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25 poemas aleatorios en audio | |
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Los espacios azules
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Homero Aridjis Por Homero Aridjis | |
Hay frutos que suben intensamente por la luz que los toca y en el aire se encienden cayendo hacia el arriba hay que maduros se derraman a izquierda y a derecha en un borbotear ardiente de brillos en el árbol hay que se cierran para que la luz no los abra y se entregan al aire ligeros de sentidos... | |
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Vanagloria o alabanza en boca propia
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José Emilio Pacheco Por José Emilio Pacheco | |
A pulso A fuerza Infatigablemente y sin prisa ni pausa he conquistado para siempre un sitio a la izquierda del cero El absoluto ceroel más rotundo irremontable resbaloso cero Obtuve un buen lugar en la otra fila Junto a los emigrantes expulsados de la posteridad y ésta es la historia... | |
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La rosa es una rosa es una rosa...
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Fernando del Paso Por Fernando del Paso | |
La rosa es una rosa es una rosa. Tu boca es una rosa es una boca. La rosa, roja y rosa, me provoca: Se me antoja una boca temblorosa. La roja, roja sangre rencorosa de la rosa, que quema lo que toca, de tu boca de rosa se desboca y me moja la boca, ponzoñosa. La pena, pena roja de mi... | |
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Eres tú verdadero
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Nezahualcóyotl Por Raúl Dantés | |
Eres tú verdadero...? ¿Eres tú verdadero, tienes raíz? Sólo quien todas las cosas domina, el dador de la vida. ¿Es ésto verdad? ¿Acaso no lo es, como dicen? ¡Que nuestros corazones no tengan tormento! Todo lo que es verdadero, lo que tiene raíz, dicen que no es verdadero que no tiene raíz... | |
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Hielo
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Jaime Labastida Por Jaime Labastida | |
Los frescos de Botticelli arrancados a la Villa de Lemmi, la Victoria de Samotracia, con las alas unidas por alambres y una estaca de acero entre las nalgas: trofeos de guerra, pasto para la codicia de los reyes. El saqueo. Ticiano, el Veronés, el Bosco, el sarcófago asirio, las... | |
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Indagación en torno del murciélago
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José Emilio Pacheco Por José Emilio Pacheco | |
Los murciélagos no saben una palabra de su prestigio literario. Con respecto a la sangre, les gusta la indefensa de las vacas, útiles señoronas incapaces de fraguar un collar de ajos, una estaca en el pecho, un crucifijo; pues tan sólo responden a la broma sangrienta, al beso impuro... | |
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Otra vez en tu fondo empezó eso...
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Tomás Segovia Por Pablo López del Castillo | |
Otra vez en tu fondo empezó eso... Abre sus ojos ciegos, el gemido, se agita en ti, exigente y sumergido, emprende su agonía sin regreso. Yo te siento luchar bajo mi peso contra un dios gutural y sordo, y mido la hondura en que tu cuerpo sacudido se convulsiona ajeno hasta en su... | |
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Lawn-tennis
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José Juan Tablada Por Sergio de Alva | |
Toda de blanco, finge tu traje sobre tu flanco griego ropaje. De la Victoria de Samotracia, mientes la gloria llena de gracia. ¡En vano ilusa fijas el pie!... Que no eres musa ni numen, que sin que disciernas un viento lírico sobre tus piernas sopla satírico; pues aunque... | |
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Décimas de la angustia
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Fernando Sánchez Mayans Por Fernando Sánchez Mayans | |
Angustia de amor callada dentro del cuerpo presente que se sabe y que se siente como la sangre obstinada. Yo sé que estás apresada dentro de mí, cárcel viva. Prisionera ya cautiva que tenaz entre las venas me las vas dejando llenas de una ansiedad fugitiva. II Febril me vas consumiendo lento amor... | |
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Alabanza secreta
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Alí Chumacero Por Alí Chumacero | |
Sobre el azar alzaba su cabello súbito resplandor, y en avaricia alucinante hendía el porvenir como regresa el héroe, después de la batalla, dando al escudo sones de cansancio. Órbita del asombro, su mirar ornaba el viento fervoroso del sí antes de ser, en el venal recinto de los labios... | |
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Al lector
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Juan Domingo Argüelles Por Juan Domingo Argüelles | |
Aquí están los rencores. Los escribí pensando en ti. Creí por un momento que eran flores que amanecían en abril. Pero al poner la mano me han herido, ¡puta, si me han herido!, me han lastimado hasta sangrar, hasta aullar de dolor, hasta quejarme inmensamente en la noche... | |
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Volver a casa
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Alejandro Aura Por Alejandro Aura | |
Un día abandonaremos la ciudad de México; la dejaremos en pie y desierta para que las conjeturas crezcan, y nos iremos a fundar en otra parte nuestras maravillas. El jueves en la mañana despertamos alegres, llenos de sueños... | |
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Muerte niña
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Carmen Alardín Por Carmen Alardín | |
