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25 poemas aleatorios en audio | |
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Alba
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Griselda Álvarez Ponce de León Por Griselda Álvarez Ponce de León | |
Orífice del alba, dulce loco, alucinada estoy en tus colores, si me pintas la noche de temores en el amanecer dórame un poco. Después verás qué pájaros convoco para que te rindamos los honores porque eres hacedor de los albores y principio de todo lo que toco. Viérteme caridad en la... | |
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El caballero de la yerbabuena
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José Juan Tablada Por Sergio de Alva | |
El erudito habla del pasado y la chica loca-de-su-cuerpo..., del futuro. Un beluario de peces de colores ansía gozar del instante de azogue que le escurre entre las manos... | |
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Quedamente
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Amado Nervo Por Enrique Rambal | |
Me la trajo quedo, muy quedo, el Destino, y un día en silencio, me lo arrebató; llegó sonriendo; se fue sonriente; quedamente vino; vivió quedamente, ¡queda.... quedamente desapareció! 25 de abril de 1913 De: La amada... | |
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Gambito de caballo en Troya
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Homero Aridjis Por Homero Aridjis | |
Ad aeternam un hombre y un perro semejante a un caballo de oro; dos guerreros como esculpidos por el polvo; un rey y un yelmo donde el sol reverbera; una reina blonda cautiva tras un muro que rodea afiladas fortalezas. Ad aeternam una imagen vagarosa, que no toma forma definida en la imaginación del hombre... | |
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Nostalgia
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Manuel José Othón Por Eduardo Lizalde | |
O! ubi campi? En estos días tristes y nublados en que pesa la niebla sobre mi alma cual una losa sepulcral, ¡ay! cómo mis ojos se dilatan tras esos limitados horizontes que cierran las montañas, queriendo penetrar otros espacios, cual en un mar sin límites ni playas. ¡Pobre pájaro... | |
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Décimas de la angustia
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Fernando Sánchez Mayans Por Fernando Sánchez Mayans | |
Angustia de amor callada dentro del cuerpo presente que se sabe y que se siente como la sangre obstinada. Yo sé que estás apresada dentro de mí, cárcel viva. Prisionera ya cautiva que tenaz entre las venas me las vas dejando llenas de una ansiedad fugitiva. II Febril me vas consumiendo lento amor... | |
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El fantasma del amor
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Alejandro Aura Por Alejandro Aura | |
La primera noche que pasé fuera de casa me quedé leyendo hasta ver fantasmas entre ellos estaba el fantasma del amor los años pasan comedidos y azarosos y se van descontando como uvas del racimo de modo que el esqueleto del tiempo sarmentoso... | |
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Mejor es levantarse
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Fayad Jamís Por Fayad Jamís | |
Si no puedes dormir levántate y navega. Si aún no sabes morir sigue aprendiendo a amar. La madrugada no cierra tu mundo: afuera hay estrellas, hospitales, enormes maquinarias que no duermen. Afuera están tu sopa, el almacén que nutre tus sentidos el viento de tu ciudad. Levántate y... | |
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Sombras
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Jaime Augusto Shelley Por Jaime Augusto Shelley | |
Después de los cuerpos van las sombras Átomos dispersos que se encajan en los pisos las paredes que estallan en los bordes dilatándose vuelven y se quedan en el mediodía Van las sombras como cuerpos Los cuerpos como viento... | |
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Canto de Nezahualcóyotl
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Poesía náhuatl Por Enrique Lizalde (español) y Lino Balderas (náhuatl) | |
He llegado aquí, soy Yoyontzin. Sólo flores deseo, ha venido a estar deshojando flores sobre la tierra. Allá corto la flor preciosa, corto la flor de la amistad: junto contigo, con tu persona; ¡oh príncipe! Yo Nezahualcóyotl, el señor Yoyontzin. Nezahualcoyotl icuic Nihualacic ye... | |
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Atrás de la memoria
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Marco Antonio Montes de Oca Por Marco Antonio Montes de Oca | |
De hinojos en el vientre de mi madre Yo no hacía otra cosa que rezar, Por la grieta de su boca perfumada Alguna vez el resplandor externo sorprendí; No estaba yo al corriente de la realidad Pero cuando ella sonreía Un mediterráneo fuego se posaba En el quebradizo travesaño de mis huesos... | |
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Yalentay
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Jaime Augusto Shelley Por Jaime Augusto Shelley | |
Queda mucho de las sombras primeras. El sol, espejo y humo, erecto, achica su ojo tutelar y se mece, inconforme, sobre las cosas de barro. Yalentay, ensimismado, abre los brazos: intenso invierno es su susurro. Y sus hijos, y los padres de esos hijos, que también se han marchado,... | |
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Carta a Jesús Arellano
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Enriqueta Ochoa Por Enriqueta Ochoa | |
