llanos se pueblan de los pobrecitos indios. Ya baja allá a lo lejos la imagen que traen en andas, con gran acompañamiento de gentes. Los cirios y candelas brillan amortiguadamente en la serena luz de la tarde. Este año ha sido de sequía. Las milpas están resecas y los gañanes tienen oprimido el corazón... | |
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El mediodía parte el arroyo...
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Homero Aridjis Por Homero Aridjis | |
El mediodía parte el arroyo en delgadas mitades de sonido saca del lomo de la bestia crepitación y humo todo lo que es húmedo la hora lo ha bebido todo lo que respira en mi interior descansa las casas y el árbol tienen la oscuridad abajo ojos de tierra roja beben en el azul abierto... | |
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Post-scriptum
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Rosario Castellanos Por Rosario Castellanos | |
Mi antagonista (que soy siempre yo) me dice: Muy sencillo. Has resuelto tu problema como Spinoza, more geometricum : un lugar, una forma para permanecer y una función, quizá, para cumplir. Pero se te ha olvidado decir quién supervisa la coincidencia exacta entre el tornillo y lo... | |
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Tlatelolco: 2 de octubre de 1968
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Oscar Oliva Por Oscar Oliva | |
Los helicópteros han lanzado luces, ojos abiertos suspendidos en el aire. Siguiéndolos, yo les doy mi caída. ¿Qué es ese fragor, ese ruido de muchas aguas? El avance de los soldados es delatado por el golpeteo de los tacones de sus botas... | |
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El puente
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Octavio Paz Por Octavio Paz | |
Entre ahora y ahora entre yo soy y tú eres la palabra puente. Entras en ti misma al entrar en ella: como un anillo el mundo se cierra. De una orilla a otra siempre se tiende un cuerpo, un arcoiris. Yo cantaré por sus repechos, yo dormiré bajo sus arcos. | |
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La suave patria
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Ramón López Velarde Por Enrique Lizalde | |
Proemio Yo que solo canté de la exquisita partitura del íntimo decoro, alzo la voz a la mitad del foro a la manera del tenor que imita la gutural modulación del bajo, para cortar a la epopeya un gajo. Navegaré por las olas civiles con remos que no pesan, porque van como los brazos... | |
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La libertad inútil
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Carmen Alardín Por Carmen Alardín | |
Antes de morir, la vida se te vuelve fácil como cuando en un empleo aprendes la estrategia y a la hora siguiente te despiden. Algunas horas antes de morir te sientes libre. Perdiste ya los brazos entre máquinas. Impregnaste tus penas en los muros antiguos. Te quitaste la capa en que escondías los abrazos... | |
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En el hidrante las gotas caen...
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Juan Rulfo Por Juan Rulfo | |
En el hidrante las gotas caen una tras otra. Uno oye, salida de la piedra, el agua clara caer sobre el cántaro. Uno oye. Oye rumores; pies que raspan el suelo, que caminan, que van y vienen. Las gotas siguen cayendo sin cesar. El cántaro se desborda haciendo rodar el agua sobre un suelo mojado... | |
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Brazo
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Griselda Álvarez Ponce de León Por Griselda Álvarez Ponce de León | |
Desde el apoyo que fundó tu brazo, desde tu fuerza que midió el paisaje cuando entero de abrigo y hospedaje te enredaste cabal en mi regazo, vas lloviendo semillas paso a paso en la fiesta del surco. Tu ramaje edifica inquietudes en el viaje por los alrededores del abrazo... | |
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Elegía
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Manuel José Othón Por Claudio Obregón y Gastón Melo | |
De mis oscuras soledades vengo y tornaré a mis tristes soledades a brega altiva, tras camino luengo; que me allego tan sólo a las ciudades con vacilante planta y errabunda, del tiempo antiguo a refrescar saudades. Yo soy la voz que canta en la profunda soledad de los montes ignorada... | |
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Conjuro
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Jaime García Terrés Por Jaime García Terrés | |
De tu mirada llena las bienaventuranzas aguardamos, rotundo sol de mayo: Aquellos cuerpos en la calle solos están. Huye la pena misma de su lado. Catástrofes y fiebres asédianlos ajenas a distancia. Y les niega raíces la tierra que su sombra hiere... | |
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Homenaje a la cursilería
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José Emilio Pacheco Por José Emilio Pacheco | |
dóciles formas de entretenerte, olvido: recoger piedrecillas de un río sagrado estampar becquerianas violetas en los libros para que amarilleen ilegibles besarla lentamente y en secreto cualquier último día antes de la execrada separación al filo mismo del adiós tan romantic... | |
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Mercado de la Merced
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Griselda Álvarez Ponce de León Por Griselda Álvarez Ponce de León | |
De la Merced hetairas baratonas, mercado de la carne, pocos años, son de trece o de quince, no hay engaños. ¡Pásale mi marchante, son fregonas! No pienses que quizá fueron personas o que el SIDA letal les unta daños. Es carne dura, fresca y son rebaños ovejas negras estas alegronas... | |
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Juego
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Eduardo Langagne Por Eduardo Langagne | |
Mi pequeño Pablo sonríe con el niño del espejo al descubrirlo. Agita los brazos y grita ante la perfecta copia de su imagen. No sabe nada del reflejo, no adivina que el pequeño a quien sonríe pudiera ser él mismo. Por su parte, el Pablo reflejado en el espejo... | |
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Como el mar que regresa (I y II)
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Juan Domingo Argüelles Por Juan Domingo Argüelles | |
El mar siempre regresa; sus montañas saladas se alejan, pero vuelven; abren las cicatrices de la arena; rebosan de infinito los ojos que lo miran. El mar regresa siempre porque siempre está solo; vuelve a buscar las playas. Regresa... | |
