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25 poemas aleatorios

 

   Lorelei

   Lucero Alanís de Gurrola

primeros versos

Mitad es un todo A ella se adhieren como última salvavidas última salvalmas Imploran permanencia en un mundo que se ha tornado líquido náufrago en la saliva lacrimoso brota la sangre en el sudor por todas las cavernas de esos cuerpos malditos A su belleza acuden como virgen en sus magias ...

 

   Desencanto

   Antonio Plaza

primeros versos

Nuestra senda regada está de llanto, el placer del placer es el suicidio, detrás de la ilusión está el fastidio y detrás del fastidio el desencanto. Lleno yo de fastidio y de quebranto, sin fuerza ya contra la suerte lidio, y muerto para el mundo, sólo envidio a los muertos que guarda el camposanto. ...

 

   Los limpiones

   Margarito Ledesma

primeros versos

Le dije a don Epitacio: Si la cara va a limpiarse, hágalo sin apurarse, con cuidado y muy despacio. Saque el paño poco a poco, o como quiera sacarlo, pero, cuando vaya a usarlo, no lo haga usted a lo loco. Revíselo cuidadoso antes de ir a proceder, para que así pueda ver ...

 

   La giganta (I)

   Salvador Díaz Mirón

primeros versos

Es un monstruo que me turba. Ojo glauco y enemigo como el vidrio de una rada con hondura que, por poca, amenaza los bajeles con las uñas de la roca. La nariz resulta grácil y aseméjase a un gran higo. La guedeja blonda y cruda y sujeta, como el trigo en el haz. Fresca y brillante y rojísima la boca, ...

 

   Los he visto en el cine...

   Jaime Sabines

primeros versos

Los he visto en el cine, frente a los teatros, en los tranvías y en los parques, los dedos y los ojos apretados. Las muchachas ofrecen en las salas oscuras sus senos a las manos y abren la boca a la caricia húmeda y separan los muslos para invisibles sátiros...

 

   De los trabajos

   Juan Domingo Argüelles

primeros versos

Con piedras y maderas hago mi casa bajo el sol, la visto de ventanas para que el sol entre a habitarla. Cierro sus puertas luego de que ha partido el ocaso. Mi casa cruje bajo la lluvia que ha venido a mirarla. Mi casa es una tumba cálida en donde vivo yo mi muerte. ...

 

   Nos volvemos a ver...

   Salvador Novo

primeros versos

Nos volvemos a ver. Año tras año soñé con encontrarte en mi camino. ¡Sol de mis ojos, luz de mi destino! ¿No quisieras, mi bien, tomar un baño? Nos encontramos uno al otro extraño: Gordo tú, flaco yo ¡mundo mezquino! y me complace ver ¡oh, desatino! que hay cosas que no cambian ...

 

   Mil novecientos treinta: Vistas fijas

   Octavio Paz

primeros versos

Qué o quién me guiaba? No buscaba a nadie, buscaba todo y a todos: vegetación de cúpulas azules y campanarios blancos, muros color de sangre seca, arquitecturas: festín de formas, danza petrificada bajo las nubes que se hacen y se deshacen y no acaban de hacerse, siempre...

 

   Paréntesis (2)

   Jaime Sabines

primeros versos

Apenas mayordomo de mis penas, capitán de fantasmas, me extravío, me pido entre mis canas y mis venas, y me ahogo de mí, a pesar mío. En punto de la hora en que me suenas, tiempo de estar, estoy y me confío, y me llenas de arena y me rellenas de amor...

 

   Al árbol que hay en medio de los pueblos

   Rosario Castellanos

primeros versos

Por caminos de hormigas traje el pie del regreso hasta este corazón de alto follaje trémulo. Ceiba que disemina mi raza entre los vientos, sombra en la que se amaron mis abuelos. Bajo tus ramas deja que mi canto ...

 

   La alameda

   Rafael López

primeros versos

En los veranos rojos, cuando a los mediodías desata los bozales de sus perros el sol, ¿quién no gozó tu abrigo, quién ignoró las pías frescuras que derrama tu inmenso parasol? ¿Quién, en el sueño rosa del minuto romántico, no, tembloroso y pálido, se detuvo al pasar bajo tu fronda amiga, ...

