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25 poemas aleatorios en audio | |
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Nostalgia del puerto
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Jaime Augusto Shelley Por Jaime Augusto Shelley | |
Agotado por la furia, estaba en mí cantar alegría, traer al papel un paseo después de los mariscos con cerveza y el café de la Parroquia, aspirar los olores del puerto cuando cae el sol, entre las risas y los gritos de los niños en el malecón; pero vinieron las lluvias, el norte. Y nos fuimos a México... | |
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Canciones para el celebrante
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Thelma Nava Por Thelma Nava | |
Espléndido animal, óyete resonar por la noche como un tren que conoce el lugar de su destino. No preguntes a nadie cuál es el sitio. Para el que indaga no está reservada la respuesta. ¿Quién, celebrante, se atrevería a ponerse el olor del mar, la túnica de los desaparecidos?... | |
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Valle de Oaxaca
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Eduardo Zambrano Por Eduardo Zambrano | |
Ni la vieja gloria de los maravillosos imperios se ha salvado. Ni el orgullo de las catedrales, ni siquiera el remanso de la fe en los monasterios compiten con esa otra arquitectura de cerros y nubes en el Valle de Oaxaca. El tiempo gasta la dura piedra y se desmorona la realidad. El... | |
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Colibrí 50
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Thelma Nava Por Thelma Nava | |
No transcurre el tiempo cuando la soledad del hombre está desierta los actos cotidianos nos sitian estrellas como estatuas apagadas velan nuestro silencio Acaso el roce de la música suscita un movimiento un gesto un pequeño deseo El aire quema en ocasiones nos sofoca su aliento bestial en los oídos... | |
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Cuento de dos jardines (fragmento)
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Octavio Paz Por Octavio Paz | |
Una casa, un jardín, no son lugares: giran, van y vienen. Sus apariciones abren en el espacio otro espacio, otro tiempo en el tiempo. Sus eclipses no son abdicaciones: nos quemaría la vivacidad de uno de esos instantes si durase otro instante. Estamos condenados a matar al tiempo:... | |
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La puerta
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Carlos Pellicer Por Pilar Pellicer | |
Que se cierre esa puerta que no me deja estar a solas con tus besos. Que se cierre esa puerta por donde campos, sol y rosas quieren vernos. Esa puerta por donde la cal azul de los pilares entra a mirar como niños maliciosos la timidez de nuestras dos caricias que no se dan porque la... | |
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Abrí la verja de hierro
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Fayad Jamís Por Fayad Jamís | |
Abrí la verja de hierro, Sentí como chirriaba, tropecé en algún tronco y miré una ventana encendida, pero la madrugada devoraba las hojas y tú no estabas allí diciéndome que el mundo está roto y oxidado. Entré, subí en silencio las escaleras, abrí otra puerta... | |
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Madrigal a María
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Manuel Ponce Por Manuel Ponce | |
He de cantar de hoy más a María, en el nombre del mar, la flor y el día. Madre: pues eres flor, mis palabras harás florecer. Madre, pues eres mar, insondable será mi canción. Madre: pues eres día, toda mi sombra ¡qué no te dirá! Y sólo dejaré de cantar a María, cuando ya no haya mar, ni flor, ni día... | |
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Consejos de un padre a su hija
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Poesía náhuatl Por Enrique Lizalde (español) y Lino Balderas (náhuatl) | |
Aquí estás, mi hijita, mi collar de piedras finas, mi plumaje de quetzal, mi hechura humana, la nacida de mí. Tú eres mi sangre, mi color, en ti está mi imagen. Ahora recibe, escucha: vives, has nacido, te ha enviado a la tierra el Señor Nuestro, el Dueño del cerca y del junto, el hacedor de la gente... | |
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El juego inventa el juego
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Eduardo Lizalde Por Pablo López del Castillo | |
No será mal negocio este que somos de besos y de piernas y de pieles? A diario hacemos cuentas y balances, a diario negociamos con nuestros cuerpos y con nuestras almas. Inútilmente, a ciegas, sordos. Inútilmente. Inútil. Los dos robamos. Ambos somos venales... | |
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Diluvio
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Salvador Novo Por Salvador Novo | |
Espaciosa sala de baile alma y cerebro dos orquestas, dos, baile de trajes las palabras iban entrando las vocales daban el brazo a las consonantes. Señoritas acompañadas de caballeros y tenían trajes de la Edad Media y de muchísimo antes y ladrillos cuneiformes papiros, tablas, gama,... | |
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Mientras tanto
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Alejandro Aura Por Alejandro Aura | |
a las nueve a las ocho a las siete me levanto y es entonces que el día se remonta tanto los pájaros mis hijos el mercado el canto y a las cinco a las tres a la una el desencanto de saber que estoy vivo apenas mientras tanto... | |
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Cierto país
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Marco Antonio Montes de Oca Por Marco Antonio Montes de Oca | |
