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25 poemas aleatorios en audio | |
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Principio del señorío chichimeca
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Poesía náhuatl Por Enrique Lizalde (español) y Lino Balderas (náhuatl) | |
Año I-Pedernal (804 d. c). Cuando comenzó el Señorío de los chichimecas una mujer noble, llamada Itzpapálotl los llamó, les dijo: Tenéis que establecer como señor vuestro a aquél que se llama Huactli. Marchad hacia allá, a Nequameyocan. Estableced allí la casa de los cactus... | |
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La rosa es una rosa es una rosa...
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Fernando del Paso Por Fernando del Paso | |
La rosa es una rosa es una rosa. Tu boca es una rosa es una boca. La rosa, roja y rosa, me provoca: Se me antoja una boca temblorosa. La roja, roja sangre rencorosa de la rosa, que quema lo que toca, de tu boca de rosa se desboca y me moja la boca, ponzoñosa. La pena, pena roja de mi... | |
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Mi prima Agueda
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Ramón López Velarde Por Enrique Lizalde | |
Mi madrina invitaba a mi prima Agueda a que pasara el día con nosotros, y mi prima llegaba con un contradictorio prestigio de almidón y de temible luto ceremonioso. Agueda aparecía, resonante de almidón, y sus ojos verdes y sus mejillas rubicundas me protegían contra el pavoroso luto... | |
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Lo pregunto
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Nezahualcóyotl Por Raúl Dantés | |
Yo Nezahualcóyotl lo pregunto: ¿Acaso deveras se vive con raíz en la tierra? No para siempre en la tierra: sólo un poco aquí. Aunque sea de jade se quiebra, aunque sea de oro se rompe, aunque sea plumaje de quetzal se desgarra. No para siempre en la tierra: sólo un poco aquí... | |
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Tu eres mi marido
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Jaime Sabines Por Juan Ignacio Aranda | |
Tú eres mi marido y yo soy tu mujer. Tú eres mi hermana y yo soy tu hermano. Tú eres mi madre y yo soy tu hijo. Los dos somos nada más uno. Tú te abres y yo te penetro. Tú eres María y yo soy José. Tú me abrazas y yo te envuelvo. Tú eres mi sangre y yo soy tu piel. Carmen y Rosa,... | |
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Lo pregunto
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Nezahualcóyotl Por Carmen Feito Maeso | |
Yo Nezahualcóyotl lo pregunto: ¿Acaso de veras se vive con raíz en la tierra? No para siempre en la tierra: sólo un poco aquí. Aunque sea de jade se quiebra, aunque sea de oro se rompe, aunque sea plumaje de quetzal se desgarra. No para siempre en la tierra: sólo un poco aquí... | |
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Ramón López Velarde
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Eduardo Langagne Por Eduardo Langagne | |
Una gitana sabe que el futuro tiene una asfixia agónica en tu mano y danzando te irás, siguiendo un piano, hacia el melódico horizonte oscuro. Con el gélido aliento de la calle se hiela tu esqueleto atribulado; a la mujer de negro has contemplado en la letal atmósfera del valle... | |
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Canto (V)
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Mario Bojórquez Por Mario Bojórquez | |
Qué desmedrada Encía Para tus cuatro dientes Qué espalda Que encorvada Ya no distingue El peso de lápidas atroces Qué desolada respiración Te pone en pie De: El deseo postergado Premio Nacional de Poesía Aguascalientes... | |
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Piedra
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Rosario Castellanos Por Carmen Farías | |
La piedra no se mueve. En su lugar exacto permanece. Su fealdad está allí, en medio del camino, donde todos tropiecen y es, como el corazón que no se entrega, volumen de la muerte. Sólo el que ve se goza con el orden que la piedra sostiene. Sólo en el ojo puro del que ve su ser se... | |
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El otro
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Rosario Castellanos Por Rosario Castellanos | |
Por qué decir nombres de dioses, astros espumas de un océano invisible, polen de los jardines más remotos? Si nos duele la vida, si cada día llega desgarrando la entraña, si cada noche cae convulsa, asesinada. | |
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El tiempo de la poesía...
