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25 poemas aleatorios

 

   Cuando miro tus ojos

   Fayad Jamís

primeros versos

Cuando miro tus ojos veo en ellos la Patria no puedo separarlos de esa imagen tan clara. Ellos son como el viento que hace temblar las ramas tú me miras y entonces amanece en las Guásimas. Quédate para siempre en mi noche, mi lámpara mi amor tiene en tus ojos su alimento, ...

 

   En que descubre digna estirpe a un borracho linajudo

   Sor Juana Inés de la Cruz

primeros versos

Porque tu sangre se sepa, cuentas a todos, Alfeo, que eres de Reyes. Yo creo que eres de muy buena cepa; y que, pues a cuentos topas con esos Reyes enfadas, que, más que Reyes de Espadas, debieron de ser de Copas.

 

   Los petirrojos

   Alberto Blanco

primeros versos

Con la puesta del sol los colorines cantaron: de todos los puntos cardinales convergieron los petirrojos en la almendra. Paulatinamente llenaron con sus cuerpecitos las ramas duras y secas del otoño. Las jacarandas en tonos menores y las nubes sonrojadas después del primer ...

 

   El celaje

   Amado Nervo

primeros versos

A dónde fuiste, amor; a dónde fuiste? Se extinguió en el poniente el manso fuego, y tu que me decías: «hasta luego, volveré por la noche»... ¡No volviste! ¿En que zarzas tu pie divino heriste? ¿Qué muro cruel te ensordeció a mi ruego? ¿Qué nieve supo congelar tu apego...

 

   Crepúsculos de la ciudad (I)

   Octavio Paz

primeros versos

Devora el sol final restos ya inciertos; el cielo roto, hendido, es una fosa; la luz se atarda en la pared ruinosa; polvo y salitre soplan sus desiertos. Se yerguen más los fresnos, más despiertos, y anochecen la plaza silenciosa, tan a ciegas palpada y tan esposa como herida...

 

   Ahora

   Fabio Morábito

primeros versos

Ahora, después de casi veinte años lo voy sintiendo: como un músculo que se atrofia por falta de ejercicio o que ya tarda en responder, el italiano, en que nací, lloré, crecí dentro del mundo —pero en el que no he amado aún—, se evade de mis manos, ya no se adhiere a las paredes como...

 

   Mayo hundió treinta y un garfios en mi espalda...

   Román Luján

primeros versos

MAYO HUNDIÓ TREINTA y un garfios en mi espalda Cómo explicarlo: el mundo solía esperarme a la vuelta de la esquina deseable por lejano inmerecido futuro aún en su cáscara justo antes de pudrirse Pero una tarde certeza de lo inmóvil el hastío del mismo ocaso mismo puño ...

 

   Voz

   Elsa Cross

primeros versos

Tu voz contra el atardecer. El viento empuja sobre el cristal las ramas de los altos encinos. Tu voz llena el espacio. Y no hay instrumentos para tu canto. Tu voz dibuja signos en el viento La noche va bordeando en silencio ese núcleo donde la luz se detiene todavía mientras tu voz, ...

 

   Tres de Lorca

   Marisa Trejo Sirvent

primeros versos

a Joaquín Vásquez Aguilar. Tardes en que el teléfono pregunta por consabidas náyades arteras . Ramón López Velarde. Te gustaba leer Con voz pausada Aquellos poemas Esos Los preferidos Tres de Lorca Algunos de Vallejo Siempre Miguel Hernández ...

 

   La giganta (I)

   Salvador Díaz Mirón

primeros versos

Es un monstruo que me turba. Ojo glauco y enemigo como el vidrio de una rada con hondura que, por poca, amenaza los bajeles con las uñas de la roca. La nariz resulta grácil y aseméjase a un gran higo. La guedeja blonda y cruda y sujeta, como el trigo en el haz. Fresca y brillante y rojísima la boca, ...

 

   No lo puedo evitar

   Sabeli Ceballos Franco

primeros versos

no te imaginas qué bien me veo hoy con el orgullo abanderando la cabeza con qué garbo me iré andando hacia [el trabajo con la sonrisa terca como una etiqueta que se asoma por [el vestido ¡qué buen porte! dirán los que me [vean ¿a qué se debe? inquirirán muertos ...

 

   Salmo del fuego

   Manuel José Othón

primeros versos

Noche muy negra. Un paso: la cañada defendida por ásperos pretiles. Abajo, la planada; arriba, envuelto entre la sombra helada, el enorme talud de los cantiles. Ni follaje, ni abrigo que proteja al viajero perdido de la negrura; que hace cientos de años, tal vez miles, bajaron, . ...

