|
25 poemas aleatorios | |
Qué dice tu nervioso gesto de selva oscura árbol vetusto y seco sin una verde rama? Con cicatriz de hachazos y quemazón de llama, como un espectro tiendes tu sombra en la llanura. ¿Qué dice, viejo inmóvil, tu fiera crispatura? ¡Tremendo y misterioso debe ser... | |
Al alba los gallos norteños Cantan en sordina y en sueños. Para el kikinki De los gallos del Sur Las estrellas del alba son granos de maiz Del cielo en la plazuela escampada y azul... Clarineria. Clangor. Por la clarinada superior Cada clarín porfía. Diana de la Gallera, Tempranero rumor ... | |
Si detrás de tu frente cristaliza el principio de todo; si a su puerta permanente de par en par abierta un invisible rayo se entroniza, como un oscuro dios tasa y revisa la propia destrucción que lo liberta, porque allí nace, muere y se concierta tu pensamiento esclavo de la prisa. Algo más... | |
Los ojos de la presa están sellados por una tela de almidón, de su nariz el agua surge, los estornudos se han hecho tan frecuentes, que el hombre ha cambiado la flecha por el pañuelo azul que pasa por sus labios. Selección del poemario inédito UN GRITO EN EL ARCA de Isolda ... | |
Atrás el cielo, atrás la luz y su navaja, atrás los muros de salitre, atrás las calles que dan siempre a otras calles. Atrás mi piel de vidrios erizados, atrás mis uñas y mis dientes caídos en el pozo del espejo. Atrás la puerta que se cierra, el cuerpo que se abre. Atrás, amor encarnizado, ... | |
La nave de la China que llegó a Acapulco le trajo a la noble Marquesa de Uluapa un cofre de laca color de vainilla; y ornado de alados dragones dorados y de extrañas flores, unos dos tibores. Pero a mi me trajo algo que es mejor: a mi me ha traído olvido de amor. ... | |
París vuelta de hoja impredecible anillo al dedo hoja en el Sena cuya corriente no deja de mover París, 1980. Poema proporcionado por la autora | |
Me dieron a escoger: hogar o gloria, y en mis manos pusieron el mandato seis años nada más que es un buen rato para abrirme las puertas de la historia. No sé si fue una pírrica victoria que ahora reflexiono y aquilato: metí amor y familia en un retrato y fue el poder la línea... | |
Corazón, bajo la lluvia herido de amor te llevo; te cerca el campo mojado, la lluvia te dice versos, el agua gime al caer en tus abismos de fuego. La roja tierra del monte entreabre el húmedo seno; en el regazo del valle ríen los pétalos tersos, y hacen blanco en el río las flechas ... | |
Nunca me cansará mi oficio de hombre. Hombre he sido y seré mientras exista. Hombre no más: proyecto entre proyectos, boca sedienta al cántaro adherida, pies inseguros sobre el polvo ardiente, espíritu y materia vulnerables a todos los oprobios y las dichas... Nunca me sentiré rey ... | |
Con los ojos bien abiertos al enigma vemos que las formas no son nuestras No es nuestro el espacio ni el tiempo ni son nuestros los frutos que se encienden en las ramas curvadas o enhiestas No es nuestra la transparencia del deseo ni las alas del grillo ni su canto ni siquiera el vuelo ... | |
Pensar en tu mirada y en mi olvido dejando el pensamiento dilatado a través de tus ojos, anegado de su mismo vivir con tu sentido; después mirar tu olvido que en mí asoma como una rosa que al espacio diera leve prolongación y luego fuera la propia luz que toca con su aroma, ... | |
Diuturna enfermedad de la esperanza que así entretienes mis cansados años y en el fiel de los bienes y los daños tienes en equilibrio la balanza; que siempre suspendida en la tardanza de inclinarse, no dejan tus engaños que lleguen a excederse en sus tamaños la desesperación o la confianza: ... | |
Por sobre los escombros llegados a las puertas del insomnio: veinte, treinta años doblado en las esquinas del viento, susurrante de palabras dormidas: pan, hambre, a las puertas del insomnio. Tierra, qué fríos tus senos de ciudad.Hermano, una limosna, por favor . A la una, dos de la mañana, ... | |
Cuando los hombres alzan los hombros y pasan o cuando dejan caer sus nombres hasta que la sombra se asombra cuando un polvo más fino aún que el humo se adhiere a los cristales de la voz y a la piel de los rostros y las cosas cuando los ojos cierran sus ventanas al rayo del sol pródigo ... | |
Y todas las cosas que a mi amor contemplaban el sonido y la lluvia los parques y la imagen se asomaron en ella Y todos los seres que en el tiempo eran árboles abrieron sus pestañas a los frutos del día y el sol fue su mirada reencontrada en el mar Y era un verano de diamante y de polvo ... | |
Habitas un bosque de vidrio. El mar de labios delgados, el mar de las cinco de la mañana centellea a las puertas de tu dormir. Cuando lo rozan tus ojos, su lomo metálico brilla como un cementerio de corazas. El mar amontona a tus pies espadas, azagayas, picas, ballestas, dagas. Hay rnoluscos... | |
Casas de mi lugar que tienden a desaparecer: raras casas que aún suelo yo encontrar. Es de ver la amplitud de los patios empedrados, el brocal con arcadas de ladrillo, los arriates adosados a los muros (altos muros patinados y sin brillo) y la parra que se afianza entre sus grietas, ... | |
Sucesos de este mínimo buscar donde reconocemos lo oscuro del calor, el canto de las formas acopladas, el énfasis del ritmo, la curva arenosa de los cuerpos reptando con su pálido sabor de ofrendas mutiladas. Grotescas gemas más allá del mundo, más allá del eco, ... | |
Me dueles. Mansamente, insoportablemente, me dueles. Toma mi cabeza, córtame el cuello. Nada queda de mí después de este amor. Entre los escombros de mi alma búscame, escúchame. En algún sitio mi voz, sobrevive, llama, pide tu asombro... | |
La Voz I El viento recorta el perfil de su lomo inclinado El corazón del volcán está encendido fiesta de luces, cuando el sol caprichoso aparece quemándolo todo En el centro de la tierra estallan nubes Piedras y ceniza brota de un corazón de fuego cálida intocada Apenas un mal ... | |
Ciego de nacimiento, me escandaliza el tacto. Vivaldi suena en medio de la bruma y la ciudad, bella hasta su colmo, intolerable, extiende dedos hacia el mar. El ancla de la vida se estremece, el sol rebasa sus medidas y entra durísimo, convicto, entre las nubes: el más vago, el más oscuro resplandor. ... | |
El aleteo de la flor del cardo entre espinasde viento (Del libro de reciente aparición Estrella oída, coeditado por El Aduanero y la UAM Azcapotzalco.) | |
En la fertilidad de tus manos inacabables puse anoche a dormitar el sueño más largamente soñado, y ya ves ahora, mano tan abierta, cómo de tus costados, poco a poco, lúcidamente va enraizándose, dando al aire su aromada luz que apenas se irradia. No ráfagas de amor es lo que pide ... | |
A la casa del día entran gentes y cosas, yerbas de mal olor, caballos desvelados, aires con música, maniquíes iguales a muchachas; entramos tú, Tarumba, y yo, Entra la danza. Entra el sol. Un agente de seguros de vida... | |
