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25 poemas aleatorios

 

   Te quiero a las diez de la mañana

   Jaime Sabines

primeros versos

Te quiero a las diez de la mañana, y a las once, y a las doce del día. Te quiero con toda mi alma y con todo mi cuerpo, a veces, en las tardes de lluvia. Pero a las dos de la tarde, o a las tres, cuando me pongo a pensar en nosotros dos, y tú piensas en la comida...

 

   Envía una rosa a la virreina

   Sor Juana Inés de la Cruz

primeros versos

Ésa, que alegre y ufana, de carmín fragante esmero, del tiempo al ardor primero se encendió llama de grana; preludio de la mañana del rosicler más ufano es primicia del verano, Lisi divina, que en fe de que ladebió a tu pie la sacrifica tu mano. ...

 

   Septiembre negro

   Leticia Luna

primeros versos

Yo pisaré las calles nuevamente de lo que fue Santiago ensangrentado y en una vieja plaza liberada me sentaré a cantar por los ausentes.Pablo Milanés Cuando el terror de un avión explote en grito vacío de Las Torres y la tierra viuda se sacuda el luto y sólo escombros habiten su vientre ...

 

   Me gustaría...

   Edel Juárez

primeros versos

me gustaría tenerte desnuda ahora y poder hablar de tu cuerpo de la distancia exacta que hay entre tus senos me gustaría poder contarles de tus piernas ese par de tijeras con las que has podado mis pudores con las que abrazaste mi inocencia hablarles de tus manos, y de las caricias ...

 

   Nunca digas

   Julio César Aguilar

primeros versos

Mano abierta, di, dime, dilo, dícelo a tus dedos que me exprimen desde muy adentro toda la amorosa sangre; dícelo a mis manos -ay torrentes ciegos, ya cauces sin agua, siempre manantiales secos. No, nunca lo digas, nunca digas qué, quién, quién la volvió a cerrar. ...

 

   Ifigenia Cruel (I)

   Alfonso Reyes

primeros versos

Personas: Ifigenia, sacerdotisa y sacrificadora Orestes, náufrago Pílades, su amigo Toas, rey de los tauros Pastor, mensajero de noticias. Coro de mujeres de Táuride. Gente marinera y pastores, adornados con curnecillos. TARDE, COSTA DE TÁURIDE, CIELO, MAR, PLAYA, ...

 

   Mis hermanos se fueron poco a poco

   Marco Antonio Campos

primeros versos

Mis hermanos se fueron poco a poco: se llevaron la casa, la mujer, la calle al hombro, el oro más soñado y no la infancia. ¿Qué hacía yo, en tanto, qué diablos dió mi pluma? Me puse a dibujar en los cuadernos las mujeres más bellas de la tierra que sólo lloraban en mis versos. ...

 

   Cantar de Valparaíso

   Jaime García Terrés

primeros versos

Recuerdas que querías ser un poeta telúrico? Con fervor aducías los admirables ritos del paisaje, paladeabas nombres de volcanes, ríos, bosques, llanuras, y acumulabas verbos y adjetivos a sismos o quietudes (aun a las catástrofes extremas del planeta) vinculados. Hoy prefieres...

 

   La abuela

   Maricruz Patiño

primeros versos

Así llegó la madre de mi abuela a la Habana, altiva hija de un continente antiguo y ni el sol de las Antillas pudo arrancar una destello caribea sus mejillas Así llegó la bisabuela a la isla asombrillada. De: Del mundo y otros cielos. 2004

 

   Cuando sepas hallar una sonrisa

   Enrique González Martínez

primeros versos

Cuando sepas hallar una sonrisa en la gota sutil que se rezuma de las porosas piedras, en la bruma, en el sol, en el ave y en la brisa; cuando nada a tus ojos quede inerte, ni informe, ni incoloro, ni lejano, y penetres la vida y el arcano del silencio, las sombras y la muerte; cuando tiendas la vista ...

 

   In limine

   Fabio Morábito

primeros versos

Por el perdón del mar nacen todas las playas sin razón y sin orden, una cada cien mares. Yo nací en una playa de África, mis padres me llevaron al norte, a una ciudad febril, hoy vivo en las montañas, me acostumbré a la altura y no escribo en mi lengua, en ciertos días del año me dan vértigos ...

 

   Mas la forma en sí misma no se cumple... (Muerte sin fin)

   José Gorostiza

primeros versos

Mas la forma en sí misma no se cumple. Desde su insigne trono faraónico magnánima, deífica, constelada de epítetos esdrújulos, rige con hosca mano de diamante. Está orgullosa de su orondo imperio. ¿En las augustas pituitarias de ónice no juega, acaso, ...

