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25 poemas aleatorios

 

   No oyes ladrar a los perros

   Juan Rulfo

primeros versos

Tú que vas allá arriba, Ignacio, dime si no oyes alguna señal de algo o si ves alguna luz en alguna parte. —No se ve nada. —Ya debemos estar cerca. —Sí, pero no se oye nada. —Mira bien. —No se ve nada. —Pobre de ti, Ignacio. La sombra...

 

   La palabra inmóvil

   Aurora Reyes

primeros versos

Amor, fuera olvidarte como perder los ojos, cegar frente a los verdes más claros de la vida, caer en el invierno con un sueño encerrado sepultando los brotes de la flor del prodigio. Desconocer las formas que anidaron el tacto, ignorar la sonrisa que prepara la aurora en los húmedos labios terrenales; ...

 

   Porque ya mis tristezas . . .

   Enrique González Martínez

primeros versos

Porque ya mis tristezas son como los matices sombríos de los cuadros en que la luz fulgura; porque ya paladeo la gota de la amargura en el dorado néctar de las horas felices; porque sé abandonarme, con la santa inconsciencia de una tabla que flota, sobre el mar de la vida, ...

 

   Discurso del paralítico

   Gilberto Owen

primeros versos

Encadenado al cielo, en paz y orden, mutilado de todo lo imperfecto, en esta soledad desmemoriada paisaje horizontal de arena o hielo nada se mueve y ya nada se muere en la pureza estéril de mi cuerpo. Solo la ausencia. Sólo las ausencias. A la luz que me ofusca, en el silencio del aire ...

 

   Los recuerdo turgentes y temblones...

   Tomás Segovia

primeros versos

Los recuerdo turgentes y temblones, tu grandes, densos pechos juveniles, tímidos y procaces, pastoriles, frescos como aromáticos melones. Eran el más solemne de tus dones cuando al fin liberabas sus perfiles en cuartos cursis de moteles viles, deliciosa de susto...

 

   Pétalos quemados...

   Jaime Sabines

primeros versos

Pétalos quemados, viejo aroma que vuelve de repente, un rostro amado, solo, entre las sombras, algún cadáver de uno levantándose del polvo, de alguna abandonada soledad que estaba aquí en nosotros: esta tarde tan triste, tan triste, tan triste...

 

   La ramera

   Manuel Acuña

primeros versos

Humanidad pigmea, tu que proclamas la verdad y el Cristo, mintiendo caridad en cada idea: tu que, de orgullo el corazón beodo, por mirar a la altura te olvidas de que marchas sobre lodo: tu que diciendo hermano, escupes al gintano y al mendigo porque son un mendigo y un gitano: Ahí está ...

 

   Sílabas para el maxilar de Franz Kafka

   Efraín Huerta

primeros versos

Oh vieja cosa dura, dura lanza, hueso impío, sombrío objeto de árida y seca espuma; ola y nave, navío sin rumbo, derrumbado y secreto como la fórmula del alquimista; velero sin piloto por un mar de aguda soledad; barca para pasar al otro lado del mundo, enfilados hacia el cielo ...

 

   Canto (VIII)

   Mario Bojórquez

primeros versos

Aquellos tus amigos Extenderán sus manos Como quien tiende un recibo por cobrar Una minuta detallada de todas tus traiciones Pero nunca sabrán Que tú has pagado ya todas las deudas Que no hay nada que valgas Ni siquiera el resuello que te mantiene erguido ...

 

   Detente sombra

   Sor Juana Inés de la Cruz

primeros versos

Detente, sombra de mi bien esquivo, imagen del hechizo que más quiero, bella ilusión por quien alegre muero, dulce ficción por quien penosa vivo. Si al imán de tus gracias, atractivo, sirve mi pecho de obediente acero, ¿para qué me enamoras lisonjero si has de burlarme luego ...

 

   Un beso nada más

   Manuel María Flores

primeros versos

Bésame con el beso de tu boca, cariñosa mitad del alma mía: un solo beso el corazón invoca, que la dicha de dos... me mataría. ¡Un beso nada más!... Ya su perfume en mi alma derramándose la embriaga y mi alma por su beso se consume y por mis labios impaciente vaga. ¡Júntese con la tuya!... ...

 

   Homenaje a una bailarina

   Fernando Sánchez Mayans

primeros versos

Etérea rosa en el espacio anclada y en la rama orquestal desvanecida. Etérea rosa que nació encendida para ser en el aire dibujada. En tu cielo febril siempre elevada y en ondas de la danza sumergida. Detente para mí, rosa fingida en la altura del vuelo alucinada. Quiero...

