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25 poemas aleatorios en audio | |
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La memoria
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Eduardo Langagne Por Eduardo Langagne | |
La materia del canto es la memoria, no lo que viste, pues el ciego entonces no cantaría jamás. Y no es lo que escuchaste, pues el sordo no hubiera escrito dolorosamente aquella sinfonía con los coros que hacen estremecer tu corazón. Y el tacto, que es efímero, decide trasladar a la memoria lo que ha convenido que se toca... | |
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Al árbol que hay en medio de los pueblos
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Rosario Castellanos Por Carmen Farías | |
Por caminos de hormigas traje el pie del regreso hasta este corazón de alto follaje trémulo. Ceiba que disemina mi raza entre los vientos, sombra en la que se amaron mis abuelos. Bajo tus ramas deja que mi canto se acueste. Padre de tantas voces, protégeme. De: El rescate el... | |
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El cerco
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Jaime Augusto Shelley Por Jaime Augusto Shelley | |
Habrá niebla en los tejados Caerá como nunca sobre largas formas líquidas de luna Tardaremos en llamarle invierno entretenidos en el grisarse de árboles y cosas Será diremos el tiempo que se viene como otoño Pero el año se dará redondo y perfecto como previsto en nuestros viejos... | |
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Cierto país
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Marco Antonio Montes de Oca Por Marco Antonio Montes de Oca | |
En cierto país, conocido por mí desde su edad larvaria (cuando apenas era en el mapa un punto rojo y vehemente), los habitantes, una vez al año, emprenden viaje masivo hacia las estribaciones del monte Zeta. Al frente van niños muy fuertes conduciendo a los hombres en vistosos palanquines... | |
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Al filo de su cuerpo
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Juan Domingo Argüelles Por Juan Domingo Argüelles | |
Tiene el cabello negro y los ojos que, desde ahora, son mis ojos. Despierto y la contemplo, o tal vez duermo y sueño al filo de su... | |
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Y tu retórica
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Gilberto Owen Por Claudio Obregón y Óscar Chávez | |
Si lo escribió mi prisa feliz, ¿con qué palabras, cómo dije: palomas cálidas de tu pecho ? En sus picos leería: brasa, guinda, clamor, pero la luz recuerda más duro su contorno y el aire el inflexible número de su arrullo. Y diría: palomas de azúcar de tu pecho , si endulzaban el... | |
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Rincón del extranjero
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Jaime García Terrés Por Jaime García Terrés | |
Esconde la plegaria salvaje de tus ojos, tentaciones en flor. Mas di, muchacha, ¿dónde puedo morar en esta tierra? De blandas latitudes vengo; mi país desconoce los suelos calcinados, el ávido prestigio sobre cada tumba. Por mi cuerpo resbala savia diferente. ¿Amar aquí? ¿Sembrar aquí los manes del olvido?... | |
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Esta noche yo te siento apoyada en la luz...
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José Carlos Becerra Por Julio Trujillo | |
Esta noche yo te siento apoyada en la luz de mi lámpara, yo te siento acodada en mi corazón; un ligero temblor del lado de la noche, un silencio traído sin esfuerzo al despertar de los labios. Siento tus ojos cerrados formando parte de esta luz; yo sé que no duermes como no duermen... | |
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Lengua
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Griselda Álvarez Ponce de León Por Griselda Álvarez Ponce de León | |
La sed te seca y el afán te moja; por el poder hilvanas la fatiga y en la punta de flecha el beso hormiga donde enciende la sangre su luz roja. Pistilo de una flor que se deshoja, en la tibia penumbra que te abriga el verbo va medido y se prodiga solo por conseguir lo que se antoja... | |
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Variaciones sobre una Mujtathth de Al-Sharif Al-Radi
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Hugo Gutiérrez Vega Por Hugo Gutiérrez Vega | |
Pasaré la noche con el inmenso desierto que hay en mí y el estar contigo. I Hay una extensión cercada por el cielo, una inmensa planicie descubierta por la luna, un campo de flores pálidas sitiadas por su propio perfume, una casa en el bosque de los grandes abetos de la noche, un... | |
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Para la abuela, que hablaba con pájaros creyéndolos ángeles
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Hugo Gutiérrez Vega Por Hugo Gutiérrez Vega | |
La abuela abría las puertas de la mañana; entraba el sol por el balcón cerrado y un rayo se pegaba a sus gafas solares. El día andaba ya por los corredores abrillantando las plumas del pájaro ciego, jugando un rato con los peces anhelantes en un marecito engañoso, y con el caracol de filos negros en su playa de cristal... | |
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Las trasterradas
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Enzia Verduchi Por Enzia Verduchi | |
Regresamos a la tierra nunca propia huella de patria imaginaria. Llevamos por dentro la casa, el árbol y el sueño. En una pared rentada mi hermana retiene una fotografía: fragmentos mediterráneos. Hablamos el idioma donde no existe posesión de las circunstancias. nuestra infancia... | |
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El caballo rojo
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Efraín Huerta Por Efraín Huerta | |
Era un caballo rojo galopando sobre el inmenso río. Era un caballo rojo, colorado, colorado como la sangre que corre cuando matan a un venado . Era un caballo rojo con las patas manchadas de angustioso cobalto. Agonizó en el río a los pocos minutos. Murió en el río. La noche fue su... | |
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Habiendo muerto un Toro el caballo a un Caballero toreador
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Sor Juana Inés de la Cruz Por Meche Pascual o Virginia Manzano | |
El que Hipogrifo de mejor Rugero, Ave de Ganimedes más hermoso, Pegaso de Perseo más airoso, de más dulce Arión, Delfín ligero fue, ya sin vida yace el golpe fiero de transformado Jove, que celoso los rayos disimula, belicoso, sólo en un semicírculo de acero. Rindió el fogoso... | |
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En las catorce redes del soneto...
