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25 poemas aleatorios | |
...Hela aquí con nosotros, noche que entreabre con delicadeza la corola del convólvulo violáceo y las puertas del lupanar. Las rameras son sordas como chacones escurriéndose entre las grietas de la tapia, pero llevan entrañados como canteras un gesto y una belleza de estatua. ... | |
En cierto país, conocido por mí desde su edad larvaria (cuando apenas era en el mapa un punto rojo y vehemente), los habitantes, una vez al año, emprenden viaje masivo hacia las estribaciones del monte Zeta. Al frente van niños muy fuertes conduciendo a los hombres en vistosos... | |
oh vida por vivir y ya vivida, tiempo que vuelve en una marejada y se retira sin volver el rostro, lo que pasó no fue pero está siendo y silenciosamente desemboca en otro instante que se desvanece: frente a la tarde de salitre y piedra armada de navajas invisibles una roja escritura indescifrable ... | |
Sobre las aguas, sobre el desierto de las horas pobladas sólo por el sol sin nombre y a noche sin rostro, van los maderos tristes, van los hierros, la sal y los carbones, la flor del fuego, los aceites. Con los maderos sollozantes, con los despojos turbios y las verdes espumas, van los hombres. ... | |
ese garfio confuso que atraviesa el pasillo del camión y anda por la ciudad cual bulto que no alcanzó a nacer sostiene en sus instintos la esperanza existe porque el azar encuentra la forma de ganarse la vida sostenga en su artificio de metal el traje para el novio de una pariente rica o una bolsa ... | |
La primavera de la aldea bajó esta tarde a la ciudad, con su cara de niña fea y su vestido de percal. Traía nidos en las manos y le temblaba el corazón como en los últimos manzanos el trino del primer gorrión. A la ciudad la primavera trajo del campo un suave olor en las tinas de la lechera ... | |
Gota a gota acendró —hiel y ambrosía— su vino el Tiempo. Trémula sorpresa depara al labio férvido que besa —crátera de oro— milagroso día. Espumas elevó con alegría embriagador minuto de belleza. Apuramos, extinta su pavesa, la desazón de la melancolía. Áurea... | |
Para qué A quién le va importar Ni siquiera a uno mismo Y la espera de quién se colmaría O contra quién alzarse Para imponerse contra qué amenaza Y la altivez de no cejar A quien enorgullece A quién sino al orgullomismo Que vive de engañarnos Y para qué el orgullo O la humildad ... | |
Globos El deseo perfora en la clara dureza de su cuerpo, delgadeces empujan en su vientre un temblor que si se agita salta, ritmos balancean bajo su pecho viva abundancia que el deseo persigue con una sombra flaca. Deseo Dos llamas que apagan su calor cuando están más fundidas, ... | |
Cada uno debe entrar en su propio degüello, cada uno retocando su respiración, cultivando sus excepciones a la regla, sus moluscos solares, haciendo sus abstinencias más inclementes y más diáfanas porque la luz debe romperse allí, la eternidad debe dejar caer ... | |
Entre la noche y el día ¡qué misterio, carajo, qué misterio! Urna cerrada de la luz, ábreme las compuertas. Vengo del huracán, hollado por los escombros: partes de coche, conservas, esqueletos tranquilos, ramas, callejones oscuros para que dos se presenten... | |
Certero, como el que apunta al corazón de la uva te aposentas en mí. Preciso como el aire de junio, la infatigable luz se adormece en la tarde o el grito del flamenco despedazando inútiles ocasos. Por ti salgo a encender la pira de los sueños y a cosechar gardenias imposibles ... | |
Ego dormio el cor meum vigilat Cant., V, 2 La quieta soledad, el lecho oscuro De inmortales tinieblas coronado, El silencio en la noche derramado, Y el cerco de la paz, ardiente y puro. Ruth detiene el aliento mal seguro, Descubre el rostro de dolor turbado, Y por largos anhelos agitado . ... | |
Muérdagos furiosos retintaron los árboles. Hubo una llamarada en cada objeto. La misma inquieta llama compartida por los amantes frente a sí ante la suave y lenta tela que desciende hasta que al fin, noche de luna, desnuda como un dedo ensortijado, renaces desde siempre: ... | |
Pulsas, palpas el cuerpo de la noche, verano que te bañas en los ríos, soplo en el que se ahogan las estrellas, aliento de una boca, de unos labios de tierra. Tierra de labios, boca donde un infierno agónico jadea, labios en donde el cielo llueve y el agua canta y nacen paraísos. ... | |
No haremos obra perdurable. No tenemos de la mosca la voluntad tenaz. Mientras haya vigor pasaremos revista a cuanta niña vista y calce regular Como Nerón, emperador y mártir de moralistas cursis, coronados de rosas o cualquier otra flor de estación, miraremos las cosas ... | |
Puede esperar el llanto de un hijo para hacerlo fuerte. Puede esperar la salvación del miserable para negociarle el Cielo. Puede esperar el destino del que sueña para venderlo idiota. Pueden esperar tantas humillaciones hasta que llegue el camión de la basura. (De: ... | |
He conocido parte de mi país/ me ha asombrado su devastación Me apoyo en uno de sus muros donde alguien ha escrito Unas cuantas palabras de guerra/ tal vez inocentes He tocado su raíz con los codos y la quijada Todo esto es absurdo e innecesario No sé nada, otra vez A mi edad... | |
Cada mañana, al despertar, resucitamos; porque al dormir morimos unas horas en que, libres del cuerpo, recobramos la vida espiritual que antes tuvimos cuando aún no habitábamos la carne que ahora nos define y nos limita, y éramos, sin ser, misterio puro en el ritmo total ... | |
Ciudadanos: Al grito de alarmas, que a ninguno le falte valor, y que todos agarren sus armas al sonar la campana mayor. Ciña, ¡oh pueblo!, tu frente bendita con coronas de mirtos y rosas, y que todas las gentes valiosas se recuerden del gran Comonfort. Mas si alguno se atreve ... | |
Césped infante cubre tu llanura a tornaluz tal vez rubio de paja que ahí donde la luz se resquebraja en bosque limitado se inaugura. Alfombra tierna, dime ¿de qué hondura nació la sangre que en tu piel trabaja, para que germinaras con ventaja y más seda se hiciera tu envoltura? ... | |
Van los hombres y las cosas hacia la estancia primera. La travesía es la voz. Del monzón de arenas emerge lo olvidado, el polvo se levanta en pequeños círculos. Van a la entrada del silencio. A lo largo la quietud, la sagrada quietud del sueño que los sueña. ... | |
Dicen que las alas son un instante, una mueca gris, tardía, y son quizá el destino vegetal de la libélula, los brazos de una nave antigua, los remos de la barca perdida en el fallido cálculo de su destino. Yo digo que las alas en algún tiempo fueron campanas, volaron alto y descendieron ... | |
Hoja al aire, indefensa, detenida apenas, única en el árbol enrojecido y respirante; ojo sobresaltado, abierto, lúcido: en el temor mi corazón. Asfixia, duermevela con fantasma inminente. Deshabitado el traje suspendido, suena con un temblor de piel que busca su bestia desollada, ... | |
Si te revuelca la ola procura que sea joven, esbelta, ardiente, te dejará molido el cuerpo y el corazón más grande; cuídate de las olas retóricas y viejas, de las olas con prisa, y la peor de todas, de la ola asesina, la ola que regresa. | |
