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25 poemas aleatorios en audio | |
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Cinco veces la flor
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Alejandro Aura Por Alejandro Aura | |
Tres: Alguien dejó una flor de papel sobre mi mesa, es linda y morada y verde, gracias. Esperé una flor toda la vida, y hoy, martes raspado de melancolía, no sé de dónde, me ha llegado. Pinche florecita de papel, te quiero... | |
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Madre nuestra la tierra
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Aurora Reyes Por Aurora Reyes | |
Cuando dormías, Madre elásticas hamacas mecidas por el tiempo , halo de niebla apenas en la blanca serpiente de tu órbita, un diamante de labio transparente cristalizó la sombra de tu cuerpo. Tu corazón fue líquida mirada, juventud sideral enamorada... | |
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Asaltos a la memoria
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Enriqueta Ochoa Por Enriqueta Ochoa | |
Amanece, en las macetas de la ventana arden los geranios. Un vaho lechoso entra en el viento. Corre el día hacia las dunas de la oscuridad. Después de avanzada la noche me desprendo abajo quedan mi piel, mis huesos. Me echo de picada a las profundidades, atravieso el infierno... | |
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Viento
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Griselda Álvarez Ponce de León Por Griselda Álvarez Ponce de León | |
Qué fantasma es el tuyo! Qué presencia derrama exacto cuando lo convoco: reconstruye tu olor, tus pasos, toco la superficie de tu residencia. ¡Qué forma de copiarme tu apariencia! Qué completo tu abrazo si lo evoco y cómo se disuelve poco a poco en esta larga noche de la ausencia... | |
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El deshollinador
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Enriqueta Ochoa Por Enriqueta Ochoa | |
En mi centro amanecía Dios con su diamante de agua ensimismada, derramándola allí donde la yerba azul del verbo sin cercos corría limpia escalando hasta el borde de los labios. Pero redonda es la vida y en sus ruedas sorpresivas... | |
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Piel
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Jaime Labastida Por Jaime Labastida | |
Creyente sólo en lo que toco, yo te toco, mujer, hasta la entraña, el hueso, aquello que otros llaman alma, tan unida, tan cerca de la carne mortal y voluptuosa o siempre ardiente o nunca maltratada sino dulce, oscilante entre querer y subir, adentro de la espuma... | |
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El día separado por sus sombras...
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Homero Aridjis Por Homero Aridjis | |
El día separado por sus sombras por las cosas quietas en un orden extraño por el ruido que arranca la mirada del verde en que vivía avanza ligero en el misterio de un vuelo que se propaga entre más sube erigido por el ademán diverso como una torre de luz y de ceniza profundo hacia adentro de su propia blancura ... | |
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Igual que en el grabado de Escher
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Eduardo Langagne Por Eduardo Langagne | |
No sé si subo o bajo la escalera Si desde arriba ya alcancé el peldaño No quiero más abajo hacerme daño descender o ascender lo hace cualquiera Si desde abajo encuentro la manera Puedo alcanzar el linde de lo extraño Si bajando traspaso la frontera... | |
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Biblioteca de José Luis Martínez
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Eduardo Langagne Por Eduardo Langagne | |
Aquí no hay muertos. Ramón, a la mitad del foro, lee un poema con sabor a chía y ajonjolí. Rulfo vino a buscar a Juan: un instante de luz en las palabras. Gorostiza envuelve en llamas la soledad de los pasillos por donde José Luis Martínez, bibliófilo celeste, coloca libros detenido en el espacio... | |
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El ídolo en el atrio
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José Juan Tablada Por Sergio de Alva | |
Una Piedra del Sol sobre el cielo de la mañana asoma en lo alto el ancho rostro de basalto a la orilla de un charco de obsidiana y parece que su boca vierte un reguero de sangre humana y zempazúchiles de muerte... Es del trigo del sol la gran piedra molar que hace el pan de los días... | |
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Hervor de calles...
