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25 poemas aleatorios

 

   Cantares

   Antonio Plaza

primeros versos

Te adoré como a una virgen cuando conocí tu cara; pero dejé de adorarte cuando conocí tu alma. Cuestión de vida o muerte son las pasiones, si alguien lo duda, deja que se apasione. Las heridas del alma las cura el tiempo, y por eso incurables son en los viejos. Los astros serán, mi vida, ...

 

   A espaldas de Dios

   Luis Armenta Malpica

primeros versos

969;Du reste, toute parole étant idée, le temps d un langage universelviendra! Cette langue sera de l âme pour l âme, resumant tout,parfums, sons, couleurs... Rimbaud(Carta a Paul Demeny, 15 de mayo de 1871)La lingua ch io parlai fu tutta spenta innanzi che al ovra ...

 

   Los besos

   Efrén Rebolledo

primeros versos

Dame tus manos puras; una gema pondrá en cada falange transparente mi labio tembloroso, y en tu frente cincelará una fúlgida diadema. Tus ojos soñadores, donde trema la ilusión, besaré amorosamente, y con tu boca rimará mi ardiente boca un anacreóntico poema. ...

 

   Elegía

   Salvador Novo

primeros versos

Los que tenemos unas manos que no nos pertenecen, grotescas para la caricia, inútiles para el taller o la azada, largas y fláccidas como una flor privada de simiente o como un reptil que entrega su veneno porque no tiene nada más que ofrecer. Los que tenemos una mirada culpable y amarga ...

 

   La cumbre

   Joaquín Arcadio Pagaza

primeros versos

Soledad y quietud! Monte y más monte de verdes tilos, álamos y abetos; grandes peñascos húmedos y escuetos sin raudales, sin cielo ni horizonte. No hay alondra que el rigor afronte del crudo frío en los salvajes setos; y el negro buitre y céfiros inquietos se alejan antes de que el sol ...

 

   En la cárcel de ayer, de que me evado...

   Salvador Novo

primeros versos

En la cárcel de ayer, de que me evado a la muerta distancia del olvido; con polvo, en el sendero recogido: con astillas, del tiempo desgajado; con el canto y la flor, apasionado, su perfume en el viento fallecido; con atisbos del sueño desistido, con arenas del mar nunca surcado; con hilo...

 

   Las armas del verano

   Octavio Paz

primeros versos

Oye la palpitación del espacio son los pasos de la estación en celo sobre las brasas del año Rumor de alas y de crótalos tambores lejanos del chubasco crepitación y jadeo de la tierra bajo su vestidura de insectos y raíces La sed despierta y construye sus grandes jaulas de vidrio donde tu desnudez ...

 

   Décimas a mi muerte (II)

   Elías Nandino

primeros versos

De tanto saberte mía, muerte, mi muerte sedienta, no hay minuto en que no me sienta tu invasión lenta y sombría. Antes no te conocía o procuraba ignorarte, pero al sentirte y pensarte he podido comprender que vivir es aprender a morir para encontrarte.

 

   Siempre ha sido mérito del poeta...

   Rubén Bonifaz Nuño

primeros versos

Siempre ha sido mérito del poeta comprender las cosas; sacar las cosas, como por milagro, de la impura corriente en que pasan confundidas, y hacerlas insignes, irrebatibles frente a la ceguera de los que miran. Por ejemplo: todos nos sentimos mordidos por...

 

   Cuarteto

   Octavio Paz

primeros versos

Paisaje familiar mas siempre extraño, enigma de la palma de la mano. El mar esculpe, terco, en cada ola, el monumento en que se desmorona. Contra el mar, voluntad petrificada, la peña sin facciones se adelanta. Nubes: inventan súbitas bahías donde un avión es barca...

 

   Colibrí 50

   Thelma Nava

primeros versos

No transcurre el tiempo cuando la soledad del hombre está desierta los actos cotidianos nos sitian estrellas como estatuas apagadas velan nuestro silencio Acaso el roce de la música suscita un movimiento un gesto un pequeño...

 

   Esta tierra que piso...

   Rosario Castellanos

primeros versos

Esta tierra que piso es la sábana amante de mis muertos. Aquí, aquí vivieron y, como yo, decían: Mi corazón no es mi corazón, es la casa del fuego. Y lanzaban su sangre como un potro vehemente a que mordiera el viento y alrededor de un árbol danzaban y bebían canciones ...

 

   Basta un guiño de pezón para que el ansia...