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Salvador Novo Por Salvador Novo | |
En las catorce redes del soneto año tras año, penas y alegrías urdí, con hilo tenue de los días, a su apagado sístole sujeto. A gotas decantado su secreto, en arcas encerráronse vacías esperanzas, anhelos, cobardías signo precario , mínimo amuleto.... | |
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Aguja en el pajar
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Jaime Labastida Por Jaime Labastida | |
Desde la pluma brotas, súbita llama tensa que se prende aun a la madera húmeda y la quema y la guarda. Entonces tu jadeo (reiterado, sonámbulo sonido que atraviesa las destruidas, de amor, paredes de mi cráneo y pronuncia sin decirlo mi solo nombre oscuro y dibuja mi rostro), tu jadeo me recorre... | |
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Para decir azul...
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Carmen Alardín Por Carmen Alardín | |
Para decir azul no es necesario tener el cielo entre las manos, basta lavar el alma cada día y arrancar al amor lo extraordinario. Para excavar la luz ya no es preciso apresar su lejana geometría entre los vasos cotidianos, basta tener la agilidad precisa para viajar entre sus años... | |
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Alba
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Griselda Álvarez Ponce de León Por Griselda Álvarez Ponce de León | |
Orífice del alba, dulce loco, alucinada estoy en tus colores, si me pintas la noche de temores en el amanecer dórame un poco. Después verás qué pájaros convoco para que te rindamos los honores porque eres hacedor de los albores y principio de todo lo que toco. Viérteme caridad en la... | |
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Despojos
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Carmen Alardín Por Carmen Alardín | |
De noche alguien evoca la esperanza. Ella nos habla de las cicatrices que va cubriendo el tiempo. Y tú, dentro del aire, allá muy lejos, te vas comiendo mi silencio... ¡Lo único que queda de mi cuerpo!... | |
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El veterano de guerra
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Víctor Sandoval Por Víctor Sandoval | |
La madrugada en que los gallos se volvieron locos y la Torre de Pisa fue mutilada por cantar cantares de Ezra Pound. La noche en que los gatos desollados vivos por el celo arañaban el aire del tejado y el amante de la adúltera abandonaba el lecho tibio para que el engañado descansara... | |
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Piedra nativa
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Octavio Paz Por Octavio Paz | |
La luz devasta las alturas Manadas de imperios en derrota El ojo retrocede cercado de reflejos Países vastos como el insomnio Pedregales de hueso Otoño sin confines Alza la sed sus invisibles surtidores Un último pirú predica en el desierto Cierra los ojos y oye... | |
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No es una desgracia abrir los ojos...
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Rubén Bonifaz Nuño Por Rubén Bonifaz Nuño | |
No es una desgracia abrir los ojos ni tener despiertos los deseos y estar triste y solo y pensando. Y no ser de aquellos que consiguieron su placer a ciegas para cegarse; su televisión después del cine, sus bailes, su ruido, sus limonadas; pero que a la medianoche se sientan, pesados... | |
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Cuando nos retiramos a la remota cámara...
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Tomás Segovia Por Tomás Segovia | |
Cuando nos retiramos a la remota cámara donde hacemos las nupcias con nuestro propio espectro, como cuando compramos y vendemos la palabra que ata para atarla a sí misma, la carne en cambio todavía se sabe interrogada, vuelve a tocarla el dios y la carne vuelve a temblar en su peligro... | |
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Poema en tiempo de guerra
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Jaime Labastida Por Jaime Labastida | |
No me duele morir. Tengo hambre de tiempo, costra de las cosas, de destrucción, de lucha; somos la imagen del derrumbe, una montaña contraída de ácidos; bebemos agua serenada y un diamante es el cimiento sobre el cual construimos edificios de espuma. Apenas se puede avanzar porque... | |
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En azul
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Carmen Alardín Por Carmen Alardín | |
No puedes ser tan inocente para enredar tus manos en la enmarañada cabellera del tiempo. Para tratar de besar los labios volcánicos del tiempo, sin saber que él se ha muerto desde hace muchas vueltas, se estrelló con su globo, rodando sus quimeras en su alarido azul... | |
