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25 poemas aleatorios

 

   La mujer de nieve

   Salvador Díaz Mirón

primeros versos

Tu largo ventisquero forma y trasunta blanca mujer tendida, como difunta, y muestra en vivas manchas crudo arrebol. ¡Y el cadáver ficticio me desconcierta porque se me figura la Patria muerta, que con pintas de sangre se pudre al sol! ¡Oh signo de los tiempos graves y espurios! ...

 

   Música de Schubert

   Salvador Díaz Mirón

primeros versos

Crin que al aire te vuela, rizada y bruna, parece a mis ahogos humo en fogata; y del arpa desprendes la serenata divinamente triste, como la luna. Y del celo ardoroso despides una fragancia de resina; y él te dilata ojo que resplandece con luz de plata, como en la sombra el vidrio de la laguna. ...

 

   Canción

   Rosario Castellanos

primeros versos

Yo conocí una paloma con las dos alas cortadas; andaba torpe, sin cielo, en la tierra, desterrada. La tenía en mi regazo y no supe darle nada. Ni amor, ni piedad, ni el nudo...

 

   De las nueve de la noche en adelante...

   Jaime Sabines

primeros versos

De las nueve de la noche en adelante, viendo televisión y conversando estoy esperando la muerte de mi padre. Desde hace tres meses, esperando. En el trabajo y en la borrachera, en la cama sin nadie y en el cuarto de niños, en su dolor tan lleno y derramado, su no...

 

   R.L.V.

   Eduardo Langagne

primeros versos

Una gitana sabe que el futuro tiene una asfixia agónica en tu mano y danzando te irás, siguiendo un piano, hacia el melódico horizonte oscuro. Con el gélido aliento de la calle se hiela tu esqueleto atribulado; a la mujer de negro has contemplado en la letal atmósfera del valle. ...

 

   Tinta china

   Xavier Villaurrutia

primeros versos

Es una inmensa hoja de biombo de cielo y no hay luna en el parque, se ha borrado el tenaz colorido de mi prado que hermana su negror al desconsuelo. En esta noche el musgo es terciopelo y es tan grande el silencio y tan helado que los búhos han olvidado y tienen miedo de lanzarse al vuelo ...

 

   Detente sombra

   Sor Juana Inés de la Cruz

primeros versos

Detente, sombra de mi bien esquivo, imagen del hechizo que más quiero, bella ilusión por quien alegre muero, dulce ficción por quien penosa vivo. Si al imán de tus gracias, atractivo, sirve mi pecho de obediente acero, ¿para qué me enamoras lisonjero si has de burlarme luego ...

 

   Eureka!

   Eduardo Langagne

primeros versos

Cuando ella sumerge su cuerpo en la bañera, no experimenta el agua el empuje hacia arriba que equivale a la fuerza del líquido desalojado. Arquímedes no se desespera. Se dispone a demostrar que un...

 

   Donación de órganos: las cosas que yo he visto

   Eduardo Langagne

primeros versos

Estos ojos han visto cosas que me han plomeado la pupila, han mirado otras más que sofocan el iris o alteran su atónita respuesta ante la luz. Estos ojos diluidos por algunos libros, sorprendidos por escenas que los cines de provincias censuraban, he de donarlos para que desde...

 

   No es nada de tu cuerpo...

   Jaime Sabines

primeros versos

No es nada de tu cuerpo, ni tu piel, ni tus ojos, ni tu vientre, ni ese lugar secreto que los dos conocemos, fosa de nuestra muerte, final de nuestro entierro. No es tu boca –tu boca que es igual que tu sexo-, ni la reunión exacta de tus pechos, ni tu espalda dulcísima y suave ni tu ombligo, en que...

 

   Vuelo de tus besos

   Raquel Huerta - Nava

primeros versos

para la ciudad de León, Guanajuato Suave doncella, madre de celeste manto recibo los pétalos de tu amor inmenso para vencer a la pantera negraa la bestia enrarecidaque me habita. Madre Santísima de la Luz, bajo tu media luna todo se transfigura: bajo tus pies, ...

 

   Historia

   Griselda Álvarez Ponce de León

primeros versos

¡Ay primavera, primavera suave! Érase una mujer que compartía el humus de la tierra, la armonía, el árbol fácil y el nidal del ave. Érase una mujer como una llave con la que abrir un mundo de alegría, una mujer, fugaz sabiduría, pacífica guerrera, beso en clave. Y érase un hombre así, ...

