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25 poemas aleatorios en audio | |
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Me estás vedada tú...
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Ramón López Velarde Por Guillermo Sheridan | |
Imaginas acaso la amargura que hay en no convivir los episodios de tu vida pura? Me está vedado conseguir que el viento y la llovizna sean comedidos con tu pelo castaño. Me está vedado oír en los latidos de tu paciente corazón (sagrario de dolor y clemencia) la fórmula escondida de mi propia existencia... | |
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Dar un rumbo al corazón
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Poesía náhuatl Por Enrique Lizalde (español) y Lino Balderas (náhuatl) | |
Qué era lo que acaso tu mente hallaba? ¿Dónde andaba tu corazón? Por esto das tu corazón a cada cosa, sin rumbo lo llevas: vas destruyendo tu corazón. Sobre la tierra, ¿acaso puedes ir en pos de algo? . Moyolhuica ¿Tle in mach tiquilnamiquia?... | |
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Primera llamada
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Alejandro Aura Por Alejandro Aura | |
He vuelto al bosque de mi penosa adolescencia bajo cuya fronda entonces loca mis penas sacudía para que las llevaran los pájaros a donde se guarda el llanto de los hijos tristes y no, ya no es como antes, ya nada es como era y mis ojos que ahora ven de otra manera... | |
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Diario de tu cuerpo (III)
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Hugo Gutiérrez Vega Por Hugo Gutiérrez Vega | |
De nuevo llegas a mi casa. Conoces el camino y sabes que mis cosas se han amoldado a ti. En el espejo queda tu reflejo. En la tarde de la ciudad, bajo las máquinas; en la tarde amarillenta, sucia, habitada de sombras, manchada por las prensas, vociferante río de niebla hacia la noche... | |
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Consejos de un padre a su hija
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Poesía náhuatl Por Enrique Lizalde (español) y Lino Balderas (náhuatl) | |
Aquí estás, mi hijita, mi collar de piedras finas, mi plumaje de quetzal, mi hechura humana, la nacida de mí. Tú eres mi sangre, mi color, en ti está mi imagen. Ahora recibe, escucha: vives, has nacido, te ha enviado a la tierra el Señor Nuestro, el Dueño del cerca y del junto, el hacedor de la gente... | |
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Lento, amargo animal
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Jaime Sabines Por Jaime Sabines | |
Lento, amargo animal que soy, que he sido, amargo desde el nudo de polvo y agua y viento que en la primera generación del hombre pedía a Dios. Amargo como esos minerales amargos que en las noches de exacta soledad maldita y arruinada soledad sin uno mismo trepan a la garganta y,... | |
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Pasaporte
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Rosario Castellanos Por Rosario Castellanos | |
Mujer de ideas? No, nunca he tenido una. Jamás repetí otras (por pudor o por fallas nemotécnicas). ¿Mujer de acción? Tampoco. Basta mirara la talla de mis pies y mis manos. Mujer, pues, de palabra. No, de palabra no... | |
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He emblanquecido mi pelo...
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Eduardo Langagne Por Eduardo Langagne | |
He emblanquecido mi pelo en busca de una virtud; no perdí la juventud, pues la invertí en ese anhelo. Supe de amor y desvelo cuando nacieron mis hijos, mantuve los ojos fijos al descubrir la Belleza y ha podido mi cabeza descifrar sus acertijos... | |
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Cézanne
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Xavier Villaurrutia Por Alberto Dallal | |
Deshace julio en vapor los cristales de las ventanas del agua y del aire. En el blanco azul tornasol del mantel los frutos toman posturas eternas para el ojo y para el pincel. Junto a las naranjas de abiertos poros las manzanas se pintan demasiado... | |
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Los flamencos
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Alberto Blanco Por Alberto Blanco | |
Aquella larga noche mi sueño me llevó a la alberca de las luces profundas y los flamencos prendidos como rosas eléctricas en el interior de una aguamarina. Y en la soledad de aquel paraje comprendí dentro del sueño que eran otros pájaros los que soñaban... | |
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Cuerpo a la vista
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Octavio Paz Por Pablo López del Castillo | |
Y las sombras se abrieron otra vez y mostraron un cuerpo: tu pelo, otoño espeso, caída de agua solar, tu boca y la blanca disciplina de sus dientes caníbales, prisioneros en llamas, tu piel de pan apenas dorado y tus ojos de azúcar quemada, sitios en donde el tiempo no transcurre,... | |
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La casa
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Eduardo Zambrano Por Eduardo Zambrano | |
Mi casa no tiene muros, tiene certezas. Mi casa no tiene puertas ni ventanas, tiene amaneceres. Mi casa no tiene techos ni vigas, tiene designios. Mi casa está deshabitada, soy un vagabundo. (De:... | |
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Nocturno en que nada se oye
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Xavier Villaurrutia Por Alberto Dallal | |
En medio de un silencio desierto como la calle antes del crimen sin respirar siquiera para que nada turbe mi muerte en esta soledad sin paredes al tiempo que huyeron los ángulos en la tumba del lecho dejo mi estatua sin sangre para salir en un momento tan lento en un interminable... | |
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Al que ingrato me deja, busco amante...
