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25 poemas aleatorios | |
Ni tu silencio, duro cristal de roca, ni el frío de la mano queme tiendes, ni tus palabras secas, sin tiempo ni color, ni mi nombre, ni siquiera mi nombre que dictas como cifra desnuda de sentido; ni la herida profunda, ni la sangre que mana de sus labios, palpitante, ni la distancia cada vez más fría ... | |
Al volante de un automóvil, por la carretera panamericana de Tuxtla Gutiérrez a la Ciudad de México | |
De Tuxtla a la ciudad de México hay más de mil kilómetros de distancia más de un millón de metros más de cien millones de centímetros, más las piedras, más los árboles, que no se pueden medir, ni contar, que he recorrido tantas veces, a tantos kilómetros por hora, con mucho calor... | |
Ponme como un sello sobre tucorazón, como una marca sobretu brazo;Porque fuerte es como la muerte elamor...CANTAR DE LOS CANTARES 8,6 I Mi cuerpo es claro, el tuyo oscuro y en la aromosa claridad nocturna nuestras lenguas se enlazancon negritud ... | |
Miro desde la barra la ebanistería pomposa y centenaria y los espejos de azogue soñolientos situados al oriente en el gran bar de La Ópera —en su género, el solo arquitectónico supérstite de nuestro desmedrado Centro Histórico—; y me solazo con el cándido... | |
Auschwitz no fue el jardín de mi infancia. Yo crecí entre bestias y yerbas y en mi casa la pobreza encendía su candil en las noches. Los árboles se cargaban de nidos y de estrellas, por los caminos pasaba asustándose una yegua muy blanca. Auschwitz no fue el jardín de mi infancia. ... | |
La primavera de la aldea bajó esta tarde a la ciudad, con su cara de niña fea y su vestido de percal. Traía nidos en las manos y le temblaba el corazón como en los últimos manzanos el trino del primer gorrión. A la ciudad la primavera trajo del campo un suave olor en las tinas de la lechera ... | |
El sol, colérico de sales, contra el agua arremete. Hermano con hermana se acarician. Y un cielo azul está (cubriéndola), encima de la tierra: hijos nosotros de esa feroz contradicción, las bestias. Pero de líquenes, de aceites, el cielo en la tierra se vacía. Cargada queda así, ... | |
Mis huesos irradian luz y mi mano se hace transparente El truco... | |
¿Qué es el canto de los pájaros, Adán? Son los pájaros mismos que se hacen aire. Cantar es derramarse en gotas de aire, en hilos de aire, temblar. Entonces los pájaros están maduros y se les cae la garganta en hojas, y sus hojas son suaves, penetrantes... | |
Atardece y aún no aprendo a leerme en la palma de mi mano en las venas de una hoja de azucena en el terciopelo botón de lima Cuándo entenderé la palabra de los mares su mensaje evangélico el misterioso rito que hace al tiempo detenerse y contemplarnos Sigue la tarde en su tarde ... | |
¡Oh lira, que hasta aquí locos amores en tus vibrantes cuerdas suspiraste, y dócil a mis voces me ayudaste a comprar por un goce mil dolores! Ya que hiciste armoniosos mis errores y a mi locura seducción prestaste, herida de otro plectro, da, en contraste, con acuerdo mejor, tonos mejores. ... | |
I Es tu nombre y es también octubre es el diván y tus ungüentos es ella túla joven de las turbaciones y son las palomas en vuelos secretos y el último escalón de la torre y es la amada acechando el amor en antemuros y es lo dable en cada movimiento y los objetos y son los pabellones y el no estar ... | |
Abre el libro en la página que reza: Donde se ve que Amor sólo es tristeza , y con tu voz de oro que tiene sortilegios peregrinos, ¡ahuyenta, como pájaro canoro, la sombra de esa frase, con tus trinos!... Porque es tu voz tan dulce y lisonjera, que si dices que Amor tiene dolores, el dolor ... | |
Dios ¿dónde estás? Acaso en la débil ala de una mariposa, en el monótono zumbido de la abeja o en la gaviota que roza vagamente la playa. Te busco en el crepúsculo vacío de invierno, en la luz sin frontera de mis ojos, en la melancólica sombra del ciprés. Palpitan en mi pecho ... | |
Ahora puedo hacer llover, enderezar las ramas torcidas, levantar a los muertos. Hágase la luz, digo, y toda la ciudad se ilumina. ¡Qué fácil es ser Dios!... | |
* Frente al mar, ayer es el eco de una sombra. Frente a la sombra el mar es el eco de ayer. Frente a la palabra el vacío. * Cuando amanece como si nada en los umbrales, el vuelo de la jaula es la palabra en el ojo del pájaro malherido. * Si aparece el exilio y el profano secreto de una imagen ... | |
Habiendo comprado los bienes que más excitaron su deseo las mujeres de Argos miraron con dulzura a los fenicios quienes maquinaron y ejecutaron su rapto Ío formó parte del botín en un puerto helénico Los cretenses desembarcaron en Tiro con el fin entre otros, de llevar consigo ... | |
Apenas la noche ha cerrado su sombra completa. Lo que suena después no es el río Ni las hojas del aire ni el pez de la niebla. Es la hambrienta distancia que llega rompiendo las aguas y el monte que cede al recuerdo y te nombra. Lo que el tiempo nos niega, lo que arranca el deseo, lo que... | |
Urna de otras reliquias ante la babilonia de cristal de los estantes olisca el seco olor del palisandro, la resina de estoraque (Venus) o el aroma lunar de la alhucema. En las alturas habitadas por el polvo ubica, con orientación de pájaro, los sitios migratorios de los frascos: el ámbar... | |
Este libro tiene muchos precedentes, tantos como gentes habrán sollozado por un bien amado, desaparecido, por un gran amor extinguido. Tal vez muchos otros lloraron mejor su dolor que yo mi inmenso dolor, quizá (como eran poetas mayores) había en sus lágrimas muchos más fulgores... ... | |
¡Qué bajos cobres ha de haber tras esa aurífera corona! ¿Qué llagas verdes bajo las pulpas húmedas de su piel esmeralda! ¡Qué despreciable perra puede ser ésta, si de veras me ama! (Selección: Juan Domingo Argüelles) | |
Personas: Ifigenia, sacerdotisa y sacrificadora Orestes, náufrago Pílades, su amigo Toas, rey de los tauros Pastor, mensajero de noticias. Coro de mujeres de Táuride. Gente marinera y pastores, adornados con curnecillos. TARDE, COSTA DE TÁURIDE, CIELO, MAR, PLAYA, ... | |
Son los campos. Los campos ahora de nadie; de la guerra. El llano se queda triste. Dura y antigua la sierra. Rocas y surcos perdidos, hoy sólo campos de guerra. No pasa nadie por ellos. De vez en cuando se quedan como ajenos a las balas que en el aire van secretas. Por ellos vamos... | |
Diles que no me maten, Justino! Anda, vete a decirles eso. Que por caridad. Así diles. Diles que lo hagan por caridad. —No puedo. Hay allí un sargento que no quiere oír hablar nada de ti. —Haz que te oiga. Date tus mañas y dile que para sustos ya ha estado bueno. Dile que... | |
Lleno de mí, sitiado en mi epidermis por un dios inasible que me ahoga, mentido acaso por su radiante atmósfera de luces que oculta mi conciencia derramada, mis alas rotas en esquirlas de aire, mi torpe andar a tientas por el lodo; lleno de mí ahíto me descubro en la imagen ... | |
