☰ menú
 


25 poemas aleatorios

 

   Las vírgenes del sueño

   Manuel Ponce

primeros versos

Las vírgenes arrastran una sombra, habitan una sombra. No podrían arrastrar otra cosa. Las vírgenes sin esclavinas llevan contorno de fluidos, galvanizada sombra. Pero ya nimbo, sombra misma, la sombra de su sombra: cosa limpia. Pasan de vez en cuando, tangentes de la rosa...

 

   Noche

   Blanca Luz Pulido

primeros versos

La noche inmemorial, pródiga noche de los pactos oscuros, innombrables, de las siniestras, ocultas voluntades que a la mención del día empalidecen; la noche feraz, la noche cómplice que despliega su sombra como un manto sigiloso y ambiguo, torva noche agazapada en las márgenes ...

 

   Las manos

   Margarito Cuéllar

primeros versos

Una mano traza la palabra pájaro, La otra escribe su jaula.Juan Manuel Roca Cinco lápices en cada una, para empezar. Vidente que lee sus resonancias y sus dobles anillos enmudece. No quieras transformarlos navajas o tijeras: piel o nostalgia, cuando mucho. Dije: dos puños, ...

 

   Entre la espuma, sal en mi lengua, gota en mi cuello (II)

   Jaime Reyes

primeros versos

De entonces te conozco, raís del insomnio, agua detenida: de entonces es que sé lo que me dejaste y ya no ignoro lo que fui. Porque amo en ti lo que tienes de mí y de ti y de los demás y esto no lo guardas ni lo tiras. Ahora puedes decirtme cuándo callar, cuándo taparme los ojos y no dormir, ...

 

   Comienza el día y su cuidado. Riesgos y premoniciones.

   Gerardo Deniz

primeros versos

Hundir la mano y extraer del alibabá cálido dátil; quebrar al escupir su hueso el cascarón de escarcha: nieto de musgo, opta por el fuego, huye del agua fría, lanza desde la calle, por una ventana del palacio Pardiez, el talismán redondo de tu suerte horrible y echa a correr ...

 

   Medianoche

   Julio César Aguilar

primeros versos

Los pensamientos, hoy perdidos, en la eternidad de mi noche buscan su cauce, su destino. Llega de unos gatos la cópula de lejos hasta mis oídos. Ya por debajo de las sábanas más helado se vuelve el frío. A través de un terco reloj muy lentamente me aproximo a los latidos del silencio ...

 

   Verdad bronca

   Elías Nandino

primeros versos

Entre tus piernas y las mías hay un axioma que no admite teorías.

 

   Pax animæ

   Manuel Gutiérrez Nájera

primeros versos

(DESPUÉS DE LEER A DOS POETAS) ¡Ni una palabra de dolor blasfemo! Sé altivo, sé gallardo en la caída, y ve, poeta, con desdén supremo todas las injusticias de la vida. No busques la constancia en los amores, no pidas nada eterno a los mortales, y haz, artista, con todos tus dolores, ...

 

   Al baile del señor presidente

   Ignacio Rodríguez Galván

primeros versos

Bailad mientras que llora el pueblo dolorido, bailad hasta la aurora al compás del gemido que a vuestra puerta el huérfano hambriento lanzará.¡Bailad! ¡Bailad! Desnudez, ignorancia a nuestra prole afrenta, orgullo y arrogancia con altivez ostenta, y embrutece su espíritu torpe ...

 

   Pero el vaso en sí mismo no se cumple... (Muerte sin fin)

   José Gorostiza

primeros versos

Pero el vaso en sí mismo no se cumple. Imagen de una deserción nefasta ¿qué esconde en su rigor inhabitado, sino esta triste claridad a ciegas, sino esta tentaleante lucidez? Tenedlo ahí, sobre la mesa, inútil. Epigrama de espuma que se espiga ante un auditorio anestesiado, ...

 

   Autobiografía

   Amado Nervo

primeros versos

Versos autobiográficos? Ahí están mis canciones, allí están mis poemas: yo, como las naciones venturosas, y a ejemplo de la mujer honrada, no tengo historia: nunca me ha sucedido nada, ¡oh, noble amiga ignota!, qué pudiera contarte. Allá en mis años mozos adiviné del Arte...

 

   Me encanta Dios

   Jaime Sabines

primeros versos

Me encanta Dios. Es un viejo magnífico que no se toma en serio. A él le gusta jugar y juega, y a veces se le pasa la mano y nos rompe una pierna o nos aplasta definitivamente. Pero esto sucede porque es un poco cegatón y bastante torpe con las manos...

