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25 poemas aleatorios | |
Hay sobre las cimas de la tarde que avanza un incendio de rosas lentas, temblando. Qué sentido tan hondo el de la luz derramada en el rubor del aire. El alma se ha suspendido en un deslumbramiento de ángeles cristalinos... | |
Aún son tus manos Las dulcísimas arañas Que suben y bajan por los hilos del arpa, Y no descansan si antes no vacían de todo fruto El nervioso follaje de la música? No quiero otra cota de mallas Ni más red aérea, Que la tejida por ti como defensa Contra las cuevas encapuchadas Con... | |
1 Inmóvil en la luz, pero danzante, tu movimiento a la quietud que cría en la cima del vértigo se alía deteniendo, no al vuelo, sí al instante. Luz que no se derrama, ya diamante, fija en la rotación del mediodía, sol que no se consume ni se enfría de cenizas y llama equidistante. Tu salto es un segundo ... | |
Nada más, Poesía: la más alta clemencia está en la flor sombría que da toda su esencia. No busques otra cosa. ¡Corta, abrevia, resume; no quieras que la rosa dé más que su perfume! | |
Los espejos no cantan como antaño y el espacio no es más que una lágrima corriendo desde los ojos hasta el sueño cuando nos dan una mala noticia Como cuando se embarca la tristeza en una discusión sin más razón de ser que una súbita parvada de reflejos ... | |
Es una calle larga y silenciosa. Ando en tinieblas y tropiezo y caigo y me levanto y piso con pies ciegos las piedras mudas y las hojas secas y alguien detrás de mí también las pisa: si me detengo, se detiene; si corro, corre. Vuelvo el rostro: nadie. Todo está obscuro ... | |
Cuenta Bebé dos meses no cumplidos, pero burlando al tiempo y sus reveses, como todos los niños bien nacidos parece un señorón de 20 meses. Rubio, y con ojos como dos luceros lo vi con traje de color de grana en un escaparate de Plateros un domingo de Pascua en la mañana. Iban conmigo ... | |
La noche rompe la piel delgada que me envuelve Es mi desnudez entonces absoluta Si me tocas no voy a abrir los ojos No voy a abrir jamás los labios por no dejar que escape el beso por no dejar que la noche se diluya Guardo tus manos dentro de mi cuerpo Guardo una caricia oscura ... | |
Aquella tarde, en la Alameda, loca de amor, la dulce idolatrada mía me ofreció la eglantina de su boca. Y el Buda de basalto sonreía... Otro vino después, y sus hechizos me robó… la di cita, y en la umbría nos trocamos epístolas y rizos. Y el Buda de basalto sonreía... Hoy hace... | |
Oh, señor, nada inquiero!... me resigno y espero, sin temer que se apague mi estrellita de Fe... Sabes bien que mi vida de cansancio se agota, que mi sueño está trunco, que mi dicha está rota, y jamas de mis labios ha salido un ¿por qué?... Ni discuto tus leyes invariables, ni anhelo desertar de la tierra ... | |
Había sido escrito en el primer testamento del hombre: no lo desprecies porque ha de enseñarte muchas cosas. Hospédalo en tu corazón esta noche. Al amanecer ha de irse. Pero no olvidarás lo que te dijo desde la dura sombra. | |
El natural cansancio del jilguero rinde sus frutos en el crepúsculo: se posa en un alero o en una rama y entra temblando levemente al sueño. Su cuerpo es tan sutil y delicado como la carne de los dioses pueriles o bien como las notas más sedosas que la viola es capaz de sostener ... | |
Dichoso el árbol que es apenas sensitivoRubén Darío Esta mañana algo se detuvo y muy a pesar mío espero en un sillón, deseoso de raíces. Quiero sentirme árbol no para dormir ni para morir menos -bastaría con echar a la basura mi endeble filosofía de la vida-; simplemente ... | |
Como elevada llama de amor va el adolescente al encuentro de una sola esperanza. Viene de la belleza para encender la noche cuando el hombre es un aprendiz de caminante y tiene algo de paso solitario entre las ruinas. Enarbola un seno o una bandera. Por sus ojos abiertos... | |
A Myriam Moscona También enciendo el pabilo, Contemplo la llama que despierta las formas de la cera. Te oigo ir y venir entre tus silabas, subes y bajas por las escalas de lo que dices. Descifro tu liturgia, los ademanes con que andabas entre las galerías de tu babel temprana. ... | |
Vamos a trabajar el pan de este poema. Hay que traer un poco de alegría; que cada quien tome su cesta. La noche gira sobre la esperanza y desgasta sus párpados la estrella. Surgen las graves letanías del trigo por los labios abiertos de la tierra. La espiga se desnuda sobre el aire ... | |
Versión castellana Esto es lo que escribo: En mil quinientos cuarenta y uno fue la primera llegada de los Dzules, de los extranjeros, por el Oriente. Llegaron a Ecab, así es su nombre. Y sucedió que llegaron a la Puerta del Agua, a Ecab, al pueblo de Nacom Balam, ... | |
Nada hay más obsceno que un enano pintando siempre putas Nada más terrible, una mujer sin miedo al abismo o la insignificancia escurrida entre las piernas tarde a tarde de un modo casi humano Un listón ennegrecido cargando el muro de una casa abandonada La irrisoria manera ... | |
Se escuchan los autos, el ronroneo de una mujer agazapada y la respiración de un gato. El arquero moja la tela con saliva, un gallo puntual anuncia la llegada del alba. Selección del poemario inédito UN GRITO EN EL ARCA de Isolda Dosamantes | |
Como hermana y hermano vamos los dos cogidos de la mano... En la quietud de la pradera hay una blanca y radiosa claridad de luna, y el paisaje nocturno es tan risueño que con ser realidad parece sueño. De pronto, en un recodo del camino, oímos un cantar... parece el trino de un ave ... | |
Ridículo padre Bajo el cielo de Tucson Que mandas todavía cartas de amor A la madre. No olvido mi nombre sellado en tu cara, herrado a tres sílabas y en labios de ella generoso chispazo abriendo con fe lo oscuro, fuego en el espejo desvelado del alba. No venga más memoria . ... | |
Panoramas de la mañana que alcanzo desde mi ventana. Sillares y molduras de la iglesia que se detallan por lo tan cercana. Mañana ventosa que en el arbolado de la plazuela combina en los ramajes muecas y caras, risas y cabeceos, cual si fueran los de un corro de vecinos en chismorreos. ... | |
esa canción se toma mi vida de un sólo trago esa canción me detiene en los muelles de tus piernas esa canción es una esponja en tu mirada y me lleva de tu sombra a tu bahía esa canción es una copa de nocturno tinto y tengo sed de luz cruda de estrellas ... | |
En la orilla del aire (¿qué decir, qué hacer?) hay todavía una mujer. En el monte, extendida sobre la yerba, si buscamos bien: una mujer. Bajo el agua, en el agua, abre, enciende los ojos, mírala bien. Algas, ramas de peces, ojo de náufragos, flautas de té, le cantan... | |
Ya he llorado hasta sentirme viva Me he comido de dolor hasta los dientes Llorarte, sí pero lamiendo el mundo Amarte, sí y llorar de amor por eso Llorar sin religión sobre una biblia de lágrimas He pensado demasiado en lo que te falta y me sobra Lloro sin querer, como si hubiesen motivos ... | |
