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25 poemas aleatorios en audio | |
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Nadie
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Eduardo Zambrano Por Eduardo Zambrano | |
Pensar que muchos buscan una piedra o la raíz dónde aferrarse para luego seguir nadando contracorriente. ¿Buscar los orígenes hasta quedar en una orilla? ¿Dar sombra a la serpiente y casa al gusano? Ser nadie y aún, como la hoja seca, servir de embarcación a los instintos. Recostado... | |
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A bayoneta calada
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Marco Antonio Montes de Oca Por Marco Antonio Montes de Oca | |
Llegan las primeras oleadas del pueblo A encender con sus fuegos nada fatuos La mecha de mis cicatrices. Desanda el estambre La torturada extensión de los ovillos; Prodigiosamente se aclara el agua Y los frutos del muro de las nieblas A bayoneta calada son mondados. Tienen los gorros frigios Color y forma de corazón... | |
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Los ojos verdes
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Alí Chumacero Por Alí Chumacero | |
Solemnidad de tigre incierto, ahí en sus ojos vaga la tentación y un náufrago se duerme sobre jades pretéritos que aguardan el día inesperado del asombro en épocas holladas por las caballerías. Ira del rostro, la violencia es río que despeña en la quietud el valle, azoro donde el tiempo se abandona a una corriente análoga... | |
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Contemplación
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Enriqueta Ochoa Por Enriqueta Ochoa | |
Hay sobre las cimas de la tarde que avanza un incendio de rosas lentas, temblando. Qué sentido tan hondo el de la luz derramada en el rubor del aire. El alma se ha suspendido en un deslumbramiento de ángeles cristalinos... | |
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Mi regular aparición
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Fabio Morábito Por Fabio Morábito | |
El parque está más sucio que otros años, sucio de fiestas infantiles, de platos de cartón y servilletas. Cuando se han ido todos, vienen perros y revientan las bolsas de basura, que riegan por el pasto. La hierba tiene salsa catsup. De noche salen los novios a besarse, se oyen sus súplicas... | |
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Apedreamiento
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Oscar Oliva Por Oscar Oliva | |
Cuando levanto una piedra arranco al mundo una mirada y lo hago más ligero de la muerte. Siento que me muevo hacia el sol. Algo se me queda de esa mirada. Y tras ella va la piedra que levanto... | |
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Cerezas
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Ramón Xirau Por Ramón Xirau | |
Rojas las cerezas, rojo el claustro iluminado de vidas limpias. Claridad. ¿El sol, cántico de fuego? Rojas las cerezas todo luz, todo mar todo claustro. Cireresa Octavio Pazen seu aniversario Vermelles les cireres, vermell el claustre... | |
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La imprevista
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Alí Chumacero Por Alí Chumacero | |
Mírame así, a la frente: deshacías en himnos la apariencia semejante al sueño, y la lujuria en el sudor ardía témpanos de mal, araba en oquedades los remordimientos. Cuando con esa voz de lejanías invocabas los sitios, las costumbres, era tu cabellera la humedad del alma en el verano... | |
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Hoja al aire, indefensa...
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Rubén Bonifaz Nuño Por Rubén Bonifaz Nuño | |
Hoja al aire, indefensa, detenida apenas, única en el árbol enrojecido y respirante; ojo sobresaltado, abierto, lúcido: en el temor mi corazón. Asfixia, duermevela con fantasma inminente. Deshabitado el traje suspendido, suena con un temblor de piel que busca su bestia desollada, su... | |
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A Griselda Álvarez para su Anatomía superficial
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Salvador Novo Por Griselda Álvarez Ponce de León | |
Oreja, mano, brazo, pierna, ojo cuenta de amor que resta de la mía una tan envidiable anatomía que al mirarme al espejo, me sonrojo. En tintas de alabanza tiño y mojo plumas que empuño, y canto de alegría y ante tan lujuriosa paganía mirtos y rosas a su pie deshojo.. | |
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A la esperanza, escrito en uno de sus retratos
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Sor Juana Inés de la Cruz Por Guadalupe (Pita) Amor | |
Verde embeleso de la vida humana, loca esperanza, frenesí dorado, sueño de los despiertos intrincado, como de sueños, de tesoros vana; alma del mundo, senectud lozana, decrépito verdor imaginado, el hoy de los dichosos esperado y de los desdichados el mañana: sigan tu sombra en busca... | |
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Los muertos mandan
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Amado Nervo Por Enrique Rambal | |
Los muertos mandan. ¡Sí, tú mandas, vida mía! Si ejecuto una acción, digo: ¿Le gustaría? Hago tal o cual cosa pensando: ¡Ella lo hacía! Busco lo que buscabas, lo que dejabas dejo, amo lo que tú amabas; copio como un espejo tus costumbres, tus hábitos..., ¡Soy no más tu reflejo!... | |
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Anti-yo
