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25 poemas aleatorios | |
Entre la noche y el día ¡qué misterio, carajo, qué misterio! Urna cerrada de la luz, ábreme las compuertas. Vengo del huracán, hollado por los escombros: partes de coche, conservas, esqueletos tranquilos, ramas, callejones oscuros para que dos se presenten... | |
Soledad y quietud! Monte y más monte de verdes tilos, álamos y abetos; grandes peñascos húmedos y escuetos sin raudales, sin cielo ni horizonte. No hay alondra que el rigor afronte del crudo frío en los salvajes setos; y el negro buitre y céfiros inquietos se alejan antes de que el sol ... | |
(Cuadro de Ramón Gaya) Es el sitio intocado de una lujuria antigua Que tanto olvido ha vuelto finalmente sagrado La mirada entra en puntas de pies y se santigua Nada queda del viejo fragor decolorado Por el santo silencio sino la mancha ambigua Del tenue resplandor ... | |
Sobre las aguas, sobre el desierto de las horas pobladas sólo por el sol sin nombre y a noche sin rostro, van los maderos tristes, van los hierros, la sal y los carbones, la flor del fuego, los aceites. Con los maderos sollozantes, con los despojos turbios y las verdes espumas, van los hombres. ... | |
En la orilla del aire (¿qué decir, qué hacer?) hay todavía una mujer. En el monte, extendida sobre la yerba, si buscamos bien: una mujer. Bajo el agua, en el agua, abre, enciende los ojos, mírala bien. Algas, ramas de peces, ojo de náufragos, flautas de té, le cantan... | |
Adelante y atrás hay sombras de árboles la hora arde en el suelo el azul y el verde instauran un reino de aire elevado y claridad extendida instante tras instante hay un brillo en el agua colores del misterio en el esplendor se hunden y se alejan en ríos de color mudo la tiniebla... | |
Compartimos sólo un desastre lento Me veo morir en ti, en otro, en todo Y todavía bostezo o me distraigo Como ante el espectáculo aburrido. Se destejen los días, Las noches se consumen antes de darnos cuenta; Así nos acabamos. Nada es. Nada está. Entre el alzarse y el caer del párpado. ... | |
Había sido escrito en el primer testamento del hombre: no lo desprecies porque ha de enseñarte muchas cosas. Hospédalo en tu corazón esta noche. Al amanecer ha de irse. Pero no olvidarás lo que te dijo desde la dura sombra. | |
Qué terquedad la muerte Los recuerdos ¡Quiero salir! Abrir la puerta a la madrugada Lejos de hospitales Y sábanas blancas No más pastillas para la vida No más agujas Son las cuatro a punto de amanecer Tengo sed La garganta es un nudo Afuera el mundo despierta Y tú eres un niño ... | |
Las paredes tienen oídos, vientre y sangre. Pero que no lo sepa el aire, que lo ignoren el invierno y el vendedor de esponjas; que no se enteren mis fotografías que hablan; que mi amor, oh montañas, oh cielos, no levante su voz como raíz dulcísima. Las paredes tienen oídos, dientes, ... | |
Bajo esta roca pulida para la muerte, yace la sombra de un hombre. No hay nada aquí de valor sino huesos blancos de sal. No hay nada aquí de valor sino huesos. No hay nada aquí de valor. No hay nada aquí. No hay nada. No hay. No. Viajero, detén tus pasos y asegúrate que la sombra ... | |
Sobre la nube, a veces percibimos el destello luminoso de alguna dorada esfera conducida por los vientos superiores. Sobre la frente acaso sentimos la suave caricia proveniente del reino de los sueños. Sobre la piel quizá tras la dulce fatiga del amor se aleja el rumor etéreo del ángel ... | |
¿Has visto cómo crecen las plantas? Al lugar en que cae la semilla acude el agua: es el agua la que germina, sube al sol. Por el tronco, por las ramas, el agua asciende al aire, como cuando te quedas viendo el cielo del mediodía y tus ojos empiezan a evaporarse... | |
Los amorosos callan. El amor es el silencio más fino, el más tembloroso, el más insoportable. Los amorosos buscan, los amorosos son los que abandonan, son los que cambian, los que olvidan. Su corazón les dice que nunca han de encontrar, no encuentran, buscan. Los amorosos ... | |
No sé cómo viniste hasta mis manos a llenar las tinieblas de mi lecho, y a juntar tus encantos con mi pecho realizando las horas que gozamos. Aventura perfecta que libamos en un secreto, bajo el mismo lecho, hasta llegar al goce satisfecho y sin saber por qué nos encontramos. ... | |
¡Cuán hermosa es la muerta! Exuberante su desnudez sobre la losa brilla; yo la contemplo pálido y jadeante y tiembla entre mis manos la cuchilla. El profesor, que la ocasión bendice de poder explicar algo muy bueno, a mí se acerca y con placer me dice: -Hágale usted la amputación del seno. ... | |
Si tuviera un riachuelo te lo daba si tuviera una cascada mansa te la diera también si tuviera un estanque igual te lo daría... | |
Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla, la muerte les fermenta detrás de los ojos, y ellos caminan, lloran hasta la madrugada en que trenes y gallos se despiden dolorosamente. Les llega a veces un olor a tierra recién nacida, a mujeres que duermen con la mano... | |
Uno pierde los días, la fuerza y el amor a la patria, el cálido amor a la mujer cálidamente amada, la voluntad de vivir, el sueño y el derecho a la ternura; uno va por ahí, antorcha, paz, luminoso deseo, deseos ocultos, lleno de locura y descubrimientos, ... | |
Para Alí Chumacero Más allá de la primera imagen de la mirada que arrojó Dios Padre sobre estas piedras del mármol que revienta las cuencas de los muertos de las palabras y sílabas y nombres que faltan por nombrar de las sombras aún ocultas en el vacío y los últimos pellizcos de luz , ... | |
El pastor su rebaño en el redil encierra y del prado brumoso viene una voz lejana: es aguda en la esquila y grave en la campana. . . Una niebla de ensueño se extiende por la tierra. . . El cobre del ocaso se funde en rojo brillo, y luego es amaranto, es pálido violeta, es sombra y es silencio. . ... | |
Triscad, oh linfas, con la grácil onda, gorgoritas, alzad vuestras canciones. y vosotros, parleros borbollones, dialogad con el viento y con la fronda. Chorro garrulador, sobre la honda cóncava quiebra, rómpete en jirones y estrella contra riscos y peñones tus diamantes y perlas de Golconda. Soy ... | |
Mis pasos en esta calle resuenan en otra calle donde oigo mis pasos pasar en esta calle donde Sólo es real la... | |
Nada, ni la pequeña letra de cláusula en falso contrato ni la angustia en la mirada que me sueltas en un dejo de lejanía ni la atolondrada cabeza con que montan los andantes el caballo por pascuas ni el lento arremolinar de tu postiza cadera minando mi costado por frotar despacio ni el recitar ... | |
Las jóvenes diosas, nocturnas apariciones (ropa oscura, plata quemando sus ombligos) en la cadencia de la pista, comenzarán a despintarse con la premura de los años, los problemas, quizá los hijos que no tienen aún. Ahora miran tus ojos con un claro desprecio (ya tienes cuarenta) ... | |