 

   Diálogo

   Francisco González Léon

primeros versos

Los mismos sitios y las mismas calles. Días como tirados a cordel , tan lisos y tan sin detalles. Cual el tic-tac de un reloj isócrona la vida, y monótono el latir del corazón. El propio sol adormilado y yerto echado como un perro junto al huerto; las mismas puertas en los mismos quicios; ...

 

   Casa con dos puertas

   Enrique González Martínez

primeros versos

¡Oh, casa con dos puertas que es la mía, casa del corazón vasta y sombría que he visto en el desfile de los años llena a veces de huéspedes extraños, y otras veces las más , casi vacía!... Casa que en los risueños instantes de la vida, miró absorta la fila interminable de los sueños, ...

 

   Eso me basta

   Amado Nervo

primeros versos

Este libro tiene muchos precedentes, tantos como gentes habrán sollozado por un bien amado, desaparecido, por un gran amor extinguido. Tal vez muchos otros lloraron mejor su dolor que yo mi inmenso dolor, quizá (como eran poetas mayores) había en sus lágrimas muchos más fulgores... ...

 

   Este perfume

   Salvador Novo

primeros versos

Este perfume intenso de tu carne, no es nada más que el mundo que desplazan y mueven los globos azules de tus ojos, y la tierra y los ríos azules de las venas que aprisionan tus brazos. Hay todas las redondas naranjas en tu beso de angustia, sacrificado al borde de un huerto ...

 

   Piedra de sol (Fragmento XIII)

   Octavio Paz - Homenaje

primeros versos

Eloísa, Perséfona, María, muestra tu rostro al fin para que vea mi cara verdadera, la del otro, mi cara de nosotros siempre todos, cara de árbol y de pandero, de chofer y de nube y de marino, cara de sol y arroyo y Pedro y Pablo, cara de solitario colectivo, despiértame, ya nazco: vida y muerte ...

 

   Color de veneno

   Frida Kahlo

primeros versos

Todo al revés. Yo? Sol y...

 

   Otra vez, al lector

   Juan Domingo Argüelles

primeros versos

Tú me pedías poesía como quien frutos desespera del olmo viejo del camino. Cada mañana amanecía y el árbol peras no arrojaba. Cuando vivir no es necesario escribe el cerdo, lee el puerco y se emocionan los marranos. Escucha bien: no hay moraleja: es otra voz la poesía.

 

   Paisaje

   Bernardo Ortiz de Montellano

primeros versos

Suspira el tiempo goloso en el seno de la tarde, que arrastra fino rebozo por los campos que Dios guarde. Los magueyales matizan con verdes moños la tierra y, a lo lejos, se precisan los contornos de la sierra. La sierra que abre los brazos protegiendo la campiña: la de los maizales...

 

   Memoria del gato

   Luis Alberto Arellano

primeros versos

Que tú ardas, mi gozosa como en el amor dulce de los 21 que tú ardas, deífica, en la llama salubre de los dioses que la ceniza te cubra espuria de borde a borde como los labios tuyos me daban continente que sientas tú arder la piel contra tu piel la llama contra tu vientre de pulido mármol ...

 

   Amanecer

   Rosario Castellanos

primeros versos

¿Qué se hace a la hora de morir? ¿Se vuelve la cara a la pared? ¿Se agarra por los hombros al que está cerca y oye? ¿Se echa uno a correr, como el que tiene las ropas incendiadas, para alcanzar el fin? ¿Cuál es el rito de esta ceremonia? ¿Quién vela la agonía? ¿Quién estira la sábana? ...

 

   Todo lo que arrojamos...

   Tomás Segovia

primeros versos

Todo lo que arrojamos junto con la ropa a nuestros pies cuando nos desnudamos, ¿diremos que sabríamos nombrarlo en su inmensidad y su incertidumbre? Algo se arranca de nosotros que en su desprendimiento al fin se dejaría ver, mas para eso no tenemos...

 

   La cascada de Barrio Nuevo

   José Joaquín Pesado

primeros versos

Crecida, hinchada, turbia la corriente troncos y penas con furor arrumba, y bate los cimientos y trastumba la falda, al monte de enriscada frente. A mayores abismos impaciente el raudal espumoso se derrumba; la tierra gime: el eco que retumba se extiende por los campos lentamente. ...

 

   Jornada de la soltera

   Rosario Castellanos

primeros versos

Da vergüenza estar sola. El día entero arde un rubor terrible en su mejilla. (Pero la otra mejilla está eclipsada.) La soltera se afana en quehacer de ceniza, en labores sin mérito y sin fruto; y a la hora en que los deudos se congregan alrededor del fuego, del relato, se escucha el alarido ...