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25 poemas aleatorios en audio | |
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Carpe diem
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Manuel Ponce Por Manuel Ponce | |
Antes de que la vida se consuma sumando en islas de verdor los años, contad uno por uno sus escaños: porque el tiempo nomás es una suma. Antes de que la rosa infiel asuma descoloridos síntomas extraños, lo efímero gozad de sus engaños: porque la rosa es nada más espuma... | |
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Esbozo para empezar un amor
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Thelma Nava Por Thelma Nava | |
Certero, como el que apunta al corazón dorado de la uva te aposentas en mí. Preciso como el aire de junio, la infatigable luz que se adormece en la tarde o el grito del flamenco desplazando inútiles ocasos. Por ti salgo a encender la pira de los sueños y a cosechar gardenias imposibles... | |
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Suite doméstica
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Hugo Gutiérrez Vega Por Hugo Gutiérrez Vega | |
Margot está en la ventana... I Te digo que quiero quedarme a vivir en la ducha. No comprendes de inmediato, pero después te ríes y tus dientes son compasivos e irónicos. Tienen la complicidad de los quince años juntos. Te digo que no quiero salir de la ducha y tú, sentada junto a la... | |
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Madre nuestra la tierra
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Aurora Reyes Por Aurora Reyes | |
Cuando dormías, Madre elásticas hamacas mecidas por el tiempo , halo de niebla apenas en la blanca serpiente de tu órbita, un diamante de labio transparente cristalizó la sombra de tu cuerpo. Tu corazón fue líquida mirada, juventud sideral enamorada... | |
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A estas horas, aquí
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Jaime Sabines Por Jaime Sabines | |
Habría que bailar ese danzón que tocan en el cabaret de abajo, dejar mi cuarto encerrado y bajar a bailar entre borrachos. Uno es un tonto en una cama acostado, sin mujer, aburrido, pensando, sólo pensando. No tengo hambre de amor , pero no quiero pasar todas las noches embrocado... | |
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La música de Bach mueve cortinas...
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Jaime Sabines Por Jaime Sabines | |
La música de Bach mueve cortinas en la mañana triste, y un viento con amores se desliza en las calles y en los corazones. Nadie sabe por qué pero se alegran las sombras y los hombres como si Dios hubiese descendido a fecundarlos y en el asfalto espigas de oro florecieran. En el día... | |
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Mosquitos
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José Emilio Pacheco Por José Emilio Pacheco | |
Nacen en los pantanos del insomnio. Son negrura viscosa que aletea. Vampiritos inermes, sublibélulas, caballitos de pica del demonio... | |
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Navegaciones
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Homero Aridjis Por Homero Aridjis | |
en el círculo de llamas esta danza el movimiento de su pecho a la derecha y el de sus caderas a la izquierda el animal de la creación en un solo dibujo siempre sagrado sobre el suelo ardiente señora de la danzase cubre a sí misma como Tetis cubrió a Aquiles pero deja como aquélla una parte de su cuerpo vulnerable... | |
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Sitios
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Juan Bañuelos Por Juan Bañuelos | |
Andenes agobiados por la carga y descarga de mercancías que suenan como cráneos. Techos de nubes como tifones aún dormidos. Uno descansa al horizonte como un vaso de aguardiente sobre una mesa lacónica y de cedro. Aquél devana una madeja de liendres instantáneas. El ojo cambia... | |
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Canción para la golondrina
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Alejandro Aura Por Alejandro Aura | |
La golondrina es animal corriente, es obvia su semejanza con el torso de una mujer flaca aullando en la cama de los árboles; tocan sus plumas más ocultas las ramas con el viento; es obvia su semejanza con sus piernas, sus caderas (la línea)... | |
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El mar sigue adelante
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José Emilio Pacheco Por José Emilio Pacheco | |
Entre tanto guijarro de la orilla no sabe el mar en dónde deshacerse ¿Cuándo terminará su infernidad que lo ciñea la tierra enemiga como instrumento de tortura y no lo deja agonizar no le otorga un minuto de reposo? Tigre entre la olarasca de su absoluta impermanencia Las vueltas... | |
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Kristiansand
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José Emilio Pacheco Por José Emilio Pacheco | |
Desembarcamos al atardecer. Diluviaba. Nunca estuvo tan gris el Mar del Norte. Pero obstinada en recobrar la sal, la lluvia, a grandes rasgos, me contaba su historia... | |
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Dar un rumbo al corazón
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Poesía náhuatl Por Enrique Lizalde (español) y Lino Balderas (náhuatl) | |
