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25 poemas aleatorios | |
El arquero prepara su flecha hacia la presa: gacela agazapada en el rincón de unas cobijas. Selección del poemario inédito UN GRITO EN EL ARCA de Isolda Dosamantes | |
Tardes alcanforadas en vidrieras de enfermo, tras los adioses últimos de las locomotoras, y en las palpitaciones cardíacas del pañuelo hay un desgarramiento de frases espasmódicas. El ascensor eléctrico y un piano intermitente complican el sistema de la casa de apartmentes , ... | |
Al norte hay niños que esperan la madrugada para ponerle una raya más al tigre. Al sur, las nativas bailan descalzas sobre la arena, al mediodía. Al este, la tarde es un bostezo que se consume a sí mismo. Al oeste, el amanecer encuentra a los viejos con el libro sagrado entre sus manos. ... | |
En palabras aroma contenida a vuestros ojos llegue flor y canto que en la pradera de los meses planto —collar de la amistad— rosa encendida. Sobre la primavera fenecida tiende el invierno riguroso manto. Pastor, el paso débil adelanto que el hato de los años intimida. Una luz ya cercana... | |
I Nos desnudamos tanto hasta perder el sexo debajo de la cama, nos desnudamos tanto que las moscas juraban que habíamos muerto. Te desnudé por dentro, te desquicié tan hondo que se extravió mi orgasmo. Nos desnudamos tanto que olíamos a quemado, ... | |
Quien evoca la palabra en el templo de Barra de Panteones, sabe que la aniquilación es el instante del origen. Quien la desmenuza para encontrar siquiera uno de sus sentidos, olvida que el visitante aparece donde el mundo comienza a disiparse. | |
Primero Que nada Me complace Enormísimamente Ser Un buen Poeta De segunda Del Tercer Mundo. | |
Un quieto resplandor me inunda y ciega, un deslumbrado círculo vacío, porque a la misma luz su luz la niega. Cierro los ojos y a mi sombra fío esta inasible gloria, este minuto, y a su voraz eternidad me alío. Dentro de mí palpita, flor y fruto, la aprisionada luz, ruina quemante, ... | |
¿Por qué, Amor, cuando expiro desarmado, de mí te burlas? Llévate esa hermosa doncella tan ardiente y tan graciosa que por mi oscuro asilo has asomado. En tiempo más feliz, yo supe osado extender mi palabra artificiosa como una red, y en ella, temblorosa, más de una ... | |
Los dos lejanos, los separados, van hacia el agua a que su sed los guía. Ésta es agua trastocada. Sus moléculas espejo cargan el peso de los cuerpos distanciados, el ojo caliente del filo que troncha, agua cercenada en su constitución. Agua rota, mochada. Agua mintiendo el gozo líquido... | |
Una piedra en el agua de la cordura abisma las coordenadas que nos sostienen entre perfectos círculos Al fondo, Pende en la sombra el hilo de la cordura entre este punto y aquél entre este punto y aquél y si uno se columpia sobre sus rombos, verá el espacio multiplicarse ... | |
Aquí estás, mi hijita, mi collar de piedras finas, mi plumaje de quetzal, mi hechura humana, la nacida de mí. Tú eres mi sangre, mi color, en ti está mi imagen. Ahora recibe, escucha: vives, has nacido, te ha enviado a la tierra el Señor Nuestro, el Dueño del cerca y del junto, ... | |
Blanca como esta noche no he visto cosa alguna: ni el mármol, ni la nieve, ni el armiño. Semeja el cielo, un gran abismo de plata, que refleja su luz, en otro abismo de cristal: la laguna. Sólo, de tarde, en tarde, pasa, pequeña y bruna, la góndola, que efímero surco ondulante deja; y cuando, ... | |
La luz se va con el tren silbando, enrollada en humo, apenas si en las colinas unta un brillo. ¡Ay! Y nos vamos pensando lejos, con el tren silbando, sin movernos ni cansarnos. ¡Ay! Y nos vamos pensando sin volver adonde estamos. Se mueve en el cielo un aire cenizo, lento. ... | |
Donde calla el amor No habla tampoco el desamor No es nunca nadie Alma fundada en la agonía Quien te rechaza Donde calla el amor Habla la estúpida Fortuna Tú misma alma de vértigo La has levantado allí Tú misma escoges que te hablen Desde un lugar que ha de tragarte... | |
El color y el silencio helados rodean el río de cuerpos y palabras de una memoria que se retira en blanco el rocío rey de la hora llena de ocres y naranjas la lejanía de casas y de tierra el árbol mece ojos y brumas si mecerse puede en esta alba donde el ritmo... | |
No soy el viento ni la vela sino el timón que vela. No soy el agua ni el timón sino el que canta esta canción. No soy la voz ni la garganta sono lo que se canta. No sé quien soy ni lo que digo pero voy y te sigo. | |
Así pues, hay que en algún momento cerrar la cuenta, pedir los abrigos y marcharnos, aquí se quedarán las cosas que trajimos al siglo y en las que cada uno pusimos nuestra identidad; se quedarán los demás, que cada vez son otros y entre los cuales habrá de construirse lo que sigue, también... | |
El día despliega su cuerpo transparente. Atado a la piedra solar, la luz me golpea con sus grandes martillos invisibles. Sólo soy una pausa entre una vibración y otra: el punto vivo, el afilado, quieto punto fijo de intersección de dos miradas que se ignoran y se encuentran... | |
Como un homenaje a Octavio Paz publicamos PIEDRA DE SOL, uno de los más insignes poemas de este escritor universal. Debido a la extensión del texto lo hemos fragmentado, procurando no romper su armonía interior. -------------------------------------------------- un sauce de cristal, un chopo ... | |
Música y noche arden renovando el espacio, inundan sobre el cieno las áridas pupilas, relámpagos caídos al bronce que precede la cima del letargo. De orilla a orilla flota la penumbra siempre reconocible, aquella que veían y hoy miramos y habrán de contemplar en el dintel... | |
En los veranos rojos, cuando a los mediodías desata los bozales de sus perros el sol, ¿quién no gozó tu abrigo, quién ignoró las pías frescuras que derrama tu inmenso parasol? ¿Quién, en el sueño rosa del minuto romántico, no, tembloroso y pálido, se detuvo al pasar bajo tu fronda amiga, ... | |
Se rompe en tu regazo la nervadura del sueño, la noche te cerca, se hunde, te da, mujer, la tierra. Hay una ausencia, un hilo gris, se han borrado los azules, las aves han partido y la lluvia ha extraviado las ovejas. A salvo queda una (vi cómo se apartó del rebaño, cómo fue asediada, ... | |
A Silvina Ocampo ¿Quién canta en las orillas del papel? Inclinado, de pechos sobre el río de imágenes, me veo, lento y solo, de mí mismo alejarme: oh letras puras, constelación de signos, incisiones en la carne del tiempo, ¡oh escritura, raya en el agua! Voy entre verdores enlazados, ... | |
Si a la mitad del camino de tu vida aparece una mujer joven y se entrega a ti jadeante / y despierta en tus brazos el peso insonoro voluptuoso de tierra de otros cuerpos que sin más resucitan / y después... | |
