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25 poemas aleatorios | |
El maestro de griego nos decía: Las palabras macularon su antigua pureza. Las palabras fueron antes más bellas... Las palabras... Y la voz del maestro se quedaba prendida de una tela de araña. Y un muchacho con cara de Hamlet repetía: Palabras... Palabras... Palabras... ... | |
Tal vez, bajo otro cielo, la vida nos sonría. Hombre ingenuo. Porfirio con cara de caballo, ¿no alcanzas a saber que a vida no tiene ni aquí ni antes ni después ni sonrisa? Es tan corto el amor y es tan largo el olvido. Ay, Neruda, Neruda. ¿Con qué vara mediste lo continuo? ... | |
En la casa de las pinturas comienza a cantar, ensaya el canto, derrama flores, alegra el canto. Resuena el canto, los cascabeles se hacen oír, a ellos responden nuestras sonajas floridas. Derrama flores, alegra el canto. Sobre las flores canta el hermoso faisán, ... | |
En su cuarto blanco, entre blancas sábanas se ha dormidoy sueña que duerme y que sueña en su cuarto blanco Se sabe soñando porque de su cuerpo a su cuerpo cae infinitamente y sin movimiento Y de pronto llega al fondo del cuerpo y entonces despierta en un cuarto rojo ... | |
A la memoria de Rafael Ángel de la Peña De mis oscuras soledades vengo y tornaré a mis tristes soledades a brega altiva, tras camino luengo; que me allego tan sólo a las ciudades con vacilante planta y errabunda, del tiempo antiguo a refrescar saudades. ... | |
Hoy estuvo paciente y apacible, digno, sucio y solemne. Surtidor de canales donde el lirio amanece. Gigante río, río niño, donde Louisiana escribe su gris melancolía. | |
Voces al doblar la esquina voces entre los dedos del sol sombra y luz casi líquidas Silba el carpintero silba el nevero silban tres fresnos en la plazuela Crece se eleva el invisible follaje de los sonidos Tiempo tendido a secar... | |
Te amo ahí contra el muro destruido contra la ciudad y contra el sol y contra el viento contra lo otro que yo amo y se ha quedado como un guerrero entrampado en los recuerdos Te amo contra tus ojos que se apagan y sufren adentro esta superficie vana y sospechan venganzas ... | |
Se que la humana fibra a la emoción se libra, pero que menos vibra al goce que al dolor. Y en arte no me ofusco; y para el himno busco la estética del brusco estímulo mayor. Mas no en aleve audacia demando a la falacia la intensa y cruda gracia, como un juglar sutil. A la verdad ajusto el calculado ... | |
A Rafael Courtoisie La alegría puso un huevo. Romper su cáscara es un reto: a un huevo alegre no lo abre piedra ni martillo. Humor y sal, en dosis sutiles. No siempre tiene la superficie de un ovoide. Suele haber huevos cuadrados y en forma piramidal, barra de hielo o de esferas ... | |
Los murciélagos no saben una palabra de su prestigio literario. Con respecto a la sangre, les gusta la indefensa de las vacas, útiles señoronas incapaces de fraguar un collar de ajos, una estaca en el pecho, un crucifijo; pues tan sólo responden a la broma sangrienta, al beso impuro... | |
Entre la noche y el día ¡qué misterio, carajo, qué misterio! Urna cerrada de la luz, ábreme las compuertas. Vengo del huracán, hollado por los escombros: partes de coche, conservas, esqueletos tranquilos, ramas, callejones oscuros para que dos se presenten... | |
No canta el. grillo. Ritma la música de una estrella. Mide las pausas luminosas con su reloj de arena. Traza sus órbitas de oro en la desolación etérea. La buena gente piensa -sin embargo- que canta una cauta de música en la hierba. | |
No sé por qué veredas de dulzura el aire va corriendo hacia tu encuentro; hay algo en la mañana que por dentro un rio de sonidos te murmura. Parecería un himno de ternura que en tu profundidad hallara centro o que buscando protección, adentro las palabras encuentran... | |
I INVITACIÓN AL POETA Coge la lira de oro y abandona el tabardo, descálzate la espuela, deja las armas que para esta vela no has menester ni daga, ni tizona. Si tu voz melancólica no entona ya sus himnos de amor, conmigo vuela a esta región que asombra y que consuela; ... | |
Hervor de calles; desembocadura de pábulos ardiendo, en la caldera sediciosa del mísero. Como hierba de gritos, como en humo lumbrarada de pelos espantados; como chubasco tupidísimo y turbio, en ascensión. Así llegaba. Y alégrate si nadie, en esta plaza, si nadie, ... | |
¿Es grande el mundo? Es grande. Del tamaño del miedo. ¿Es largo el tiempo? Es largo. Largo como el olvido. ¿Es profunda la mar? Pregúntaselo al náufrago. (El Tentador sonríe. Me acaricia el cabello y me dice que duerma.) Selección: André Cruchaga | |
Saturados de bíblica fragancia se abaten tus cabellos en racimo de negros bucles, y con dulce mimo en mi boca tu boca fuego escancia. Se yerguen con indómita fragancia tus senos que con lenta mano oprimo, y tu cuerpo suave, blanco, opimo, se refleja en las lunas de la estancia. ... | |
De la Merced hetairas baratonas, mercado de la carne, pocos años, son de trece o de quince, no hay engaños. ¡Pásale mi marchante, son fregonas! No pienses que quizá fueron personas o que el SIDA letal les unta daños. Es carne dura, fresca y son rebaños ovejas negras estas... | |
oh vida por vivir y ya vivida, tiempo que vuelve en una marejada y se retira sin volver el rostro, lo que pasó no fue pero está siendo y silenciosamente desemboca en otro instante que se desvanece: frente a la tarde de salitre y piedra armada de navajas invisibles una roja escritura indescifrable ... | |
Por 1656 Diego Rodríguez de Silva y Velásquez se pinta en un lienzo frente a su caballete ejecutando los retratos de Felipe IV y de doña Mariana que se reflejan en el espejo del fondo Doña María Agustina Sarmiento, menina de la infanta doña Margarita, le ofrece en una... | |
¿Se desbarata la transparencia, por el coral, del agua? (Del libro de reciente aparición Estrella oída, coeditado por El Aduanero y la UAM Azcapotzalco.) | |
Sobrevivir a la sombra ya que tiene más de uno que uno mismo monstruo de papel de china duplica su tamaño y su maldad en una profundidad tal que parece superficie y camina abismándonos los pies y se arrastra serpentina ofreciéndonos la vanidad de ser más grandes, más anchos, ... | |
Dentro de un sueño estaba emparedado. Sus muros no tenían consistencia ni peso: su vacío era tu peso. Los muros eran horas y las horas fija y acumulada pesadumbre. El tiempo de esas horas no era tiempo. Salté por una brecha: eran las cuatro en este mundo. el cuarto era mi... | |
Muero, entre muero y no muero esponja de sinsabor, sin el maduro dolor enroscado del madero. No en el instante mejor del náufrago y el lucero cuando en la oquedad del cero finca el más allá de por. Sino en sorda sima impura, mi muerte de porque sí que expansa voz que se lanza. Ni le... | |