En cierto país, conocido por mí desde su edad larvaria (cuando apenas era en el mapa un punto rojo y vehemente), los habitantes, una vez al año, emprenden viaje masivo hacia las estribaciones del monte Zeta. Al frente van niños muy fuertes conduciendo a los hombres en vistosos palanquines... | |
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Eternidad
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Amado Nervo Por Enrique Rambal | |
La Muerte! Allí se agota todo esfuerzo, allí sucumbe toda voluntad. ¡La Muerte! ¡Lo que ayer fue nuestro Todo hoy solo es nuestra Nada!... ¡Eternidad! ¡Silencio! El máximo silencio que es posible encontrar. ¡Silencio!...!Ultrasilencio, y no más! ... | |
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Agua nocturna
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Alberto Ruy Sánchez Por Alberto Ruy Sánchez | |
La noche que guardas en la mano, la noche que abres para acariciarme, me cubre como un manto navegable. * Voy hacia ti, lentamente. En la noche, el brillo de tus ojos me conduce. Veo tu rostro en ese sueño. Veo tu sonrisa. Me dices algo que no entiendo. Te ríes. Entonces me lo explicas... | |
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Batman
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José Carlos Becerra Por Julio Trujillo | |
Recomenzando siempre el mismo discurso, el escurrimiento sesgado del discurso, el lenguaje para distraer al silencio; la persecución, la prosecución y el desenlace esperado por todos. Aguardando siempre la misma señal, el aviso del amor, de peligro, de como quieran llamarle. (Quiero... | |
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Esquemas para una oda tropical
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Carlos Pellicer Por Carlos Pellicer | |
La oda tropical a cuatro voces ha de llegar sentada en la mecida que amarró la guirnalda de la orquídea. Vendrá del Sur, del Este y del Oeste, del Norte avión, del Centro que culmina la pirámide trunca de mi vida. Yo quiero arder mis pies en los braseros de la angustia más sola, para salir desnudo hacia el poema... | |
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Redoble bajo una ceiba
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Juan Bañuelos Por Juan Bañuelos | |
Padre anciano, Obrero y gran señor, Sesenta y nueve ramas se han secado En tu arbolado corazón. Padre, es claro. Yo acecho tu bastión: Me abro paso entre cedros y álamos Cuando, de pronto, soy la multitud hambrienta de una calle Aherrojada en cilicios de terror. Padre obrero, Obrero y gran señor... | |
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Diálogo del movimiento
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Oscar Oliva Por Oscar Oliva | |
Muévete, muévete, le digo a la mujer. Mueve el cadáver que lloro, que cargo, que entierro. Vacíame. Riégame. Mueve los días que han de modelarme en otro pez, que ya se presienten en mi olor. Mueve esta alegría sobre la que estoy acostado. Muévete. Tan sólo... | |
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Viajes en avión
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Jaime Labastida Por Jaime Labastida | |
Qué alegría decidir qué beber, cómo morir, por qué, y en dónde. Quisiera morir, así, bajo un gran árbol. Desearía ser quemado; que mis cenizas irritaran, polvo, los ojos de la que amo; que fueran sólo la mancha en un libro pasados los años. Podría morir aquí, sin duda. No todo sitio es bueno... | |
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He emblanquecido mi pelo...
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Eduardo Langagne Por Eduardo Langagne | |
He emblanquecido mi pelo en busca de una virtud; no perdí la juventud, pues la invertí en ese anhelo. Supe de amor y desvelo cuando nacieron mis hijos, mantuve los ojos fijos al descubrir la Belleza y ha podido mi cabeza descifrar sus acertijos... | |
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Yalentay
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Jaime Augusto Shelley Por Jaime Augusto Shelley | |
Queda mucho de las sombras primeras. El sol, espejo y humo, erecto, achica su ojo tutelar y se mece, inconforme, sobre las cosas de barro. Yalentay, ensimismado, abre los brazos: intenso invierno es su susurro. Y sus hijos, y los padres de esos hijos, que también se han marchado,... | |
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Virgen hincada empieza a ser visible...
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Homero Aridjis Por Homero Aridjis | |
Virgen hincada empieza a ser visible atisba desde sus miembros como alguien escondido al fondo de su cuerpo la punta de su pie bajo su muslo asoma como un haz vivo que atraviesa la sombra en su oscuridad cuerpos vírgenes miran... | |
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Bella dama sin piedad
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Rosario Castellanos Por Rosario Castellanos | |
Se deslizaba por las galerías. No la vi. Llegué tarde, como todos, y alcancé nada más la lentitud púrpura de la cauda; la atmósfera vibrante de aria recién cantada. Ella no. Y era más que plenitud su ausencia y era más que esponsales y era más que semilla en que madura el tiempo:... | |
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Celos y muerte de Booz
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Gilberto Owen Por Claudio Obregón y Óscar Chávez | |
Y sólo sé que no soy yo el durmiente que sueña un cedro Huguiano, lo que sueñas, y pues que he nacido de muerte natural, desesperado, paso ya, frenesí tardío, tardía voz sin ton ni son. Me miro con tus ojos y me veo alejarme, y separar las aguas del Mar Rojo de nuestros cuerpos mal... | |
