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25 poemas aleatorios

 

   Llorarte es bueno

   Sabeli Ceballos Franco

primeros versos

Ya he llorado hasta sentirme viva Me he comido de dolor hasta los dientes Llorarte, sí pero lamiendo el mundo Amarte, sí y llorar de amor por eso Llorar sin religión sobre una biblia de lágrimas He pensado demasiado en lo que te falta y me sobra Lloro sin querer, como si hubiesen motivos ...

 

   El fuego de cada día

   Octavio Paz

primeros versos

Como el aire hace y deshace sobre las páginas de la geología, sobre las mesas planetarias, sus invisibles edificios: el hombre. Su lenguaje es un grano apenas, pero quemante, en la palma del espacio. Sílabas son incandescencias. También son...

 

   Navegaciones

   Homero Aridjis

primeros versos

en el círculo de llamas esta danza el movimiento de su pecho a la derecha y el de sus caderas a la izquierda el animal de la creación en un solo dibujo siempre sagrado sobre el suelo ardiente señora de la danza se cubre a sí misma como Tetis...

 

   La droga

   Jaime Sabines

primeros versos

Si ya no puedes regresar a tu orilla izquierda, déjate llevar a donde sea. Sería bueno olvidarse del brocal del pozo y aventurarse en el río subterráneo. El día de ayer se ha ido y el que tú fuiste ayer. No trates de levantar del polvo ese amor, porque sólo levantarás jirones y sombras. Enséñale...

 

   Aporte

   Carmen Alardín

primeros versos

Lo que la mar arroja no son únicamente iniquidades. De cuando en cuando el tiempo se amotina para corporeizar nuestros ensueños... y entonces llega a nuestras playas un gigante dormido, un desmayado cuerpo de profeta por el que todos claman, que casi todos esperaban, que cada hombre ...

 

   Nocturno

   Carlos Pellicer

primeros versos

No tengo tiempo de mirar las cosas como yo lo deseo. Se me escurren sobre la mirada y todo lo que veo son esquinas profundas rotuladas con radio donde leo la ciudad para no perder tiempo. Esta obligada prisa que inexorablemente quiere entregarme el mundo con un dato pequeño. ...

 

   Algunos deseos

   David Huerta

primeros versos

Que vuelvas a ver la enorme catedral y la erizada Capilla y sientas el paso distante, los rumores de los Cruzados y de San Luis. Que vuelvasa la calle Monsieru le Prince para asomarte a los escaparates y, luego, en la calle Vavin, a los inventos de los herboristas y su lento prodigio -la invisibilidad ...

 

   El cadáver prestado ( 1 - 8)

   Jaime Sabines

primeros versos

¿Qué otra cosa sino este cuerpo soy alquilado a la muerte para unos cuantos años? Cuerpo lleno de aire y de palabras, sólo puente entre el cielo y la tierra. 2 Si el hombre está hecho a semejanza de Dios, o Dios a semejanza del hombre...

 

   Nocturno en que nada se oye

   Xavier Villaurrutia

primeros versos

En medio de un silencio desierto como la calle antes del crimen sin respirar siquiera para que nada turbe mi muerte en esta soledad sin paredes al tiempo que huyeron los ángulos en la tumba del lecho dejo mi estatua sin sangre para salir en un momento tan lento en un interminable ...

 

   Naranjas

   Margarito Cuéllar

primeros versos

El jugo de una naranja es dulce y su cáscara amarga. Todo mundo lo sabe, pero nadie es capaz de probar que la cáscara de una naranja es amarga. Hablemos de las semillas: piedra y alumbramiento. Una naranja es una constelación o una herida en el pecho. ¿Qué dicen del color? ...

 

   Canción de las gemas

   José Juan Tablada

primeros versos

¡Yo adoro el diamante de luces reales! El que desbarata diáfanos cristales en el rizo rubio y en la trenza umbría; príncipe nimbado de auroras triunfales ¡augusto monarca de la pedrería! ¡Yo adoro el granate que trágicamente inflama en los senos su cáliz ardiente! Sangre milagrosa ...

 

   ayer escuché una canción...

   Rogelio Guedea

primeros versos

ayer escuché una canción que se parecía mucho a tu cuerpo. o sea que estuve triste de adioses toda la noche. de ausencias. estuve triste porque la canción no terminaba y era como tu cuerpo. a veces me pregunto cómo pudiste aparecer a tan altas horas de mi dolor. me pregunto ...

