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25 poemas aleatorios | |
El sembrador sembró la aurora; su brazo abarcaba el mar. En su mirada las montañas podían entrar. La tierra pautada de surcos oía los granos caer. De aquel ritmo sencillo y profundo melódicamente los árboles pusieron su danza a mecer. Sembrador silencioso: el sol ha crecido por tus mágicas manos. ... | |
Un año o dos o tres, te da lo mismo. ¿Cuál reloj en la muerte?, ¿qué campana incesante, silenciosa, llama y llama? ¿qué subterránea voz no pronunciada? ¿qué grito hundido, hundiéndose, infinito de los dientes atrás, en la garganta aérea, flotante, pare escamas? ¿Para esto... | |
Dejad las hebras de oro ensortijado que el ánima me tienen enlazada, y volved a la nieve no pisada lo blanco de esas rosas matizado. Dejad las perlas y el coral preciado de que esa boca está tan adornada; y al cielo, de quien sois tan envidiada, volved los soles que le habéis robado. La gracia ... | |
¡Qué extraño es lo mismo! Descubrir lo mismo. Llegar a lo mismo. ¡Cielos de lo mismo! Perderse en lo mismo. Encontrarse en lo mismo. ¡Oh, mismo inagotable! Danos siempre lo mismo. | |
Mariposas blancas que viven en el fuego. Quienes las han visto encienden a altas horas de la noche una fogata y esperan su llegada con paciencia venatoria. Contemplan las lenguas espirales de la invocación. No siempre aparece, justo en medio de la hoguera, el diminuto planeo... | |
Atrás el cielo, atrás la luz y su navaja, atrás los muros de salitre, atrás las calles que dan siempre a otras calles. Atrás mi piel de vidrios erizados, atrás mis uñas y mis dientes caídos en el pozo del espejo. Atrás la puerta que se cierra, el cuerpo que se abre. Atrás, amor encarnizado, ... | |
La tempestad de fuego nos sorprendió en el acto de la copulación. No fuimos muertos por el río de lava. Nos ahogaron los gases; la ceniza nos sirvió de sudario. Nuestros cuerpos continuaron unidos en la roca: petrificado... | |
Escucha extranjero, yo voy a mostrarte la lejanía. En esta ciudad no navega hoy más barco que el de la soledad. Las sábanas son frías en los hoteles. Hay crímenes y miedo a media noche. Podemos, si quieres, cantar sin corbata y navegarnos tomados de las manos aun a riesgo de ser acusados ... | |
11:30 P.M. Durísima la luna. Igual que tú, tan lejos. Suéñame, te digo, como te sueño aquí, hasta que los dos sueños se conviertan en fuego, hasta que mi aliento sea el tuyo, hasta que respiremos cada uno por la boca del otro. La luna asoma, llena y sorda. No estás al otro lado del teléfono ... | |
I Antes de haber nacido, cuando apenas en las galaxias era calofrío, o sed en rotación por el vacío, o sangre sin la cárcel de las venas; antes de ser en túnica de arenas un angustiado palpitar sombrío, antes, mucho antes que este cuerpo mío supiera de esperanzas y de penas: ... | |
El tiempo de la poesía da un fruto de luz que cae solo en la tierra... | |
Si detrás de tu frente cristaliza el principio de todo; si a su puerta permanente de par en par abierta un invisible rayo se entroniza, como un oscuro dios tasa y revisa la propia destrucción que lo liberta, porque allí nace, muere y se concierta tu pensamiento esclavo de la prisa. Algo más... | |
¡Huyen los años como raudas naves! ¡Rápidos huyen! Infecunda Parca pálida espera. La salobre Estygia calla dormida. ¡Voladores años! ¡Dado me fuera detener convulso, horas fugaces, vuestra blanca veste! Pasan las dichas y temblando llegan mudos inviernos... ... | |
El gusano, gusano pequeño, pequeño acordeón de la flor y del tallo, de la rama y la hoja, dueño de su jardín, bajo el cielo cubierto de rosadas mejillas. Bajo el fino temblor de las estrellas, repercutía, hijo de la ignición y el viento, nada interrogaba. ¿Para qué? Dueño de su... | |
¿Por qué, Amor, cuando expiro desarmado, de mí te burlas? Llévate esa hermosa doncella tan ardiente y tan graciosa que por mi oscuro asilo has asomado. En tiempo más feliz, yo supe osado extender mi palabra artificiosa como una red, y en ella, temblorosa, más de una ... | |
Otras bestias declinan siempre al oro del alba, al mediodía furioso, nunca en la noche de augurios persistentes y toses de rifleros suicidas. Ostentosas, diurnas, claras bestias vivientes, se quiebran, pierden pie, se apagan o se oxidan y oscurecen. Y alrededor del que las mira, el que... | |
Cada uno debe entrar en su propio degüello, cada uno retocando su respiración, cultivando sus excepciones a la regla, sus moluscos solares, haciendo sus abstinencias más inclementes y más diáfanas porque la luz debe romperse allí, la eternidad debe dejar caer ... | |
Vengo desde tus labios a mi presencia pura. Inescrutable viaje subterráneo al abismo del rostro sin edades. Recóndito universo palpitante y cerrado, perdido en el secreto de la tierra desnuda, constelado de símbolos nocturnos, de tactos germinales. Retorno a mi figura, ... | |
Las imágenes que emergen de tu cuerpo desembocan en esta noche que no eres tú ni soy yo quienes conversan en el cuarto de al lado y a quienes escucho completamente solo. Concibiendo esta noche como algo inmóvil, bien podríamos ser tú y yo los que están al otro lado, ... | |
Las cuestas y llanos se pueblan de los pobrecitos indios. Ya baja allá a lo lejos la imagen que traen en andas, con gran acompañamiento de gentes. Los cirios y candelas brillan amortiguadamente en la serena luz de la tarde. Este año ha sido de sequía. Las milpas están resecas... | |
No se dice. Acude a nuestros ojos, a nuestras manos, tiembla, se resiste. Dices que esperas te esperas desde entonces, y sabes que el adiós es inútil y triste... | |
Desde el sillón del mando mi madre dijo: Ha muerto . Y se dejó caer, como abatida, en los brazos del otro, usurpador, padrastro que la sostuvo no con el respeto que el siervo da a la majestad de reina sino con ese abajamiento mutuo en que se humillan ambos, los amantes, los cómplices. ... | |
Otra vez para ella, la que sabe por qué I Ella, la más salaz, sangra en la luna, y sabe del honor de merecer la gracia de los dioses y el castigo de ser mujer. II Ella, la más salaz, bebe esta gracia y goza el paraíso del infierno: entre las llamas arde,se consume, ... | |
Ni un momento he dejado de ver en este cuerpo la forma de tu ausencia, como una esfera que ya no te contiene. Pero dos cosas constantes te revelan, te tienen de cuerpo entero en el instante, y son la cama y la mesa de madera, hechas a la medida del amor y del hambre ... | |
No era necesaria una nueva acometida de la soledad para que lo supiera. Navegaba la mar por un rumbo desconocido para mis manos. Donde el amor moró y tuvo reino queda ya sólo un muro que avasalla la hierba. Queda una hoja de papel no en blanco donde está anocheciendo. ... | |
