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25 poemas aleatorios | |
Escucho a Bach consciente de que esa piel que te envuelve es la misma que ahora me circunda que me llena de lirios navegantes, porque no somos dos sino algo que se cumple solemnemente en una flor. Somos una cadencia, un aria triste, un aire que se empapa con los mares del sur, ... | |
De niño me gustaba desprenderla, limpiar el tronco, dejar al descubierto la verde urgencia de otra capa, sentir abajo de los dedos la rectitud del árbol, sentirlo atareado allá en lo alto , en otro mundo, indiferente a mis mordiscos, capaz de sostenerse sin corteza, capaz... | |
Llueve en el cuarto en la playa de telas desoladas llueve sobre las sábanas blanquísimas sobre mi carne que puede ser tan dulce Más allá de la ventana puedo vertey me consumo aquí donde relampaguea relumbran los gatos empapados míralos encenderse irse en fuego ... | |
hacia dónde las cosas se dirigen no la vida y no los grandes temas el objeto la cosa material lo natural ajeno y cierto y todo lo que hacemos como el poliuretano y el vinyl el aluminio el nailon sus juegos de moléculas abren ante mí los ojos asombrados desmenuzan su intriga... | |
Yo conocí una paloma con las dos alas cortadas; andaba torpe, sin cielo, en la tierra, desterrada. La tenía en mi regazo y no supe darle nada. Ni amor, ni piedad, ni el nudo... | |
Señora de los vientos, garza de la llanura cuando te meces canta tu cintura. Gesto de la oración o preludio del vuelo, en tu copa se vierten uno a uno los cielos. Desde el país oscuro de los hombres he venido, a mirarte, de rodillas. Alta, desnuda, única. Poesía. De: El rescate del ... | |
Hay en el aire el retardo de la niebla. Hay en los árboles la tersura de la niebla, la suavidad, y en el río la pausa de la niebla. Todo duerme respirando niebla. El sueño del lobo es sólo niebla. La niebla sueña con ríos inmóviles, amedrentados. El pez no duerme. El hombre cava... | |
Con esta ortografía de palabras insomnes desde la piel te escribo en el desorden Desde la boca que inventó tu boca lanzo señales de humo para alcanzar tu oído que dormita el lenguaje nocturno de la almohada Te estoy hablando desde la piel del humo el humo que me estalla ... | |
Un quieto resplandor me inunda y ciega, un deslumbrado círculo vacío, porque a la misma luz su luz la niega. Cierro los ojos y a mi sombra fío esta inasible gloria, este minuto, y a su voraz eternidad me alío. Dentro de mí palpita, flor y fruto, la aprisionada luz, ruina quemante, ... | |
No la noche. Ni el telegrama urgente. Ni las ojeras grises. Ni las plazas en llamas. El amor es un lirio y es un poco de espuma. Es un silencio blanco enmedio de unos clavos que tratan de fijarlo sobre la eternidad. De: Entreacto | |
Por esa puerta huyo, diciendo: «¡Nunca!» Por esa puerta ha de volver un día... Al cerrar esa puerta, dejo trunca la hebra de oro de la esperanza mía. Por esa puerta ha de volver un día. Cada vez que el impulso de la brisa, como una mano débil, indecisa, levemente sacude la vidriera palpita mas... | |
para B. Snodgrass Las tonalidades de tu voz serena en la mañana de febrero son un blues sobre una barca en la polvosa rivera del bajo Manhattan. Cálices que son relámpagos bailan sobre el agua exponen el mundo en un instante la vida que no compartimos es el dorado ... | |
Así pues, hay que en algún momento cerrar la cuenta, pedir los abrigos y marcharnos, aquí se quedarán las cosas que trajimos al siglo y en las que cada uno pusimos nuestra identidad; se quedarán los demás, que cada vez son otros y entre los cuales habrá de construirse lo que sigue, también... | |
Nacen en los pantanos del insomnio. Son negrura viscosa que aletea. Vampiritos inermes, sublibélulas, caballitos de pica... | |
Es tan blanca, tu piel, como la nieve. La nieve quiere al sol por lo brillante. Y el sol, que se enamora en un instante, se acuesta con la nieve y se la bebe. El sol, aunque es muy grande, no se atreve a hacerse olvidadizo y arrogante: se acuerda de su novia fulgurante y se pone a llorar, ... | |
Pensar en tu mirada y en mi olvido dejando el pensamiento dilatado a través de tus ojos, anegado de su mismo vivir con tu sentido; después mirar tu olvido que en mí asoma como una rosa que al espacio diera leve prolongación y luego fuera la propia luz que toca con su aroma, ... | |
¿Por qué tocas mi pecho nuevamente? Llegas, silenciosa, secreta, armada, tal los guerreros a una ciudad dormida quemas mi lengua con tus labios, pulpo, y despiertas los furores, los goces, y esta angustia sin fin que enciende lo que toca y engendra en cada cosa una aridez sombría. ... | |
No podemos abandonarnos, nos aburrimos mucho juntos, tenemos la misma edad, gustos semejantes, opiniones diversas por sistema. Muchas horas, juntos, apenas nos oíamos respirar rumiando la misma paradoja o a veces nos arrebatábamos la propia nota inexpresada de la misma canción. ... | |
Amanece tras un instante y otro ritmando sueños, silbándole al sol la memoria de una leyenda. Alza su propio eco hacia el más alto pino de la noche lenta. Bajo el aliento palpitante de la muerte renace siempre amaneciendo. Poema proporcionado por el autor | |
Ah, nunca, nunca más la conocida ternura, la palabra pequeña, familiar, que cabía en mi boca. Nunca ya mi cabeza segada dulcemente por la mano más próxima. Nunca la juventud como una casa espaciosa, asoleada de niños y de pájaros. Adiós para la tierra que en mi torno... | |
Amarte con un fuego duro y frío. Amarte sin palabras, sin pausas ni silencios. Amarte sólo cada vez que quieras, y sólo con la muda presencia de mis actos. Amarte a flor de boca y mientras la mentira no se distinga en ti de la ternura. Amarte cuando finges toda la indiferencia que tu abandono ... | |
donde espumoso el mar sicilianoGóngora Coronado de sí el día extiende sus plumas. ¡Alto grito amarillo, caliente surtidor en el centro de un cielo imparcial y benéfico! Las apariencias son hermosas en esta verdad momentánea. El mar trepa la costa, se afianza entre las peñas, ... | |
Hoy me quito la máscara y me miras vacío y ves en mis paredes los trozos de papel no desteñido donde habitaban tus retratos, y arriba ves las cicatrices de sus clavos. De aquel rincón manaba el chorro de los ecos, aquí abría su puerta a dos fantasmas el espejo, allí crujió la grávida cama ... | |
Mezclado al aire tibio y sosegado con que duermes resuena el eco de otro aliento, tembloroso en la distancia mas fresco en el hurgar de mi memoria cavilante al filo de un amanecer que se retrasa al compás de manecillas tercas que van dejando caer, sobre las cosas que más quieres; ... | |
Nada más, Poesía: la más alta clemencia está en la flor sombría que da toda su esencia. No busques otra cosa. ¡Corta, abrevia, resume; no quieras que la rosa dé más que su perfume! | |
