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25 poemas aleatorios en audio | |
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Amenazados contundidos...
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Rubén Bonifaz Nuño Por Rubén Bonifaz Nuño | |
Amenazados, contundidos. Umbrales en peligro. Yo diría que es por la edad; que con la edad aumenta de largo y de redondo el esqueleto; que los forros van quedando chicos a los huesos salientes, y se muestra desvergonzadamente la cebrada torre de las costillas, y los goznes arácnidos de pies... | |
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Día domingo
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Alejandro Aura Por Alejandro Aura | |
Te tomaré descalza en día domingo, te santificaré, te haré feliz. Andaremos rodando por la casa le pondremos alfombras y correremos las cortinas para que entre el sol. Tomaremos cerveza y nos bañaremos. A la hora de comer encenderemos el radio... | |
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Himno a la impaciencia
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Jaime Augusto Shelley Por Jaime Augusto Shelley | |
Señora, acudo al papel y a la tinta, en tiempos en los que hablar es manchar de saliva el orden confuso de las cosas. Escribo confiado a la integridad de mis versos y a la certeza de que el tiempo abrumará de semejanzas aquello que ha de ser verdad. Escribo para ti porque es como escribir para nadie... | |
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Pensándolo bien
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Jaime Sabines Por Jaime Sabines | |
Me dicen que debo hacer ejercicio para adelgazar, que alrededor de los 50 8242;s son muy peligrosos la grasa y el cigarro, que hay que conservar la figura y dar la batalla al tiempo, a la vejez. Expertos bien intencionados y médicos amigos me recomiendan dietas y sistemas para... | |
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Igual que en el grabado de Escher
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Eduardo Langagne Por Eduardo Langagne | |
No sé si subo o bajo la escalera Si desde arriba ya alcancé el peldaño No quiero más abajo hacerme daño descender o ascender lo hace cualquiera Si desde abajo encuentro la manera Puedo alcanzar el linde de lo extraño Si bajando traspaso la frontera... | |
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No es nada de tu cuerpo
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Jaime Sabines Por Jaime Sabines | |
No es nada de tu cuerpo, ni tu piel, ni tus ojos, ni tu vientre, ni ese lugar secreto que los dos conocemos, fosa de nuestra muerte, final de nuestro entierro. No es tu boca tu boca que es igual que tu sexo , ni la reunión exacta de tus pechos, ni tu espalda dulcísima y suave, ni tu... | |
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Vivo y me desvivo
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Elías Nandino Por Elías Nandino | |
Longevidad maldita! ¿por qué si soy ceniza mi cerebro está en brama y mi lujuria cunde hasta las marchitas zonas de mi carne aniquilada? ¡Longevidad maldita! llamarada helada, tantálico averno de concupiscencia rezagada... | |
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La sexagésima séptima
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Alejandro Aura Por Alejandro Aura | |
hacia dónde las cosas se dirigen no la vida y no los grandes temas el objeto la cosa material lo natural ajeno y cierto y todo lo que hacemos como el poliuretano y el vinyl el aluminio el nailon sus juegos de moléculas abren ante mí los ojos asombrados... | |
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Nostalgia del puerto
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Jaime Augusto Shelley Por Jaime Augusto Shelley | |
Agotado por la furia, estaba en mí cantar alegría, traer al papel un paseo después de los mariscos con cerveza y el café de la Parroquia, aspirar los olores del puerto cuando cae el sol, entre las risas y los gritos de los niños en el malecón; pero vinieron las lluvias, el norte. Y nos fuimos a México... | |
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Como un dolor que avanza...
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Octavio Paz Por Octavio Paz | |
Como un dolor que avanza y se abre paso entre vísceras que ceden y huesos que resisten, como una lima que lima los nervios que nos atan a la vida, sí, pero también como una alegría súbita, como abrir una puerta que da al mar, como asomarse al abismo y como llegar a la cumbre... | |
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Llanto
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Griselda Álvarez Ponce de León Por Griselda Álvarez Ponce de León | |
Viuda de ausencia toco la mañana, es tan igual invierno y lejanía, que quizá se pudiera se podría abrir la noche junto a tu ventana. Al gallo inútil con su inútil diana en el alba su canto estrellaría, no pasaría el sol no pasaría envuelto ya de noche en su sotana. Viuda de ausencia... | |
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Otra vez, al lector
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Juan Domingo Argüelles Por Juan Domingo Argüelles | |
Tú me pedías poesía como quien frutos desespera del olmo viejo del camino. Cada mañana amanecía y el árbol peras no arrojaba. Cuando vivir no es necesario escribe el cerdo, lee el puerco y se emocionan los marranos. Escucha bien: no hay moraleja: es otra voz la... | |
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Romance apócrifo
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Manuel Ponce Por Manuel Ponce | |
Es el lirio nazareno, lo difícil de la hora, reyes sin fruto, el inútil degüello de la paloma. Paisajes de Mediodía, barnices de dura goma izan brocales antiguos, frescos tópicos de sombra. Hojas de plata caían sonando por la memoria del apóstol mineral cargado con las alforjas. Pero Jesús sueña un lago de soledades... | |
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Conversación entre viajeros
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Rosario Castellanos Por Rosario Castellanos | |
A una mujer, ya vieja que entreduerme mientras el tren avanza pero que corre a la excursión con una avidez que le quita la nobleza de sus años (como si todavía creyera o si esperara) le pregunto: su historia ¿tiene alguna coherencia?... | |
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Vello
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Griselda Álvarez Ponce de León Por Griselda Álvarez Ponce de León | |
Césped infante cubre tu llanura a tornaluz tal vez rubio de paja que ahí donde la luz se resquebraja en bosque limitado se inaugura. Alfombra tierna, dime ¿de qué hondura nació la sangre que en tu piel trabaja, para que germinaras con ventaja y más seda se hiciera tu envoltura... | |
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Esta barca sin remos es la mía...