No temas, niña sola cruza el salón despacio porque el eco es enorme y podrá degollarte las pisadas. Abrázate a tu sombra si es preciso, si no logras llegar, mejor no vuelvas, porque no es justo regresar por nada... | |
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Algunos
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Jaime García Terrés Por Jaime García Terrés | |
Yo no sé muchos nombres de volcanes o selvas; esta parte del mundo para mí representa unas doscientas almas (digo doscientas por decir) que miran a lo lejos de distinta manera cada una con cierto dejo de común azoramiento. Oigo silbar el viento rústico, no rehúyo cantar a nuestra fauna ni soslayo la tierra mitológica... | |
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Elegía a un compañero muerto en el frente
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Octavio Paz Por María Rosa Gallo | |
Has muerto, camarada, en el ardiente amanecer del mundo. Has muerto. Irremediablemente has muerto. Parada está tu voz, tu sangre en tierra. Has muerto, no lo olvido. ¿Qué tierra crecerá que no te alce? ¿Qué sangre correrá que no te nombre? ¿Qué voz madurará de nuestros labios que no diga tu muerte... | |
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Ola
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Alí Chumacero Por Alí Chumacero | |
Hacia la arena tibia se desliza la flor de las espumas fugitivas, y en su cristal navega el aire herido, imperceptible, desplomado, oscuro como paloma que de pronto niega de su mármol idéntico el estío o el miedo que en silencios se apresura y sólo huella fuese de un viraje,... | |
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Canto (X)
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Mario Bojórquez Por Mario Bojórquez | |
Por eso hoy que regresas Ya nadie reconoce tu rostro entre las piedras Nadie un saludo un gesto que te confirme el pecho La memoria de un sol para la cara fresca Tus manos distraídas en el fulgor del bronce Nada a tu paso es hierba de oro para la necesaria infusión de tu recuerdo Ni... | |
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Palabras al amigo solitario
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Thelma Nava Por Thelma Nava | |
He aquí que estás y vives y nada es suficiente. Un algo insoportable te domina y la ciudad no cabe ya en tus manos. Se te sube a la espalda, regresa a tus zapatos. Y piensas en el hijo que no tienes, en la mujer amada que le falta a tu noche cada día. Aquí estás, dividido, doliéndote esa inconforme sangre... | |
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Pequeñas palabras al pequeño David
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Efraín Huerta Por Efraín Huerta | |
Te saludan: los árboles y las banderas triunfales, los pájaros y los ríos del pueblo, las ágiles canciones del pionero, las películas a colores y las fotografías. Ludmila te sonríe desde el fondo de su impecable belleza de soberbia señora. Marina y Boris, Leonid Kosmatov, Tania y Susana me preguntan por tus ojos... | |
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Rescoldos de sentir
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Gilberto Owen Por Claudio Obregón y Óscar Chávez | |
En esa frente líquida se bañaron Susanas como nubes que fisgaban los viejos desde las niñas de mis ojos púberes. Cuando éramos dos sin percibirlo casi; cuando tanto decíamos la voz amor sin pronunciarla; cuando aprendida la palabra mayo la luz ya nos untaba de violetas; cuando... | |
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La Victoria de Samotracia
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Rosario Castellanos Por Rosario Castellanos | |
Avanza como avanzan los felices: ingrávida, ligera, no tanto por las alas cuanto porque es acéfala. Una cabeza es siempre algo que tiene un peso: la estructura del cráneo que es ósea y el propósito siempre de mantenerla erguida, alerta. Y lo que adentro guarda... | |
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Ramón López Velarde
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Eduardo Langagne Por Eduardo Langagne | |
Una gitana sabe que el futuro tiene una asfixia agónica en tu mano y danzando te irás, siguiendo un piano, hacia el melódico horizonte oscuro. Con el gélido aliento de la calle se hiela tu esqueleto atribulado; a la mujer de negro has contemplado en la letal atmósfera del valle... | |
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Trapecio
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Carmen Alardín Por Carmen Alardín | |
Tú que estabas, estás y vas conmigo por la vuelta inconclusa de las horas cuéntame qué tan hondo vacío el de la cuerda ¡y en la red protectora qué silencio! Que silenciosa urdimbre de arañas cuidadosas que tejen con recuerdos de dolor, salvación. Y qué débil el hilo que sostienen tus... | |
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Y el Buda de basalto sonreía
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Amado Nervo Por Oscar Chávez o Claudio Obregón | |
Aquella tarde, en la Alameda, loca de amor, la dulce idolatrada mía me ofreció la eglantina de su boca. Y el Buda de basalto sonreía... Otro vino después, y sus hechizos me robó la di cita, y en la umbría nos trocamos epístolas y rizos. Y el Buda de basalto sonreía... | |
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Las olas del mar
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Alejandro Aura Por Alejandro Aura | |
No es el mar menor que esta ola escapada del grupo en que venía, tenía espuma, vuelo, asunto, y se detuvo donde menos aprecio y duración tendría. ¿A mis pies una ola? ¿Qué tengo yo que que mi amistad procura? Ya ni siquiera olor la identifica... | |
