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25 poemas aleatorios | |
Césped infante cubre tu llanura a tornaluz tal vez rubio de paja que ahí donde la luz se resquebraja en bosque limitado se inaugura. Alfombra tierna, dime ¿de qué hondura nació la sangre que en tu piel trabaja, para que germinaras con ventaja y más seda se hiciera tu envoltura? ... | |
Quisiera haber nacido de tu vientre haber vivido alguna vez dentro de ti desde que te conozco soy más huérfano oh gruta tierna rojo edén caluroso qué alegría haber sido esa ceguera quisiera que tu carne se acordase de haberme aprisionado que cuando me miraras algo... | |
Vine de lejos. Olvidé mi patria. Ya no entiendo el idioma que allá usan de moneda o herramienta. Alcancé la mudez mineral de la estatua. Pues la pereza y el desprecio y algo que no sé discernir me han defendido de este lenguaje, de este terciopelo pesado, recamado de joyas, ... | |
Son los campos. Los campos ahora de nadie; de la guerra. El llano se queda triste. Dura y antigua la sierra. Rocas y surcos perdidos, hoy sólo campos de guerra. No pasa nadie por ellos. De vez en cuando se quedan como ajenos a las balas que en el aire van secretas. Por ellos vamos... | |
Me ve como desde un siglo remoto, como desde un estrato geológico distinto. Del idioma que algunos atesoran le dieron de limosna una palabra para pedirle su pan y otra para dar gracias. Ninguna para el diálogo. El domador, con látigo y revólveres, le enseña a hacer piruetas divertidas, ... | |
Vivo sin mí, inmóvil, ausente de mi cárcel de palabras, sin la forma precisa para el canto en este día sin tregua y sin resquicios; cuando celoso de sí mismo el aire no se desata en viento, cuando nada me entrega su sentido y no encuentran camino hacia mis ojos ni el cielo ni los nombres ... | |
Cogióme sin prevención Amor, astuto y tirano: con capa de cortesano se me entró en el corazón. Descuidada la razón y sin armas los sentidos, dieron puerta inadvertidos; y él, por lograr sus enojos, mientras suspendió los ojos me salteó los oídos. Disfrazado entró y mañoso; mas ya que dentro se vio ... | |
Surges amarga, pensativa, profunda tal un mar amurallado; reposas como imagen hecha hielo en el cristal que te aprisiona y te adivino en duelo, sostenida bajo un mortal cansancio o bajo un sueño en sombra, congelada. En vano te defiendes cuando tus ojos alzas y me miras ... | |
El maestro de griego nos decía: Las palabras macularon su antigua pureza. Las palabras fueron antes más bellas... Las palabras... Y la voz del maestro se quedaba prendida de una tela de araña. Y un muchacho con cara de Hamlet repetía: Palabras... Palabras... Palabras... ... | |
La mano del amor es grave. Se ha espesado la carne de una savia de tiempo; el curso de los días ha ensanchado su cauce. Pero de paz cargada abriga y pesa la lenta mano calurosa. La mujer mira... | |
Ridículo padre Bajo el cielo de Tucson Que mandas todavía cartas de amor A la madre. No olvido mi nombre sellado en tu cara, herrado a tres sílabas y en labios de ella generoso chispazo abriendo con fe lo oscuro, fuego en el espejo desvelado del alba. No venga más memoria . ... | |
Dentro de poco vas a ofrecer estas páginas a los desconocidos como si extendieras en la mano un manojo de hierbas que tú cortaste. Ufano y acongojado de tu proeza, regresarás a echarte al rincón preferido. Dices que eres poeta... | |
Lucen del Ocaso los pálidos cobres y del mar que duerme, los blancos estaños, y van derramando perfumes salobres las olas que cantan con tonos extraños. De pronto, el mar glauco se ve cristalino, las sombras palpitan de luz salpicadas y el alba triunfante de un sol submarino derrama sus luces ... | |
Fotografiar la claridad, ya con el viento ido. ¿A dónde va el viento cuando no lo escuchamos? ¿En cuál basurero se refugia arremolinado? ¿Quién sopla en las arterias de sus tolvaneras para dotar de empuje sus respiros? Fotografiar la oscuridad dentro de un ataúd... | |
Desde la hermosa ribera se mira incierta bogar una barquilla ligera, que desafía altanera los horrores de la mar. Dentro se mira sentado un orgulloso guerrero: el casco despedazado, el vestido ensangrentado y a su derecha el acero. A su hijo tierno, inocente lleva entre sus fuertes brazos: ... | |
Por el arcaduz de sangre mi cuerpo en tu cuerpo manantial de noche mi lengua de sol en tu bosque artesa tu cuerpo trigo rojo yo Por el arcaduz de hueso yo noche yo agua yo bosque que avanza yo lengua yo cuerpo yo hueso de sol Por el arcaduz de noche manantial de cuerpos tú noche del trigo ... | |
Puntual como la lluvia es el silencio con que tus ojos observan mis recuerdos. Nada puedo decir, nada es ya mío de las antiguas costumbres que los días dilapidaron sin ti en algún pasado. Eres el tiempo del trigo y la vendimia, eres el verde y el oro del verano. Ya a mis sentidos ... | |
Te tomaré descalza en día domingo, te santificaré, te haré feliz. Andaremos rodando por la casa —le pondremos alfombras— y correremos las cortinas para que entre el sol. Tomaremos cerveza y nos bañaremos. A la hora de comer encenderemos el radio y con las noticias... | |
Escucha extranjero, yo voy a mostrarte la lejanía. En esta ciudad no navega hoy más barco que el de la soledad. Las sábanas son frías en los hoteles. Hay crímenes y miedo a media noche. Podemos, si quieres, cantar sin corbata y navegarnos tomados de las manos aun a riesgo de ser acusados ... | |
Saturados de bíblica fragancia se abaten tus cabellos en racimo de negros bucles, y con dulce mimo en mi boca tu boca fuego escancia. Se yerguen con indómita fragancia tus senos que con lenta mano oprimo, y tu cuerpo suave, blanco, opimo, se refleja en las lunas de la estancia. ... | |
III Entran hombres con los cautivos atados. ORESTES atado, apedreado, delira así: Cabra de sol y Amaltea de plata que, en la última ráfaga, suspiras aire de rosas, palabras de liras, sueño de sombras que los astros desata; al viejo Dios leche difusa y grata, y, ... | |
Cuando Silvia al prado sale a divertir, el campo se alegra al verla salir. Jilguerillo hermoso, bello Colorín, dulce Filomena, desde un alhelí le cantan la salva con pico sutil, juzgándola Aurora al verla salir. El prado se cubre de hermoso matiz, sus cálices abren florecillas mil, ... | |
Puntos de apoyo. En mi figura completa sólo hay uno; y quiero dos. Para tener yo los dos me tienen que cortar uno. Es el uno que no tengo el que tengo que tener. Para poder caminar el otro será... | |
Primero un epígrafe rotundo, convincente. Después ese pronombre en la dedicatoria. abajo, un verso limpio, exacto, trabajado, bien pulido, aunque el pobre no sea inolvidable. Otro verso más claro, la sencilla metáfora del verso que le sigue, tal vez algún recurso que mantenga la idea ... | |
Quién es esa sirena de la voz tan doliente, de las carnes tan blancas, de la trenza tan bruna? —Es un rayo de luna que se baña en la fuente, es un rayo de luna... ¿Quién gritando mi nombre la morada recorre? ¿Quién me llama en las noches con tan trémulo acento... | |