Desde hace años, Jesús, el corazón me rebota loco entre las sienes y ando por los rincones escondiendo al sollozo. Estreno una sonrisa cada mañana y pido limosna en todas las esquinas, porque ¿quién va a prestarme su vida, su amor, o su Dios? Tengo que comprármelos yo misma, y no me alcanza... | |
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La canción del otoño
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Manuel José Othón Por Eduardo Lizalde | |
Zumba ¡oh viento! zumba y ruge dispersando la simiente; que la crútula reviente a la furia de tu empuje. La hojarasca cruje, y cruje el ramaje tristemente; que tu garra prepotente los retuerza y los estruje. Resonando las serojas se estremecen al chasquido que crepita en las panojas... | |
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El mismo tiempo
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Octavio Paz Por Octavio Paz | |
No es el viento no son los pasos sonámbulos del agua entre las casas petrificadas y los árboles a lo largo de la noche rojiza no es el mar subiendo las escaleras Todo está quieto reposa el mundo natural Es la ciudad en torno de su sombra buscando siempre buscándose perdida en su... | |
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Jardín con niño
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Octavio Paz Por Octavio Paz | |
A tientas, me adentro. Pasillos, puertas que dan a un cuarto de hotel, a una intersección, a un páramo urbano. Y entre el bostezo y el abandono, tú, intacto, verdor sitiado por tanta muerte, jardín revisto esta noche. Sueños insensatos y lúcidos, geometría y delirio entre altas bardas de adobe... | |
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Pobre Desdémona
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Eduardo Lizalde Por Eduardo Lizalde | |
La espalda de esta luz son esos sueños tuyos, amada, que duelen al soñarse y que hacen florecer las prímulas y azahares en tus flancos. Y caen del lecho moras de grueso jugo, cuando sueñas; y zarzarrosas crecen bajo el cojín de pluma; y tiernos gansos pican, bajo el tálamo, hierbas prodigiosas del sueño enternecido... | |
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De algún tiempo a esta parte
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José Emilio Pacheco Por José Emilio Pacheco | |
Aquí está el sol con su único ojo, la boca escupe fuego que no se hastía de calcinar la eternidad. Aquí está como un rey derrotado que mira desde el trono la dispersión de sus vasallos. Algunas veces, el pobre sol, el heraldo del día que te afrenta y vulnera, se posaba en su cuerpo... | |
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Los demás de la foto
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Eduardo Langagne Por Eduardo Langagne | |
ella temía que el amor que me tenía fuera mayor al amor que yo a ella le tenía y prefirió dejar de dar amor al amor que me tenía ella tiene ahora a quien darle el amor que me tenía el que no quiso darme a mí cuando tenía mi amor que era mayor al amor que a mí ella me tenía... | |
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En que da moral censura a una rosa, y en ella a sus semejantes
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Sor Juana Inés de la Cruz Por Guadalupe (Pita) Amor | |
Rosa divina que en gentil cultura eres con tu fragante sutileza magisterio purpúreo en la belleza, enseñanza nevada a la hermosura; amago de la humana arquitectura, ejemplo de la vana gentileza en cuyo ser unió naturaleza la cuna alegre y triste sepultura: ¡cuán altiva en tu pompa,... | |
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Cuerpo del delfín (fragmento)
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Fayad Jamís Por Fayad Jamís | |
En el palacio de la memoria, en el humo del cuerpo, una palpitación extraña, un remoto aleteo: la sombra roja de un delfín entra suavemente. ¿Qué importa la marca del arpón? ¿Qué importa si el nombre del barco es Little Fish o Cheval ? ¿Qué importa el rostro encendido del... | |
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Nieve en la terraza
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Enzia Verduchi Por Enzia Verduchi | |
Dicen que conocí la nieve en una terraza, pero jamás la he tocado, su blandura o su dureza desconozco. En cambio recuerdo esa terraza por un pino enorme en una maceta, por mis padres bailando Lady day en voz de Sinatra, por la felicidad que ofrecía mirar hacia todos lados... | |
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Diluvio
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Salvador Novo Por Salvador Novo | |
Espaciosa sala de baile alma y cerebro dos orquestas, dos, baile de trajes las palabras iban entrando las vocales daban el brazo a las consonantes. Señoritas acompañadas de caballeros y tenían trajes de la Edad Media y de muchísimo antes y ladrillos cuneiformes papiros, tablas, gama,... | |
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Como el oro, por rubio, es tu cabello...
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Fernando del Paso Por Fernando del Paso | |
Como el oro, por rubio, es tu cabello. El oro y el otoño, que es su hermano, se despiden, volando, del verano y viajan, río abajo, por tu cuello. Y yo, que me robé y guardé un destello en el hueco más claro de la mano, una carta, en las hojas de un manzano te escribo con su brillo... | |
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Por qué me quité del vicio
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Carlos Rivas Larrauri Por Manuel Bernal | |
No es por hacerles desaigre... Es que ya no soy del vicio... Astedes mi lo perdonen, pero es qui hace más de cinco años que no tomo copas, onqui ande con los amigos... ¿Qué si no me cuadra?...¡Harto! Pa que he di hacerme el santito: he sido reteborracho; ¡como pocos lo haigan sido!... | |
