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25 poemas aleatorios en audio | |
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Nadie sale...
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Rubén Bonifaz Nuño Por Rubén Bonifaz Nuño | |
Nadie sale. Parece que cuando llueve en México, lo único posible es encerrarse desajustadamente en guerra mínima, a pensar los ochenta minutos de la hora en que es hora de lágrimas. En que es el tiempo de ponerse, encenizado de colillas fúnebres, a velar con cerillos algún recuerdo ya cadáver... | |
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El arca
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Homero Aridjis Por Homero Aridjis | |
Hay pájaros que llevan en sus alas el verde de la hoja y el ocre de la rama bestias azules que visten en sus franjas jirones de halo o nube donde aún reina el día leones que a su paso dejan huellas de garra y espigas amarillas caballos que ya inmóviles tiemblan en un silencio que... | |
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Área sonante
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Rubén Bonifaz Nuño Por Rubén Bonifaz Nuño | |
Area sonante, ovario de la noche carnal; abrevadero insistente y monótono en la arena del oído terrestre.Y tocar, hacia dentro, el oleaje como aquel remotísimo, asilado en lo vacío de las conchas. Urna, seda contigua que despliega en hileras cayendo, una por una, golpes de espuma deslazada... | |
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El recuerdo
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Carlos Pellicer Por Carlos Pellicer | |
En las horas en que el paisaje se vacía todo se lo han llevado las nubes , los objetos de familia, las palabras íntimas. En una soledad de todas las cosas, ciego, mudo, sólo me quedan unos cuantos dedos para tocar las piedras... | |
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Garabato
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Octavio Paz Por Octavio Paz | |
Con un trozo de carbón con mi gis roto y mi lápiz rojo dibujar tu nombre el nombre de tu boca el signo de tus piernas en la pared de nadie En la puerta prohibida grabar el nombre de tu cuerpo hasta que la hoja de mi navaja sangrey la piedra grite y el muro respire como un pecho... | |
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Lámina sirva el Cielo al retrato...
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Sor Juana Inés de la Cruz Por Ofelia Medina | |
PINTA LA PROPORCIÓN HERMOSA DE LA EXCELENTÍSIMA SEÑORA CONDESA DE PAREDES, CON OTRA DE CUIDADOS, ELEGANTES ESDRÚJULOS, QUE AÚN LE REMITE DESDE MÉJICO A SU EXCELENCIA. Lámina sirva el Cielo al retrato, Lísida, de tu angélica forma: cálamos forme el Sol de sus luces; sílabas las... | |
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Amiga, mira al dios...
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Tomás Segovia Por Tomás Segovia | |
Amiga, mira al dios inanimado sin nosotros. Eras tú, era yo quien revestidos de su forma la movíamos, el dios no tiene rostro. Iremos de la mano ante su faz de sombra y estaremos allí hablándole a una máscara. Sabremos que de nosotros dos nacía su violento prestigio... | |
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El tiempo de la poesía...
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Homero Aridjis Por Homero Aridjis | |
El tiempo de la poesía da un fruto de luz que cae solo en la tierra y tiembla sobre su sombra. De: Los espacios... | |
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Mi corazón se amerita
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Ramón López Velarde Por Guillermo Sheridan | |
Mi corazón, leal, se amerita en la sombra. Yo lo sacara al día, como lengua de fuego que se saca de un ínfimo purgatorio a la luz; y al oírlo batir su cárcel, yo me anego y me hundo en ternura remordida de un padre que siente, entre sus brazos, latir un hijo ciego. Mi corazón, leal, se amerita en la sombra... | |
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Nombra el poeta...