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Tomás Segovia Por Tomás Segovia | |
No soy el que yo digo Soy el que dices tú Me traiciono por ése Mi doble que el amor y la impiedad figuran Dinamito mi suelo alegremente Con tu risa me río de mi gloria Pulverizamos la complicidad con que me miro sin tus ojos Me salgo de mis pieles... | |
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Canto (VII)
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Mario Bojórquez Por Mario Bojórquez | |
Sólo nombraste el bosque que te vistió de niño Su alegre arboladura Su tenebra de musgo Por eso es que volver Regresar en el soplo ardiente En la escama de vidrio de tus ojos No puede ya salvarte No entregarás tu espada capitán abatido No te dará un pañuelo esa mano No limpiarás tus... | |
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El oficio del río
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Eduardo Langagne Por Eduardo Langagne | |
Es oficio del río descifrar el secreto del agua. A los hombres del mundo, las mujeres, los niños, corresponde también descifrar el oficio del río. Como un río nacemos, sorteamos peligros, nuestro cauce se ensancha. Otras aguas nos hacen crecer: manantiales y lluvias, hilos de agua, nos nutren... | |
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Las vírgenes del sueño
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Manuel Ponce Por Manuel Ponce | |
Las vírgenes arrastran una sombra, habitan una sombra. No podrían arrastrar otra cosa. Las vírgenes sin esclavinas llevan contorno de fluidos, galvanizada sombra. Pero ya nimbo, sombra misma, la sombra de su sombra: cosa limpia. Pasan de vez en cuando, tangentes de la rosa y el querube, por un relieve de celistias... | |
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Breve romance de ausencia
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Salvador Novo Por José Luis Ibáñez | |
Único amor, ya tan mío que va sazonando el tiempo ¡qué bien nos sabe la ausencia cuando nos estorba el cuerpo! Mis manos te han olvidado pero mis ojos te vieron y cuando es amargo el mundo para mirarte los cierro. No quiero encontrarte nunca, que estás conmigo y no quiero que... | |
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Templo II
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Ramón Xirau Por Ramón Xirau | |
No sé si el tiempo nos busca anillo de luz no sé si las naves azules ven olas de luz en el camino del templo. No sé si las miradas de las olas renacen en las hojas, en las yedras, en las arenas. Las encrucijadas del viento, las ferias de la mañana encienden, noche adentro, las... | |
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La Victoria de Samotracia
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Rosario Castellanos Por Rosario Castellanos | |
Avanza como avanzan los felices: ingrávida, ligera, no tanto por las alas cuanto porque es acéfala. Una cabeza es siempre algo que tiene un peso: la estructura del cráneo que es ósea y el propósito siempre de mantenerla erguida, alerta. Y lo que adentro guarda... | |
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Anestecia final
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Alí Chumacero Por Alí Chumacero | |
La muerte bajo el agua y la noche navega lentamente. Herida va mi sangre, más ligera que el sueño y el despertar sediento del inicial recuerdo. Una mortal navegación a oscuras, marítimo dolor, cristal amargo; un estar descendiendo sin encontrarse asido, como un río que fuera de los... | |
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Una blancura te inunda...
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Tomás Segovia Por Tomás Segovia | |
Una blancura te inunda los dos pechos: eres pura. Y sube una mancha oscura por tu vientre: eres profunda. De: Historias y poemas Fragmento 8 de la Serie: La semana sin ti | |
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Conejo
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Griselda Álvarez Ponce de León Por Griselda Álvarez Ponce de León | |
Verano calentura pasajera abre la flor y se emborracha el día verano gritador de compañía al cuerpo trepa como enredadera el verano me tiene toda entera y me penetra con alevosía si hasta se escuchan ruidos de alegría donde el conejo tiene madriguera... | |
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Canciones para el celebrante
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Thelma Nava Por Thelma Nava | |
Espléndido animal, óyete resonar por la noche como un tren que conoce el lugar de su destino. No preguntes a nadie cuál es el sitio. Para el que indaga no está reservada la respuesta. ¿Quién, celebrante, se atrevería a ponerse el olor del mar, la túnica de los desaparecidos?... | |
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Flashback
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Eduardo Langagne Por Eduardo Langagne | |
Galopaba mi padre en su enorme alazán. De súbito frenaba y volvía hacia mí, Sorprendido testigo a la sombra del árbol. Un hermoso caballo era aquel: ejemplar: Orgullosa la crin y convencido el trote. El mejor animal que había en esos parajes... | |
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Madre nuestra la tierra
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Aurora Reyes Por Aurora Reyes | |
Cuando dormías, Madre elásticas hamacas mecidas por el tiempo , halo de niebla apenas en la blanca serpiente de tu órbita, un diamante de labio transparente cristalizó la sombra de tu cuerpo. Tu corazón fue líquida mirada, juventud sideral enamorada... | |
