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25 poemas aleatorios en audio | |
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La mesa del escribano
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Eduardo Langagne Por Eduardo Langagne | |
No soy un escritor, soy un escritorio, habría trazado Pessoa con un íntimo ritmo marítimo en el papel amarillento como un mapa sobre la mesa hostil donde escribía las cartas comerciales de su supervivencia. Y Álvaro de Campos habría pensado: no soy una persona, soy un personaje... | |
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Ansia
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Oscar Oliva Por Oscar Oliva | |
Está por anunciarse, está por surgir, está por preguntarse, está por llegar. Todos saben que va a suceder. Nadie sabe cómo ni cuándo. Está derrumbando las puertas, está pateando estas palabras, está en la mano y en el lápiz. Está dentro de esta página y tiene el rostro de nadie. Va arrancar a los amantes de la cama... | |
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Cuando estuve en el mar era marino...
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Jaime Sabines Por Jaime Sabines | |
Cuando estuve en el mar era marino este dolor sin prisas. Dame ahora tu boca: me la quiero comer con tu sonrisa. Cuando estuve en el cielo era celeste este dolor urgente. Dame ahora tu alma: quiero clavarle el diente. No me des nada, amor, no me des nada... | |
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Los distraídos
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Rosario Castellanos Por Rosario Castellanos | |
Algunos lo ignoran. Creían que la tierra era aún habitable. No miraron la grieta que es sismo abrió; no estaban cuando el cáncer aparecía en el rostro espantado de un hombre. Rieron en el instante en que una manzana, en vez de caer, voló y el universo fue declarado loco... | |
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Memoria
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José Carlos Becerra Por Julio Trujillo | |
He vuelto al sitio señalado, a tu rastro de aguas amargas; el atardecer ha caído al fondo del mar como un pecho muerto y una campana da la hora cubriéndome de espuma. Vuelvo a ti, el otoño y el grillo se unen en la victoria del polvo. Vuelvo a ti, vuelves a la caída, al primer acto... | |
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Muerte niña
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Carmen Alardín Por Carmen Alardín | |
No temas, niña sola cruza el salón despacio porque el eco es enorme y podrá degollarte las pisadas. Abrázate a tu sombra si es preciso, si no logras llegar, mejor no vuelvas, porque no es justo regresar por nada... | |
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La ciudad dormida
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Alberto Blanco Por Alberto Blanco y Dana Blanco | |
Miras la ciudad dormida bajo un halo de luz no despierta todavía porque no ha dormido aún No ha dormido aún lo suficiente no la vayas a molestar pero un día como cualquier otro día la ciudad va a despertar va a despertar Si pudieras ver en este instante toda la ciudad imponente,... | |
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Perséfone (Fragmento)
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Homero Aridjis Por Homero Aridjis | |
Las piezas de ajedrez están sobre el tablero, esperando no sé qué próximo y exacto movimiento, fijas y creadas para impersonales ceremonias, suspendidas en la vigésima jugada ante el inminente derrumbe de las blancas, cuando el rey de albura ya no puede elegir y las negras deciden la... | |
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Un tigre de papel
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Juan Domingo Argüelles Por Juan Domingo Argüelles | |
Toco la piel del tigre y el tigre vibra, ronronea, se hace el dormido bajo la palma de mi mano, como un trompo que zumba: mitad madera, mitad punta acerada. Hablo de un libro: en su espesura encuentro la fauna de mis días, los árboles que a diario me cobijan y los saurios y helechos... | |
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Nocturno rosa
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Xavier Villaurrutia Por Alberto Dallal | |
Yo también hablo de la rosa. Pero mi rosa no es la rosa fría ni la de piel de niño, ni la rosa que gira tan lentamente que su movimiento es una misteriosa forma de la quietud. No es la rosa sedienta, ni la sangrante llaga, ni la rosa coronada de espinas, ni la rosa... | |
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Hay palabras verdaderas en la tierra
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Poesía náhuatl Por Enrique Lizalde (español) y Lino Balderas (náhuatl) | |
Hay palabras verdaderas en la tierra? ¿Acaso hablamos algo verdadero aquí, dador de la vida? Sólo soñamos, sólo nos levantamos del sueño. Sólo es como un sueño... Nadie habla aquí de verdad...¿Acaso son verdaderos los hombres? Si no, ya no es verdadero nuestro canto. ¿Qué está por ventura en pie?... | |
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La virgen trajinera
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Manuel Ponce Por Manuel Ponce | |
A la Madre luciente, la virgen alba, llevo las flores, flores de mi chinampa. ¡Ay, agua dulce! ¡Ay, agua amarga! La superficie mece la frágil gracia de florecillas, flores recién cortadas. ¡Ay, agua dulce! ¡Ay, agua amarga! En mis brazos y ensueños el niño nada por agua dulce por agua amarga... | |
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Como el oro, por rubio, es tu cabello...