 

   Quedamente

   Amado Nervo

primeros versos

Me la trajo quedo, muy quedo, el Destino, y un día en silencio, me lo arrebató; llegó sonriendo; se fue sonriente; quedamente vino; vivió quedamente, ¡queda.... quedamente desapareció! 25 de abril de 1913 De: La amada inmóvil

 

   Ruego del navegante

   Tomás Segovia

primeros versos

Qué otro ruego ferviente Sino el de contar siempre con la espera segura De un lugar animoso de descarga y de tregua No un bastión no un refugio No otro domicilio Que el designado en pleno aire mudable Por el amor de la mirada Tibio lugar de espera no porque nadie llame No ...

 

   Pasan las estaciones del año, pasan y no entran

   Alejandro Aura

primeros versos

La última calle de la ciudad no existe, en las orillas a todas horas nacen calles bajo los pies de los que pasan, y transitan muchos más sueños de los que el gobierno se imagina; por eso no es posible contarlas, no es posible manejar a la ciudad con una tabla aritmética; en realidad...

 

   Y siempre habrá una vez...

   Carmen Alardín

primeros versos

Te mataré sin tañer las campanas y sin doblar los goznes del insomnio. Te mataré sin la espada de Damocles, ni los principios de Arquímedes. Sin votos académicos ni juramentos falsos; casi sin zapatillas de charol... Sin la cita del toro entre la arena... Nada más por el gusto de...

 

   Noche de verano

   Octavio Paz

primeros versos

Pulsas, palpas el cuerpo de la noche, verano que te bañas en los ríos, soplo en el que se ahogan las estrellas, aliento de una boca, de unos labios de tierra. Tierra de labios, boca donde un infierno agónico jadea, labios en donde el cielo llueve y el agua canta y nacen paraísos. ...

 

   No acabarán mis flores

   Nezahualcóyotl

primeros versos

No acabarán mis flores, no cesarán mis cantos. Yo cantor los elevo, se reparten, se esparcen. Aún cuando las flores se marchitan y amarillecen, serán llevadas allá, al interior de la casa del ave de plumas de oro.

 

   Letanía erótica para la paz

   Griselda Álvarez Ponce de León

primeros versos

Amado, ven, asómate al principio del mundo. Somos los mismos, mismos de hace cincuenta mil años. Somos aquellos, estos, los de allá, los de siempre y los que han de seguirnos y los que vendrán luego. Eras solo. Eras entonces solo. En el pecho llevabas un hueco. Las auroras eran amargas ...

 

   Para gozar tu paz

   Efraín Huerta

primeros versos

Como el viento agita las altas hierbas así mis dedos vuelan sobre tu cabellera de diamantes, y la noche de alcohol y los árboles de oro encierran para siempre un sollozo de triunfo, el ay de la alegría, el ah definitivo. Como el aire de junio en la colina mueve la dulce sombra de la nube, ...

 

   Mirándola dormir (fragmento)

   Homero Aridjis

primeros versos

Cálida ahí donde te toco. Grupa vaporosa. Radiante en cualquiera de sus poros. Cabalgando. Y sobre lo espléndido va lo irrepetible. Y reproduciremos toda vida, y toda melancolía será ahogada con zumo de tus manos. situado el cuerpo hasta las nubes para que llueva enorme, ...

 

   Casa (IV)

   Octavio Paz

primeros versos

Casas que van y vienen por mi frente, semillas enterradas que maduran bajo mis párpados, casas ya vueltas un puñado de anécdotas y fotos, fugaces construcciones de reflejos en el agua del tiempo suspendidas por ese largo instante en que unos ojos recorren, distraídos, esta...

 

   Sonetos

   Octavio Paz

primeros versos

1 Inmóvil en la luz, pero danzante, tu movimiento a la quietud que cría en la cima del vértigo se alía deteniendo, no al vuelo, sí al instante. Luz que no se derrama, ya diamante, fija en la rotación del mediodía, sol que no se consume ni se enfría de cenizas y llama equidistante. Tu salto es un segundo ...

 

   A filo de la luz

   Blanca Luz Pulido

primeros versos

A filo de la luz siempre hacia adentro debajo del torrente subterráneo en el espejo cedido por la claridad fundirse con los sueños abandonar el día y en el último latido viajar perderlo todo dejar hasta la sombra mirar las playas sumergidas las rocas certezas inauditas a la orilla ...

 

   Polaroid

   Jorge Valdés Díaz - Vélez

primeros versos

para Eugenio Montejo Son siete contra el muro, de pie, y uno sentado. Apenas si conservan los rasgos desleídos por los años. Las caras resisten su desgaste, aunque ya no posean los nítidos colores que ayer las distinguieron. Entre libros y copas, las miradas sonrientes, ...