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25 poemas aleatorios | |
No lo salves de la tristeza, soledad, no lo cures de la ternura que lo enferma. Dale dolor, apriétalo en tus manos, muérdele el corazón hasta que aprenda. No lo consueles, déjalo tirado sobre su lecho como un haz de yerba... | |
Cuándo murió mi corazón inerte, que no muere de verte ajusticiado, pendiente del marfil donde, labrado es una fácil alegría verte? Rota el ara, la vida se te vierte por la heráldica brecha del costado, ¡oh cántico de cisne asilenciado y torre en los suburbios de la muerte! Yo en... | |
¿Se desbarata la transparencia, por el coral, del agua? (Del libro de reciente aparición Estrella oída, coeditado por El Aduanero y la UAM Azcapotzalco.) | |
¿A dónde iremos? ¿A dónde iremos donde la muerte no exista? Más, ¿por ésto viviré llorando? Que tu corazón se enderece: aquí nadie vivirá para siempre. Aún los príncipes a morir vinieron, los bultos funerarios se queman. Que tu corazón se enderece: aquí nadie vivirá para ... | |
Cada libro que escribo me envejece, me vuelve un descreído. Escribo en contra de mis pensamientos y en contra del ruido de mis hábitos. Con cada libro pago un viaje que no hice. En cada página que acabo cumplo con un acuerdo, me digo adiós desde lo más recóndito, pero sin alcanzar... | |
Después de los cuerpos van las sombras Átomos dispersos que se encajan en los pisos las paredes que estallan en los bordes dilatándose vuelven y se quedan en el mediodía Van las sombras como cuerpos Los cuerpos como viento De: Horas ciegas, 1988 | |
Por buscarme, Poesía, en ti me busqué: deshecha estrella de agua, se anegó en mi ser. Por buscarte, Poesía, en mí naufragué. Después sólo te buscaba por huir de mí: ¡espesura de reflejos en que me perdí! Mas luego de tanta vuelta otra vez me vi: el mismo rostro anegado en la misma desnudez; ... | |
Levántame la vida, deja lamer tu piel navegar tu marca en estos cuantos días que todavía me restan. Permíteme, también, que como tú yo piense que la muerte no existe y el tiempo no camina. Mi ocaso se apenumbra y casi veo agolparse las sombras que deberán ... | |
Ego dormio el cor meum vigilat Cant., V, 2 La quieta soledad, el lecho oscuro De inmortales tinieblas coronado, El silencio en la noche derramado, Y el cerco de la paz, ardiente y puro. Ruth detiene el aliento mal seguro, Descubre el rostro de dolor turbado, Y por largos anhelos agitado . ... | |
Era muy niña María, todavía, cuando me dijo una vez: -Oye, por que se sonríen las flores tan dulcemente, cuando las besa el ambiente sobre su aromada tez? -Ya lo sabrás mas delante niña amante, le contesté yo, y una mañana, la niña pura y hermosa, al entreabrir una rosa me dijo: ... | |
Tus ojos son la patria del relámpago y de la lágrima, silencio que habla, tempestades sin viento, mar sin olas, pájaros presos, doradas fieras adormecidas, topacios impíos como la verdad, otoño en un claro del bosque en donde la luz canta en el hombro de un árbol y son pájaros ... | |
...unos niños volaban con sus vacas y sus caballos y sus corderos en medio de la tarde...Enrique Fierro Vaca azul sobre los edificios platinados adiós sus ojos pardos locos de contento; al ritmo su aleteo alerta a las aves del paraíso. Una vaca en el aire es como el paso de una geisha. ... | |
Al que ingrato me deja, busco amante; al que amante me sigue, dejo ingrata; constante adoro a quien mi amor maltrata; maltrato a quien mi amor busca constante. Al que trato de amor, hallo diamante y soy diamante al que de amor me trata; triunfante quiero ver al que me mata ... | |
Vibro Estoy cantando Ilumino la oscuridad cantando De la fruta ligeramente amarga del corazón se levantan delgadas capas de una suave corteza Capas ligeras como el aroma que se desprende bajo el sol de un paquete compacto de grandes hojas de tabaco... | |
Diego Verdad es, muy grande, que yo no quisiera, ni hablar, ni dormir ni oír, ni querer. Sentirme encerrada, sin miedo a la sangre, sin tiempo ni magia, dentro de tu mismo miedo y dentro de tu gran angustia, y en el mismo ruido de tu corazón. Toda ésta locura, si te la pidiera, yo sé que... | |
Mientras tú, Olga Lucía, Lavabas tu ropa adolescente, Yo vivía entre muñecas Y te nombraba en mis adentros. Ineludible el destino nos reunirá Veinte años después. De: Primeras líneas sobre Olga Lucía Poema proporcionado por la autora | |
No sé si subo o bajo la escalera Si desde arriba ya alcancé el peldaño No quiero más abajo hacerme daño —descender o ascender lo hace cualquiera— Si desde abajo encuentro la manera Puedo alcanzar el linde de lo extraño Si bajando traspaso la frontera Si subiendo traspaso... | |
Colección reservada de sonetos votivosIV ¿Pero cómo decirte el más sagrado de mis deseos, del que menos dudo; cómo, si nunca nombre alguno pudo decirlo sin mentira o sin pecado? Este anhelo de ti feroz y honrado, puro y fanático, amoroso y rudo, ¿cómo decírtelo sino desnudo, ... | |
Ojos médulas sombras blanco día ansias afán lisonjas horas cuerpos memoria todo Dios ardieron todos polvo de los sentidos sin sentido ceniza lo sentido y el sentido Este cuarto, esta cama, el sol del broche, su caída de fruto, los dos ojos, la llamada al vacío, la... | |
Llevas un impulso irresistible de apagar la noche cerrados los ojos a los recuerdos te ocultas en tu cobija blindada para rayos equis en el escalofrío del malsueño vuelve a encenderse la luna noche a noche de la suma que queda has de continuar en el intento De: Tarde en el tiempo ... | |
Despierto:con su anzuelo imantado me pesca el día desde el fondo de las corrientes perdidas donde estaba viviendo (había un bosque submarino mecido por oscuras marejadas en su rincón más sombrío había una gruta en la gruta había una mujer en la mujer había una gruta...) ... | |
Oh, señor, nada inquiero!... me resigno y espero, sin temer que se apague mi estrellita de Fe... Sabes bien que mi vida de cansancio se agota, que mi sueño está trunco, que mi dicha está rota, y jamas de mis labios ha salido un ¿por qué?... Ni discuto tus leyes invariables, ni anhelo desertar de la tierra ... | |
Pensabas que el amor era bueno y que volabas en dos cuerpos que eran el tuyo y no eran el tuyo al mismo tiempo que la tierra era aérea llena de camas y de puertas llena de llaves y de ceros y que la ciudad con sus charcos y sus perros eran un cielo sin fin para tu vuelo pensabas que tu cuerpo ... | |
Gimes, y en vano a la cerrada puerta llamas de Cloe, que al divino ruego de amor nunca ha cedido. Duerme, y no la despierta ni el más vehemente ruego, ni el más hondo gemido. Vete: cual Cloe fría está la noche; y en la niebla bruna, ya su disco de plata tiende a ocultar la luna. ... | |
¡Quién me diera tomar tus manos blancas para apretarme el corazón con ellas, y besarlas... besarlas, escuchando de tu amor las dulcísimas querellas! ¡Quién me diera sentir sobre mi pecho reclinada tu lánguida cabeza, y escuchar, como enantes, tus suspiros, tus suspiros de amor y de tristeza! ... | |
