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25 poemas aleatorios | |
Tu nombre suena en mis oídos extraño y cercano como el murmullo del mar, ebrio de vida. ¿Cuál es la canción que todos cantan, cuál es la verdadera, la que viene de las minas y es tan grata a nuestro corazón como la tierra fértil, como los viejos libros de caballería... | |
La escuela autoritaria y cómo nació un repetable género de literatura | |
Duras son las bancas, y el profesor tampoco tan lúcido. Con frecuencia se nota que improvisa. Que falsea tradiciones, héroes, anatomías para salir del paso. Y si se murmura en los corredores -- lo he oído -- que su papel es difícil, pues que se hubiera dedicado a otra cosa, ... | |
Quiero sembrarme en ti. No me conformo con tu piel, ni con tu risa, con tu aliento. No me bastan tus ojos y tus labios. Tu sangre quiero. Tenderte junto a mí, desmadejar tu pelo sobre el césped, sentirlo embravecido como el torrente negro. Deslizar mi silencio por tu lengua. ... | |
Recuerda el tiempo que en la playa sola, al ver la ola que alumbraba el sol, tú me dijiste que la mar un día se acabaría antes que tu amor. Hoy que te busco por la playa sola, no está la ola que alumbraba el sol; las olas mueren y tu amor no existe; ¡qué mal supiste comparar tu amor! ... | |
herido busco mi país. busco tu nombre. busco la calle donde te conocí. me caían sombras. me caías. tú llorabas. me salpicabas tu tristeza. tu tristeza era como mi país. tenía árboles. animales. unos arroyos que no acababan. tu tristeza salpicaba mi país y yo nadaba con brazos y pies en mi derrota. ... | |
Sólo y distante de las ínsulas, bajo este sol que el mediodía calcina y los demonios de la luz deslumbran. Yo he visto renacer ramas y flores en huertos que después fueron dormidos. Si vuelvo a los inicios ¿quién escuchará mis pasos en las piedras? Aquí se acerca a quien espero. ... | |
Pero en las zonas ínfimas del ojo no ocurre nada, no, sólo esta luz ay, hermano Francisco, esta alegría, única, riente claridad del alma. Un disfrutar en corro de presencias, de todos los pronombres antes turbios por la gruesa efusión de su egoísmo de mí y de Él y de nosotros tres ... | |
Cada mañana, al despertar, resucitamos; porque al dormir morimos unas horas en que, libres del cuerpo, recobramos la vida espiritual que antes tuvimos cuando aún no habitábamos la carne que ahora nos define y nos limita, y éramos, sin ser, misterio puro en el ritmo total ... | |
Esta flor en mis manos, repentina alba en mi noche estrellada de mi sueño nacida ¿me atreveré a tocarla? ¿mereceré siquiera profanar con mis ojos la luz que la revela? El aire desolado de la espera vacía, el aire en que no estaba ¡respiré tantos años! El agua que era muerta ... | |
¿Qué era lo que acaso tu mente hallaba? ¿Dónde andaba tu corazón? Por esto das tu corazón a cada cosa, sin rumbo lo llevas: vas destruyendo tu corazón. Sobre la tierra, ¿acaso puedes ir en pos de algo? . Moyolhuica ¿Tle in mach tiquilnamiquia? ¿Can mach in nemia 8242;n moyollo? ... | |
Orífice del alba, dulce loco, alucinada estoy en tus colores, si me pintas la noche de temores en el amanecer dórame un poco. Después verás qué pájaros convoco para que te rindamos los honores porque eres hacedor de los albores y principio de todo lo que toco. Viérteme caridad en la escudilla, ... | |
Tiendo la mano ahora, no la azoto, no la empuño, no la doblo, tiendo la mano ahora que estoy. Si te digo que voy en calma, miento. Todavía abogo por las uñas y las ansias, rojos los nudillos, todavía no miento. Si te digo arado cuento los surcos entre dedo y dedo. Y hay un fruto y habrá ... | |