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Carlos Pellicer Por Carmen Montejo | |
Esta barca sin remos es la mía. Al viento, al viento, al viento solamente le ha entregado su rumbo, su indolente desolación de estéril lejanía. Todo ha perdido ya su jerarquía. Estoy lleno de nada y bajo el puente tan sólo el lodazal, la malviviente ruina del agua y de su platería... | |
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Franklin Delano Roosevelt
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Efraín Huerta Por Efraín Huerta | |
Gentil, justo y resuelto Duerme bajo las rosas. Rosas de Hyde Park: las rosas de su sueño. Gentil, justo y resuelto, varón de noble vida. Rosas de Hyde Park sobre su tumba, en... | |
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Presencia de las islas
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Thelma Nava Por Thelma Nava | |
Como un cortejo cabalgando a solas surgen de la niebla. ¿Quién alimenta su esplendor que ninguna tempestad oculta? De las islas sube algo parecido al deseo. Casa viviente en el marlas islas animales fantásticos esperan su alimento de frutos silvestres su ración de ostras... | |
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Para entonces
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Manuel Gutiérrez Nájera Por Rosa Furman | |
Quiero morir cuando decline al día, en alta mar y con la cara al cielo; donde parezca sueño la agonía, y el alma, un ave que remonta el vuelo. No escuchar en los últimos instantes, ya con el cielo y con el mar a solas, más voces ni plegarias sollozantes que el majestuoso tumbo de las... | |
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Por miedo
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Amado Nervo Por Enrique Rambal | |
La dejé marcharse sola... y, sin embargo, tenía para evitar mi agonía la piedad de una pistola. ¿Por qué no morir? pensé ¿Por qué no librarme desta tortura? ¿Ya qué me resta después que ella se me fue? Pero el resabio cristiano me insinuó con voces graves: !Pobre necio, tú qué... | |
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Canto de primavera
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Nezahualcóyotl Por Raúl Dantés | |
En la casa de las pinturas comienza a cantar, ensaya el canto, derrama flores, alegra el canto. Resuena el canto, los cascabeles se hacen oír, a ellos responden nuestras sonajas floridas. Derrama flores, alegra el canto. Sobre las flores canta el hermoso faisán, su canto despliega en... | |
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Del poema perfecto
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Fernando Sánchez Mayans Por Fernando Sánchez Mayans | |
La página me aguarda blancamente encendida y su páramo incierto crecerá con mi sombra. Acaso un texto ubicuo de artificios escombra mi doble laberinto de incorpórea salida. Libro con la memoria una letal partida que comenzó en la noche inmemorial que asombra... | |
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Un cuerpo como una isla
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Hugo Gutiérrez Vega Por Hugo Gutiérrez Vega | |
Por las arduas colinas de tu cuerpo van mis ojos desnudos contemplando los tersos panoramas, precipicios y el bosque primordial que mi deseo exalta en la constante ceremonia de mirarte, llamarte desde el fondo del ser, de... | |
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Se habla de Gabriel
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Rosario Castellanos Por Rosario Castellanos | |
Como todos los huéspedes mi hijo me estorbaba ocupando un lugar que era mi lugar, existiendo a deshora, haciéndome partir en dos cada bocado. Fea, enferma, aburrida lo sentía crecer a mis expensas, robarle su color a mi sangre, añadir un peso y un volumen clandestinos... | |
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Nocturno mar
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Xavier Villaurrutia Por Carmen Montejo | |
Ni tu silencio, duro cristal de roca, ni el frío de la mano queme tiendes, ni tus palabras secas, sin tiempo ni color, ni mi nombre, ni siquiera mi nombre que dictas como cifra desnuda de sentido; ni la herida profunda, ni la sangre que mana de sus labios, palpitante, ni la... | |