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Fernando del Paso Por Fernando del Paso | |
Como el oro, por rubio, es tu cabello. El oro y el otoño, que es su hermano, se despiden, volando, del verano y viajan, río abajo, por tu cuello. Y yo, que me robé y guardé un destello en el hueco más claro de la mano, una carta, en las hojas de un manzano te escribo con su brillo... | |
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Amanecer
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Rosario Castellanos Por Rosario Castellanos | |
Qué se hace a la hora de morir? ¿Se vuelve la cara a la pared? ¿Se agarra por los hombros al que está cerca y oye? ¿Se echa uno a correr, como el que tiene las ropas incendiadas, para alcanzar el fin? ¿Cuál es el rito de esta ceremonia? ¿Quién vela la agonía? ¿Quién estira la sábana?... | |
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Flor y canto: Recuerdo del hombre en la tierra
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Poesía náhuatl Por Enrique Lizalde (español) y Lino Balderas (náhuatl) | |
Sólo así he de irme como las flores que perecieron? ¿Nada quedará de mi nombre? ¿Nada quedará de mi fama aquí en la tierra? ¡Al menos flores, al menos cantos! ¿Que podrá hacer mi corazón? En vano hemos llegado, en vano hemos brotado en la tierra. Ma nel xóchitl, ma nel cuicatl... | |
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Alabanza secreta
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Alí Chumacero Por Alí Chumacero | |
Sobre el azar alzaba su cabello súbito resplandor, y en avaricia alucinante hendía el porvenir como regresa el héroe, después de la batalla, dando al escudo sones de cansancio. Órbita del asombro, su mirar ornaba el viento fervoroso del sí antes de ser, en el venal recinto de los labios... | |
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Sigue el mundo su paso...
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Jaime Sabines Por Jaime Sabines | |
Sigue el mundo su paso, rueda el tiempo y van y vienen máscaras. Amanece el dolor un día tras otro, nos rodeamos de amigos y fantasmas, parece a veces que un alambre estira la sangre, que una flor estalla, que el corazón da frutas, y el cansancio canta. Embrocados, bebiendo en la mujer y el trago... | |
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Casa con dos puertas
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Enrique González Martínez Por Enrique Lizalde o Gastón Melo | |
Oh, casa con dos puertas que es la mía, casa del corazón vasta y sombría que he visto en el desfile de los años llena a veces de huéspedes extraños, y otras veces las más , casi vacía!... Casa que en los risueños instantes de la vida, miró absorta la fila interminable de los sueños, de arribo fácil y de estancia corta... | |
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Nocturno mar
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Xavier Villaurrutia Por Carmen Montejo | |
Ni tu silencio, duro cristal de roca, ni el frío de la mano queme tiendes, ni tus palabras secas, sin tiempo ni color, ni mi nombre, ni siquiera mi nombre que dictas como cifra desnuda de sentido; ni la herida profunda, ni la sangre que mana de sus labios, palpitante, ni la... | |
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El cerco
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Jaime Augusto Shelley Por Jaime Augusto Shelley | |
Habrá niebla en los tejados Caerá como nunca sobre largas formas líquidas de luna Tardaremos en llamarle invierno entretenidos en el grisarse de árboles y cosas Será diremos el tiempo que se viene como otoño Pero el año se dará redondo y perfecto como previsto en nuestros viejos... | |
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Esta tarde mi bien
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Sor Juana Inés de la Cruz Por Ofelia Medina | |
EN QUE SATISFACE UN RECELO CON LA RETÓRICA DEL LLANTO Esta tarde, mi bien, cuando te hablaba, como en tu rostro y tus acciones vía que con palabras no te persuadía, que el corazón me vieses deseaba; y Amor, que mis intentos ayudaba, venció lo que imposible parecía: pues entre el... | |
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A Circe
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Julio Torri Por Julio Torri | |
Circe, diosa venerable! He seguido puntualmente tus avisos. Más no me hice amarrar al mástil cuando divisamos la isla de las sirenas, porque iba resuelto a perderme. En medio del mar silencioso estaba la pradera fatal. Parecía un cargamento de violetas errante por las aguas... | |
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No consta en actas
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Juan Bañuelos Por Juan Bañuelos | |
Oh, bebedor de la noche, ¿por qué te disfrazas ahora? ¿Todo es igual acaso? ¿Tengo que repetir lo que el augur grabó en el silencio de la piedra curtida por el viento? ...esparcidos están los cabellos, destechadas las casas, enrojecidos sus muros. Gusanos pululan por calles y plazas... | |
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En paz
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Amado Nervo Por Alí Chumacero | |
Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, Vida, porque nunca me diste ni esperanza fallida, ni trabajos injustos, ni pena inmerecida; porque veo al final de mi rudo camino que yo fui el arquitecto de mi propio destino; que si extraje la miel o la hiel de las cosas, fue porque en ellas... | |
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Crónica de Indias
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José Emilio Pacheco Por José Emilio Pacheco | |
Después de mucho navegar por el oscuro océano amenazante encontramos tierras bullentes en metales, ciudades que la imaginación nunca ha descrito, riquezas, hombres sin arcabuces ni caballos. Con objeto de propagar la fe y quitarlos de su inhumana vida salvaje... | |
