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25 poemas aleatorios en audio | |
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Miami flamingo
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Enzia Verduchi Por Enzia Verduchi | |
El sol que baña la costa Florida no es el mismo que engarza en el sueño del niño. Flamingo de yeso y plástico, flamígera Habana Chica. ¿Se puede ser hipócrita a los seis años? La ilusión va en portalápices, en la bolsa sin fondo de mi madre, en las cachuchas beisboleras de los viejos... | |
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Detente sombra
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Sor Juana Inés de la Cruz Por Ofelia Medina | |
QUE CONTIENE UNA FANTASÍA CONTENTA CON AMOR DECENTE Detente, sombra de mi bien esquivo, imagen del hechizo que más quiero, bella ilusión por quien alegre muero, dulce ficción por quien penosa vivo. Si al imán de tus gracias, atractivo, sirve mi pecho de obediente acero, ¿para qué me... | |
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Victoria es tiempo de ladrones
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Jaime Augusto Shelley Por Jaime Augusto Shelley | |
Victoria, sí, sentido sobre la razón, madre de instinto, ser de mis espacios, fin de todos los tiempos y principio de todo lo que crece, nada y vuela, germen del fuego y de la música, memoria inamovible de la luz. Cuanto hay de cierto nace de tu risa; la esperanza son tus ojos, mientras el futuro duerme... | |
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En la ola más alta
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Juan Domingo Argüelles Por Juan Domingo Argüelles | |
Solamente la música, la melodía que viene y va como mi boca, ávida, de pezón en pezón, de un monte a la otra cima; solamente la música, tu música, me hace dormir, feliz, mece mi corazón y lo estremece y después lo serena y lo detiene, y lo quema y lo apaga, lo hace ceniza, ¡oh,... | |
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Presencia
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José Emilio Pacheco Por Carmen Feito Maeso | |
Qué va a quedar de mí cuando me muera sino esta llave ilesa de agonía, estas pocas palabras con que el día, dejó cenizas de su sombra fiera? ¿Qué va a quedar de mí cuando me hiera esa daga final? Acaso mía será la noche fúnebre y vacía que vuelva a ser de pronto primavera... | |
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Post-scriptum
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Rosario Castellanos Por Rosario Castellanos | |
Mi antagonista (que soy siempre yo) me dice: Muy sencillo. Has resuelto tu problema como Spinoza, more geometricum : un lugar, una forma para permanecer y una función, quizá, para cumplir. Pero se te ha olvidado decir quién supervisa la coincidencia exacta entre el tornillo y lo... | |
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La casa
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Eduardo Zambrano Por Eduardo Zambrano | |
Mi casa no tiene muros, tiene certezas. Mi casa no tiene puertas ni ventanas, tiene amaneceres. Mi casa no tiene techos ni vigas, tiene designios. Mi casa está deshabitada, soy un vagabundo. (De:... | |
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Soneto I
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Carlos Pellicer Por Carlos Pellicer | |
Vuelvo a ti, soledad, agua vacía, agua de mis imágenes, tan muerta, nube de mis palabras, tan desierta, noche de la indecible poesía. Por ti la misma sangre tuya y mía corre el alma de nadie siempre abierta. Por ti la angustia es sombra de la puerta que no se abre de noche ni de... | |
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Canto (I)
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Mario Bojórquez Por Mario Bojórquez | |
Con la pesada llaga ya sin cuerda en el cuello Con el dogal vacío y la enhiesta pesadumbre que no implora ya más Que no tunde ya el hueso carcomido, ni la visión postrera Aquí cerca del junto Me pongo a recordar muelles del aire donde atracó la sombra de otro tiempo... | |
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El día empuja en el alba...
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Homero Aridjis Por Homero Aridjis | |
El día empuja en el alba cuerpos de humo blanco casas de niebla donde una ventana se abre con una cara azul cúpulas y cabezas de niño construidas hacia el fondo del cielo papeles curvados que en el viento son astros borrosos animalia que no sube por los intermitentes peldaños de la nube ... | |
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El deshollinador
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Enriqueta Ochoa Por Enriqueta Ochoa | |
En mi centro amanecía Dios con su diamante de agua ensimismada, derramándola allí donde la yerba azul del verbo sin cercos corría limpia escalando hasta el borde de los labios. Pero redonda es la vida y en sus ruedas sorpresivas... | |
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Agua dormida
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Francisco González Léon Por Hugo Gutiérrez Vega | |
Agua dormida de aquel pilón: agua desierta; agua contagiada del conventual silencio de la huerta. Agua que no te evaporas, que no te viola la cántara, y que no cantas, y que no lloras. Tu oblongo cristal es como el vidrio de una cámara fotográfica que retrata un idéntico paisaje de silencio y de paz.... | |
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La ciudad inocente
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Thelma Nava Por Thelma Nava | |
Ciudad antropófaga ¿por qué caminas en nosotros y te mueves como una bestia que la sombra confunde? Te desperezas en todos los habitantes que te identifican en esa cierta debilidad por el otoño, hábilmente disimulada. Nada puedes hacer cuando te derriban el último sueño... | |
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Brusco olor del azufre...
