|
25 poemas aleatorios en audio | |
|
El día separado por sus sombras...
| |
|
Homero Aridjis Por Homero Aridjis | |
El día separado por sus sombras por las cosas quietas en un orden extraño por el ruido que arranca la mirada del verde en que vivía avanza ligero en el misterio de un vuelo que se propaga entre más sube erigido por el ademán diverso como una torre de luz y de ceniza profundo hacia adentro de su propia blancura ... | |
|
Cirabel
| |
|
Homero Aridjis Por Homero Aridjis | |
Cirabel llego siempre a tu aposento con una confusión de bocas y una zozobra de hombre a traerte la ofrenda cotidiana de mis manos huecas Más o menos cuando la ceniza de la noche se derrama sobre tus pupilas igual que ante una ciudad inerme Anudado tu grito de silencio... | |
|
Hay palabras verdaderas en la tierra
| |
|
Poesía náhuatl Por Enrique Lizalde (español) y Lino Balderas (náhuatl) | |
Hay palabras verdaderas en la tierra? ¿Acaso hablamos algo verdadero aquí, dador de la vida? Sólo soñamos, sólo nos levantamos del sueño. Sólo es como un sueño... Nadie habla aquí de verdad...¿Acaso son verdaderos los hombres? Si no, ya no es verdadero nuestro canto. ¿Qué está por ventura en pie?... | |
|
Envidiosos
| |
|
José Emilio Pacheco Por José Emilio Pacheco | |
Levantas una piedra y los encuentras: ahítos de humedad, pululando... | |
|
Autorretrato
| |
|
Rosario Castellanos Por María Teresa Aviña | |
Yo soy una señora: tratamiento arduo de conseguir, en mi caso, y más útil para alternar con los demás que un título extendido a mi nombre en cualquier academia. Así, pues, luzco mi trofeo y repito: yo soy una señora. Gorda o flaca según las posiciones de los astros, los ciclos... | |
|
Virgen hincada empieza a ser visible...
| |
|
Homero Aridjis Por Homero Aridjis | |
Virgen hincada empieza a ser visible atisba desde sus miembros como alguien escondido al fondo de su cuerpo la punta de su pie bajo su muslo asoma como un haz vivo que atraviesa la sombra en su oscuridad cuerpos vírgenes miran... | |
|
Aquel tren
| |
|
Eduardo Langagne Por Eduardo Langagne | |
Yo era un niño En el tren a Chihuahua el paisaje era un frágil futuro arenoso y sin gente La paciencia rodaba en el alma con ruido de hierro Un túnel oscuro veía mis temores marcaba las líneas ocultas del agrio destino En una estación de madera una niña desértica puso sus ojos brillantes en mí... | |
|
Nocturno del Mississippi
| |
|
Efraín Huerta Por Efraín Huerta | |
En estos precisos momentos todo momento es bello. Por ejemplo: que los jóvenes negros se amen a la orilla del río, bajo el ruinoso techo del Heads Bridge, y que su risa sea del color de la carne y de su espesa piel. Que se amen larga y estrechamente al amparo del cielo, como se... | |
|
Los recuerdo turgentes y temblones...
| |
|
Tomás Segovia Por Tomás Segovia | |
Los recuerdo turgentes y temblones, tu grandes, densos pechos juveniles, tímidos y procaces, pastoriles, frescos como aromáticos melones. Eran el más solemne de tus dones cuando al fin liberabas sus perfiles en cuartos cursis de moteles viles... | |
|
La septuagésima segunda
| |
|
Alejandro Aura Por Alejandro Aura | |
en mucho estima el agua su condición quién no si yo fuera agua apenas una infinitesimal desviación mis moléculas no hubieran hecho esta complicada bestia ay teoría de achaques y de sueños imposible de explicar de solventar de fluir si yo fuera agua... | |
|
Batman
| |
|
José Carlos Becerra Por Julio Trujillo | |
Recomenzando siempre el mismo discurso, el escurrimiento sesgado del discurso, el lenguaje para distraer al silencio; la persecución, la prosecución y el desenlace esperado por todos. Aguardando siempre la misma señal, el aviso del amor, de peligro, de como quieran llamarle. (Quiero... | |
|
Me encanta Dios
| |
|
Jaime Sabines Por Jaime Sabines | |
Me encanta Dios. Es un viejo magnífico que no se toma en serio. A él le gusta jugar y juega, y a veces se le pasa la mano y nos rompe una pierna o nos aplasta definitivamente. Pero esto sucede porque es un poco cegatón y bastante torpe con las manos. Nos ha enviado a algunos tipos... | |
|
Movimiento nocturno
| |
|
Oscar Oliva Por Oscar Oliva | |
Cuando estoy dormido la ciudad encoge uñas, hasta el cielo cruje. Tanto es el estremecimiento que acontece que hasta en sueños veo que la ciudad no se ha movido de su lugar. Sólo cuando me despierto encuentro mi cuerpo de cabeza, mi cama en la cocina, mi casa en un monte... | |
