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25 poemas aleatorios en audio | |
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Plátanos en el Main
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Enzia Verduchi Por Enzia Verduchi | |
Era otoño en Francfort y la primera visión del río fue un cuerpo ahogado en su sed. Juraste que los árboles aledaños al Main se llamaban plátanos y eran sus hojas las que se arremolinaban en ese cuerpo. Y a espaldas de esa premonición recorrimos los adoquines del Römer insensibles a... | |
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Edad
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Tomás Segovia Por Tomás Segovia | |
La mano del amor es grave. Se ha espesado la carne de una savia de tiempo; el curso de los días ha ensanchado su cauce. Pero de paz cargada abriga y pesa la lenta mano calurosa. La mujer mira al hombre padecer por el hijo, y florece. De: Anagnórisis | |
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Canción
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Efraín Huerta Por Efraín Huerta | |
La luna tiene su casa. Pero no la tiene la niña negra la niña negra de Alabama. La niña negra sonríe y su sonrisa brilla como si fuera la cuchara de plata de los pobres. La luna tiene su casa. Pero la niña negra no tiene casa la niña negra la niña negra de... | |
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Aceleración de la historia
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José Emilio Pacheco Por José Emilio Pacheco | |
Escribo unas palabrasy al minuto ya dicen otra cosasignifican una intención distintason ya dóciles al Carbono 14 Criptogramas de un pueblo remotísimo que busca la escritura en tinieblas... | |
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He allí la vida
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Jaime Augusto Shelley Por Jaime Augusto Shelley | |
No se ama mucho o poco. Se entrega uno, decididamente, en un abrazo que dura toda la vida al ser que palpita en el encuentro: puede cambiar la persona, el ser sigue siendo el mismo. No se ama a veces, o porque sí. Se es siempre ese otro hecho vida presente y temporal. El amor no... | |
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El aliento es el dios...
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Homero Aridjis Por Homero Aridjis | |
El aliento es el dios que la penetra e insuflada da a luz habla un instante y su voz queda en el aire aun cuando ha partido II Por el día que se mueve la sabiduría erige templos quien ama el sol siente en su corazón el fuego las palabras tocan el aire y arden el ser viaja hacia la luz... | |
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Anestecia final
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Alí Chumacero Por Alí Chumacero | |
La muerte bajo el agua y la noche navega lentamente. Herida va mi sangre, más ligera que el sueño y el despertar sediento del inicial recuerdo. Una mortal navegación a oscuras, marítimo dolor, cristal amargo; un estar descendiendo sin encontrarse asido, como un río que fuera de los... | |
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Noche proteica
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Carmen Alardín Por Carmen Alardín | |
Cada hora vendrá un hombre distinto. Llegará con la voz distorsionada por el zureo de las aves y ensayará el papel de amante sobre el cuerpo fugaz de la mujer de arena. Cada hora distinta un hombre nuevo renacerá en tu carne y será como amar todos los hombres sobre la tierra muerta... | |
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La torcaza
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Juan Domingo Argüelles Por Juan Domingo Argüelles | |
La torcaza volaba y tú la contemplabas. Era luz en la luz del mediodía, calor en el calor de la mañana, aire en el aire y tú la contemplabas. Tú la veías y eras libre, porque la libertad de ver se aprende, porque ser libre de mirar se aprehende como el río a cantar aprende de los... | |
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No me ilusiono...
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Rubén Bonifaz Nuño Por Rubén Bonifaz Nuño | |
No me ilusiono, admito, es de mi gusto, que soy un hombre igual a todos. Trabajo en algo, cobro un sueldo insuficiente; me divierto cuando puedo, o me aburro hasta morirme; hablo, me callo a veces, pido mi comida, y a ratos quisiera ser feliz gloriosamente, y hago el amor, o voy y vengo sin nadie que me siga.... | |
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El tiempo de la poesía...
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Homero Aridjis Por Homero Aridjis | |
El tiempo de la poesía da un fruto de luz que cae solo en la tierra y tiembla sobre su sombra | |
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Voz de mis soledades (III)
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Elías Nandino Por Elías Nandino | |
No sé cómo mirar para encontrarte, horizonte de amor en que me excito, distancia sin medida donde habito para matar las ansias de tocarte. No sé cómo gritar para llamarte en medio de mis siglos de infinito donde nace el silencio de mi grito movido por la sangre de buscarte. Mirar sin... | |
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Duerma la virgen su pasión secreta...
