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25 poemas aleatorios | |
Siempre estás a mi lado y yo te lo agradezco. Cuando la cólera me muerde, o cuando estoy triste untado con el bálsamo para la tristeza como para morirme apareces distante, intocable, junto a mí. Me miras como a un niño y se me olvida todo y ya sólo te quiero alegre... | |
La lluvia tejía su encaje plateado. Las nubes negrísimas sombreaban la noche morena. En el plano brillante de un charco intranquilo sorprendí tu forma gris. La inquietud de las gotas sonaba llevando el compás de tu paso ligero en la niebla. El encaje plateado moría con el frío ... | |
Aquí está el sol con su único ojo, la boca escupe fuego que no se hastía de calcinar la eternidad. Aquí está como un rey derrotado que mira desde el trono la dispersión de sus vasallos. Algunas veces, el pobre sol, el heraldo del día que te afrenta y vulnera, se posaba... | |
El misterio nocturno era divino. Eudora estaba como nunca bella, y tenía en los ojos la centella, la luz de un gozo conquistado al vino. De alto balcón apostrofóme a tino; y rostro al cielo departí con ella tierno y audaz, como con una estrella... !Oh qué timbre de voz trémulo y fino! ... | |
Ya por cambiar de piel o por tenerla nos acogemos a lo oscuro, que nos viste de sombra la carne desollada. En los ojos abiertos cae la sombra y luego son los ojos los que en la sombra caen y es unos ojos líquidos la sombra. ¡En esos ojos anegarse, no ser sino esos ojos que no ven, ... | |
Muévete, muévete, le digo a la mujer. Mueve el cadáver que lloro, que cargo, que entierro. Vacíame. Riégame. Mueve los días que han de modelarme en otro pez, que ya se presienten en mi olor. Mueve esta alegría sobre la que estoy acostado. Muévete. Tan sólo. (Yo me muevo en la mujer... | |
El rostro dúctil de la niña, la sonrisa etérea de la niña, la cadera ansiosa de la niña, el rotundo bramido de las piernas de la niña. Retumba la ternura transparente en esta niña, el Amor transfigura el semblante complacido de la niña, la turbación retrocede ante el vigor minucioso de la niña. ... | |
En el matinal gallinero con el rendimiento caballero, en torno a su hembra enreda el arabesco de su rueda sin cesar el gallo habanero; cual blanco albornoz el plumón envuelve su fiero ademán; ¡por su cresta-fez bermellón y el alfanje de su espolón, el gallo es un breve sultán! Junto a la gallina coqueta, ... | |
Atardece y aún no aprendo a leerme en la palma de mi mano en las venas de una hoja de azucena en el terciopelo botón de lima Cuándo entenderé la palabra de los mares su mensaje evangélico el misterioso rito que hace al tiempo detenerse y contemplarnos Sigue la tarde en su tarde ... | |
Diego Verdad es, muy grande, que yo no quisiera, ni hablar, ni dormir ni oír, ni querer. Sentirme encerrada, sin miedo a la sangre, sin tiempo ni magia, dentro de tu mismo miedo y dentro de tu gran angustia, y en el mismo ruido de tu corazón. Toda ésta locura, si te la pidiera, yo sé que... | |
A través de este hueco respiro las palabras que los otros lanzan al exilio, siento su dolor en el intento por descoser tardes a su piel prendidas, ¡cuánta desesperación en sus dedos, separan las carnes! resulta difícil cortar los hilos que sostienen al sol a fuerza de lágrimas. ... | |
El día empuja en el alba cuerpos de humo blanco casas de niebla donde una ventana se abre con una cara azul cúpulas y cabezas de niño construidas hacia el fondo del cielo papeles curvados que en el viento son astros borrosos animalia que no sube por los intermitentes peldaños... | |
