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25 poemas aleatorios | |
Habría que bailar ese danzón que tocan en el cabaret de abajo, dejar mi cuarto encerrado y bajar a bailar entre borrachos. Uno es un tonto en una cama acostado, sin mujer, aburrido, pensando, sólo pensando. No... | |
Lo mejor del amor es la distancia y el encuentro otra vez, cuando ya nada tengo que decirte y los dos recordamos aquellos años que se han ido, aquel tiempo feroz que temblaba en tus manos y esa imagen de ayer (recordarla es vivirla) marcada para siempre en la memoria, ... | |
Los que tenemos unas manos que no nos pertenecen, grotescas para la caricia, inútiles para el taller o la azada, largas y fláccidas como una flor privada de simiente o como un reptil que entrega su veneno porque no tiene nada más que ofrecer. Los que tenemos una mirada culpable y amarga ... | |
Estoy solo en el último tramo de la ausencia y el dolor hace horizonte en mi demencia. Allá lejos, el panorama maldito. ¡Yo abandoné la Confederación sonora de su carne! Sore todo su voz, hecha pedazos entre los tubos de la música! En el jardín interdicto -azoro unánime- ... | |
Mis pasos en esta calle resuenan en otra calle donde oigo mis pasos pasar en esta calle donde Sólo es real la... | |
I Más acá de la música y de la danza, aquí, en la inmovilidad, sitio de la música tensa, bajo el gran árbol de mi sangre, tú reposas. Yo estoy desnudo y en mis venas golpea la fuerza, hija de la inmovilidad. Éste es el cielo más inmóvil, y ésta la más pura desnudez. Tú, muerta ... | |
Amanece, en las macetas de la ventana arden los geranios. Un vaho lechoso entra en el viento. Corre el día hacia las dunas de la oscuridad. Después de avanzada la noche me desprendo abajo quedan mi piel, mis huesos. Me echo de picada a las profundidades, atravieso... | |
La mosca se levanta de la mesa y domina los cuartos desde el techo, atraviesa puntualmente el pasillo que comunica al mar con el espejo. Penetrante en la luz es su zumbido una burbuja más dentro del agua... navegando descubre entre los botes el borde iluminado del mantel. ... | |
Ella besó en la rosa (su nombre fue una espina brutal y femenina) la imagen de otra rosa grabada en una losa de mármol, cristalina. La luz era más fina y al tacto, tan hermosa como la flor que ardía sin pausa en su memoria. En otro mediodía, la rosa era ilusoria promesa compartida; ... | |
Yo no tengo memoria para las cosas que pergeño. Las olvido con una torpe facilidad. Y se despeña mi prosa por abismos fascinantes, y los versos esfuman su tozudez como si nada. A veces ni siquiera recuerdo los favores de la bastarda musa pasajera, ni los ayes nerviosos del... | |
He vuelto a releer aquellos versos que hablaban del amor y que leímos la noche que ardió Troya y nos perdimos al fondo de sus negros universos. He oído en cada página los tersos acentos de tu piel donde creímos haber bebido al sol en sus racimos y al mar que reflejaba ... | |
Al descifrar el laberinto habrá que reparar el canto de las aves resguardado en los postigos del umbral para encender el fuego de la aurora. De: Tramontana Poema proporcionado por la autora | |
Cuándo murió mi corazón inerte, que no muere de verte ajusticiado, pendiente del marfil donde, labrado es una fácil alegría verte? Rota el ara, la vida se te vierte por la heráldica brecha del costado, ¡oh cántico de cisne asilenciado y torre en los suburbios de la muerte! Yo en... | |
Para Octavio Paz I Lo que la sílaba soba y desova es el pulso larvoso de la nada, la Vesta que deflagra su melisma, su llama que te abro aquella boca que calla en la boca y que saliva en ábaco su sílaba y el abáculo aboca de su sino, vocal que vidria un agua. Transido estanque que la voz ... | |
(palabras para un poema) ¿Qué resta ahora de ti, padre dulcísimo? A veces pienso que la carne, que la llagada, la decisiva carne de tus hijos, cayéndose a pedazos en la carne severa de sus hijos, deshaciéndose en hilachos en la carne de los hijos de sus hijos. Pero hay también imágenes. ... | |
Esta hoja arrebatada a una corona que la fortuna colocó en mi frente entre el aplauso fácil e indulgente con que el primer ensayo se perdona. Esta hoja de un laurel que aún me emociona como en aquella noche, dulcemente, por más que mi razón comprende y siente que es un laurel que el mérito ... | |
Ora blancas cual copos de nieve, ora negras, azules o rojas, en miríadas esmaltan el aire y en los pétalos frescos retozan. Leves saltan del cáliz abierto, como prófugas almas de rosas y con gracia gentil se columpian en sus verdes hamacas de hojas. Una chispa de luz les da vida y una gota ... | |
Cuando de noche, a solas, en tinieblas, fatigado de no sé qué fatiga se derrumba mi cuerpo y se acomoda en la impasible superficie oscura que le sirve de apoyo y de mortaja, yo me tiendo también y me limito al inerme contorno que me entrega, a la isla de olvido en que se olvida. ... | |
no fue el dardo que dio en el centro tampoco el veneno ni la mariposa que traía en la punta no fue un golpe de suerte quizá un poco de pacienciay claro un blanco débil no se culpe a esta mujer de haberme volado la cabeza de traer hasta mis labios la canción de su cintura ... | |
Frío y beato el crepúsculo Calla visiblemente Habría que aprender de los encinos Ese modo sencillo y concentrado De estar magistralmente En la mitad del aire pálido Y atender con entera reverencia A esta mudez e intensidad el tiempo Que se hace ver solemne ... | |
Sobre las aguas, sobre el desierto de las horas pobladas sólo por el sol sin nombre y a noche sin rostro, van los maderos tristes, van los hierros, la sal y los carbones, la flor del fuego, los aceites. Con los maderos sollozantes, con los despojos turbios y las verdes espumas, van los hombres. ... | |
En la noche del cuerpo se preparan los alimentos de Dios, la cena carmesí de los esclavos, el místico bocado de los turbios amantes- sudor, lágrimas, mierda- el humus lento, el óvalo marchito, el resto náufrago del visionario, el regalo sedente que se posa en la tierra- ... | |
Nadie ha tirado estas hojas, las trae un viento maduro y macizo de fustas y golpes categóricos. Las hojas contradicen a la estación y al día. Si abro la mano duerme en el fondo una moneda. Los hombres, de corazón bicorne y suspirante, son dueños de las contradicciones, de las hojas ... | |
El anciano astroso, sucio, viendo al horizonte desaliñado manchaba las calles de Miami; enviciaba la vista esplendorosa de las calles. Y a las buenas conciencias eso les resulta mal. Traía un sombrero andrajoso, dicen algunos, era un panamá, era un bombín, una gorra de beisbolista... | |
Enterradla Hay muchos hombres quietos, bajo tierra, que han de cuidarla. No la dejéis aquí. Enterradla... | |