Qué era lo que acaso tu mente hallaba? ¿Dónde andaba tu corazón? Por esto das tu corazón a cada cosa, sin rumbo lo llevas: vas destruyendo tu corazón. Sobre la tierra, ¿acaso puedes ir en pos de algo? . Moyolhuica ¿Tle in mach tiquilnamiquia?... | |
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La suave patria
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Ramón López Velarde Por Enrique Lizalde | |
Proemio Yo que solo canté de la exquisita partitura del íntimo decoro, alzo la voz a la mitad del foro a la manera del tenor que imita la gutural modulación del bajo, para cortar a la epopeya un gajo. Navegaré por las olas civiles con remos que no pesan, porque van como los brazos... | |
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Por celebrar del Infante... (Villancico I)
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Sor Juana Inés de la Cruz Por Grupo: Teatro 61 | |
Por celebrar del Infante el temporal Nacimiento, los cuatro elementos vienen: Agua, Tierra y Aire y Fuego. Con razón, pues se compone la humanidad de su Cuerpo de Agua, Fuego, Tierra y Aire, limpia, puro, frágil y fresco. En el Infante mejoran sus calidades y centros, pues les dan... | |
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El zenzontle
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Alberto Blanco Por Alberto Blanco | |
Lo sostiene el camino: El mundo está en llamas, ¡y tú estás riendo! Y la ceniza de la imagen desciende lentamente del agua del cielo. En tiempos de la luna gris se asoma a los espejos de cola blanca y negra. Su reflejo es una leyenda que habla de otro tiempo: de largos días sin... | |
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Responso por un poeta descuartizado
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Efraín Huerta Por Efraín Huerta | |
Claro está que murió como deben morir los poetas, maldiciendo, blasfemando, mentando madres, viendo apariciones, cobijado por las pesadillas. Claro que así murió y su muerte resuena en las malditas habitaciones donde perros, orgías, vino griego, prostitutitas francesas... | |
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Donde sólo se habla del amor
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Juan Bañuelos Por Juan Bañuelos | |
A los hombres, a las mujeres que aguardan vivir sin soledad, al espeso camaleón callado como el agua, al aire arisco (es el aire un pájaro atrapado), a los que duermen mientras sostengo mi vigilia, a la mujer sentada en la plaza vendiendo su silencio. En fin, diciendo ciertas cosas... | |
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Tus ojos
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Fayad Jamís Por Fayad Jamís | |
Por ciudades y árboles, encima de la niebla, entre las letras apretadas de los periódicos, a través de gentes extrañas, semáforos y artículos de consumo, llevo tus ojos como dos manchas aguadas de tinta, como dos irremediables quemaduras de cigarro en mi... | |
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Discurso del paralítico
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Gilberto Owen Por Claudio Obregón y Óscar Chávez | |
Encadenado al cielo, en paz y orden, mutilado de todo lo imperfecto, en esta soledad desmemoriada paisaje horizontal de arena o hielo nada se mueve y ya nada se muere en la pureza estéril de mi cuerpo. Solo la ausencia. Sólo las ausencias. A la luz que me ofusca, en el silencio del... | |
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La ciudad inocente
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Thelma Nava Por Thelma Nava | |
Ciudad antropófaga ¿por qué caminas en nosotros y te mueves como una bestia que la sombra confunde? Te desperezas en todos los habitantes que te identifican en esa cierta debilidad por el otoño, hábilmente disimulada. Nada puedes hacer cuando te derriban el último sueño... | |
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Los catorce peldaños del soneto...
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Salvador Novo Por Salvador Novo | |
Los catorce peldaños del soneto ¿reincidiré en treparlos? ¿A la cima de nuevo llevaré la fácil rima de un año más, a fórmula sujeto? Clamó mi corazón mutis discreto, más no las flores, en cosecha opima las guarezca el invierno las redima si primavera estalla su secreto... | |
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Llena está el agua...
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Carmen Alardín Por Carmen Alardín | |
Llena está el agua del dolor de los postes y la añoranza de las avenidas. De la canción que brota sin asombro y la sorpresa de la primavera. Llena está el agua de presentimientos, del amor que evadieron las palomas, de visitas a diario a los planetas donde habitan los muertos. De la... | |
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La alondra
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Alberto Blanco Por Alberto Blanco | |
La alondra construye con su canto topacios inalterados por el vuelo: paisajes remotos en lo inmediato El sol en los viñedos de las colinas y las últimas sombras en la tierra bajo el cielo plateado más que azul. Cristales nacidos de los 4 vientos: memorias de viajeros que no aceptan... | |
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Hielo
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Jaime Labastida Por Jaime Labastida | |
Los frescos de Botticelli arrancados a la Villa de Lemmi, la Victoria de Samotracia, con las alas unidas por alambres y una estaca de acero entre las nalgas: trofeos de guerra, pasto para la codicia de los reyes. El saqueo. Ticiano, el Veronés, el Bosco, el sarcófago asirio, las... | |
