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25 poemas aleatorios | |
DOLORA ¡Qué triste es vivir soñando en un mundo que no existe! Y qué triste ir viviendo y caminando, sin fe en nuestros delirios, de la razón con los ojos, que si hay en la vida lirios, son muchos mas los abrojos. Nace el hombre, y al momento se lanza tras la esperanza, que no alcanza porque no ... | |
Casas de mi lugar que tienden a desaparecer; raras casas que aun suelo yo encontrar. Es de ver la multitud de los patios empedrados; el brocal con arcadas de ladrillo, los arriates adosados a los muros (altos muros patinados y sin brillo) y la parra que se afianza entre sus grietas, ... | |
Así llegó la madre de mi abuela a la Habana, altiva hija de un continente antiguo y ni el sol de las Antillas pudo arrancar una destello caribea sus mejillas Así llegó la bisabuela a la isla asombrillada. De: Del mundo y otros cielos. 2004 | |
Dicen que conocí la nieve en una terraza, pero jamás la he tocado, su blandura o su dureza desconozco. En cambio recuerdo esa terraza por un pino enorme en una maceta, por mis padres bailando Lady day en voz de Sinatra, por la felicidad que ofrecía mirar hacia todos lados. ... | |
Porque el tiempo se mide, no se cuenta, su luz a la distancia sobrevive, el aire pierde espacio en la tormenta y en el suelo extraño se percibe. Porque el tiempo, se goza, no se cuenta la secreta aventura que se vive, burlas del horror y sed nos alimenta y en alta noche amor su mano escribe. ... | |
Vine del mar de aquel mar vertical que mis ancestros miraron desbordarse de aquel que por el norte se abrió a la embarcación de las especias y al sur se fue envolviendo con la tromba yo le ofrecía los huecos de mis manos y la sal más profunda de mis ojos pero no se alejó ... | |
En la rama el expuesto cadáver se pudría, como un horrible fruto colgante junto al tallo, rindiendo testimonio de inverosímil fallo y con ritmo de péndola oscilando en la vía. La desnudez impúdica, la lengua que salía, y alto mechón en forma de una cresta de gallo, dábanle aspecto bufo; ... | |
DUERME LA TEMPESTAD contigo encima, se alejan los cipreses que no recordaremos, agoniza el fulgor de tus abrazos. Nace el destino inmóvil, mensurable. Lo alimenta el deseo, la corteza humedecida de una fruta, la herida que abre pétalos, carroña de tantas madrugadas. ... | |
I Una nítida noche, en que la pedrería sideral deslumbrada, los buzos diamantistas, en santa cofradía, descendimos al mar... Puede ser -nos dijimos- puede ser que la luz de Saturno, diluyéndose, forme algún extravagante sulfato, alguna gema nunca vista jamás... ... | |
Voló desde su vida apacible hacia la luz recién encendida y su cadáver minúsculo cayo sobre esta hoja de papel en que escribo. Retiré la taza de café pensando que su contacto en mis labios sería molesto, y que una lluvia de meteoritos invisibles podría empezar a descender desde el foco, por los... | |
Te odio con el odio de la ilusión marchita. ¡Retírate! He bebido de tu cáliz, y por eso mis labios ya no saben dónde poner su beso; mi carne, atormentada de goces, muere ahíta. Safo, Crisis, Aspasia, Magdalena, Afrodita, cuanto he querido fuiste para mi afán avieso. ¿En dónde hallar espasmos, ... | |
Se te sube el desdén o se te baja, por el pesar te abates y sumisa se te cuelga del frio la camisa cuando el invierno a?la su navaja. Al buscar el refugio y la migaja, tu relieve de ornato y de repisa confunde a la paloma, que improvisa el canto arrullo con que te agasaja. Sitio escogido... | |
Si no puedes dormir levántate y navega. Si aún no sabes morir sigue aprendiendo a amar. La madrugada no cierra tu mundo: afuera hay estrellas, hospitales, enormes maquinarias que no duermen. Afuera están tu sopa, el almacén que nutre tus sentidos el viento de tu ciudad. Levántate y enciende ... | |
Toda la noche batalló con la noche, ni vivo ni muerto, a tientas penetrando en su substancia, llenándose hasta el borde de sí mismo. Primero fue el extenderse en lo obscuro, hacerse inmenso en lo inmenso, reposar en el centro insondable del reposo. Fluía el tiempo, fluía su ser, ... | |
Por esa puerta huyo, diciendo: «¡Nunca!» Por esa puerta ha de volver un día... Al cerrar esa puerta, dejo trunca la hebra de oro de la esperanza mía. Por esa puerta ha de volver un día. Cada vez que el impulso de la brisa, como una mano débil, indecisa, levemente sacude la vidriera palpita mas... | |
Soy el árbol de tu huerto El árbol del invierno Cuyas desnudas ramas Tienen por fronda El intermitente follaje De las nubes Soy el árbol de tu huerto El árbol sin fruto Que espera paciente La estación propicia El tiempo de la restauración De todas las cosas Soy el árbol de tu huerto ... | |
En las últimas desgracias de España. Allá del revuelto mar Tras los secos arenales, Donde sus limpios cristales Las ondas van a estrellar, Donde en lucha singular Disputando a la Fortuna Las ciudades una a una, De sus guerreros el brío, Mostraron su poderío La cruz y la media luna; ... | |
Sobre los troncos de las encinas paran un punto las golondrinas y alegres notas al viento dan: ¿Por qué así cantan? ¿Qué gozo tienen? Es porque saben de dónde vienen y a dónde van. En este viaje que llaman vida, cansado el pecho y el alma herida, tristes cantares al viento doy: ... | |
Surco rotura nuevo mi corteza dura de inviernos y de cicatrices; avanzan más profundas mis raíces a sorber a la tierra fortaleza. Despojada de flores y maleza, quemen mis hojas áridos tapices y crepiten —o tristes o felices— , lograda en la ceniza su pureza. Savia... | |
Preso mejor. Tal vez así recuerde otra iglesia, la catedral de Taxco, y sus piedras que cambian de forma con la luz de cada hora. Las calles ebrias tambaleándose por cerros y hondonadas, y no lo sé, pero es posible que llore ocultamente, al recorrer en sueños algún nombre: ... | |
A veces la madera de mi mesa tiene un crujido oscuro, un desgarrón difuso de tormenta. Una periódica migraña la tortura. Sus fibras ceden, se descruzan, buscan un acomodo más humano. Es la madera que recuerda... | |
Hoy me reúno a solas Cuando son las cinco de la mañana Y no levanto la bocina del teléfono ¿Quién habla conmigo a esta hora? Escucho a lo lejos el mundo que despierta La sirena de una ambulancia A la velocidad del miedo Tomo un café que me sabe a hierba ... | |
Ahora, después de casi veinte años lo voy sintiendo: como un músculo que se atrofia por falta de ejercicio o que ya tarda en responder, el italiano, en que nací, lloré, crecí dentro del mundo —pero en el que no he amado aún—, se evade de mis manos, ya no se adhiere a las paredes como... | |
Era el instante del adiós: callaban, y sin verse las manos se estrechaban inmóviles los dos. Almas que al separarse se rompían, temblando y sin hablarse se decían: He aquí el instante del postrer adiós . Doliente como el ángel del martirio ella su frente pálida de lirio tristísima dobló; ... | |
Hay horas en que imagino que estoy muerto; que sólo percibo formas amortajadas de tiempo; que soy apenas fantasma que algunos miran en sueños; que soy un pájaro insomne que más canta por más ciego; que me fugué -no sé cuándo- a dónde ella y él se fueron; ... | |