 

   Muerte de Rilke

   Eduardo Langagne

primeros versos

¿Dónde leí que Rainer María Rilke murió por lainfección que le produjo pincharse la mano con laespina de una rosa? La rosa no viene a mi poema, viene la espina de la rosa. Pero no llega hasta el papel la espina, se clava en la palma de la mano de Rainer María Rilke. ...

 

   Ebriedad de Dios (I)

   Luis Armenta Malpica

primeros versos

Uno vuelve, siempre, a los viejos sitios donde amó la vida. César Icella Esa tristeza lenta del recuerdo se nos va desdoblando por la cara. Y en lugar de los ojos se humedecen dos profundas hogueras en donde alguna vez frotamos nuestras manos con las de un ser querido. ...

 

   Duelo

   Salvador Díaz Mirón

primeros versos

Llego entre dos esbirros, que no dudan de que a un monstruo feroz guardan y aquietan. Gritos desgarradores me saludan y brazos epilépticos me aprietan. Suspenso en el umbral callo y vacilo. Alto y grueso blandón muestra y agrava con lampo incierto el espantable asilo. ...

 

   Me quité un brazo

   Edel Juárez

primeros versos

Me quité un brazo una pierna, un ojo, me desprendí de media alma y me siento igual a cuando no te tenía. Pero ya uní mis partes, cosí mi ojo a mi pecho, mi pierna a mi brazo, y mi brazo a mi trasero, ahora soy normal, soy el rey del descontento.

 

   Alondra

   Griselda Álvarez Ponce de León

primeros versos

Todo el año caído, todo el año, polen sin rumbo, tierra sin semilla, algo que muy adentro se apolilla y algo que por afuera se hace daño. El aire huele como a desengaño, algo se pudre, algo está en la orilla y mientras el otoño se amarilla el ambiente se torna más huraño. ...

 

   Las Vírgenes terrestres

   Enriqueta Ochoa

primeros versos

Para Marianne, mi hija En vano envejecerás doblado en los archivos: no encontrarás mi nombre. En vano medirás los surcos sementados queriendo hallar mis propiedades. No tengo posesiones. En cambio, es mío el sueño de los valles arrobados y mío el subterráneo ...

 

   Primer día (Soneto I)

   Octavio Paz

primeros versos

Inmóvil en la luz, pero danzante, tu movimiento a la quietud que cría en la cima del vértigo se alía deteniendo, no al vuelo, sí al instante. Luz que no se derrama, ya diamante, fija en la rotación del mediodía, sol que no se consume ni se enfría de cenizas y llama equidistante. Tu salto es un segundo ...

 

   Mil novecientos treinta: Vistas fijas

   Octavio Paz

primeros versos

Qué o quién me guiaba? No buscaba a nadie, buscaba todo y a todos: vegetación de cúpulas azules y campanarios blancos, muros color de sangre seca, arquitecturas: festín de formas, danza petrificada bajo las nubes que se hacen y se deshacen y no acaban de hacerse, siempre...

 

   Y tu amor se denuncia por el canto de un pájaro

   Homero Aridjis

primeros versos

Tu nombre repetido por las calles Tu boca Tu paso que no es nocturno ni de aurora Tu voz Sólo tu ser creciendo en las esquinas Tu tiempo... tus alianzas Ahora sentada en espiral Después el humo. Selección: Guido Ferrer

 

   Viéramos amarilla construirse...

   Rubén Bonifaz Nuño

primeros versos

Viéramos, amarilla, construirse la corona sulfúrica de humo en la huella del chivo, y floreciera la doliente señora del incienso con el siete de espadas. Viernes santo. Y más: la pesadumbre que con uñas insomnes nos exprime del corazón un grito...

 

   A un arroyo

   Manuel Acuña

primeros versos

Cuando todo era flores tu camino, cuando todo era pájaros tu ambiente, cediendo de tu curso a la pendiente todo era en tí fugaz y repentino. Vino el invierno con sus nieblas vino el hielo que hoy estanca tu corriente, y en situación tan triste y diferente ni aún un pálido sol te da el destino. ...

 

   El extranjero

   Tomás Segovia

primeros versos

No le toques los pechos Extranjero A esta sombra con fiebre que esta noche Anocheció tan hembra Por los linderos de los residentes Todo el verano es de ellos Escúchalos dichosamente extraviados Sin saber cómo hacer Para entender bajo sus propias voces Este lamento ...

 

   Los locos

   Thelma Nava

primeros versos

Los he visto de cerca, solemnes y magníficos, poniéndose su cuerpo cada día mientras les duele el cráneo desvestido. Los he visto en la tierra, azotándose, gusanitos de Dios sin esperanza. Colgados de la vida, con su domingo a cuestas que tarda en regresar una semana. Cerca del testimonio...