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25 poemas aleatorios | |
Mezclado al aire tibio y sosegado con que duermes resuena el eco de otro aliento, tembloroso en la distancia mas fresco en el hurgar de mi memoria cavilante al filo de un amanecer que se retrasa al compás de manecillas tercas que van dejando caer, sobre las cosas que más quieres; ... | |
Los recuerdo turgentes y temblones, tu grandes, densos pechos juveniles, tímidos y procaces, pastoriles, frescos como aromáticos melones. Eran el más solemne de tus dones cuando al fin liberabas sus perfiles en cuartos cursis de moteles viles, deliciosa de susto... | |
Más pulidos que el mármol transparente, más blancos que los blancos vellocinos, se anudan los dos cuerpos femeninos en un grupo escultórico y ardiente. Ancas de cebra, escorzos de serpiente, combas rotundas, senos colombinos, una lumbre los labios purpurinos, y las dos cabelleras ... | |
Por el perdón del mar nacen todas las playas sin razón y sin orden, una cada cien mares. Yo nací en una playa de África, mis padres me llevaron al norte, a una ciudad febril, hoy vivo en las montañas, me acostumbré a la altura y no escribo en mi lengua, en ciertos días del año me dan vértigos ... | |
De niña me enseñaron que yo era una manzana y el hombre era el cuchillo. Las mujeres teníamos que lograr que nos pelaran se hundieran hasta el mango en nuestra carne y le dieran salida a las semillas. Ya en espiral -con nuestra piel deforme, oscura por el tiempo- ... | |
Éste que sale del baño no soy el que entré en la regadera. Era otro. Tenía un topacio en cada ojo. Venía de ver la verdad escueta y la trenzada hilatura de los sueños. Era un yo mismo mucho más potente, capaz de salir de sí, de su piyama y ponerse en la tierra de los otros, con la mirada... | |
Tendidos en la yerba una muchacha y un muchacho. Comen naranjas, cambian besos como las olas cambian sus espumas. Tendidos en la playa una muchacha y un muchacho. Comen limones, cambian besos como las nubes cambian sus espumas. Tendidos bajo tierra una muchacha ... | |
Me asomé a la ventana y en lugar de jardín hallé la noche enteramente constelada de nieve La nieve hace tangible el silencio y es el desplome de la luz y se apaga La nieve no quiere decir nada: Es sólo una pregunta que deja caer millones de signos de interrogación sobre el mundo ... | |
Cesa tu voz y muere sobre tus labios mi alegría. No habrá palabra que en tu piel levante ni un incierto sabor de brisa oscurecida como el recuerdo que en mis ojos deja el paso de tu aliento, porque vives inmersa en tu silencio, impenetrable a mis sentidos y si mis manos en tu piel ... | |
Este lánguido caer en brazos de una desconocida, esta brutal tarea de pisotear mariposas y sombras y cadáveres; este pensarse árbol, botella o chorro de alcohol, huella de pie dormido, navaja verde o negra; este instante durísimo en que una muchacha grita, gesticula y sueña por una virtud ... | |
El sol, colérico de sales, contra el agua arremete. Hermano con hermana se acarician. Y un cielo azul está (cubriéndola), encima de la tierra: hijos nosotros de esa feroz contradicción, las bestias. Pero de líquenes, de aceites, el cielo en la tierra se vacía. Cargada queda así, ... | |
¡En esta vida no la supe amar! Dame otra vida para reparar, ¡oh Dios!, mis omisiones, para amarla con tantos corazones como tuve en mis cuerpos anteriores; para colmar de flores, de risas y de gloria sus instantes; para cuajar su pecho de diamantes y en la red de sus labios dejar presos ... | |
Qué hago con mi corazón? ¿Lo dejo que siga inquieto? ¿Lo impugno duro? ¿Lo reto? ¿Lo incluyo en esta canción? Cuando toda su expresión es separarse de mí y hacer todo para sí sin ni siquiera... | |
Si cabalga tu empeño por mis bandas y mis cabellos usas como bridas, despiertas en mi espalda alas dormidas y un reino de palomas me desbandas. Voy hasta a donde quieras. Tú me mandas. El rumbo hacia las cosas compartidas: Unas buscadas y otras poseídas, ir y venir... | |
Hay pajas tan secas que esperan un grito para arder grito que enciende la interna explosión de ansiedad nadie ha cuidado de su sed no hay suficiente agua para entender su fuego De: Tarde en el tiempo Poema proporcionado por la autora | |
Los mismos sitios y las mismas calles. Días como tirados a cordel , tan lisos y tan sin detalles. Cual el tic-tac de un reloj isócrona la vida, y monótono el latir del corazón. El propio sol adormilado y yerto echado como un perro junto al huerto; las mismas puertas en los mismos quicios; ... | |
El Sol que nos alumbra no es un sol presente: ocho minutos tarda en llegar a la Tierra. Cuando dejas la casa la hermosura prospera: tu perfume en la cama lentamente madura como un sol generoso que en presente redime la pequeña hecatombe de la alcoba desierta, la memoria ... | |
El aleteo de la flor del cardo entre espinasde viento (Del libro de reciente aparición Estrella oída, coeditado por El Aduanero y la UAM Azcapotzalco.) | |
Cuenta Bebé dos meses no cumplidos, pero burlando al tiempo y sus reveses, como todos los niños bien nacidos parece un señorón de 20 meses. Rubio, y con ojos como dos luceros lo vi con traje de color de grana en un escaparate de Plateros un domingo de Pascua en la mañana. Iban conmigo ... | |
Trato de escribir en la oscuridad tu nombre. Trato de escribir que te amo. Trato de decir a oscuras esto. No quiero que nadie se entere, que nadie me mire a las tres de la mañana paseando de un lado a otro de la estancia, loco, lleno de ti, enamorado... | |
sería bueno convencerte de las ventajas de tenerme presentarme un día a tu puerta y con un catalogo a color venderte la idea de un amor compartido, por semanas para dos en algún lugar paradisiaco, como puede ser mi habitación por la noche siendo sombras nos inventariamos el uno al otro ... | |
Desde la exhalación de estos peces de mármol; desde la suavidad sedosa de sus cantos, de sus ojos ornados de arenas vítreas, la quietud de los templos y los jardines (en sus sombras de acanto, en las piedras que tocan y reblandecen) han abierto sus lechos, han fundado sus cauces bajo ... | |
¡Hablame! Que tu voz, eco del cielo, sobre la tierra por doquier me siga... con tal de oir tu voz, nada me importa que el desdén en tu labio me maldiga. ¡Mírame!... Tus miradas me quemaron, y tengo sed de ese mirar, eterno... por ver tus ojos, que se abrase mi alma de esa mirada en el celeste ... | |
Me duele verte vivir sentir el río de tu cuerpo lleno de barcos y arrecifes. Me duele ver que te desangras lejos de la virtud de los geranios, lejos de las encinas que todavía no plantamos. Me duele verte encender las luces de Bengala sólo para alumbrar los siete mares y sentir cómo organizas ... | |
Unos dijeron que no es más que el resultado de la casi desapercibida conjunción de los astros. Otros, que es la memoria incendiada de una estrella. Y hubo quien se atrevió a sugerir que era el resultado del choque entre un pájaro ciego y la sombra de un fugitivo. Otro dijo que la palabra ... | |