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Rubén Bonifaz Nuño Por Rubén Bonifaz Nuño | |
Hervor de calles; desembocadura de pábulos ardiendo, en la caldera sediciosa del mísero. Como hierba de gritos, como en humo lumbrarada de pelos espantados; como chubasco tupidísimo y turbio, en ascensión. Así llegaba. Y alégrate si nadie, en esta plaza, si nadie, de tan juntos y de... | |
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Pasaporte
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Rosario Castellanos Por Rosario Castellanos | |
Mujer de ideas? No, nunca he tenido una. Jamás repetí otras (por pudor o por fallas nemotécnicas). ¿Mujer de acción? Tampoco. Basta mirara la talla de mis pies y mis manos. Mujer, pues, de palabra. No, de palabra no... | |
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Rueda
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Griselda Álvarez Ponce de León Por Griselda Álvarez Ponce de León | |
Plural necesidad de ser amigos, de ser uno en el ser y dos en el ansia, de compartir la pérdida y ganancia, de confundir conmigos y contigos. Plural necesidad. Mudos testigos el aire, el sol, la lluvia, la distancia, esto también que dicen tolerancia y estos otros que llaman enemigos... | |
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Eres tú verdadero
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Nezahualcóyotl Por Raúl Dantés | |
Eres tú verdadero...? ¿Eres tú verdadero, tienes raíz? Sólo quien todas las cosas domina, el dador de la vida. ¿Es ésto verdad? ¿Acaso no lo es, como dicen? ¡Que nuestros corazones no tengan tormento! Todo lo que es verdadero, lo que tiene raíz, dicen que no es verdadero que no tiene raíz... | |
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Responso por un poeta descuartizado
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Efraín Huerta Por Efraín Huerta | |
Claro está que murió como deben morir los poetas, maldiciendo, blasfemando, mentando madres, viendo apariciones, cobijado por las pesadillas. Claro que así murió y su muerte resuena en las malditas habitaciones donde perros, orgías, vino griego, prostitutitas francesas... | |
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Antiguallas
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Francisco González Léon Por Rosenda Monteros | |
Casas de mi lugar que tienden a desaparecer; raras casas que aun suelo yo encontrar. Es de ver la multitud de los patios empedrados; el brocal con arcadas de ladrillo, los arriates adosados a los muros (altos muros patinados y sin brillo) y la parra que se afianza entre sus grietas... | |
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Vagar, vagar
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Alejandro Aura Por Alejandro Aura | |
Poner un pie en la tierra me llevaría sin duda al fin del mundo; un pasito tras otro, conectando el alma al alma, como cuando no podía entrar a la escuela y me echaba a caminar embelesado. Me parece sin embargo que es mía la última hora de esta tarde... | |
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Abrí la verja de hierro
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Fayad Jamís Por Fayad Jamís | |
Abrí la verja de hierro, Sentí como chirriaba, tropecé en algún tronco y miré una ventana encendida, pero la madrugada devoraba las hojas y tú no estabas allí diciéndome que el mundo está roto y oxidado. Entré, subí en silencio las escaleras, abrí otra puerta... | |
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Cuartetos
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Francisco González Léon Por Rosenda Monteros | |
Aunque el uno es insomne, y el otro un somnolente, el gato y el grillo se parecen en que buscan del fogón la ceniza caliente. Ron, ron del gato; del grillo el cri, cri persistente; límpida noche en enero temblando en estrellas. Cruzado de brazos el gato medita; y el grillo parece que está de rodillas... | |
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Dentro de poco vas a ofrecer...
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Jaime Sabines Por Jaime Sabines | |
Dentro de poco vas a ofrecer estas páginas a los desconocidos como si extendieras en la mano un manojo de hierbas que tú cortaste. Ufano y acongojado de tu proeza, regresarás a echarte al rincón preferido. Dices que eres poeta porque no tienes el pudor necesario del silencio... | |
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La piel
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Jaime Labastida Por Jaime Labastida | |
Creyente sólo de lo que toco, yo te toco, mujer, hasta la entraña, el hueso, aquello que otros llaman alma, tan unida, tan cerca de la carne mortal y voluptuosa o siempre ardiente o nunca maltratada sino dulce, oscilante entre querer y subir, adentro de la espuma... | |
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Vida
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Griselda Álvarez Ponce de León Por Griselda Álvarez Ponce de León | |
Qué difícil pensar de tan contenta, no se puede escribir de tanta dicha! a pío y canto el ave se encapricha y vuela saboreando la tormenta. Brota el renuevo y en la rama alienta una explosión de júbilo predicha... | |
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Qué costumbre tan salvaje...
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Jaime Sabines Por Jaime Sabines | |
Qué costumbre tan salvaje esta de enterrar a los muertos!, ¡de matarlos, de aniquilarlos, de borrarlos de la tierra! Es tratarlos alevosamente, es negarles la posibilidad de revivir. Yo siempre estoy esperando a que los muertos se levanten, que rompan el ataúd y digan alegremente: ¿por qué lloras?... | |
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El cántaro roto
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Octavio Paz Por Octavio Paz | |
La mirada interior se despliega y un mundo de vértigo y llama nace bajo la frente del que sueña: soles azules, verdes remolinos, picos de luz que abren astros como granadas, tornasol solitario, ojo de oro girando en el centro de una explanada calcinada, bosques de cristal de sonido,... | |
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Ajedrez
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Rosario Castellanos Por Rosario Castellanos | |
Porque éramos amigos y, a ratos, nos amábamos; quizá para añadir otro interés a los muchos que ya nos obligaban decidimos jugar juegos de inteligencia. Pusimos un tablero enfrente de nosotros: equitativo en piezas, en valores, en posibilidad de movimientos. Aprendimos las reglas, les... | |