   Román Luján

primeros versos

BASTA UN GUIÑO de pezón para que el ansia me traicione un devaneo cachondo en el perfume el asomo furtivo de algún hilo dental asfixiado entre hemisferios donde el sol no se ponga para lanzarme a pique ciego de mí fortuito apenas sin conciencia en franca expedición hacia el capullo ...

 

   Como el oro, por rubio, es tu cabello...

   Fernando del Paso

primeros versos

Como el oro, por rubio, es tu cabello. El oro y el otoño, que es su hermano, se despiden, volando, del verano y viajan, río abajo, por tu cuello. Y yo, que me robé y guardé un destello en el hueco más claro de la mano, una carta, en las hojas de un manzano te escribo con su brillo, ...

 

   Cicatriz de aire

   Efraín Bartolomé

primeros versos

Descorro las cortinas de la noche y entra el rumor de Tuxtla hasta el cuarto de hotel donde como una cicatriz del aire arde el recuerdo de tu cuerpo La limpieza perfecta del espejo me devuelve una imagen incompleta borrosa...

 

   Cuando llueve tu poema

   Leticia Luna

primeros versos

A Felipe Granados Hay algo en tu poema que me hace leerlo antes de dormir repetirlo al cruzar los parques y soltarlo por el mundo cuando llueve cuando llueve consuela a los enfermos de melancolía los enamorados suplican por sus versos húmedos y los perros lo olfatean ...

 

   El ruiseñor

   José Juan Tablada

primeros versos

Bajo el celeste pavor delira por la única estrella el cántico del ruiseñor.

 

   Ramón López Velarde

   Eduardo Langagne

primeros versos

Una gitana sabe que el futuro tiene una asfixia agónica en tu mano y danzando te irás, siguiendo un piano, hacia el melódico horizonte oscuro. Con el gélido aliento de la calle se hiela tu esqueleto atribulado; a la mujer de negro has contemplado en la letal atmósfera del valle. Un...

 

   Plegaria

   Eduardo Zambrano

primeros versos

Sin más temores ni remordimiento elevo esta plegaria al Desalmado. Él, solo, que solo es alma, me ha dado la hermosa ironía del sufrimiento de querer despertar y no despierto a olvidar lo que el destino ha olvidado. Si el fruto que me ha sido arrebatado es castigo: no hay arrepentimiento. ...

 

   Alondras que mueren deslumbradas (I)Quizá no hay más...

   Jorge Fernández Granados

primeros versos

Quizá no hay más amor del que cabe una noche entre la manos Quizá un hombre y una mujer jamás llegan juntos al cielo. Son el oleaje y musgo que le pega plumas a sus brazos, apenas plumas de furia que se deshacen en el viento. Quizá en el invierno el amor es un lecho ...

 

   Retrato de señora junto la mar

   Juan Domingo Argüelles

primeros versos

Yo sé que no podrás ayudar a tu hijo, como ayer, a tratar las palabras como si fuera hoy el primer día que las descubre y las pronuncia: no podrás evitarme la ingrata piedra del lugar común con que tropiezo y caigo como todos tropiezan y todos caen ante la risa infame de la solemnidad. ...

 

   La casa

   Eduardo Zambrano

primeros versos

Mi casa no tiene muros, tiene certezas. Mi casa no tiene puertas ni ventanas, tiene amaneceres. Mi casa no tiene techos ni vigas, tiene designios. Mi casa está deshabitada, soy un vagabundo. (De: Reincidencias)

 

   Peces de piel fugaz

   Coral Bracho

primeros versos

El borde es una boca finísima, una escisión aguda y deslumbrante el negro como una forma de luz que marca orillas, espacios entor- pecidos, fuegos limítrofes . A medida que avanzo el agua cambia. La fiesta estaba impregnada de pequeños monos inabordables. Alguien incrustó ...

 

   Pienso, mi amor...

   Salvador Novo

primeros versos

Pienso, mi amor, en ti todas las horas del insomnio tenaz en que me abraso; quiero tus ojos, busco tu regazo y escucho tus palabras seductoras. Digo tu nombre en sílabas sonoras, oigo el marcial acento de tu paso, te abro mi pecho y el falaz abrazo humedece en mis ojos las auroras. ...

 

   El retorno

   Efraín Huerta

primeros versos

Las paredes tienen oídos, vientre y sangre. Pero que no lo sepa el aire, que lo ignoren el invierno y el vendedor de esponjas; que no se enteren mis fotografías que hablan; que mi amor, oh montañas, oh cielos, no levante su voz como raíz dulcísima. Las paredes tienen oídos, dientes, ...