|
25 poemas aleatorios en audio | |
|
Sueños (fragmentos)
| |
|
Jaime Labastida Por Jaime Labastida | |
El cocodrilo avanza presuroso en el espejo lóbrego del rÃo, el tiburón hace brillar su aleta en esa tarde larga, de la que fueron desterradas, por siempre, las estrellas, la luna sucia se destruye en este mar de pronto inmóvil, cuerpo de sal, de fango y de ceniza... | |
|
Volver a casa
| |
|
Alejandro Aura Por Alejandro Aura | |
Un dÃa abandonaremos la ciudad de México; la dejaremos en pie y desierta para que las conjeturas crezcan, y nos iremos a fundar en otra parte nuestras maravillas. El jueves en la mañana despertamos alegres, llenos de sueños... | |
|
Fábula
| |
|
Octavio Paz Por Octavio Paz | |
Edades de fuego y de aire Mocedades de agua Del verde al amarillo Del amarillo al rojo Del sueño a la vigilia Del deseo al acto Sólo habÃa un paso que tú dabas sin esfuerzo Los insectos eran joyas animadas El calor reposaba al borde del estanque La lluvia era un sauce de pelo suelto... | |
|
Polvo (fragmentos I)
| |
|
Guadalupe (Pita) Amor Por Guadalupe Amor | |
y en polvo te convertirás.Génesis, capÃtulo 3, versÃculo 19 I Me envuelve el polvo, y me inquieta. ¿Por qué vendrá de tan lejos? Y ¿cómo en residuos viejos mundos pasados sujeta? -El polvo no tiene meta, ni principio habrá tenido; sé que siempre ha contenido, en su eternidad convulsa, la arcana fuerza que impulsa a lo que es y a lo que ha sido... | |
|
El mar sigue adelante
| |
|
José Emilio Pacheco Por José Emilio Pacheco | |
Entre tanto guijarro de la orilla no sabe el mar en dónde deshacerse ¿Cuándo terminará su infernidad que lo ciñea la tierra enemiga como instrumento de tortura y no lo deja agonizar no le otorga un minuto de reposo? Tigre entre la olarasca de su absoluta impermanencia Las vueltas... | |
|
A una flor inmersa
| |
|
Alà Chumacero Por Alà Chumacero | |
Cae la rosa, cae atravesando el agua, lenta por el cristal de sombra en que su tallo ahoga; desciende imperceptible, clara, ingrávida, pura y las olas la cubren, la desnudan, la vuelven a su aroma, hácenla navegante por la savia que de la tierra nace y asciende temblorosa... | |
|
Nocturno amor
| |
|
Xavier Villaurrutia Por Alberto Dallal | |
El que nada se oye en esta alberca de sombra no sé cómo mis brazos no se hieren en tu respiración sigo la angustia del crimen y caes en la red que tiende el sueño. Guardas el nombre de tu cómplice en los ojos pero encuentro tus párpados más duros que el silencio y antes que compartirlo matarÃas el goce de entregarte en el sueño... | |
|
Barco de papel
| |
|
Carmen AlardÃn Por Carmen AlardÃn | |
Y si supieras sólo la mitad de lo que le he contado hoy a mi alma, ya no protegerÃas mis pupilas del gusano del mundo, ni serpearÃas entre largas sombras de lirios y ventanas. Yo no he lanzado la primera piedra ni he construido flotas vengativas por conquistar el mar; Pero yo en... | |
|
Variaciones sobre una Mujtathth de Al-Sharif Al-Radi
| |
|
Hugo Gutiérrez Vega Por Hugo Gutiérrez Vega | |
Pasaré la noche con el inmenso desierto que hay en mà y el estar contigo. I Hay una extensión cercada por el cielo, una inmensa planicie descubierta por la luna, un campo de flores pálidas sitiadas por su propio perfume, una casa en el bosque de los grandes abetos de la noche, un... | |
|
Recado a Rosario Castellanos
| |
|
Jaime Sabines Por JoaquÃn Cortés | |
Sólo una tonta podÃa dedicar su vida a la soledad y al amor. Sólo una tonta podÃa morirse al tocar una lámpara, si lámpara encendida, desperdiciada lámpara de dÃa eras tú. Retonta por desvalida, por inerme, por estar ofreciendo tu canasta de frutas a los árboles, tu agua al... | |
|
PoesÃa no eres tú
| |
|
Rosario Castellanos Por Carmen FarÃas | |
Porque si tú existieras tendrÃa que existir yo también. Y eso es mentira. Nada hay más que nosotros: la pareja, los sexos conciliados en un hijo, las dos cabezas juntas, pero no contemplándose (para no convertir a nadie en un espejo) sino mirando frente a sÃ, hacia el otro. El otro:... | |
|
El espejo de los enigmas: los monos
| |
|
José Emilio Pacheco Por José Emilio Pacheco | |
Cuando el mono te clava la mirada estremece pensar si no seremos su espejito irrisorio y sus bufones... | |
|
Pero el vaso en sà mismo no se cumple... (Muerte sin fin)
| |
|
José Gorostiza Por José Gorostiza | |
Pero el vaso en sà mismo no se cumple. Imagen de una deserción nefasta ¿qué esconde en su rigor inhabitado, sino esta triste claridad a ciegas, sino esta tentaleante lucidez? Tenedlo ahÃ, sobre la mesa, inútil. Epigrama de espuma que se espiga ante un auditorio anestesiado, incisivo... | |
|
Eureka!