Un día dices: la uña. ¿Qué es la uña? Una excrecencia córnea que es preciso cortar. Y te la cortas. Y te cortas el pelo par estar a la moda y no hay en ello merma ni dolor. Otro día viene Shylock y te exige una libra de carne, de tu carne, para pagar la deuda que le debes. Y, después. Oh, después: ... | |
Pasas por el abismo de mis tristezas como un rayo de luna sobre los mares, ungiendo lo infinito de mis pesares con el nardo y la mirra de tus ternezas. Ya tramonta mi vida; la tuya empiezas; mas, salvando del tiempo los valladares, como un rayo de luna sobre los mares pasas... | |
En un poema leo: conversar es divino. Pero los dioses no hablan. Los dioses, sin palabras, juegan juegos terribles. El espíritu baja y desata las lenguas pero no habla palabras: habla lumbre. El lenguaje, por el dios encendido, es una profecía de llamas y un desplome... | |
Ay de mi corazón que nadie quiso tomar de entre mis manos desoladas. Tú viniste a mirar sus llamaradas y le miraste arder claro y sumiso. (El pie profundo sobre el negro piso sangró de luces todas las jornadas. Ante los pies geográficos, calladas, tus puertas invisibles, Paraíso.) ... | |
Mi pequeño Pablo sonríe con el niño del espejo al descubrirlo. Agita los brazos y grita ante la perfecta copia de su imagen. No sabe nada del reflejo, no adivina que el pequeño a quien sonríe pudiera ser él mismo. Por su parte, el Pablo reflejado en el espejo se mira en los ojos... | |
Nadie sale. Parece que cuando llueve en México, lo único posible es encerrarse desajustadamente en guerra mínima, a pensar los ochenta minutos de la hora en que es hora de lágrimas. En que es el tiempo de ponerse, encenizado de colillas fúnebres, a velar con cerillos algún... | |
todo se transfigura y es sagrado, es el centro del mundo cada cuarto, es la primera noche, el primer día, el mundo nace cuando dos se besan, gota de luz de entrañas transparentes el cuarto como un fruto se entreabre o estalla como un astro taciturno y las leyes comidas de ratones, las rejas ... | |
Salir. Un paso al frente convencidos mis pies iban en busca de los cuatro costados: risa y gesto alegoría y espada. Abierto a lo imposible de par en par mi traje exhibiendo la piedramil tallas por la torsode aluminio en la ciudad que me vestía de Esfinge. Sólo di un paso atrás: ... | |
A lo oscuro corrías de los bosques, huyendo. Se llevaba tu sombra la mañana herida por el fuego, y a tu voz la arrojaban en un pozo profundamente negro. ¿Dónde podías ir tú sin voz ni sombra? ¿Dónde esconder la muerte de tu cuerpo? a lo oscuro corrías de los bosques, huyendo. ... | |
Levántame la vida, deja lamer tu piel navegar tu marca en estos cuantos días que todavía me restan. Permíteme, también, que como tú yo piense que la muerte no existe y el tiempo no camina. Mi ocaso se apenumbra y casi veo agolparse las sombras que deberán ... | |
El humo fatuo en el espejo velo de la sombra cubre los ojos del que duerme los habitantes del sueño nos llevan con ellos para mostrarnos el eterno follaje de la vida. De: Tramontana Poema proporcionado por la autora | |
Primero un aire tibio y lento que me ciña como la venda al brazo enfermo de un enfermo y que me invada luego como el silencio frío al cuerpo desvalido y muerto de algún muerto. Después un ruido sordo, azul y numeroso, preso en el caracol de mi oreja dormida y mi voz que se ahogue en ese mar ... | |
¡Qué prueba de la existencia habrá mayor que la suerte de estar viviendo sin verte y muriendo en tu presencia! Esta lúcida conciencia de amar a lo nunca visto y de esperar lo imprevisto; este caer sin llegar es la angustia de pensar que puesto que muero existo. Si en todas partes estás, ... | |