En medio de las risas y testigo del llanto, oyendo y viendo gentes remotas a mi lado, en una soledad sin palabras ni gestos, acaso solo y triste, me doy cuenta, me hablo. Por este no morirme me estoy muriendo a diario. Desde mi cuerpo grito noche a noche, me espanto... | |
Tener, al mediodía, abiertas las ventanas del patio iluminado que mira al comedor. Oler un olor tibio de sol y de manzanas. Decir cosas sencillas: las que inspira el amor... Beber un agua pura, y en el vaso profundo ver coincidir los ángulos de la estancia cordial. Palpar, en un durazno, ... | |
Tesoro concedido gota a gota: el perfume a la flor, la luz a una sorprendida mirada que la cuna sombra, siglos incógnitos derrota. Férvido manantial, la vida brota dilapidada en horas su fortuna; fulge la noche lágrima de luna, se contiene la música en la nota. Uno —de sus amargas... | |
Tú no veías el árbol, ni la nube ni el aire Ya tus ojos la tierra se los había bebido y en tu boca de seda sólo un poco de gracia fugitiva de rosas, y un lejano suspiro. No veías ni mi boca que se moría de pena ni tocabas mis manos huecas, deshabitadas. Espeso polvo en torno daba ... | |
Me duele esta ciudad, me duele esta ciudad cuyo progreso se me viene encima como un muerto invencible, como las espaldas de la eternidad dormida sobre cada una de mis preguntas. Me duelen todos ustedes que tienen por hombro izquierdo una lágrima, ese llanto es una ... | |
Tarde caliginosa. Se desploma del barómetro lúbrico la escala. Un calor enervante es la antesala de la recia tormenta que se asoma. La lumbre de la tarde es un aroma que huele a madurez. La bestia mala de instintos subterráneos hace gala y lentamente mata a una... | |
Voy a tu cuerpo, agazapada,cautelosa de la mirada del miedo; verdugo que asesina a golpes de soledad. Fugitiva, arribo a tu blanda estación recorriendo a besos lentos el refugio donde desvalijo caricias que me enmohecían las manos. Hoy libre, para esconder mis rincones en tu calor ... | |
Primero un aire tibio y lento que me ciña como la venda al brazo enfermo de un enfermo y que me invada luego como el silencio frío al cuerpo desvalido y muerto de algún muerto. Después un ruido sordo, azul y numeroso, preso en el caracol de mi oreja dormida y mi voz que se ahogue en ese mar ... | |
Para qué hablar del guayacán que guarda la fatiga o del tambor de cedro donde el hachero toca A qué nombrar la espuma en la boca del río Lacanjá Espejo de las hojas Cuna de los lagartos Fuente de macabiles con ojos asombrados Quizá si transformara en orquídea esta lengua... | |
Tendida y desgarrada, a la derecha de mis venas, muda; en mortales orillas infinita, inmóvil y serpiente. Toco tu delirante superficie, los poros silenciosos, jadeantes, la circular carrera de tu sangre, su reiterado golpe, verde y tibio. Primero es un aliento amanecido, ... | |
¡Qué prueba de la existencia habrá mayor que la suerte de estar viviendo sin verte y muriendo en tu presencia! Esta lúcida conciencia de amar a lo nunca visto y de esperar lo imprevisto; este caer sin llegar es la angustia de pensar que puesto que muero existo. Si en todas partes estás, ... | |
Sobre la Tierra, estamos enterrados. Todo su peso cárdeno se vuelca sobre mis pies antiguos. Toda la tierra me avienta sobre el cielo, me sujeta en mi raíz y me hunde entre sus manos. Despedazado estoy. Mis ojos van allá por el impulso, mas presos en órbitas se quedan, asidos a su fin ... | |
No lo salves de la tristeza, soledad, no lo cures de la ternura que lo enferma. Dale dolor, apriétalo en tus manos, muérdele el corazón hasta que aprenda. No lo consueles, déjalo tirado sobre su lecho como un haz de yerba... | |
