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25 poemas aleatorios en audio | |
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Antiquísimo
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Alejandro Aura Por Alejandro Aura | |
Malhayan el desprestigio y el prestigio! Si sólo venimos a morir sobre la tierra,sobre la flor,sobre las flores de la tierra, déjenme arder auque sea en la realidad olímpica y eterna de los sueños... | |
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El cuervo
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Alberto Blanco Por Alberto Blanco | |
Sé que es diciembre en alguna parte y que saltan los astros en las copas blandas de los abetos recién nevados. Sé que hay una especie de cuervo que llega a encender su propia mecha y extiende lentas alas de humo a lo largo del cielo. Una tenue luz -mientras tanto- atraviesa las... | |
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Ifigenia Cruel (I)
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Alfonso Reyes Por Alfonso Reyes | |
Personas: Ifigenia, sacerdotisa y sacrificadora Orestes, náufrago Pílades, su amigo Toas, rey de los tauros Pastor, mensajero de noticias. Coro de mujeres de Táuride. Gente marinera y pastores, adornados con curnecillos. TARDE, COSTA DE TÁURIDE, CIELO, MAR, PLAYA, BOSQUE, TEMPLO,... | |
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La torcaza
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Juan Domingo Argüelles Por Juan Domingo Argüelles | |
La torcaza volaba y tú la contemplabas. Era luz en la luz del mediodía, calor en el calor de la mañana, aire en el aire y tú la contemplabas. Tú la veías y eras libre, porque la libertad de ver se aprende, porque ser libre de mirar se aprehende como el río a cantar aprende de los... | |
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Amor condusse noi ad una morte
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Xavier Villaurrutia Por Carmen Feito Maeso | |
Amar es una angustia, una pregunta, una suspensa y luminosa duda; es un querer saber todo lo tuyo y a la vez un temor de al fin saberlo. Amar es reconstruir, cuando te alejas, tus pasos, tus silencios, tus palabras, y pretender seguir tu pensamiento cuando a mi lado, al fin inmóvil, callas... | |
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Amiga, mira al dios...
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Tomás Segovia Por Tomás Segovia | |
Amiga, mira al dios inanimado sin nosotros. Eras tú, era yo quien revestidos de su forma la movíamos, el dios no tiene rostro. Iremos de la mano ante su faz de sombra y estaremos allí hablándole a una máscara. Sabremos que de nosotros dos nacía su violento prestigio... | |
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Entre los tibios muslos te palpita...
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Tomás Segovia Por Tomás Segovia | |
Entre los tibios muslos te palpita un negro corazón febril y hendido de remoto y sonámbulo latido que entre oscuras raíces se suscita; un corazón velludo que me invita, más que el otro cordial y estremecido, a entrar como en mi casa o en un nido hasta tocar el grito que te habita... | |
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Lengua en garganta
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Oscar Oliva Por Oscar Oliva | |
Hablo con la quijada quebrada hablo con una mano entre dientes hablo con una cabeza sin quijada hablo con una voz sin cabellos. Hablo sin lengua, hablo sin ropa, hablo sin vegetación y sin garganta, hablo desde un cuerpo sin rodillas. Si pudiera hablar sin el cuerpo, lo haría, hablaría para siempre... | |
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Cartas desde Bonampak
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Efraín Bartolomé Por Efraín Bartolomé | |
Llueve. Llueve desde hace días. Hoy desperté con una sensación de tibia soledad. Desde mi hamaca escucho el chasquido parejo de la lluvia. Días atrás los chicleros mataron un gran tigre: me dolió, pero me gustaría llevarme la piel para que en ella duermas. Ayer salí a caminar bajo la lluvia... | |
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Luz
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Jaime Labastida Por Jaime Labastida | |
Ciego de nacimiento, me escandaliza el tacto. Vivaldi suena en medio de la bruma y la ciudad, bella hasta su colmo, intolerable, extiende dedos hacia el mar. El ancla de la vida se estremece, el sol rebasa sus medidas y entra durísimo, convicto, entre las nubes... | |
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Me pondré la manzana
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Eduardo Langagne Por Eduardo Langagne | |
Me pondré la manzana en la cabeza, si aprendiste a tirar, en ti confío. Y si aún no es el tiempo en que debías, lo sabremos después de que dispares. De cualquier modo, me pondré la manzana en la cabeza. | |
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Leña
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Griselda Álvarez Ponce de León Por Griselda Álvarez Ponce de León | |
Contra mi voluntad hoy me consumo alzo de puntas lívido llameo avivada en el viento del deseo, porque el verano a tu memoria sumo. Mi madera de sándalo perfumo por dar mayor deleite a tu recreo todo lo tengo en ti, nada poseo, fiereza de árbol en paisaje de humo... | |
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El juego inventa el juego
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Eduardo Lizalde Por Pablo López del Castillo | |
No será mal negocio este que somos de besos y de piernas y de pieles? A diario hacemos cuentas y balances, a diario negociamos con nuestros cuerpos y con nuestras almas. Inútilmente, a ciegas, sordos. Inútilmente. Inútil. Los dos robamos. Ambos somos venales... | |
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Que consuela un celoso epilogando la serie de los amores
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Sor Juana Inés de la Cruz Por Laura Castanedo | |
Amor empieza por desasosiego, solicitud, ardores y desvelos; crece con riesgos, lances y recelos; susténtase de llantos y de ruego. Doctrínanle tibiezas y despego, conserva el ser entre engañosos velos, hasta que con agravios o con celos apaga con sus lágrimas su fuego... | |
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Eternidad
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Enriqueta Ochoa Por Enriqueta Ochoa | |
La eternidad mece, ondula, abre de par en par su túnica de viento; en el espacio de su seno esplende una constelación de luz acumulada. El Padre la detiene. Un instante mete su mano turbulenta hasta la entraña y la abre sobre la piel del mundo. Un alud de semillas caen, parpadeando... | |
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Piedras
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Eduardo Langagne Por Eduardo Langagne | |
no tenemos la casa todavía. tenemos piedras; algunas. trozos de pan, algo de vino tenemos pero la casa no; sin embargo tenemos oscuridad, porque luz no tenemos todavía; tenemos algunas lágrimas y besos. otras cosas igualmente ridículas tenemos, pero la casa no. quizá paredes que se... | |
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En el hidrante las gotas caen...