| |
|
Eduardo Langagne Por Eduardo Langagne | |
Cuando ella sumerge su cuerpo en la bañera, no experimenta el agua el empuje hacia arriba que equivale a la fuerza del lÃquido desalojado. ArquÃmedes no se desespera. Se dispone a demostrar que un ángel pesa igual a la dicha de quien abraza ese cuerpo húmedo y alado... | |
|
Funerales
| |
|
Jaime GarcÃa Terrés Por Jaime GarcÃa Terrés | |
Lo perdimos de vista, y al final encontramos tras de mucho buscar y trajinar, sólo sus restos cual si lo hubieran devorado insectos energúmenos. Bien lo reconocimos por un diente quebrado, por una cicatriz que le llegaba al hueso, por la noche y el dÃa cuyas puertas se abrÃan en su calavera... | |
|
La difÃcil ceremonia
| |
|
Homero Aridjis Por Homero Aridjis | |
Anfora para la fluidez implacable del origen para la libertad de los cuerpos yo te escribo sin nombre asà abro mi jaula de pájaros siniestros asà prefiguro la seguridad de las manos asà comprometo mi tiempo en tu tiempo asà me descubro entero en ti compacta Éste es mi incendio de cauces... | |
|
Tu nombre
| |
|
Jaime Sabines Por Jaime Sabines | |
Trato de escribir en la oscuridad tu nombre. Trato de escribir que te amo. Trato de decir a oscuras esto. No quiero que nadie se entere, que nadie me mire a las tres de la mañana paseando de un lado a otro de la estancia, loco, lleno de ti, enamorado. Iluminado, ciego, lleno de ti,... | |
|
Lecho de helechos
| |
|
Octavio Paz Por Octavio Paz | |
En el fin del mundo, frente a un paisaje de ojos inmensos, adoro mecidos pero aún chisporroteantes, aún destellantes, me miras con tu mirada última la mirada que pierde cielo . La playa se cubre de miradas absortas, escamas resplandecientes. Se retira la ola de oro lÃquido. Tendida sobre la lava que huye... | |
|
De cuerpo presente
| |
|
Alà Chumacero Por Alà Chumacero | |
Yo no estaré presente. La ilusoria marea irrumpirá letal y frÃa, en olas conmovidas todavÃa, Anegada de ceniza la memoria. Fuego abatido, cólera desierta, la urna en sábanas al fin vencida olvidará su resplandor: La vida ayer a su cuidado amante muerta. Indiferente imagen... | |
|
Ensalada de los tres reyes
| |
|
Manuel Ponce Por Manuel Ponce | |
Con los tres reyes magos en un punto celeste, a dos mil años-luz de la noche terrestre. Habla Melchor: Dilatad vuestro viaje, peregrinos del mundo, prolongad el camino, y no toquéis la meta. Que los pioneros leves que abren la marcha den paso a los otros subsiguientes empeños... | |
|
Tinta negra
| |
|
Carmen AlardÃn Por Carmen AlardÃn | |
La noche asesina sus pulpos frente a ti. Mientras tú, inerme, impávido, impotente, utilizas únicamente su tinta para escribir las letras del dÃa que vendrá... | |
|
Ifigenia Cruel (II)
| |
|
Alfonso Reyes Por Alfonso Reyes | |
Pero callemos, que un pastor color de tierra, vago engendro de lanas y hojarasca, se acerca aquÃ, como bulto que echa a andar, filtrando una mirada de ansia y susto por entre el heno de la barba y las cejas. Con el cayado sólo bate el aire, y parece irradiar palabras con la Honda... | |
|
Nombres
| |
|
Gilberto Owen Por Claudio Obregón y Óscar Chávez | |
Preso mejor. Tal vez asà recuerde otra iglesia, la catedral de Taxco, y sus piedras que cambian de forma con la luz de cada hora. Las calles ebrias tambaleándose por cerros y hondonadas, y no lo sé, pero es posible que llore ocultamente, al recorrer en sueños algún nombre: Callejón... | |
|
El himno de los bosques
| |
|
Manuel José Othón Por Eduardo Lizalde | |
En este sosegado apartamiento lejos de cortesanas ambiciones, libre curso dejando al pensamiento, quiero escuchar suspiros y canciones. ¡El himno de los bosques! Lo acompaña con su apacible susurrar el viento, el coro de las aves con su acento, con su rumor eterno la montaña... | |
|
Brazo de mar
| |
|
Juan Bañuelos Por Juan Bañuelos | |
Más quieta y casta que una justa balanza, o encendida como un puño apretado, sobre la osamenta del dÃa estalla tu sangre que solloza sorprendida. Tierna o terrible, como el pájaro o la espada, he aquà que no puedo estrecharte. Estás prohibida, mujer, ferocidad de muerta; pared que canta para inventar su sombra... | |