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José Emilio Pacheco Por José Emilio Pacheco | |
Brusco olor del azufre, repentino color verde del agua bajo el suelo. Bajo el suelo de México se pudren todavía las aguas del Diluvio. Nos empantana el lago; sus arenas movedizas atrapan, impidiendo la posible salida. Lago muerto en su féretro de piedra, sol de contradicción... | |
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Hoy como nunca
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Ramón López Velarde Por Enrique Lizalde | |
Hoy como nunca, me enamoras y me entristeces; si queda en mí una lágrima, yo la excito a que lave nuestras dos lobregueces. Hoy, como nunca, urge que tu paz me presida; pero ya tu garganta solo es una sufrida blancura, que se asfixia bajo toses y toses, y toda tu una epístola de... | |
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Llena está el agua...
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Carmen Alardín Por Carmen Alardín | |
Llena está el agua del dolor de los postes y la añoranza de las avenidas. De la canción que brota sin asombro y la sorpresa de la primavera. Llena está el agua de presentimientos, del amor que evadieron las palomas, de visitas a diario a los planetas donde habitan los muertos. De la... | |
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En blanco
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Carmen Alardín Por Jaime Garza | |
No la noche. Ni el telegrama urgente. Ni las ojeras grises. Ni las plazas en llamas. El amor es un lirio y es un poco de espuma. Es un silencio blanco enmedio de unos clavos que tratan de fijarlo sobre la eternidad. De:... | |
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Viaje
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Xavier Villaurrutia Por Alberto Dallal | |
La luz se va con el tren silbando, enrollada en humo, apenas si en las colinas unta un brillo. ¡Ay! Y nos vamos pensando lejos, con el tren silbando, sin movernos ni cansarnos. ¡Ay! Y nos vamos pensando sin volver adonde estamos. Se mueve en el cielo un aire cenizo, lento. Se mueve... | |
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Himno a la impaciencia
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Jaime Augusto Shelley Por Jaime Augusto Shelley | |
Señora, acudo al papel y a la tinta, en tiempos en los que hablar es manchar de saliva el orden confuso de las cosas. Escribo confiado a la integridad de mis versos y a la certeza de que el tiempo abrumará de semejanzas aquello que ha de ser verdad. Escribo para ti porque es como escribir para nadie... | |
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Envidiosos
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José Emilio Pacheco Por José Emilio Pacheco | |
Levantas una piedra y los encuentras: ahítos de humedad, pululando... | |
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La Victoria de Samotracia
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Rosario Castellanos Por Rosario Castellanos | |
Avanza como avanzan los felices: ingrávida, ligera, no tanto por las alas cuanto porque es acéfala. Una cabeza es siempre algo que tiene un peso: la estructura del cráneo que es ósea y el propósito siempre de mantenerla erguida, alerta. Y lo que adentro guarda... | |
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Piedras
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Eduardo Langagne Por Eduardo Langagne | |
no tenemos la casa todavía. tenemos piedras; algunas. trozos de pan, algo de vino tenemos pero la casa no; sin embargo tenemos oscuridad, porque luz no tenemos todavía; tenemos algunas lágrimas y besos. otras cosas igualmente ridículas tenemos, pero la casa no. quizá paredes que se... | |
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Detrás del muro blanco de los días...
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Salvador Novo Por Salvador Novo | |
Detrás del muro blanco de los días calla el Misterio. Pródigas, las horas nos llevan de la mano a las auroras de sus sorpresas y sus alegrías. Días, horas, auroras y alegrías llenen de dicha, pródigas, las horas de un Año Nuevo tal, que sus auroras renueven la ventura de sus días... | |
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Donde sólo se habla del amor
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Juan Bañuelos Por Juan Bañuelos | |
A los hombres, a las mujeres que aguardan vivir sin soledad, al espeso camaleón callado como el agua, al aire arisco (es el aire un pájaro atrapado), a los que duermen mientras sostengo mi vigilia, a la mujer sentada en la plaza vendiendo su silencio. En fin, diciendo ciertas cosas... | |
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Pompeya
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José Emilio Pacheco Por José Emilio Pacheco | |
La tempestad de fuego nos sorprendió en el acto de la copulación. No fuimos muertos por el río de lava. Nos ahogaron los gases; la ceniza nos sirvió de sudario. Nuestros cuerpos continuaron unidos en la roca: petrificado espasmo interminable... | |
