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25 poemas aleatorios | |
¿Quién me llama la atención? -El Estación. ¿Quién hay que mis pesares calme? -El Empalme. ¿Y quién sofoca mis males? -De González. Por eso mi pobre corazón tiene unas ganas fatales de pasiarse por el Estación del Empalme de González. ¿Qué como cuando hago rimas? ... | |
1 Mucho antes de que estas montañas ratas grises en la solapa aguda del sol antes que cárceles de cieno y luz fueran para mi espíritu domesticado por los azotes inmisericordes del Belcebú embrutecido en mi secreta epidermis el gran reloj del mar meciendo sus aguas sin escoria y las terrazas ... | |
Leo: Toda la vida por un minuto de gloria Me pregunto: ¿Valdrá la vida un minuto de gloria? o ¿No será la vida, la gloria sin minutos? o bien ¿Será el minuto la vida o la gloria? quizá ¿La gloria sea tan sólo un minuto de la vida? De: Del mundo y otros cielos. 2004 | |
Pero el vaso en sí mismo no se cumple. Imagen de una deserción nefasta ¿qué esconde en su rigor inhabitado, sino esta triste claridad a ciegas, sino esta tentaleante lucidez? Tenedlo ahí, sobre la mesa, inútil. Epigrama de espuma que se espiga ante un auditorio anestesiado, ... | |
Feliciano me adora y le aborrezco; Lisardo me aborrece y yo le adoro; por quien no me apetece ingrato, lloro, y al que me llora tierno, no apetezco: a quien más me desdora, el alma ofrezco; a quien me ofrece víctimas, desdoro; desprecio al que enriquece mi decoro y al que le hace ... | |
El huerto umbroso, y aquel rosal que se alcanzaba, desde la sala de la casita a divisar. La viejecita que allí vivía; la viejecita que me contaba mientras bordaba, mientras tejía, vidas de santos, raros portentos, y tantos cuentos de encantamientos y brujería. Y las toronjas junto a las rosas: ... | |
La muerte siempre trae una cámara en las manos. Dentro de ella gira, sin misericordia, un rosario donde cada cuenta es el centro de un sistema solar. La muerte se regocija cuando, vestidos de arlequines, Posamos junto al retrete en un rincón del patio. Pero ella oculta su ropaje... | |
Siempre estás a mi lado y yo te lo agradezco. Cuando la cólera me muerde, o cuando estoy triste untado con el bálsamo para la tristeza como para morirme apareces distante, intocable, junto a mí. Me miras como a un niño y se me olvida todo y ya sólo te quiero alegre... | |
En que describe racionalmente los efectos irracionales del Amor | |
Este amoroso tormento que en mi corazón se ve, sé que lo siento y no sé la causa porque lo siento. Siento una grave agonía por lograr un devaneo, que empieza como deseo y para en melancolía. Y cuando con más terneza mi infeliz estado lloro, sé que estoy triste e ignoro la causa de ... | |
Los espejos no cantan como antaño y el espacio no es más que una lágrima corriendo desde los ojos hasta el sueño cuando nos dan una mala noticia Como cuando se embarca la tristeza en una discusión sin más razón de ser que una súbita parvada de reflejos ... | |
La noche asesina sus pulpos frente a ti. Mientras tú, inerme, impávido, impotente, utilizas únicamente su tinta... | |
El canto de los mirlos compuesto en la quietud es como un pensamiento. Por momentos parece crecer para luego concentrarse en su puntual irradiación. Si se le presta atención cada pétalo de sonido convoca a su contrario. Se diría que este silbido es tan sólo la mitad ... | |
México, creo en ti, Como en el vértice de un juramento. Tú hueles a tragedia, tierra mía, Y sin embargo, ríes demasiado, A caso porque sabes que la risa Es la envoltura de un dolor callado. México, creo en ti, Sin que te represente en una forma Porque te llevo dentro, sin que sepa Lo que tú eres... | |
Es el tiempo inaplazable, nuestro tiempo, avejentado mirador hombro atrás que mira tras de sí. Sin palabras, sin sucesos. Dejando atrás paradójicamente la mirada. Rugosa piel interminable humedecida entre jornadas. Es el sol y es el agua. Hay desplomes salobres de la vista y avidez. ... | |
Me dieron a escoger: hogar o gloria, y en mis manos pusieron el mandato seis años nada más que es un buen rato para abrirme las puertas de la historia. No sé si fue una pírrica victoria que ahora reflexiono y aquilato: metí amor y familia en un retrato y fue el poder la línea... | |
Pasó con su madre. ¡Qué rara belleza! ¡Qué rubios cabellos de trigo garzul! ¡Qué ritmo en el paso! ¡Qué innata realeza de porte! ¡Qué formas bajo el fino tul... Pasó con su madre. Volvió la cabeza: ¡me clavó muy hondo su mirada azul! Quedé como en éxtasis... Con febril ... | |
Amiga, mira al dios inanimado sin nosotros. Eras tú, era yo quien revestidos de su forma la movíamos, el dios no tiene rostro. Iremos de la mano ante su faz de sombra y estaremos allí hablándole a una máscara. Sabremos que de nosotros dos nacía su violento... | |
Ese busto de yeso que respira lunas de noche antiguas y metales rodillas mutiladas desiguales que si la noche cubre el sueño mira. Esa mano de flores que conspira al abrir y cerrar dedos cristales, sonrisa y caracol en espirales, ajeno mar donde la voz expira. Estos ojos de verdes vegetales ... | |
I Una nítida noche, en que la pedrería sideral deslumbrada, los buzos diamantistas, en santa cofradía, descendimos al mar... Puede ser -nos dijimos- puede ser que la luz de Saturno, diluyéndose, forme algún extravagante sulfato, alguna gema nunca vista jamás... ... | |
Bañarse bajo la luz de un álamo Ser todo cuanto miro En el pozo del sol. Sorpresa blanca Que te acuclillas y saltas Y me lames la mano con tu llama Y mueves cabellos Pegados al rostro con lágrimas: Vete de aquí Quema la selva de arpas Y al viento que la hace gemir Porque ... | |
Una es la rosa que hirió a Rilke, quisiera por ello escarmentarla, pero no puedo; le temo y me fascina, me obsesiona la rosa memorablemente enlazada a nuestras vidas. Elegí alguna más de entre las milagrosas rosas de Juan Diego que la ilusión dibuja en un ayate. Evocaré también las rosas... | |
Los árboles negros, la vereda blanca, un pedazo de luna rojiza con rastros de sangre manchando las aguas. Los dos, cabizbajos, prosiguen la marcha con el mismo paso, en la misma línea, y siempre en silencio y siempre a distancia. Pero en la revuelta de la encrucijada, frente a la taberna, ... | |
Año I-Pedernal (804 d. c). Cuando comenzó el Señorío de los chichimecas una mujer noble, llamada Itzpapálotl los llamó, les dijo: Tenéis que establecer como señor vuestro a aquél que se llama Huactli. Marchad hacia allá, a Nequameyocan. Estableced allí la casa de los cactus, ... | |
hacia dónde las cosas se dirigen no la vida y no los grandes temas el objeto la cosa material lo natural ajeno y cierto y todo lo que hacemos como el poliuretano y el vinyl el aluminio el nailon sus juegos de moléculas abren ante mí los ojos asombrados desmenuzan su intriga... | |
Mi mano en el espejo es algo más que un paso derrotándome la carne. Brillan sus cinco dagas temerosas como excavando letras vírgenes en la cera imantada del silencio. Viene buscando tierras prometidas de más allá del nilo de su llanto. Mi mano en el espejo se diluye, ... | |