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Víctor Sandoval Por Víctor Sandoval | |
Duerma la virgen su pasión secreta. Sueñe con su preñez la joven desposada. Tal para cual, en el espejo, el cornudo se adorne de laureles. Tres veces ha cantado el gallo para el amigo tránsfuga. Dueños de la verdad, los conjurados repinten en las bardas su anatema. Oiga pasos de amor... | |
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Pasan las estaciones del año, pasan y no entran
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Alejandro Aura Por Alejandro Aura | |
La última calle de la ciudad no existe, en las orillas a todas horas nacen calles bajo los pies de los que pasan, y transitan muchos más sueños de los que el gobierno se imagina; por eso no es posible contarlas, no es posible manejar a la ciudad con una tabla aritmética... | |
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El viejo y la pólvora
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Efraín Huerta Por Efraín Huerta | |
Viejo sangre de toro viejo marino anciano de las nieves viejo de guerras de enfermerías de heridas Viejo con piel de flor viejo santo de tanto amor viejo de juventud niño de canas viejo amada santamente loco de amor siempre viejo perro soldado anciano de los trópicos viejo hasta lo... | |
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Petrópolis bajo la niebla
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Thelma Nava Por Thelma Nava | |
Porque no era válido salir a buscar el fuego del mar detuvimos los pasos frente a la tarde campana llamando golpeando a las puertas de la ciudad abierta que aguardaba nuestra llegada en su vaivén de niebla. El sol deshecho del día atravesaba las palabras del descubrimiento de las primeras hortensias... | |
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Estudio
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Carlos Pellicer Por Carlos Pellicer | |
Jugaré con las casas de Curazao, pondré el mar a la izquierda y haré más puentes movedizos. ¡Lo que diga el poeta! Estamos en Holanda y en América y es una isla de juguetería, con decretos de Reina y ventanas y puertas de alegría. Con las cuerdas de la lira y los pañuelos del viaje... | |
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Julito (1)
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Jaime Sabines Por Jaime Sabines | |
Dice Julito que este soldadito de plomo que tiene en la mano recibió un balazo en la nuca y cuando estaba en el suelo vino una serpiente y le mordió la pierna. Éste ya no sirve, dice, y lo coloca bocabajo y le echa unos trapos sucios encima. Los tres soldaditos que le quedan en las manos... | |
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Soledad
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Jorge Fernández Granados Por Jorge Fernández Granados | |
Nada va a salvarnos. Ni el amor, ni la fe, ni la palabra. Nada va a saber que fuimos tantos embarcados en el haz de la ternura, angustiados y desnudos, errantes y remotos. Nadie hablará por nadie. A cada quien se le rompe el alma con sus propios días mal escritos o se le seca la espiga del mundo... | |
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Llama el Invierno, tímido...
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Salvador Novo Por Salvador Novo | |
Llama el Invierno, tímido si puro, muda voz de cristal, lágrima dura, y hace temblar la llama que perdura visible apenas en el monte oscuro. Abrámosle la puerta. Halle el seguro tibio recinto, dulce en la ventura de la mano tendida en que madura la semilla del Tiempo su conjuro.... | |
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Hombro
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Griselda Álvarez Ponce de León Por Griselda Álvarez Ponce de León | |
Se te sube el desdén o se te baja por el pesar te abates y sumisa se te cuelga del frio la camisa cuando el invierno afila su navaja al buscar el refugio y la migaja tu relieve de ornato y de repisa confunde a la paloma que improvisa el canto arrullo con que te agasaja... | |
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Rueda
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Griselda Álvarez Ponce de León Por Griselda Álvarez Ponce de León | |
Plural necesidad de ser amigos, de ser uno en el ser y dos en el ansia, de compartir la pérdida y ganancia, de confundir conmigos y contigos. Plural necesidad. Mudos testigos el aire, el sol, la lluvia, la distancia, esto también que dicen tolerancia y estos otros que llaman enemigos... | |
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Me dueles
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Jaime Sabines Por Jaime Sabines | |
Me dueles. Mansamente, insoportablemente, me dueles. Toma mi cabeza, córtame el cuello. Nada queda de mí después de este amor. Entre los escombros de mi alma búscame, escúchame. En algún sitio mi voz, sobrevive, llama, pide tu asombro, tu iluminado silencio. Atravesando muros,... | |
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Tratado de la desesperación: los peces
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José Emilio Pacheco Por José Emilio Pacheco | |
Siempre medita el agua del acuario Piensa en el pez salobre y en su vuelo reptante breves alas de silencio el entrañado en penetrables líquidos pasadizos de azogue en donde hiende su sentencia de tigresu condena a claridad perpetua o ironía de manantiales muertos... | |
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Chinese
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Eduardo Zambrano Por Eduardo Zambrano | |
Con el alma en rastras. Con este ángel custodio de la conciencia aún borracho y maldiciente. Despertar sin la certeza de cuándo se largaron los sentidos ni cuándo llegó finalmente el sueño. Con el cuerpo lastimado en sus cinco puntos cardinales. Con este miedo que reaparece... | |
