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25 poemas aleatorios | |
Desde la exhalación de estos peces de mármol; desde la suavidad sedosa de sus cantos, de sus ojos ornados de arenas vítreas, la quietud de los templos y los jardines (en sus sombras de acanto, en las piedras que tocan y reblandecen) han abierto sus lechos, han fundado sus cauces bajo ... | |
Tu cuerpo está a mi lado fácil, dulce, callado. Tu cabeza en mi pecho se arrepiente con los ojos cerrados y yo te miro y fumo y acaricio tu pelo, enamorado. Esta mortal ternura con que callo te está abrazando a ti mientras yo tengo inmóviles mis brazos... | |
¿Mi secreto? ¡Es tan triste! Estoy perdido de amores por un ser desaparecido, por un alma liberta, que diez años fue mía, y que se ha ido... ¿Mi secreto? Te lo diré al oído: ¡Estoy enamorado de una muerta! ¿Comprendes tú que buscas los visibles transportes, las reales, ... | |
Muévete, muévete, le digo a la mujer. Mueve el cadáver que lloro, que cargo, que entierro. Vacíame. Riégame. Mueve los días que han de modelarme en otro pez, que ya se presienten en mi olor. Mueve esta alegría sobre la que estoy acostado. Muévete. Tan sólo. (Yo me muevo en la mujer... | |
Aquella bufanda color de oro viejo que me había acompañado a vivir durante tres años la miseria la gloria de la luz el amor la soledad de las calles estrechas como ataúdes y todos los instantes que el agua va grabando con líneas verdosas en la frente de las estatuas ... | |
no hay nada en mí sino una larga herida, una oquedad que ya nadie recorre, presente sin ventanas, pensamiento que vuelve, se repite, se refleja y se pierde en su misma transparencia, conciencia traspasada por un ojo que se mira mirarse hasta anegarse de claridad:yo vi tu atroz escala ... | |
Nuestra senda regada está de llanto, el placer del placer es el suicidio, detrás de la ilusión está el fastidio y detrás del fastidio el desencanto. Lleno yo de fastidio y de quebranto, sin fuerza ya contra la suerte lidio, y muerto para el mundo, sólo envidio a los muertos que guarda el camposanto. ... | |
Toda de blanco, finge tu traje sobre tu flanco griego ropaje. De la Victoria de Samotracia, mientes la gloria llena de gracia. ¡En vano ilusa fijas el pie!... Que no eres musa ni numen, que sin que disciernas un viento lírico sobre tus piernas sopla satírico; pues aunque fatua ... | |
Soy el árbol de tu huerto El árbol del invierno Cuyas desnudas ramas Tienen por fronda El intermitente follaje De las nubes Soy el árbol de tu huerto El árbol sin fruto Que espera paciente La estación propicia El tiempo de la restauración De todas las cosas Soy el árbol de tu huerto ... | |
La espalda de esta luz son esos sueños tuyos, amada, que duelen al soñarse y que hacen florecer las prímulas y azahares en tus flancos. Y caen del lecho moras de grueso jugo, cuando sueñas; y zarzarrosas crecen bajo el cojín de pluma; y tiernos gansos pican, bajo el tálamo, ... | |
Ya entiendo: la ciudad vivirá más que yo que la he amado. Allá ella, abandonada. Su corazón será un inmenso cacto, cubierto de primores y de muertos. 5 Sin embargo me iré a hacer otras ciudades; por un leve tiempo dejarás de importarme; aunque me vaya te estaré haciendo... | |
Nadie puede salir por los canales Sólo el Señor de las islastimonel confiable Se lo ha dicho el mar | |
Oídos con el alma, pasos mentales más que sombras, sombras del pensamiento más que pasos, por el camino de ecos que la memoria inventa y borra: sin caminar caminan sobre este ahora, puente tendido entre una letra y otra. Como llovizna sobre brasas dentro de mí ... | |
Gaviota Guadalupana submarina y marinera, Los ángeles te bajaron de tu almanaque de piedra. Y descendiste hasta el fondo a tocar las entretelas del mar que, todo amargura, es un corazón que tiembla. Tus camarines de vidrio cantan una pastorela de rebaños escamosos... | |
He visto los barcos Anclados en los muelles Los ojos convulsos de los peces Todo resplandor sobre las olas He visto el árbol en el bosque En el río detenida la corriente En la tarde todos los ocasos He visto en la noche Ciudades encendidas En la poesía el relámpago que dura ... | |
Con las manos juntas, en la tarde clara, vámonos al bosque de la sien de plata. Bajo los pinares, junto a la cañada, hay un agua limpia que hace limpia el alma. Bajaremos juntos, juntos a mirarla y a mirarnos juntos en sus ondas rápidas... Bajo el cielo de oro hay en la montaña una encina negra ... | |
Niña gentil que a la vida despertaste alegre ayer, como en Oriente despierta la luz al amanecer. Niña, que del oro cielo viniste al mundo a caer, como aljofarada gota del nítido rosicler. Y en inmaculada cuna te remeciste después, como ilusión que se mece del sueño al dulce vaivén. ... | |
Las voces, oigo las voces cantando en medio del diluvio canciones dulces con el crujir de las vigas que se mecen. Es la lluvia que da sueño, la alabanza del mar cuya paciencia levanta barcos. El canto es bello, pero la violencia que el oro y las ricas maderas suscitan ... | |
Hay horas en que imagino que estoy muerto; que sólo percibo formas amortajadas de tiempo; que soy apenas fantasma que algunos miran en sueños; que soy un pájaro insomne que más canta por más ciego; que me fugué -no sé cuándo- a dónde ella y él se fueron; ... | |
Todo cuanto hasta aquí fue escrito, mentira sorda. No es verdad que haya sido menos dura la mandíbula airada de las horas. Que un pañuelo piedad haya enjugado el sudor de las víctimas. Falso también que días más tarde la vida sea más fácil. L llaga en la conciencia. La espina, atroz, en la memoria. ... | |
oh vida por vivir y ya vivida, tiempo que vuelve en una marejada y se retira sin volver el rostro, lo que pasó no fue pero está siendo y silenciosamente desemboca en otro instante que se desvanece: frente a la tarde de salitre y piedra armada de navajas invisibles una roja escritura indescifrable ... | |
Un Coyote Emplumado es más que un lobo sin manada es menos que un árbol sin raíces es más que el aire sin ninguna fronda menos que esa puerta que la cierra el viento es más que un río arrastrando troncos y animales menos que un ciervo yugulado en la espesura es más ... | |
Tiembla cielo han llegado son los bárbaros que asoman al horizonte de la acrópolis. Han venido de tan lejos, distinta tierra a la que nombramos madre con sus batallas deslizándose en la niebla con sus caballos de formas extrañas, sus magos que todo lo crean, con sus cacharros y sus vicios ... | |
A los poetas André Bretón Benjamín Péret A las diez de la noche en el Café de Inglaterra salvo nosotros tres no había nadie Se oía afuera el paso húmedo del otoño pasos de ciego gigante pasos de bosque llegando a la ciudad Con mil brazos con mil pies de niebla cara de humo hombre sin cara ... | |
¡Déjala! Toma niña, este búcaro de flores; tiene azucenas de gentil blancura lirios fragantes y claveles rojos, tiene también camelias, amaranto y rosas sin abrojos, rosas de raso, cuyo seno ofrecen urnas de almíbar con esencia pura, que en sus broches de oro se estremecen. Admítelas, amor ... | |