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Juan Rulfo Por Juan Rulfo | |
En el hidrante las gotas caen una tras otra. Uno oye, salida de la piedra, el agua clara caer sobre el cántaro. Uno oye. Oye rumores; pies que raspan el suelo, que caminan, que van y vienen. Las gotas siguen cayendo sin cesar. El cántaro se desborda haciendo rodar el agua sobre un suelo mojado... | |
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Los recuerdo turgentes y temblones...
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Tomás Segovia Por Pablo López del Castillo | |
Los recuerdo turgentes y temblones, tu grandes, densos pechos juveniles, tímidos y procaces, pastoriles, frescos como aromáticos melones. Eran el más solemne de tus dones cuando al fin liberabas sus perfiles en cuartos cursis de moteles viles, deliciosa de susto y decisiones... | |
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Para empezar el día
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Víctor Sandoval Por Víctor Sandoval | |
Vamos a trabajar el pan de este poema. Hay que traer un poco de alegría; que cada quien tome su cesta. La noche gira sobre la esperanza y desgasta sus párpados la estrella. Surgen las graves letanías del trigo por los labios abiertos de la tierra. La espiga se desnuda sobre el aire y... | |
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Los locos
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Thelma Nava Por Thelma Nava | |
Los he visto de cerca, solemnes y magníficos, poniéndose su cuerpo cada día mientras les duele el cráneo desvestido. Los he visto en la tierra, azotándose, gusanitos de Dios sin esperanza. Colgados de la vida, con su domingo a cuestas que tarda en regresar una semana... | |
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Auschwitz no fue el jardín de mi infancia
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Fayad Jamís Por Fayad Jamís | |
Auschwitz no fue el jardín de mi infancia. Yo crecí entre bestias y yerbas y en mi casa la pobreza encendía su candil en las noches. Los árboles se cargaban de nidos y de estrellas, por los caminos pasaba asustándose una yegua muy blanca. Auschwitz no fue el jardín de mi infancia... | |
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Es tan blanca, tu piel, como la nieve...
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Fernando del Paso Por Fernando del Paso | |
Es tan blanca, tu piel, como la nieve. La nieve quiere al sol por lo brillante. Y el sol, que se enamora en un instante, se acuesta con la nieve y se la bebe. El sol, aunque es muy grande, no se atreve a hacerse olvidadizo y arrogante: se acuerda de su novia fulgurante y se pone a... | |
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Los columpios
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Fabio Morábito Por Fabio Morábito | |
Los columpios no son noticia, son simples como un hueso o como un horizonte, funcionan con un cuerpo y su manutención estriba en una mano de pintura cada tanto, cada generación los pinta de un color distinto (para realzar su infancia) pero los deja como son, no se investigan nuevas... | |
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Canto por el hombre que bebía música
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Eduardo Langagne Por Eduardo Langagne | |
Ebrio viene el hombre nuestro En sus piernas arrastra el secreto de Dios Tropieza con el aire como un pájaro ciego Las palabras de su lento alcohol las entienden los niños y los árboles Agoniza entre muros de la ciudad ajena bajo el cielo plomizo de un amor extraviado ... | |
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Al alba busca su nombre...
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Octavio Paz Por Octavio Paz | |
Al alba busca su nombre lo naciente Sobre los troncos soñolientos centellea la luz Galopan las montañas a la orilla del mar El sol entra en las aguas con espuelas La piedra embiste y rompe claridades El mar se obstina y crece al pie del horizonte Tierra confusa inminencia de escultura... | |