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Homero Aridjis Por Homero Aridjis | |
El tiempo de la poesía da un fruto de luz que cae solo en la tierra y tiembla sobre su sombra | |
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Diálogo con un retrato
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Alí Chumacero Por Alí Chumacero | |
Surges amarga, pensativa, profunda tal un mar amurallado; reposas como imagen hecha hielo en el cristal que te aprisiona y te adivino en duelo, sostenida bajo un mortal cansancio o bajo un sueño en sombra, congelada. En vano te defiendes cuando tus ojos alzas y me miras a través de... | |
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Primera llamada
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Alejandro Aura Por Alejandro Aura | |
He vuelto al bosque de mi penosa adolescencia bajo cuya fronda entonces loca mis penas sacudía para que las llevaran los pájaros a donde se guarda el llanto de los hijos tristes y no, ya no es como antes, ya nada es como era y mis ojos que ahora ven de otra manera... | |
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Jaula de oro
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Oscar Oliva Por Oscar Oliva | |
Musa en alcahaz toca a mitad de lo que fluye; pues la otra, enrarecida, va en efusión, si no divina, sí en exterior extendido,en vuelo. Hasta los codos, todavía hay poesía. Un paso más, y aleando se derretirá esta musa que crepúsculos ignora, encarcelada... | |
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Llano
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Octavio Paz Por Octavio Paz | |
El hormiguero hace erupción. La herida abierta bortotea, espumea, se expande, se contrae. El sol a estas horas no deja nunca de bombear sangre, con las sienes hinchadas, la cara roja... | |
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Rememoración (segundo tablero) (fragmento)
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Octavio Paz Por Octavio Paz | |
Con la cabeza lo sabía, no con saber de sangre: es un acorde ser y otro acorde no ser. La misma vibración, el mismo instante ya sin nombre, sin cara. El tiempo, que se come las caras y los nombres, a sí mismo se come. El tiempo es una máscara sin cara. No me enseñó a morir el Buda... | |
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Entre mis manos...
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Alí Chumacero Por Alí Chumacero | |
Entre mis manos vives en confusión de nacimiento y corazón herido, como desvanecerse o contemplar un alto simulacro de ruinas; sobre mis dedos mueres, materia pensativa que se abate bajo el murmullo de mi tacto, y eres tristeza en mí, suave como la forma de la nieve, como cerrar la... | |
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Se habla de Gabriel
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Rosario Castellanos Por Rosario Castellanos | |
Como todos los huéspedes mi hijo me estorbaba ocupando un lugar que era mi lugar, existiendo a deshora, haciéndome partir en dos cada bocado. Fea, enferma, aburrida lo sentía crecer a mis expensas, robarle su color a mi sangre, añadir un peso y un volumen clandestinos... | |
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La casa de Doña Juana Nepomucena
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Francisco González Léon Por Rosenda Monteros | |
El huerto umbroso, y aquel rosal que se alcanzaba, desde la sala de la casita a divisar. La viejecita que allí vivía; la viejecita que me contaba mientras bordaba, mientras tejía, vidas de santos, raros portentos, y tantos cuentos de encantamientos y brujería... | |
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Los pájaros
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Jaime Augusto Shelley Por Jaime Augusto Shelley | |
Chillaron los pájaros desorbitando su silencio de altas copas Descendieron cóndores y cuervos de aceradas plumas Cientos de voces desencajadas por la ráfaga tomaron la forma de los árboles y callaron recuperaron su silencio Sobreviene el día... | |
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Tuércele el cuello al cisne...
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Enrique González Martínez Por Enrique Lizalde o Gastón Melo | |
Tuércele el cuello al cisne de engañoso plumaje que da su nota blanca al azul de la fuente; él pasea su gracia no más, pero no siente el alma de las cosas ni la voz del paisaje. Huye de toda forma y de todo lenguaje que no vayan acordes con el ritmo latente de la vida profunda. . .y... | |
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Al lector
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Juan Domingo Argüelles Por Juan Domingo Argüelles | |
Aquí están los rencores. Los escribí pensando en ti. Creí por un momento que eran flores que amanecían en abril. Pero al poner la mano me han herido, ¡puta, si me han herido!, me han lastimado hasta sangrar, hasta aullar de dolor, hasta quejarme inmensamente en la noche... | |
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Los doce apóstoles mandan por Tamayo
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Alejandro Aura Por Alejandro Aura | |
Caballeros sentados en el éter cantaban espasmódicas salmodias y en el gusto y color de sus melodías dibujábanse gréculas de suéter, grequillas de zigzagues como el rayo, cenefas que entreveran masallases, columnatas, ribetes, antifaces, hojitas de septiembre, enero y mayo. Pensando entretener eternidades... | |
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El loro
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José Juan Tablada Por Aurora Molina | |
Loro idéntico al de mi abuela funambulesca voz de la cocina, del comedor y de la azotehuela. No bien el sol ilumina, lanza el loro su grito y su áspera canción con el asombro del gorrión que sólo canta El Josefito ... De la cocinera se mofa colérico y gutural, y de paso apostrofa a... | |
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El arte de vivir
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Alberto Blanco Por Alberto Blanco y Dana Blanco | |
No dije nada que te pudiera herir y sin embargo tuve que mentir Tú no querías oír la verdad pero me pediste, sí, sí, sí, sí sinceridad Y yo sinceramente tuve que mentir y allí radica -tal vez- (tal vez) el arte de vivir ¿Cuál es el arte de vivir? Unas palabras pueden cambiar... | |