 

   Cantemos al dinero

   Jaime Sabines

primeros versos

Cantemos al dinero con el espíritu de la navidad cristiana. No hay nada más limpio que el dinero, ni más generoso, ni más fuerte. El dinero abre todas las puertas; es la llave de la vida jocunda, la vara del milagro, el instrumento de la resurrección. Te da lo necesario...

 

   Azogue

   Carmen Alardín

primeros versos

Mi mano en el espejo es algo más que un paso derrotándome la carne. Brillan sus cinco dagas temerosas como excavando letras vírgenes en la cera imantada del silencio. Viene buscando tierras prometidas de más allá del nilo de su llanto. Mi mano en el espejo se diluye, ...

 

   Una sirena eterna (X)

   Isolda Dosamantes

primeros versos

La nota roja encontrará la flecha, el arco, el tizne de la luna; una mujer con olor a pescado putrefacto, espinas, escamas y una cabellera de serpientes. Al ver sus senos, un camino de sanguijuelas será la columna vertebral del reportero. Reconstruirán la historia ...

 

   El encanto del libro

   Francisco A. de Icaza

primeros versos

Desperté de mis sueños al dolor de la vida, y hallé de mi pasado todo el derrumbamiento, y vi mis viejos libros como el arma el suicida a quien no quiso detener en su intento. Parte de mi existencia a la suya va unida. Los miro con amor y con remordimiento; ...

 

   Medianoche

   Octavio Paz

primeros versos

Es el secreto mediodía, sólo vibrante oscuridad de entraña, plenitud silenciosa de lo vivo. Del alma, ruina y sombra, vértigo de cenizas y vacío, brota un esbelto fuego, una delgada música, una columna de silencio puro, un asombrado río que se levanta de su lecho y fluye, entre los aires, ...

 

   Sus brillos graves y apacibles

   Coral Bracho

primeros versos

Vivo junto al hombre que amo; en el lugar cambiante; en el recinto que colman los siete vientos. A la orilla del mar. Y su pasión rebasa en espesor las olas. Y su ternura vuelve diáfanos y entrañables los días. Alimento de dioses son sus labios; sus brillos graves y ...

 

   Pero tú no te reconoces como mía...

   Homero Aridjis

primeros versos

Pero tú no te reconoces como mía Luces dispersas te saludan como suya Siempre igual en todas partes siempre primero a ti mujeres apagadas A pesar de ciudades y ciudades de rostros y rostros de semejanza y semejanza Lo que tocas me niega Ascensos y descensos no me tienen ...

 

   El tigre en celo...

   Eduardo Lizalde

primeros versos

El tigre en celo es como un pozo de semen, como un brazo de río: más de cincuenta veces en un día copula y se descarga largamente en la hembra, como un cielo encendido en éxtasis perpetuo, una tormenta de erecciones. Y la hembra que aúlla o vocaliza con su voz de contralto, ...

 

   Perfumes de Haba Tonka

   Francisco González Léon

primeros versos

La tabaquera de mi tío Jacinto: de aquel mi tío abuelo a quien yo conocí de rapazuelo... Tabaquera que encontrarme suelo junto al estuche de peluche y broche que enmarca una belleza de mujer, en el azogue viejo de un primitivo Daguer grabado sobre un espejo. Tabaquera de negra goma ...

 

   Árbol de ausencia

   Sonia Silva Rosas

primeros versos

Me sepultaron a los veintiocho, durante junio, inesperadamente cavaron el pozo y arrojaron sobre mí la tarde. Ni siquiera el grito, sólo el canto de la cigarra en plena liturgia. Desde entonces, solitaria en el jardín y repleta de furia, germina mi ausencia en los árboles que tanto cuida mi madre. ...

 

   Evocación de la doncella

   Oscar Wong

primeros versos

El rostro dúctil de la niña, la sonrisa etérea de la niña, la cadera ansiosa de la niña, el rotundo bramido de las piernas de la niña. Retumba la ternura transparente en esta niña, el Amor transfigura el semblante complacido de la niña, la turbación retrocede ante el vigor minucioso de la niña. ...

 

   Alondras que mueren deslumbradas (I) Carne de la fiebre...

   Jorge Fernández Granados

primeros versos

Carne de la fiebre diminuta donde el rencor olvida, tierra al fin donde medra el regocijo austero del amor, cien veces herida por la eternidad, larva fugitiva, cien veces cien más en el centro de un insaciable sabor. No me acompañes a la muerte, carne, extingue mi semilla, ...

 

   Al filo de su cuerpo

   Juan Domingo Argüelles

primeros versos

Para Rosy Tiene el cabello negro y los ojos que, desde ahora, son mis ojos. Despierto y la contemplo, o tal vez duermo y sueño al filo de su cuerpo.