|
La salvaja (fragmento)
| |
|
Carmen Boullosa Por Carmen Boullosa | |
El fuego, otra vez fuego, el fuego junto a la lumbre, en el piso, subiendo por los sillones, cruzando las ventanas, y tras él el fuego, solamente el fuego. El fuego otra vez, ¿No lo ven? ¡No lo ven! Es el fuego. Les parezco una mujer sentada.... | |
|
Dama huasteca
| |
|
Octavio Paz Por Octavio Paz | |
Ronda por las orillas, desnuda, saludable, recién salida del baño, recién nacida de la noche. En su pecho arden joyas arrancadas al verano. Cubre su sexo la yerba lacia, la yerba azul, casi negra, que crece en los bordes del volcán. En su vientre un águila despliega sus alas... | |
|
Historia
| |
|
Griselda Álvarez Ponce de León Por Griselda Álvarez Ponce de León | |
Ay primavera, primavera suave! Érase una mujer que compartía el humus de la tierra, la armonía, el árbol fácil y el nidal del ave. Érase una mujer como una llave con la que abrir un mundo de alegría, una mujer, fugaz sabiduría, pacífica guerrera, beso en clave. Y érase un hombre así, de todas suertes hombre y señor... | |
|
En el filo del gozo
| |
|
Rosario Castellanos Por Carmen Farías | |
Entre la muerte y yo he erigido tu cuerpo: que estrelle en ti sus olas funestas sin tocarme y resbale en espuma deshecha y humillada. Cuerpo de amor, de plenitud, de fiesta, palabras que los vientos dispensan como pétalos, campanas delirantes al crepúsculo... | |
|
Canto (III)
| |
|
Mario Bojórquez Por Mario Bojórquez | |
Te acercas A los patios De las primeras casas El ruido De tus trastos Altera los ladridos Pareces Una sombra Que se mueve En el aire De: El deseo postergado Premio Nacional de Poesía Aguascalientes... | |
|
Las vírgenes del sueño
| |
|
Manuel Ponce Por Manuel Ponce | |
Las vírgenes arrastran una sombra, habitan una sombra. No podrían arrastrar otra cosa. Las vírgenes sin esclavinas llevan contorno de fluidos, galvanizada sombra. Pero ya nimbo, sombra misma, la sombra de su sombra: cosa limpia. Pasan de vez en cuando, tangentes de la rosa y el querube, por un relieve de celistias... | |
|
Silvio, tu opinión va errada...
| |
|
Sor Juana Inés de la Cruz Por Laura Castanedo | |
Silvio, tu opinión va errada; que en lo común, si se apura, no admiten por hermosura hermosura enamorada. Pues si bien de la extrañeza el atractivo más grato, es el agrio de lo ingrato la sazón de la belleza. Porque gozando exenciones de perfección más que humana, la acredita... | |
|
Oídos con el alma... (fragmento)
| |
|
Octavio Paz Por Octavio Paz | |
Oídos con el alma, pasos mentales más que sombras, sombras del pensamiento más que pasos, por el camino de ecos que la memoria inventa y borra: sin caminar caminan sobre este ahora, puente tendido entre una letra y otra. Como llovizna sobre brasas dentro de mí los pasos pasan hacia... | |
|
El cerco
| |
|
Jaime Augusto Shelley Por Jaime Augusto Shelley | |
Habrá niebla en los tejados Caerá como nunca sobre largas formas líquidas de luna Tardaremos en llamarle invierno entretenidos en el grisarse de árboles y cosas Será diremos el tiempo que se viene como otoño Pero el año se dará redondo y perfecto como previsto en nuestros viejos... | |
|
Lagarto
| |
|
Jorge Fernández Granados Por Jorge Fernández Granados | |
Camina como un dragón caído que fue despojado del fuego y de las alas. Sobreviviente de una raza de gigantes, hoy luce el agazapado apetito de la demora, el lento, hastiado zigzaguear de un pesimista. Es una piedra en el centro del desierto. Hay otro tiempo detrás de sus ojos... | |
|
Federico García Lorca
| |
|
Luis Rius Azcoita Por Juan Rejano | |
A lo oscuro corrías de los bosques, huyendo. Se llevaba tu sombra la mañana herida por el fuego, y a tu voz la arrojaban en un pozo profundamente negro. ¿Dónde podías ir tú sin voz ni sombra? ¿Dónde esconder la muerte de tu cuerpo? a lo oscuro corrías de los bosques, huyendo... | |
|
Muchacha en Banao
| |
|
Fayad Jamís Por Fayad Jamís | |
El ómnibus se detuvo. Los viajeros bajaron uno a uno. Tú estabas entre la multitud de muchachas que trabajan esa tierra y el sol de mediodía. Los viajeros se asomaron a los surcos, a los rostros; interrogaron y sudaron, y luego volvían al ómnibus cuando tú te me acercaste y empezaste a hablarme... | |
