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25 poemas aleatorios | |
I Convaleciente de tu amor y débil como el que ha aposentado largamente en sí mismo agonías y fiebres, salgo, purificada y tambaleante, al reclamo de calles y de patios. ¡Qué algarabía de ruidos confusos y de olores mezclado! ¡Qué agresivo desorden de colores esparcidos! ... | |
Aunque bien sé que no me extrañas, aunque tengo la razón, me acuerdo: el cáncer terminó; te ausentas por todo lo mal que supe amarte. Ya fui desventurado cuando estuviste aquí, y en el momento donde te vas, me desventuro. La sola ventaja de estar ciego es acaso ... | |
Humo de rosas quemadas en el jardín donde hemos conocido a la noche con brazos más extraños que la palabra Deseo, donde sobrevive un aire de recuerdo inútil, mordido por la venenosa fragilidad que distribuye la sombra al pasar, cuando el frío se transforma en una cercanía ... | |
Extravió el ángel su arca en una botella una botella guarda muchas vidas en su mar de arena moluscos remotos que escriben historias en caminos de sal sal en grano de ella misma que adormecen en sus cristales al hombre sin memoria hombre hecho hombra de su costilla ... | |
Los catorce peldaños del soneto ¿reincidiré en treparlos? ¿A la cima de nuevo llevaré la fácil rima de un año más, a fórmula sujeto? Clamó mi corazón mutis discreto, más no las flores, en cosecha opima las guarezca el invierno las redima si primavera estalla su secreto. En amistad... | |
A filo de la luz siempre hacia adentro debajo del torrente subterráneo en el espejo cedido por la claridad fundirse con los sueños abandonar el día y en el último latido viajar perderlo todo dejar hasta la sombra mirar las playas sumergidas las rocas certezas inauditas a la orilla ... | |
¿Qué era lo que acaso tu mente hallaba? ¿Dónde andaba tu corazón? Por esto das tu corazón a cada cosa, sin rumbo lo llevas: vas destruyendo tu corazón. Sobre la tierra, ¿acaso puedes ir en pos de algo? . Moyolhuica ¿Tle in mach tiquilnamiquia? ¿Can mach in nemia 8242;n moyollo? ... | |
Crin que al aire te vuela, rizada y bruna, parece a mis ahogos humo en fogata; y del arpa desprendes la serenata divinamente triste, como la luna. Y del celo ardoroso despides una fragancia de resina; y él te dilata ojo que resplandece con luz de plata, como en la sombra el vidrio de la laguna. ... | |
Dame lo que me quieras dar, Señor, nada quiero pedir, nada te exijo, hoy ya comprendo que si miro el cielo es tu resplandor de luz lo que miro; cuando me siento extraviado en la noche en tus estrellas encuentro el camino. Eres, Señor, agua para la lluvia, para los manantiales y los ríos; ... | |
No, madre, no te olvido; mas apenas ayer ella se ha ido, y es natural que mi dolor presente cubra tu dulce imagen en mi mente con la imagen del otro bien perdido. Ya juntas viviréis en mi memoria como oriente y ocaso de mi historia, como principio y fin de mi sendero, ... | |
La colmena se define por sus sueños de semillas dispersas en las aguas plumas al viento caparazón aéreo el zumbido del enjambre inquietos y vivos resplandores que acompañan el camino de quienes llevan en la frente la marca de la sangre del cordero. ... | |
¡Qué extraño es lo mismo! Descubrir lo mismo. Llegar a lo mismo. ¡Cielos de lo mismo! Perderse en lo mismo. Encontrarse en lo mismo. ¡Oh, mismo inagotable! Danos siempre lo mismo. | |
Ad aeternam un hombre y un perro semejante a un caballo de oro; dos guerreros como esculpidos por el polvo; un rey y un yelmo donde el sol reverbera; una reina blonda cautiva tras un muro que rodea afiladas fortalezas. Ad aeternam una imagen vagarosa, que no toma forma definida ... | |
Verde embeleso de la vida humana, loca esperanza, frenesí dorado, sueño de los despiertos intrincado, como de sueños, de tesoros vana; alma del mundo, senectud lozana, decrépito verdor imaginado, el hoy de los dichosos esperado y de los desdichados el mañana: sigan tu sombra ... | |
oh vida por vivir y ya vivida, tiempo que vuelve en una marejada y se retira sin volver el rostro, lo que pasó no fue pero está siendo y silenciosamente desemboca en otro instante que se desvanece: frente a la tarde de salitre y piedra armada de navajas invisibles una roja escritura indescifrable ... | |
Así pues, hay que en algún momento cerrar la cuenta, pedir los abrigos y marcharnos, aquí se quedarán las cosas que trajimos al siglo y en las que cada uno pusimos nuestra identidad; se quedarán los demás, que cada vez son otros y entre los cuales habrá de construirse lo que sigue, también... | |
El día que me quieras tendrá más luz que junio; la noche que me quieras será de plenilunio, con notas de Beethoven vibrando en cada rayo sus inefables cosas, y habrá juntas más rosas que en todo el mes de mayo. Las fuentes cristalinas irán por las laderas saltando cristalinas... | |
Ábrese el fuego, y salta la burbuja metálica de un pez; barre los ojos una flor instantánea; doble salto mortal, ensaya el corazón. Amigos, algo mejor gocemos que un lamento. Ya, para no caerme, estoy colgado de tu clavo, alegría; de tu absorto badajo, de tu azúcar infalible... | |
No puedes ser tan inocente para enredar tus manos en la enmarañada cabellera del tiempo. Para tratar de besar los labios volcánicos del tiempo, sin saber que él se ha muerto desde hace muchas... | |
Escribía sobre el amor, ¡Como si no tuviera otras que decir, más importantes! Sobre cosas que pasan, sobre miasmas de siempre, acerca de pólipos y amibas, y eso sobre el amor . Caía sobre de ello, sobre de ellas tres, hembras de mi alquimia. Escribía sobre ti, yo mismo y otra. ... | |
Naciste en la ciudad más industrial de América Latina, en sus afueras que te han hecho arisca y alérgica al domingo, enfrente de los prados que cruzan los obreros con sus viandas, callados por el frío, para alcanzar el metro. Cuando llegó el momento de caminar con ellos codo a codo, el prado tuvo... | |
Odio es el sitio, la tierra prometida. Nuestras armas: los dientes, afilados con pedernal. La mirada: cuchillos, dispuestos a dar el salto al más leve reflejo de la sombra. Las manos: animadas por su ejército darán la vida en caso necesario. El hígado: presto a fundirse, ... | |
Para qué hablar del guayacán que guarda la fatiga o del tambor de cedro donde el hachero toca A qué nombrar la espuma en la boca del río Lacanjá Espejo de las hojas Cuna de los lagartos Fuente de macabiles con ojos asombrados Quizá si transformara en orquídea esta lengua... | |
Era todo tan leve como el punto más liviano del sol cuando amanece. Era todo tan suave como el higo picoteado de pájaros con sueño. Era luz que se quiebra en tu sonrisa suspendiendo sus frutos en la sombra. Era todo tan tenue que cabía en un adiós o en una bienvenida. Era todo tan tuyo ... | |
Ésa, que alegre y ufana, de carmín fragante esmero, del tiempo al ardor primero se encendió llama de grana; preludio de la mañana del rosicler más ufano es primicia del verano, Lisi divina, que en fe de que ladebió a tu pie la sacrifica tu mano. ... | |