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Sor Juana Inés de la Cruz Por María Teresa Aviña | |
Al que ingrato me deja, busco amante; al que amante me sigue, dejo ingrata; constante adoro a quien mi amor maltrata; maltrato a quien mi amor busca constante. Al que trato de amor, hallo diamante y soy diamante al que de amor me trata; triunfante quiero ver al que me mata y mato a quien me quiere ver triunfante... | |
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El oficio del río
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Eduardo Langagne Por Eduardo Langagne | |
Es oficio del río descifrar el secreto del agua. A los hombres del mundo, las mujeres, los niños, corresponde también descifrar el oficio del río. Como un río nacemos, sorteamos peligros, nuestro cauce se ensancha. Otras aguas nos hacen crecer: manantiales y lluvias, hilos de agua, nos nutren... | |
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Las vírgenes caídas
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Manuel Ponce Por Manuel Ponce | |
A su primer suspiro, nadie tendió la mano; sólo el abismo. Después mil brazos corrieron al auxilio, pero ya entonces ella no quiso. Corría ya. Se deslizaba por el ventisco glaciar abajo, lanzada, pero guardando el equilibrio. Siempre reflujo abajo, más aprisa, siempre en vuelo, casi en vilo... | |
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Deseos
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Salvador Díaz Mirón Por Frank Moro | |
Yo quisiera salvar esa distancia, ese abismo fatal que nos divide, y embriagarme de amor con la fragancia mística y pura que tu ser despide! ¡Yo quisiera ser uno de los lazos con que decoras tus radiantes sienes! ¡Yo quisiera, en el cielo de tus brazos, beber la gloria que en los labios tienes! ... | |
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En el rigor del vaso que la aclara... (Muerte sin fin)
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José Gorostiza Por José Gorostiza | |
En el rigor del vaso que la aclara, el agua toma forma ciertamente. Trae una sed de siglos en los belfos, una sed fría, en punta, que ara cauces en el sueño moroso de la tierra, que perfora sus miembros florecidos, como una sangre cáustica, incendiándolos, ay abriendo en ellos]... | |
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Colibrí 50
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Thelma Nava Por Thelma Nava | |
No transcurre el tiempo cuando la soledad del hombre está desierta los actos cotidianos nos sitian estrellas como estatuas apagadas velan nuestro silencio Acaso el roce de la música suscita un movimiento un gesto un pequeño deseo El aire quema en ocasiones nos sofoca su aliento bestial en los oídos... | |
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Alta traición
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José Emilio Pacheco Por José Emilio Pacheco | |
No amo mi Patria. Su fulgor abstracto es inasible. Pero (aunque suene mal) daría la vida por diez lugares suyos. cierta gente, puertos, bosques de pinos, fortalezas, una ciudad deshecha, gris, monstruosa, varias figuras de su historia. montañas (y tres o cuatro ríos... | |
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Cuántos veremos más, soles ardientes...
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Salvador Novo Por Salvador Novo | |
Cuántos veremos más, soles ardientes nuestras horas regir, y hacia un ocaso ¡tan parecido al alba! ¿nuestro paso llevar a cuántas más noches silentes? ¿Acaso nos reserva sus presentes mejores el futuro? ¿Cuáles brazos aguardarán los nuestros... | |
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Cuando nos retiramos a la remota cámara...
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Tomás Segovia Por Tomás Segovia | |
Cuando nos retiramos a la remota cámara donde hacemos las nupcias con nuestro propio espectro, como cuando compramos y vendemos la palabra que ata para atarla a sí misma, la carne en cambio todavía se sabe interrogada, vuelve a tocarla el dios y la carne vuelve a temblar en su peligro... | |
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Uno es el hombre
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Jaime Sabines Por Jaime Sabines | |
Uno es el hombre. Uno no sabe nada de esas cosas que los poetas, los ciegos, las rameras, llaman misterio, temen y lamentan. Uno nació desnudo, sucio, en la humedad directa, y no bebió metáforas de leche, y no vivió sino en la tierra (la tierra que es la tierra y es el cielo como... | |
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El brindis del bohemio
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Guillermo Aguirre y Fierro Por Manuel Bernal | |
En torno de una mesa de cantina una noche de invierno, regocijadamente departían seis alegres bohemios. Los ecos de sus risas escapaban y de aquel barrio quieto, iban a interrumpir el imponente y profundo silencio. El humo de olorosos cigarrillos en espirales se elevaba al cielo,... | |
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Respeto al vino
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Eduardo Langagne Por Eduardo Langagne | |
Respeto al vino: ha esperado su momento sin angustia. Respeto su reposo en el pausado tiempo de bodega. Respeto su apego a la delicia, su paciencia a lo oscuro, su paso por las venas de un roble que pervive. Respeto su color intenso, su cascada de líquidos rubíes... | |
