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25 poemas aleatorios | |
¿Dónde leí que Rainer María Rilke murió por lainfección que le produjo pincharse la mano con laespina de una rosa? La rosa no viene a mi poema, viene la espina de la rosa. Pero no llega hasta el papel la espina, se clava en la palma de la mano de Rainer María Rilke. ... | |
A ti, tan solo a ti, canta mi lira: ahogar quiero la voz de mi garganta, pero es en vano que por ti suspira, y trémula de amor tu nombre canta. Perdona , sí, mi sueño y mi delirio; perdona tanto amor, tanta ternura; mi alma expira en los brazos del martirio y canta, como el cisne, su amargura. ... | |
Más lejos de la química y del odio, de los cauces ocultos de los ecos, del espejo nocturno de la sombra. Más lejos… Más lejos de los nombres y los tactos, de las grises arañas de los pubis, de los rojos moluscos de las lenguas. Más lejos… Más lejos de la voz y del pecado, de las fuertes... | |
Todo, al soplar las brisas tropicales, mueve la sangre y todo a amar provoca. Naturaleza entera es una boca donde palpitan besos inmortales. Requiébranse en la rama los turpiales, lanzando su canción alegre y loca y, en la cortante arista de la roca, se acarician las águilas reales. Tálamo de las tiernas ... | |
Siempre fui mi pene, Dios mío, siempre fui el pedazo de mi carne que entraba en las mujeres, que me hacía hombre, conocedor del mundo, propietario de la vida y de la muerte. ¿Por qué me disminuyes? Yo no quiero aprender de tu sabiduría... | |
A Rosalba Llegamos a la estación Catorce después de un concierto de Santana era el año del dragón y tu sonrisa una enciclopedia leíamos a Simone de Beauvoir y los duendes efectivamente eran verdes Los duendes y la mezcalina no se llevan dijiste cuando en la estación encontramos ... | |
Como un cisne espectral, la luna blanca en el espacio transparente riela, y en el follaje espeso, Filomela melifluas notas de su buche arranca. Brilla en el fondo oscuro de la banca tu peinador de vaporosa tela, y por las frondas de satín se cuela o en los claros la nívea luz se estanca. ... | |
En la palabra del día despierta la noche. Como quien se enfrenta a una serie innumerable de nombres que nada le dicen y todo le confían. Como quien mira su destino desde la escritura renovada del espejo. Como quien resiste en el desierto con una flor de arena entre las manos. ... | |
Versos autobiográficos? Ahí están mis canciones, allí están mis poemas: yo, como las naciones venturosas, y a ejemplo de la mujer honrada, no tengo historia: nunca me ha sucedido nada, ¡oh, noble amiga ignota!, qué pudiera contarte. Allá en mis años mozos adiviné del Arte... | |
Un domingo Epifania no volvió más a la casa. Yo sorprendí conversaciones en que contaban que un hombre se la había robado y luego, interrogando a las criadas, averigüé que se la había llevado a un cuarto. No supe nunca dónde estaba ese cuarto pero lo imaginé, frío, sin muebles, ... | |
Los pensamientos, hoy perdidos, en la eternidad de mi noche buscan su cauce, su destino. Llega de unos gatos la cópula de lejos hasta mis oídos. Ya por debajo de las sábanas más helado se vuelve el frío. A través de un terco reloj muy lentamente me aproximo a los latidos del silencio ... | |
Regreso de los sueños que se inclinan cada noche a recoger violetas. De tardes que se juran la lluvia a perpetuidad. De palomas que se adelantan a los acontecimientos. Regreso porque es preciso convencerse y mirar que los atardeceres cambian siempre de sitio y la lluvia no solamente... | |
¿Has visto cómo crecen las plantas? Al lugar en que cae la semilla acude el agua: es el agua la que germina, sube al sol. Por el tronco, por las ramas, el agua asciende al aire, como cuando te quedas viendo el cielo del mediodía y tus ojos empiezan a evaporarse... | |
Ite, ait; egregias animas, quae sanguine nobis hanc patriam peperere suo, decorate supremis muneribus... VIRGILIO, Eneida, libro XI Renueva ¡oh Musa! el victorioso aliento con que, fiel de la patria al amor santo, el fin glorioso de su acerbo llanto audaz predije en inspirado acento, ... | |
Este íntimo tono de plácida dulzura en que la luz deambula desnuda por la tierra El sol niño que asoma su rostro sobre el lago Los millares de flores amarillas danzando A lo lejos la leve línea azul de las colinas: ala del cielo añil lamiendo el agua... | |
En su cuarto blanco, entre blancas sábanas se ha dormidoy sueña que duerme y que sueña en su cuarto blanco Se sabe soñando porque de su cuerpo a su cuerpo cae infinitamente y sin movimiento Y de pronto llega al fondo del cuerpo y entonces despierta en un cuarto rojo ... | |
De lo gris me salí, y al polvoriento gris he retornado. ¡Cuanto yo concebí, sólo fue imaginado, que el realizar a mí me está velado! Va a perderse mi huella... Sólo soy llamarada del destino; una loca centella que tiene el desatino de pretender que el polvo sea divino. ... | |
El crespón de la sombra más profunda arrebuja mi lecho afortunado, y ciñendo tus formas a mi lado de pasión te estremeces moribunda. Tu cabello balsámico circunda los lirios de tu rostro delicado, y al flotar por mis dedos destrenzado de más capuz el tálamo se inunda. Vibra el alma en mi mano ... | |
El erudito habla del pasado y la chica loca-de-su-cuerpo..., del futuro. Un beluario de peces de colores ansía gozar del instante de azogue que le escurre entre las manos... En la más sincopada de las rumbas préndeme tu vacuna, oh marihuana, universalizando el incidente ... | |
La noche llena todos los arroyos las ramas inclinadas y la arboleda misma la bestia cintilante la piel que la luz hace oír el amarillo múltiple que brota en línea organizada el quieto ruido verde sembrado de rápida existencia el rayo fijo sobre cada lomo la huella... | |
Ayer, el cielo azul, la mar en calma y el sol ignipotente y cremesino, y muchas ilusiones en mi alma y flores por doquier en mi camino. Mi vida toda júbilos y encantos, mi pecho rebosando de pureza, mi carmen pleno de perfume y cantos y muy lejos, muy lejos, la tristeza. ... | |
Saturados de bíblica fragancia se abaten tus cabellos en racimo de negros bucles, y con dulce mimo en mi boca tu boca fuego escancia. Se yerguen con indómita fragancia tus senos que con lenta mano oprimo, y tu cuerpo suave, blanco, opimo, se refleja en las lunas de la estancia. ... | |
En la orilla del aire (¿qué decir, qué hacer?) hay todavía una mujer. En el monte, extendida sobre la yerba, si buscamos bien: una mujer. Bajo el agua, en el agua, abre, enciende los ojos, mírala bien. Algas, ramas de peces, ojo de náufragos, flautas de té, le cantan... | |
¡Détente! Que está rendida, ¡eh, contente, no la mates! Y aunque la gente gritaba Corraía como el aire, Cuando quiso ya no pudo, Aunque quiso llegó tarde, Que estaba la Migajita Revolcándose en su sangre. . . Sus largas trenzas en tierra, Con la muerte al abrazarse, Las miramos de rodillas ... | |
Qué terquedad la muerte Los recuerdos ¡Quiero salir! Abrir la puerta a la madrugada Lejos de hospitales Y sábanas blancas No más pastillas para la vida No más agujas Son las cuatro a punto de amanecer Tengo sed La garganta es un nudo Afuera el mundo despierta Y tú eres un niño ... | |