 

   He emblanquecido mi pelo...

   Eduardo Langagne

primeros versos

He emblanquecido mi pelo en busca de una virtud; no perdí la juventud, pues la invertí en ese anhelo. Supe de amor y desvelo cuando nacieron mis hijos, mantuve los ojos fijos al descubrir la Belleza y ha podido mi cabeza descifrar sus acertijos.

 

   Pythia (Fragmentos)

   Gloria Gervitz

primeros versos

La luz sube en oleadas vagido en lo callado inmenso del nombre mortal y sola en su errancia la traspasada palabra a tientas la oficiante vieja madre cómplice intercede Ay convocada nocturna como un charco de miedo. Con tus ojos de viuda...

 

   Siéntate ahí...

   Francisco Hernández

primeros versos

Siéntate ahí, sobre esa piedra, la más blanca, a la entrada de la casa en ruinas. Abre las piernas. Así. Ahora sube la izquierda al escalón, el menos claro, y permite al rebozo acomodarse en la rodilla. ¿Te quitaste el cinturón de castidad como te lo pedí? Sonríe sin mirar a la cámara...

 

   Soneto de Narciso

   Fernando Sánchez Mayans

primeros versos

No fue sólo su doble lo que miró Narciso ante el ficticio espejo del agua transparente. Era el poema oculto abismal de su mente escrito en aquel rostro de abandono sumiso. Perdido como tantos ante su propio hechizo fue víctima en el juego de otra belleza ausente. La que revela el verbo...

 

   Instantáneas, 1

   Francisco Magaña

primeros versos

* Frente al mar, ayer es el eco de una sombra. Frente a la sombra el mar es el eco de ayer. Frente a la palabra el vacío. * Cuando amanece como si nada en los umbrales, el vuelo de la jaula es la palabra en el ojo del pájaro malherido. * Si aparece el exilio y el profano secreto de una imagen ...

 

   Dos en uno

   Octavio Paz

primeros versos

Baja desnuda la luna la mujer por el pozo...

 

   Viceversa

   Eduardo Zambrano

primeros versos

Firman su sentencia de muerte los que publican su vida en algunos versos incipientes que les quitan el amor, los sesos, los días. Pero esto no lo digo yo, sino el idiota esedel espejo. Por eso me da risa. (De: Reincidencias)

 

   Torre de marfil

   Rubén C. Navarro

primeros versos

Perdí tu amor y tu belleza, pasó el encanto juvenil, ¡y me quedé con mi tristeza en esta Torre de Marfil... Guardan el puente dos leones desde su altivo pedestal y la portada seis dragones y una serpiente colosal... Con la templanza de los viejos monjes ascetas, vivo lejos de lo mundano y de ...

 

   Taube

   Fernando Ruiz Granados

primeros versos

Esta paloma no conoce diluvios No sabe de Arcas Ni de altares de piedra y holocaustos Esta paloma ignora el naufragio de la luz La imposibilidad de la palabra Los signos escritos y borrados por el viento Los pasos perdidos de la arena Sabe de los raudales de claridad del día ...

 

   Ciego Dios

   Alfredo R. Placencia

primeros versos

Así te ves mejor, crucificado. Bien quisieras herir, pero no puedes. Quien acertó a ponerte en ese estado no hizo cosa mejor. Que así te quedes. Dices que quien tal hizo estaba ciego. No lo digas; eso es un desatino. ¿Cómo es que dio con el camino luego, si los ciegos no dan con el camino?... ...

 

   Después

   Marco Fonz de Tanya

primeros versos

El cuerpo es el patíbulo, la horca, el garrote vil, la Dama Angustia. El cuerpo es Los fusilados se hizo el otro silencio se cercenaron las manos y de los muñones se asoman búhos con curiosidad demencial. El cuerpo es la lengua azul del ahogado con olor de incendio de bruja ...

 

   Las manos

   Margarito Cuéllar

primeros versos

Una mano traza la palabra pájaro, La otra escribe su jaula.Juan Manuel Roca Cinco lápices en cada una, para empezar. Vidente que lee sus resonancias y sus dobles anillos enmudece. No quieras transformarlos navajas o tijeras: piel o nostalgia, cuando mucho. Dije: dos puños, ...

 

   Criaturas para la recién casada (La higuera)

   Jorge Esquinca

primeros versos

Está desde siempre. Antes que la casa fuese siquiera un pensa- miento. Ha crecido desmadejada y aérea, nutriéndose de linfas sub- terráneas. Como una madre vegetal, una madre joven, sibilina, fecunda, ampara el gorjeo sexual de los gorriones en un rincón del patio ...