 

   Mujer dormida

   Hugo Gutiérrez Vega

primeros versos

Nuestras vidas son los ríos... Jorge Manrique Desde aquí veo tu casa rodeada por el aire de esta mañana lívida. Veo tu puerta cerrada y el balcón entreabierto, siempre entreabierto para librarte de los sueños malos. Me asomo y veo tu cuerpo entre las sábanas, siento tu respiración lenta. ...

 

   Pero ya basta...

   Efraín Bartolomé

primeros versos

Pero ya basta He aquí al dinamitero Este es el sobrestante Este es el tractorista que despeñó su máquina junto a un alud de rocas más grandes que el tractor Partiremos ese cerro cabrones! Que caigan esos árboles esas rocas esa peña mayor Que se abra...

 

   Quien se acerca al abismo y no lo sabe, 1.1

   Francisco Magaña

primeros versos

Quien evoca la palabra en el templo de Barra de Panteones, sabe que la aniquilación es el instante del origen. Quien la desmenuza para encontrar siquiera uno de sus sentidos, olvida que el visitante aparece donde el mundo comienza a disiparse.

 

   Canto nupcial

   Manuel José Othón

primeros versos

Un nuevo hogar es huerto florecido de jazmines, y lirios, y azahares, entre cuyas alburas estelares se estremece el amor, como un latido. Surge de cada flor, de cada nido un verso del Cantar de los Cantares y pasan, del Hermón por los pinares, suspirando los vientos un gemido. De Galaad ...

 

   Piedra nativa

   Octavio Paz

primeros versos

La luz devasta las alturas Manadas de imperios en derrota El ojo retrocede cercado de reflejos Países vastos como el insomnio Pedregales de hueso Otoño sin confines Alza la sed sus invisibles surtidores Un último pirú predica en el desierto Cierra los ojos y oye cantar...

 

   Nada comparable a tus manos...

   Frida Kahlo

primeros versos

Nada comparable a tus manos ni nada igual al oro-verde de tus ojos. Mi cuerpo se llena de ti por días y días, eres el espejo de la noche, la luz violenta del relámpago, la humedad de la Tierra. El hueco de tus axilas es mi refugio, mis yemas tocan tu sangre. Toda mi alegría es sentir...

 

   Una tempestad, de noche, en Orizaba

   José Joaquín Pesado

primeros versos

El carro del Señor, arrebatado de noche, en tempestad que ruge y crece, los cielos de los cielos estremece, entre los torbellinos y el nublado. De súbito, el relámpago inflamado rompe la oscuridad y resplandece; y bañado de luces aparece sobre los montes el volcán nevado. ...

 

   Tú

   Bernardo Ortiz de Montellano

primeros versos

Una historia. Dos letras que bordaron tus manos en mi vida. ¡Abecedario de las cosas muertas en el pañuelo blanco de los días!

 

   Siempre solo

   Antonio Plaza

primeros versos

¡Siempre solo! Si de la aurora diamantina se dibujan los célicos albores los pájaros del viento moradores al éter mandan su canción divina. Y si el sol orgulloso se reclina sobre un lecho radiante de colores, llenas de amor las carminadas flores entreabren su corola purpurina. Todos tienen un ser ...

 

   Clínica negra (II)

   Rodulfo Figueroa

primeros versos

Los que cumplís la terrenal condena de ser mirados con escarnio y mofa, si halláis a vuestro paso la gangrena sangrienta y ruda, formulad la estrofa. Como el doctor, sin escuchar el grito de rebelión y de dolor que estalla, quemad con vuestros cantos al maldito aunque ruja y blasfeme la canalla. ...

 

   La materia deshecha

   José Emilio Pacheco

primeros versos

Vuelve a mi boca, sílaba, lenguaje que lo perdido nombra y reconstruye. Vuelve a tocar, palabra, el vasallaje con tu propio fuego te destruye. Regresa, pues, canción, hasta el paraje en donde el tiempo acaba mientras fluye. No hay monte o muro que su paso ataje: lo perdurable, no...

 

   Te acuerdas de la tarde . . .

   Enrique González Martínez

primeros versos

¿Te acuerdas de la tarde en que vieron mis ojos de la vida profunda el alma de cristal?... Yo amaba solamente los crepúsculos rojos, las nubes y los campos, la ribera y el mar... Mis ojos eran hechos para formas sensibles; me embriagaba la línea, adoraba el color; apartaba mi espíritu ...

 

   Óleos para mi madre

   Luis Alberto Arellano

primeros versos

Nada hay más obsceno que un enano pintando siempre putas Nada más terrible, una mujer sin miedo al abismo o la insignificancia escurrida entre las piernas tarde a tarde de un modo casi humano Un listón ennegrecido cargando el muro de una casa abandonada La irrisoria manera ...