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25 poemas aleatorios | |
Porque ya mis tristezas son como los matices sombríos de los cuadros en que la luz fulgura; porque ya paladeo la gota de la amargura en el dorado néctar de las horas felices; porque sé abandonarme, con la santa inconsciencia de una tabla que flota, sobre el mar de la vida, ... | |
¿y estas ansias que levantan a oscuras mi esqueleto y hacen cielos como alas o maderas que no paran de crujir? ¿y estas ansias llovidas por ajenas lluvias? ¿y este dolor despertado en el meritito amanecer? ¿qué son a estas horas? ¿qué anuncian estos mares o veredas que nacieron ... | |
Los mismos sitios y las mismas calles. Días como tirados a cordel , tan lisos y tan sin detalles. Cual el tic-tac de un reloj isócrona la vida, y monótono el latir del corazón. El propio sol adormilado y yerto echado como un perro junto al huerto; las mismas puertas en los mismos quicios; ... | |
Bajo el mínimo imperio que el ver no ha roído se derrumban los días, la fe, las previsiones. En el último valle la destrucción se sacia en ciudades vencidas que la ceniza afrenta. La lluvia extingue el bosque iluminado por el relámpago. La noche deja su veneno. ... | |
Los columpios no son noticia, son simples como un hueso o como un horizonte, funcionan con un cuerpo y su manutención estriba en una mano de pintura cada tanto, cada generación los pinta de un color distinto (para realzar su infancia) pero los deja como son, no se investigan ... | |
La mujer que espera bajo la lluvia, la que siembra pensamientos en la hoguera, gime, se estremece. Sus pechos, violentas rosas, braman. Sus muslos se abren con denso escalofrío. Su voz, espuma melancólica, entrega vaticinios como una Luna Nueva que galopa. La noche, complacida, ... | |
III Entran hombres con los cautivos atados. ORESTES atado, apedreado, delira así: Cabra de sol y Amaltea de plata que, en la última ráfaga, suspiras aire de rosas, palabras de liras, sueño de sombras que los astros desata; al viejo Dios leche difusa y grata, y, ... | |
Navegar é preciso viver não é preciso Si la constelación indica el rumbo hay que mirar arriba y atrapar esa estrella en la mirada. Pero a tanta distancia ignorar es la ruta a navegar. Navegar é preciso viver não é preciso El timón no se corrige enderezando el barco. ... | |
¡Cuánto girón de cielo prometido que no puedo creer, que no logra sitiarme ni adormecer mi sien ni incitarme el afán! No rebusquen más mitos en mis labios. Soy la furia salvaje de una criatura abandonada en el monte sin conocer más padre que el sol que ha requemado mi epidermis ... | |
Abre sus fauces en la noche que despliega una luz trémula, olor a gato invade las paredes, enrojecen sus ojos por la presencia del humo de cannãbis, que asalta ya su sangre. Nada ha cambiado. El mismo pantalón de hace diez años, el agua de colonia, la barba que desliza por mis muslos. ... | |
¡Siempre solo! Si de la aurora diamantina se dibujan los célicos albores los pájaros del viento moradores al éter mandan su canción divina. Y si el sol orgulloso se reclina sobre un lecho radiante de colores, llenas de amor las carminadas flores entreabren su corola purpurina. Todos tienen un ser ... | |
Hay pájaros que llevan en sus alas el verde de la hoja y el ocre de la rama bestias azules que visten en sus franjas jirones de halo o nube donde aún reina el día leones que a su paso dejan huellas de garra y espigas amarillas caballos que ya inmóviles tiemblan... | |
Enorme y sólida pero oscilante, golpeada por el viento pero encadenada, rumor de un millón de hojas contra mi ventana. Motín de árboles, oleaje de sonidos verdinegros. La arboleda, quieta de pronto, es un tejido de ramas y frondas. Hay claros llameantes. Caída en esas... | |
Ábrese el fuego, y salta la burbuja metálica de un pez; barre los ojos una flor instantánea; doble salto mortal, ensaya el corazón. Amigos, algo mejor gocemos que un lamento. Ya, para no caerme, estoy colgado de tu clavo, alegría; de tu absorto badajo, de tu azúcar infalible... | |
Igual que roca o rosa, renacemos y somos como aroma o sueño tumultuoso en incesante amor por nuestro duelo; fugitivos sin fin que el rostro guardan, mudos cadáveres precipitados a una impasible tempestad; y morimos en nuestras propias manos, sin saber de agonías, ... | |
Porque tu sangre se sepa, cuentas a todos, Alfeo, que eres de Reyes. Yo creo que eres de muy buena cepa; y que, pues a cuentos topas con esos Reyes enfadas, que, más que Reyes de Espadas, debieron de ser de Copas. | |
a Gabriel Macotela Éste no es el viento de los sauces ni el viento de los eucaliptos, ni siquiera el viento que enciende las velas y mueve lentamente los molinos. No es el viento que desplaza las nubes en el calendario del verano ni el viento de la aurora naciendo en las aves. Hermanos, ... | |
Al montón de polvo que te cobija bajé esta tarde; la sal de la llanura ardía bajo el árido resplandor del silencio y un tifón de soledad golpeaba contra la flor caliza de los cerros. Yo te hablé con esa ternura indómita que rompe dignidades, y me quebré de bruces en la tierra; ... | |
Desde el apoyo que fundó tu brazo, desde tu fuerza que midió el paisaje cuando entero de abrigo y hospedaje te enredaste cabal en mi regazo, vas lloviendo semillas paso a paso en la fiesta del surco. Tu ramaje edifica inquietudes en el viaje por los alrededores del abrazo. Tanto tienes... | |
Quiero sembrarme en ti. No me conformo con tu piel, ni con tu risa, con tu aliento. No me bastan tus ojos y tus labios. Tu sangre quiero. Tenderte junto a mí, desmadejar tu pelo sobre el césped, sentirlo embravecido como el torrente negro. Deslizar mi silencio por tu lengua. ... | |
¿Cómo se rompió, de pronto, el puente que nos unía al deseo por un lado y por el otro a la dicha? ¿Y cómo en la mitad del puente que a pedazos se caía tu alma rodó al torrente y al cielo subió la mía? | |
Inserto en soledad de palabra vertida que apenas hiriera el silencio, siento la voz del sueño con su descenso casi imperceptible y sus labios de hielo, mas no el letal dolor que de mí nace, ni la perenne dicha del misterio aclarado más allá de las cosas, del último verano de la sangre que en su final ... | |
Tú, yo mismo, seco como un viento derrotado que no pudo sino muy brevemente sostener en sus brazos una hoja que arrancó de los árboles ¿cómo será posible que nada te conmueva que no haya lluvia que te estruje ni sol que rinda tu fatiga? Ser una transparencia sin objeto ... | |
Las cuestas y llanos se pueblan de los pobrecitos indios. Ya baja allá a lo lejos la imagen que traen en andas, con gran acompañamiento de gentes. Los cirios y candelas brillan amortiguadamente en la serena luz de la tarde. Este año ha sido de sequía. Las milpas están resecas... | |
Espléndido animal, óyete resonar por la noche como un tren que conoce el lugar de su destino. No preguntes a nadie cuál es el sitio. Para el que indaga no está reservada la respuesta. ¿Quién, celebrante, se atrevería a ponerse el olor del mar, la túnica de los desaparecidos? El intérprete... | |