 

   No fue la embriaguez del tinto

   Mariana Bernárdez

primeros versos

No fue la embriaguez del tinto o la de las semillas de agua la que ardió en nosotros fue esa inutilidad de no poder romper los trazos que ataban tu cuerpo a una mesa y el mío a la danza. De: Sombras del fuego

 

   A su retrato ( Soneto CXLV )

   Sor Juana Inés de la Cruz

primeros versos

Este que ves, engaño colorido, que, del arte ostentando los primores, con falsos silogismos de colores es cauteloso engaño del sentido; éste, en quien la lisonja ha pretendido excusar de los años los horrores, y venciendo del tiempo los rigores triunfar de la vejez y del olvido, ...

 

   Tiempo y movimiento

   Eduardo Langagne

primeros versos

No había tiempo en el tiempo en que el tiempo Corría como un río Dejando atrás las piedras Que permanecen en su tiempo contra el tiempo El mundo gira siempre a tiempo Y mueve al colibrí Mas la tortuga permanece contra el tiempo No había tiempo en el tiempo en que el tiempo Iba hacia el mar ...

 

   En la orilla del silencio

   Alí Chumacero

primeros versos

Ahora que mis manos apenas logran palpar dúctilmente, como llegando al mar de lo ignorado, este suave misterio que me nace, túnica y aire, cálida agonía, en la arista más honda de la piel, junto a mí mismo, dentro, ahí donde no crece ni la noche, donde la voz no alcanza a pronunciar ...

 

   Sonetos (170, 172, 174)

   Sor Juana Inés de la Cruz

primeros versos

De amor, puesto antes en sujeto indigno, es enmienda blasonar del arrepentimiento Cuando mi error y tu vileza veo, contemplo, Silvio, de mi amor errado, cuán grave es la malicia del pecado, cuán violenta la fuerza de un deseo. A mi mesma memoria apenas creo que pudiese caber ...

 

   Tú traes tu memoria...

   Eduardo Langagne

primeros versos

Tú traes tu memoria, muchacha, tu historia; yo traigo la mía. Están en la almohada sin nada...

 

   Agua nocturna

   Alberto Ruy Sánchez

primeros versos

La noche que guardas en la mano, la noche que abres para acariciarme, me cubre como un manto navegable. * Voy hacia ti, lentamente. En la noche, el brillo de tus ojos me conduce. Veo tu rostro en ese sueño. Veo tu sonrisa. Me dices algo que no entiendo. Te ríes. Entonces...

 

   La noche nuestra interminable

   José Emilio Pacheco

primeros versos

Mis paginitas, ángel de mi guarda, fe de las niñeras antiquísimas, no pueden, no hacen peso en la balanza contra el horror tan denso de este mundo. Cuántos desastres ya he sobrevivido, cuántos amigos muertos, cuánto dolor en las noches profundas de la tortura. Y yo qué hago y yo ...

 

   Filosofía del optimista

   Fayad Jamís

primeros versos

El optimista se sentó a la mesa, miró a su alrededor y se sirvió un poco de lo poco que halló. Le dijeron que había demasiado nada (en realidad había pocomucho) pero él devoró su ración sin hacer comentarios, abrió el periódico, se fumó su café y acabó de cenar en paz. Pensó: tengo ...

 

   por qué

   Blanca Mateos

primeros versos

por qué las siluetas se han ido formando en el recuerdo y en cada rayo que se estampa contra el muro hay un eco desdoblando las esquinas por qué la luz que se abre al horizonte y el invencible humo de los sueños van absorbiendo una inmovilidad de círculos danzantes...

 

   Cansancio de toda metafísica

   Ulalume González de León

primeros versos

Para simplificar pienso en tu sexo

 

   El muerto

   Salvador Díaz Mirón

primeros versos

Como tronco en montaña venido al suelo. Frente grandiosa y limpia, soberbia y pura. Negras y unidas cejas, con la figura del trazo curvo y fino que marca el vuelo De un pájaro en un croquis que apunta un cielo. Nariz igual a un pico de halcón albura de canas. El abeto, ya sin verdura, dio en tierra ...

 

   No es una desgracia abrir los ojos...

   Rubén Bonifaz Nuño

primeros versos

No es una desgracia abrir los ojos ni tener despiertos los deseos y estar triste y solo y pensando. Y no ser de aquellos que consiguieron su placer a ciegas para cegarse; su televisión después del cine, sus bailes, su ruido, sus limonadas; pero que a la medianoche se sientan, ...

 

   Pecho

   Griselda Álvarez Ponce de León

primeros versos

Sombra tu pecho para el sol quemante lunar colina, seda por vellosa. dura almohada en la que me reposa de fatigas el día trashumante. Por un misterio isócrono constante alza y baja la vida jubilosa, pájaro el corazón vuela y se posa, para dormir en el nidal amante. Dentro vive el suspiro...