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25 poemas aleatorios | |
Dame lo que me quieras dar, Señor, nada quiero pedir, nada te exijo, hoy ya comprendo que si miro el cielo es tu resplandor de luz lo que miro; cuando me siento extraviado en la noche en tus estrellas encuentro el camino. Eres, Señor, agua para la lluvia, para los manantiales y los ríos; ... | |
Triscad, oh linfas, con la grácil onda, gorgoritas, alzad vuestras canciones. y vosotros, parleros borbollones, dialogad con el viento y con la fronda. Chorro garrulador, sobre la honda cóncava quiebra, rómpete en jirones y estrella contra riscos y peñones tus diamantes y perlas de Golconda. Soy ... | |
Maté la nube de mis pensamientos, cedí terreno a los pensamientos de la nube. Predije con Apollinaire las nuevas artes, advertí en un claro del bosque otras manchas verdeclaras, ardientes zonas en que pude establecer una pausa encastillada, labios que sonríen ... | |
ayer escuché una canción que se parecía mucho a tu cuerpo. o sea que estuve triste de adioses toda la noche. de ausencias. estuve triste porque la canción no terminaba y era como tu cuerpo. a veces me pregunto cómo pudiste aparecer a tan altas horas de mi dolor. me pregunto ... | |
Aquí están los rencores. Los escribí pensando en ti. Creí por un momento que eran flores que amanecían en abril. Pero al poner la mano me han herido, ¡puta, si me han herido!, me han lastimado hasta sangrar, hasta aullar de dolor, hasta quejarme inmensamente en la noche del lobo ... | |
La madrugada en que los gallos se volvieron locos y la Torre de Pisa fue mutilada por cantar cantares de Ezra Pound. La noche en que los gatos desollados vivos por el celo arañaban el aire del tejado y el amante de la adúltera abandonaba el lecho tibio para que el engañado ... | |
Sigue el mundo su paso, rueda el tiempo y van y vienen máscaras. Amanece el dolor un día tras otro, nos rodeamos de amigos y fantasmas, parece a veces que un alambre estira la sangre, que una flor estalla, que el corazón da frutas, y el cansancio canta... | |
Así te ves mejor, crucificado. Bien quisieras herir, pero no puedes. Quien acertó a ponerte en ese estado no hizo cosa mejor. Que así te quedes. Dices que quien tal hizo estaba ciego. No lo digas; eso es un desatino. ¿Cómo es que dio con el camino luego, si los ciegos no dan con el camino?... ... | |
Desde el 74 autobús parisino quiero no quiero dirigirme a nadie a ningún sitio a menos que se trate de un cementerio donde todos estén muertos menos yo. París, 1981. (Poema proporcionado por la autora) | |
Uno puede decir que sí que la palabra se abandona cuando la convocamos con la más ingenua de las intenciones. Uno puede decir que sí que es un signo un sonido que toma su forma desde antes de despertar y hasta puede uno decir que el decir es un poder tan nuevo como el bostezo ... | |
Un nuevo hogar es huerto florecido de jazmines, y lirios, y azahares, entre cuyas alburas estelares se estremece el amor, como un latido. Surge de cada flor, de cada nido un verso del Cantar de los Cantares y pasan, del Hermón por los pinares, suspirando los vientos un gemido. De Galaad ... | |
Desde el sillón del mando mi madre dijo: Ha muerto . Y se dejó caer, como abatida, en los brazos del otro, usurpador, padrastro que la sostuvo no con el respeto que el siervo da a la majestad de reina sino con ese abajamiento mutuo en que se humillan ambos, los amantes, los cómplices. ... | |
Entre los tibios muslos te palpita un negro corazón febril y hendido de remoto y sonámbulo latido que entre oscuras raíces se suscita; un corazón velludo que me invita, más que el otro cordial y estremecido, a entrar como en mi casa o en un nido hasta tocar el grito que te habita. ... | |
Mirar es privilegio de la vida. Ahondar en tus pupilas en el último impacto del estanque. Llegar hasta el secreto del espejo, reflejarse en el otro desdoblarse, repetirse del amor, multiplicarse. Mirar es privilegio de la vida desbordarse, salir del cause y atrapar la historia hasta perderse... | |
He de morir de mi muerte, de la que vivo pensando, de la que estoy esperando y en temor se me convierte. Mi voz oculta me advierte que la muerte con que muera no puede venir de fuera, sino que debe nacer .... | |
Mis hermanos se fueron poco a poco: se llevaron la casa, la mujer, la calle al hombro, el oro más soñado y no la infancia. ¿Qué hacía yo, en tanto, qué diablos dió mi pluma? Me puse a dibujar en los cuadernos las mujeres más bellas de la tierra que sólo lloraban en mis versos. ... | |
Porque si tú existieras tendría que existir yo también. Y eso es mentira. Nada hay más que nosotros: la pareja, los sexos conciliados en un hijo, las dos cabezas juntas, pero no contemplándose (para no convertir a nadie en un espejo) sino mirando frente a sí, hacia el otro. El otro: mediador, juez, ... | |
Hablan todo el día y entrada la noche a media voz discuten con su propia sombra y con el silencio. Son como todo el mundo9472;los pericos 9472; de día el cotorreo, de noche malos sueños. Con sus anillos de oro en la mirada astuta, las plumas brillantes y el corazón inquieto por el lenguaje ... | |
Como un cortejo cabalgando a solas surgen de la niebla. ¿Quién alimenta su esplendor que ninguna tempestad oculta? De las islas sube algo parecido al deseo. Casa viviente en el mar las islas animales fantásticos esperan su alimento de frutos silvestres su ración de ostras. Para mi... | |
Este libro tiene muchos precedentes, tantos como gentes habrán sollozado por un bien amado, desaparecido, por un gran amor extinguido. Tal vez muchos otros lloraron mejor su dolor que yo mi inmenso dolor, quizá (como eran poetas mayores) había en sus lágrimas muchos más fulgores... ... | |
Dolor: ¡qué callado vienes! ¿Serás el mismo que un día se fue y me dejó en rehenes un joyel de poesía? ¿Por qué la queja retienes? ¿Por qué tu melancolía no trae ornadas las sienes de rosas de Alejandría? ¿Qué te pasa? ¿Ya no tienes romances de yoglería. Trovas de amor y desdenes, ... | |
Hoy no lució la estrella de tus ojos. Náufrago de mí mismo, húmedo del abrazo de las ondas, llego a la arena de tu cuerpo en que mi propia voz nombra mi nombre, en que todo es dorado y azul como un día nuevo y como las espigas herméticas, perfectas y calladas. En ti mi ... | |
No estamos nunca a solas. Somos tú y yo, intercambiando en nuestras carnes, en nuestros corazones, los secretos signos con que afirma cada uno al otro interrogándolo y en puro ofrecerse está llamándolo, y en que reconoce cada uno de nosotros la respuesta... | |
Quum subit illius tristissima noctis imago quae mihi supremum tempus in urbe fuit; quum respeto noctem qui a tot mihi cara reliquie labitur es oculis nuc quoque gutta meis. OVIDIO.-ELEGIAS III. Aún era yo muy niño, cuando un día, cogiendo mi cabeza entre sus manos y llorando a la vez que me veía ... | |
No sé cómo mirar para encontrarte, horizonte de amor en que me excito, distancia sin medida donde habito para matar las ansias de tocarte. No sé cómo gritar para llamarte en medio de mis siglos de infinito donde nace el silencio de mi grito movido por la sangre de buscarte. Mirar ... | |
