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25 poemas aleatorios | |
Al mar dije que no. Dije también ya no más cielo, ya no más canto al manantial ni al eco grácil y purísimo de sus aguas que bajan de la más alta inmensidad. Ahora solamente nombraré la desgracia, dije y le puse nombre. Para que arda más la herida le puse sal y miel silvestre, ... | |
Vuelan tan rápido las montañas y el colibrí... | |
Era mi corazón piedra de río que sin saber por qué daba remanso, era el niño del agua, era el descanso de hojas y nubes y brillante frío. Alguien algo movió, y se alzó el río. ¡Lástima de aquel hondo siempre manso! Y la piedra lavada y el remanso liáronse en sombras de esplendor sombrío. ... | |
Sólo nombraste el bosque que te vistió de niño Su alegre arboladura Su tenebra de musgo Por eso es que volver Regresar en el soplo ardiente En la escama de vidrio de tus ojos No puede ya salvarte No entregarás tu espada capitán abatido No te dará un pañuelo esa mano No limpiarás tus lágrimas ... | |
Así como fui yo, así como eras tú, en la penumbra inocua de nuestra juventud así quisiera ser, mas ya no puede ser. Como ya no seremos como fuimos entonces, cuando límpida el alma trasmutaba en pecado al más leve placer, Cuando el mundo y tú eran sonrosaba sorpresa. ... | |
Ese busto de yeso que respira lunas de noche antiguas y metales rodillas mutiladas desiguales que si la noche cubre el sueño mira. Esa mano de flores que conspira al abrir y cerrar dedos cristales, sonrisa y caracol en espirales, ajeno mar donde la voz expira. Estos ojos de verdes vegetales ... | |
Palidez consumada en el deseo, Suma de carne transparente y fina, Ya sellada, en profética rutina, Para el soldado y para el can hebreo. ¡Oh desahuciada fiebre, oh devaneo que oscila como péndulo en rüina, de un viñedo que el sol nimba y fulmina a cruenta gloria y militar trofeo! ... | |
Eres la compañía con quien hablo de pronto, a solas. Te forman las palabras que salen del silencio y del tanque de sueño en que me ahogo libre hasta despertar. Tu mano metálica endurece la prisa de mi mano y conduce la pluma que traza en el papel su litoral. Tu voz, ... | |
Piedras que inútilmente pule el tiempo. Muro entre dos distancias levantado que nada cubre ya, porque lo cubren la destrucción, la hierba, acaso el viento. Puerta cerrada de un jardín que nunca ha existido o yace entre sus ruinas. Muro de polvo: siglos que se yerguen contra el paso de nadie, bajo... | |
Al golpe del oro solar estalla en astillas el vidrio del mar. | |
El mar, el mar y tú, plural espejo, el mar de torso perezoso y lento nadando por el mar, del mar sediento: el mar que muere y nace en un reflejo. el mar y tú, su mar, el mar espejo: roca que escala el mar con paso lento, pilar de sal que abate el mar sediento, sed y vaivén y apenas reflejo. ... | |
cómo te llamas sombra de la sombra altiva que tocas la puerta a deshoras para ofrecer placeres en vigilia cómo te llamas silencio del silencio mismo que invocas el espectro del olvido para remover dolores todavía vivos cómo te llamas noche de la noche esquiva que guardas ... | |
Esa mujer paseaba con su aroma Un día trajo sus labios acostumbrados a la guerra y un ciclón adentro de su blusa entonces sobrevino la catástrofe | |
Oye la palpitación del espacio Son los tambores del verano Los pasos de la estación en celo Sobre las brasas del año Es su ruido de alas y de crótalos La crepitación de la tierra Bajo su vestidura de insectos y raíces La sed se despierta y construye Sus grandes jaulas... | |
No haremos obra perdurable. No tenemos de la mosca la voluntad tenaz. Mientras haya vigor pasaremos revista a cuanta niña vista y calce regular Como Nerón, emperador y mártir de moralistas cursis, coronados de rosas o cualquier otra flor de estación, miraremos las cosas ... | |
Ya el sol oculta su radiosa frente; melancólico brilla en occidente su tímido esplendor; ya en las selvas la noche inquieta vaga y entre las brisas lánguido se apaga el último cantar del ruiseñor. ¡Cuánto gozo escuchando embelesado ese tímido acento apasionado que en mi niñez oí! ... | |
a Gabriel Macotela Éste no es el viento de los sauces ni el viento de los eucaliptos, ni siquiera el viento que enciende las velas y mueve lentamente los molinos. No es el viento que desplaza las nubes en el calendario del verano ni el viento de la aurora naciendo en las aves. Hermanos, ... | |
Tú que estabas, estás y vas conmigo por la vuelta inconclusa de las horas cuéntame qué tan hondo vacío el de la cuerda ¡y en la red protectora qué silencio! Que silenciosa urdimbre de arañas cuidadosas que tejen con recuerdos de dolor, salvación. Y qué débil el hilo ... | |
Así te ves mejor, crucificado. Bien quisieras herir, pero no puedes. Quien acertó a ponerte en ese estado no hizo cosa mejor. Que así te quedes. Dices que quien tal hizo estaba ciego. No lo digas; eso es un desatino. ¿Cómo es que dio con el camino luego, si los ciegos no dan con el camino?... ... | |
En la amorosa noche me aflijo. Le piedo su secreto, mi secreto, la interrogo en mi sangre largamente. Ella no responde y hace como mi madre, que me cierra los ojos sin oírme... | |
La ilusión serpentina del principio me tentaba a morderte fruto vano en mi tortura de aprendiz de magia. Luego, te fuiste por mis siete viajes con una voz distinta en cada puerto e idéntico quemarte en mi agonía. Lascivia temblorosa de las tardes de lluvia cuando tu cuerpo balbucía en Morse ... | |
I En la sombra de la vida, que es una sola, alta, profunda y misteriosa cae un eco de destinos imposibles. La humanidad anda sin aliento, cautiva, rompiendo sus silencios. Llega el viento, trae su rostro, su espejo, ánimo de flor en tierra. El alba nace en la comisura de sus labios, ... | |
Este cuerpo que yo acaricio lentamente extendiendo la noche, este cuerpo donde yo he penetrado en mi propia distancia, en mi sofocamiento de sombra. Este vientre donde el amor abarca a la noche, estos senos donde la luz altera los signos, este cuerpo al que ahora me entrelazo, ... | |
¿Por qué, Amor, cuando expiro desarmado, de mí te burlas? Llévate esa hermosa doncella tan ardiente y tan graciosa que por mi oscuro asilo has asomado. En tiempo más feliz, yo supe osado extender mi palabra artificiosa como una red, y en ella, temblorosa, más de una ... | |
Bajo el celeste pavor delira por la única estrella el cántico del ruiseñor. | |
