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25 poemas aleatorios | |
Quiero sembrarme en ti. No me conformo con tu piel, ni con tu risa, con tu aliento. No me bastan tus ojos y tus labios. Tu sangre quiero. Tenderte junto a mí, desmadejar tu pelo sobre el césped, sentirlo embravecido como el torrente negro. Deslizar mi silencio por tu lengua. ... | |
Se distraen las penas en los cuartos de hotel con el heterogéneo concurso divertido de yanquis, sacerdotes quincalleros infieles, niñas recién casadas y mozas del partido. Media luz... Copia al huésped la desconchada luna en su azogue sin brillo; y flota en calendarios, en cortinas polvorosas ... | |
Nacimos diferentes. Somos muchos y pocos para el grito. No nos doblegaremos ante nada. Es la era de Acuario, signo de aire que arrasará las viejas estructuras. De: Tlaltelolco 68 | |
Me asomé a la ventana y en lugar de jardín hallé la noche enteramente constelada de nieve La nieve hace tangible el silencio y es el desplome de la luz y se apaga La nieve no quiere decir nada: Es sólo una pregunta que deja caer millones de signos de interrogación sobre el mundo ... | |
Pero en las zonas ínfimas del ojo no ocurre nada, no, sólo esta luz ay, hermano Francisco, esta alegría, única, riente claridad del alma. Un disfrutar en corro de presencias, de todos los pronombres antes turbios por la gruesa efusión de su egoísmo de mí y de Él y de nosotros tres ... | |
Nacen en los pantanos del insomnio. Son negrura viscosa que aletea. Vampiritos inermes, sublibélulas, caballitos de pica... | |
Nada va a salvarnos. Ni el amor, ni la fe, ni la palabra. Nada va a saber que fuimos tantos embarcados en el haz de la ternura, angustiados y desnudos, errantes y remotos. Nadie hablará por nadie. A cada quien se le rompe el alma con sus propios días mal escritos... | |
Alegráos con las flores que embriagan, las que están en nuestras manos. Que sean puestos ya los collares de flores. Nuestras flores del tiempo de lluvia, fragantes flores, abren ya sus corolas. Por allí anda el ave, parlotea y canta, viene a conocer la casa del dios. ... | |
Porque no tengo necesidad de hablar estoy callada. Suena triste pero es más verdad que el silencio. Anoche hablé hasta que me dolió la comisura de los labios. Pero anoche era un tigre. Ahora soy aquella, la hija del hombre: sin mañana sin semilla sin voz. Sólo una idea perdida ... | |
Vuelve a mi boca, sílaba, lenguaje que lo perdido nombra y reconstruye. Vuelve a tocar, palabra, el vasallaje con tu propio fuego te destruye. Regresa, pues, canción, hasta el paraje en donde el tiempo acaba mientras fluye. No hay monte o muro que su paso ataje: lo perdurable, no el instante, ... | |
Tiendo la mano ahora, no la azoto, no la empuño, no la doblo, tiendo la mano ahora que estoy. Si te digo que voy en calma, miento. Todavía abogo por las uñas y las ansias, rojos los nudillos, todavía no miento. Si te digo arado cuento los surcos entre dedo y dedo. Y hay un fruto y habrá ... | |
Junto al plátano sueltas, en congoja de doncella insegura, el broche al sayo. La fuente ríe, y en el borde gayo atisbo el tumbo de la veste floja. Y allá, por cima de tus crenchas, hoja que de vidrio parece al sol de mayo, toma verde la luz del vivo rayo, y en una gema colosal te aloja. ... | |
La perra más inmunda es noble liro junto a ella. Se vendería por cinco tlacos a un caimán. Es prostitua vil, artera zorra, y ya tenía podrida el alma a los cuatro años. Pero su peor defecto es otro: soy para ella el último de los hombres. (Selección: Juan Domingo ... | |
Desde la pluma brotas, súbita llama tensa que se prende aun a la madera húmeda y la quema y la guarda. Entonces tu jadeo (reiterado, sonámbulo sonido que atraviesa las destruidas, de amor, paredes de mi cráneo y pronuncia sin decirlo mi solo nombre oscuro y dibuja mi rostro), ... | |
Porque sabe cuánto la quiero y cómo hablo de ella en su ausencia, la nieve vino a despedirme. Pintó de Brueghel los árboles. Hizo dibujo de Hosukai el campo sombrío. Imposible dar gusto a todos. La nieve que para mí es la diosa, la novia, Astarté, Diana, la eterna muchacha, ... | |
En estos días tristes y nublados en que pesa la niebla sobre mi alma cual una losa sepulcral, ¡ay! cómo mis ojos se dilatan tras esos limitados horizontes que cierran las montañas, queriendo penetrar otros espacios, cual en un mar sin límites ni playas. ¡Pobre pájaro muerto por el frío! ... | |
Árbol antiguo visto desde una infancia, el tiempo se deshoja, floreciendo, siempre reintegrándose a sí mismo, firme ante los aires de cualquier viento, ante los vientos de la muerte, el viento iracundo de la nada. Suspiro interminable es caminar el tiempo, ... | |
Rojas las cerezas, rojo el claustro iluminado de vidas limpias. Claridad. ¿El sol, cántico de fuego? Rojas las cerezas— todo luz, todo mar todo claustro. | |
El sol que baña la costa Florida no es el mismo que engarza en el sueño del niño. Flamingo de yeso y plástico, flamígera Habana Chica. ¿Se puede ser hipócrita a los seis años? La ilusión va en portalápices, en la bolsa sin fondo de mi madre, en las cachuchas beisboleras de los viejos ... | |
Hoy tengo confianza, Hoy me hablo de tú a mí mismo, Bailo gavotas en la tarima de lava joven Y entre sílaba y sílaba, en vez de acentos, Intercalo indelebles astillas de esperanza. Y es que los muertos se desmayan Empurpurando la raíz de sus íntimas flores Y el maniquí... | |
Dame lo que me quieras dar, Señor, nada quiero pedir, nada te exijo, hoy ya comprendo que si miro el cielo es tu resplandor de luz lo que miro; cuando me siento extraviado en la noche en tus estrellas encuentro el camino. Eres, Señor, agua para la lluvia, para los manantiales y los ríos; ... | |
Este idioma brutalmente virgen y no catequizado que sin pasar por la palabra salta del aullido hasta el canto; este aire tan delgado que avanza por los rulos del sibarita sin tocarlos, este aire tan ancho como el aire es mi tropa de esquiroles, mi batallón de choque, mi sonaja... | |
En las catorce redes del soneto año tras año, penas y alegrías urdí, con hilo tenue de los días, a su apagado sístole sujeto. A gotas decantado su secreto, en arcas encerráronse vacías esperanzas, anhelos, cobardías —signo precario—, mínimo amuleto. Clama el Invierno... | |
Un salmo cadencioso peina el bosque De raya en medio: la luz solar sobre las hojas y el abrigo de la sombra en un costado. Hay un eco ancestral en la salmodia de los pinzones reales: el otoño tiene sus plumas propias y el color de los corazones que se despiden. ... | |
A fuerza de mudarme he aprendido a no pegar los muebles a los muros, a no clavar muy hondo, a atornillar sólo lo justo. He aprendido a respetar las huellas de los viejos inquilinos: un clavo, una moldura, una pequeña ménsula, que dejó en su lugar aunque me estorben. Algunas manchas ... | |