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Eduardo Lizalde Por Eduardo Lizalde | |
Nombra el poeta con un silencio ante la cosa oscura, con un grito ante el objeto luminoso. Pero ¿qué cosa dicen de las cosas los nombres? ¿Se conoce al gallo por la cresta guerrera de su nombre, gallo? ¿Dice mi nombre, Eduardo, algo de mí? Cuando nací ya estaba creado el nombre, mi... | |
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Yo vine al mundo
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Fabio Morábito Por Fabio Morábito | |
Yo vine al mundo en la ciudad más prostituida, más circular, más envidiada, todo se deteriora al acercarse a ella, todo trabaja en su favor para dejarla inalcanzable. A lo mejor se nace siempre así, a lo mejor todos nacimos en Alejandría. Jamás he de volver a verla porque mi edad, mis versos (¿no son lo mismo?)... | |
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Redención de la noche
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Marco Antonio Montes de Oca Por Marco Antonio Montes de Oca | |
Tórnase la noche imperdonable crimen Cuando a solas, de espaldas al estío, Osamos contemplarla. Es crimen y es imperdonable Aunque los pájaros de piedra Sean todavía pisapapeles Para que la fe y el vigor, En la quinta estación, Nunca se nos vuelen. No importa que en la devota mano Germinen las bengalas... | |
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Réquiem
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Jaime Augusto Shelley Por Jaime Augusto Shelley | |
Hundo mis vocales piernas en la espesura álgida del año y callo: escucho. Y una sombra a dos, caídas en la prisa de su sueño, abren llagas de insatisfacción, cólera y miedo en el leprosario ambulante de estas horas. Un hombre o dos. Tal vez una mujer. Tendidos en negros albañales de... | |
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Cosillas (24)
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Carlos Pellicer Por Carlos Pellicer | |
Ángeles en la tierra: nubes y rocas, música y danza. Árboles de alegría le dan al aire diamantes verdes y al agua antigua de la laguna su azul de niño. Pastor que arreas nubes de ovejas; joven labriego de tierras negras; los leñadores queman sus brazos con el futuro de la madera... | |
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Diálogo del sabio y su discípulo
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Rosario Castellanos Por Rosario Castellanos | |
Cuando decimos yo nos atamos al cuello una vocal redonda, una cuerda de ahorcar; nos taladramos la nariz con un aro como el que rige al buey; nos ceñimos grillete de prisionero. Círculo de exclusión, rómpelo, sáltalo. Tus ojos son poliédricos como los de la avispa... | |
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Piedra de sol
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Octavio Paz Por Octavio Paz | |
un sauce de cristal, un chopo de agua, un alto surtidor que el viento arquea, un árbol bien plantado mas danzante, un caminar de río que se curva, avanza, retrocede, da un rodeo y llega siempre: un caminar tranquilo de estrella o primavera sin premura, agua que con los párpados... | |
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Las trasterradas
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Enzia Verduchi Por Enzia Verduchi | |
Regresamos a la tierra nunca propia huella de patria imaginaria. Llevamos por dentro la casa, el árbol y el sueño. En una pared rentada mi hermana retiene una fotografía: fragmentos mediterráneos. Hablamos el idioma donde no existe posesión de las circunstancias. nuestra infancia... | |
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Perfumes de Haba Tonka
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Francisco González Léon Por Hugo Gutiérrez Vega | |
La tabaquera de mi tío Jacinto: de aquel mi tío abuelo a quien yo conocí de rapazuelo... Tabaquera que encontrarme suelo junto al estuche de peluche y broche que enmarca una belleza de mujer, en el azogue viejo de un primitivo Daguer grabado sobre un espejo. Tabaquera de negra goma... | |
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Y ahora, qué
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Jaime Augusto Shelley Por Jaime Augusto Shelley | |
Antes lo creí pero ya no. El amor no es asunto de dos ni de tres; esto nos concierne a todos. Si beso tus labios, si nos decimos, adiós, mi vida, habrá siempre una voz arremetida, a empeñones un grito como trueno, un lamento, que diga que no. Toma tiempo, lo sé... | |
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Pequeña crónica
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Rosario Castellanos Por Rosario Castellanos | |
Entre nosotros hubo lo que hay entre dos cuando se aman: sangre del himen roto. (¿Te das cuenta? Virgen a los treinta años ¡y poetisa! Lagarto.) La hemorragia mensual o sea en la que un niño dice que sí, dice que no a la vida. Y la vena mía o de otra ¿qué más da? en que el tajo... | |
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Diálogo
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Francisco González Léon Por Rosenda Monteros | |
Los mismos sitios y las mismas calles. Días como tirados a cordel , tan lisos y tan sin detalles. Cual el tic-tac de un reloj isócrona la vida, y monótono el latir del corazón. El propio sol adormilado y yerto echado como un perro junto al huerto; las mismas puertas en los mismos... | |
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La negra fea
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Efraín Huerta Por Efraín Huerta | |
Outside!, volvió a chillar la negra fea del bar. ¡Outside!, volvió a chillar con una voz más negra que su negro mirar. ¡OK!, negra maldita, negrita fea del bar. OK. Con tu chillar me llevo una bendita visión de Nueva Orleáns... | |
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En la muerte de la excelentísima señora marquesa de Mancera
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Sor Juana Inés de la Cruz Por Guadalupe (Pita) Amor | |
De la beldad de Laura enamorados los cielos, la robaron a su altura, porque no era decente a su luz pura ilustrar estos valles desdichados. O porque los mortales, engañados de su cuerpo en la hermosa arquitectura, admirados de ver tanta hermosura no se juzgasen bienaventurados. Nació donde el Oriente... | |
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En que descubre digna estirpe a un borracho linajudo
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Sor Juana Inés de la Cruz Por Ofelia Medina | |
Porque tu sangre se sepa, cuentas a todos, Alfeo, que eres de Reyes. Yo creo que eres de muy buena cepa; y que, pues a cuentos topas con esos Reyes enfadas, que, más que Reyes de Espadas, debieron de ser de... | |
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No oyes ladrar a los perros
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Juan Rulfo Por Juan Rulfo | |
Tú que vas allá arriba, Ignacio, dime si no oyes alguna señal de algo o si ves alguna luz en alguna parte. No se ve nada. Ya debemos estar cerca. Sí, pero no se oye nada. Mira bien. No se ve nada. Pobre de ti, Ignacio. La sombra larga y negra de los hombres siguió moviéndose de arriba abajo, trepándose a las piedras... | |
