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25 poemas aleatorios

 

   Muerte sin fin (fragmentos)

   José Gorostiza

primeros versos

I Lleno de mí, sitiado en mi epidermis por un dios inasible que me ahoga, mentido acaso por su radiante atmósfera de luces que oculta mi conciencia derramada, mis alas rotas en esquirlas de aire, mi torpe andar a tientas por el lodo; lleno de mí ahito me descubro en la imagen atónita del agua, ...

 

   Padre

   Enriqueta Ochoa

primeros versos

Al montón de polvo que te cobija bajé esta tarde; la sal de la llanura ardía bajo el árido resplandor del silencio y un tifón de soledad golpeaba contra la flor caliza de los cerros. Yo te hablé con esa ternura indómita que rompe dignidades, y me quebré de bruces en la tierra; ...

 

   Para que me defiendas

   Elías Nandino

primeros versos

Levántame la vida, deja lamer tu piel navegar tu marca en estos cuantos días que todavía me restan. Permíteme, también, que como tú yo piense que la muerte no existe y el tiempo no camina. Mi ocaso se apenumbra y casi veo agolparse las sombras que deberán ...

 

   Celebración de la memoria (XII)

   Jorge Ruiz Dueñas

primeros versos

Ya en e viento el águila pescadora torna a su naturaleza Un grifo solar vigila el secreto de las islas

 

   Álbum de zoología

   José Emilio Pacheco

primeros versos

Mirad al tigre Su tibia pose de vanidad satisfecha Dormido en sus laureles / gato persa de algún dios sanguinario Y esas rayas / que encorsetan su fama Allí echadito como estatua erigida a la soberbia un tigre de papel / un desdentado tigre de un (álbum de niñez Ociosa...

 

   Veinticinco de abril, tarde

   Tomás Segovia

primeros versos

También ellas las ágiles palabras Que nunca han sido mías Pero dónde podrían sino a mí decirse También ella me dan lo que no es suyo Pero de quien podrían ser sino de ellas Lo que su paso deja entre mis manos Y nunca fue su bien Como lo que nos da con asombro...

 

   Hombro

   Griselda Álvarez Ponce de León

primeros versos

Se te sube el desdén o se te baja, por el pesar te abates y sumisa se te cuelga del frio la camisa cuando el invierno a?la su navaja. Al buscar el refugio y la migaja, tu relieve de ornato y de repisa confunde a la paloma, que improvisa el canto arrullo con que te agasaja. Sitio escogido...

 

   El día que me quieras

   Amado Nervo

primeros versos

El día que me quieras tendrá más luz que junio, la noche que me quieras será de plenilunio con notas de Beethoven vibrando en cada rayo sus inefables cosas, y habrá juntas más rosas que en todo el mes de mayo. Las fuentes cristalinas irán por las laderas saltando cantarinas, el día que ...

 

   Trowbridge Street

   Octavio Paz

primeros versos

El sol dentro del día El frío dentro del sol. Calles sin nadie autos parados Todavía no hay nieve hay viento viento Arde todavía en el aire helado un arbolito rojo Hablo con él al hablar contigo 2 Estoy en un cuarto abandonado del lenguaje Tú estás...

 

   La calle

   Octavio Paz

primeros versos

Es una calle larga y silenciosa. Ando en tinieblas y tropiezo y caigo y me levanto y piso con pies ciegos las piedras mudas y las hojas secas y alguien detrás de mí también las pisa: si me detengo, se detiene; si corro, corre. Vuelvo el rostro: nadie. Todo está obscuro ...

 

   Otra vez en tu fondo

   Tomás Segovia

primeros versos

Otra vez en tu fondo empezó eso… Abre sus ojos ciegos el gemido, se agita en ti, exigente y sumergido, emprende su agonía sin regreso. Yo te siento luchar bajo mi peso contra un dios gutural y sordo, y mido la hondura en que tu cuerpo sacudido se convulsiona...

 

   Dolor

   Enrique González Martínez

primeros versos

Mi abismo se llenó de su mirada, y se fundió en mi ser, y fué tan mía, que dudo si este aliento de agonía es vida aún o muerte alucinada. Llegó el Arcángel, descargó la espada sobre el doble laurel que florecía en el sellado huerto... Y aquel día volvió la sombra y regresé a mi nada. ...

 

   Esta flor

   Salvador Novo

primeros versos

Esta flor en mis manos, repentina alba en mi noche estrellada de mi sueño nacida ¿me atreveré a tocarla? ¿mereceré siquiera profanar con mis ojos la luz que la revela? El aire desolado de la espera vacía, el aire en que no estaba ¡respiré tantos años! El agua que era muerta ...

 

   Cantar de Valparaíso

   Jaime García Terrés

primeros versos

Recuerdas que querías ser un poeta telúrico? Con fervor aducías los admirables ritos del paisaje, paladeabas nombres de volcanes, ríos, bosques, llanuras, y acumulabas verbos y adjetivos a sismos o quietudes (aun a las catástrofes extremas del planeta) vinculados. Hoy prefieres...

 

   Piedra nativa

   Octavio Paz

primeros versos

La luz devasta las alturas Manadas de imperios en derrota El ojo retrocede cercado de reflejos Países vastos como el insomnio Pedregales de hueso Otoño sin confines Alza la sed sus invisibles surtidores Un último pirú predica en el desierto Cierra los ojos y oye cantar...

 

   La vuelta de la aldea

   José Rosas Moreno

primeros versos

Ya el sol oculta su radiosa frente; melancólico brilla en occidente su tímido esplendor; ya en las selvas la noche inquieta vaga y entre las brisas lánguido se apaga el último cantar del ruiseñor. ¡Cuánto gozo escuchando embelesado ese tímido acento apasionado que en mi niñez oí! ...

 

   La velada del sapo

   Rosario Castellanos

primeros versos

Sentadito en la sombra -solemne con tu bocio exoftálmico; cruel (en apariencia, al menos, debido a la hinchazón de los párpados); frío, frío de repulsiva sangre fría. Sentadito en la sombra miras arder la lámpara En torno de la luz hablamos y quizá Uno dice tu nombre. (En septiembre. Ha llovido) ...

 

   La hora

   Julio César Aguilar

primeros versos

Vuelve la luz a hacerse luz, plácida claridad en el vaivén de sombras, y la calma otra vez, el remanso donde reposa -como en el sueño el insomne- su paso frenético el corazón. El aire que se respira se hace respirable, y el paisaje a cada mirada recobra el color y la forma. ...

 

   Óleos para mi madre

   Luis Alberto Arellano

primeros versos

Nada hay más obsceno que un enano pintando siempre putas Nada más terrible, una mujer sin miedo al abismo o la insignificancia escurrida entre las piernas tarde a tarde de un modo casi humano Un listón ennegrecido cargando el muro de una casa abandonada La irrisoria manera ...

 

   Colibrí 50

   Thelma Nava

primeros versos

No transcurre el tiempo cuando la soledad del hombre está desierta los actos cotidianos nos sitian estrellas como estatuas apagadas velan nuestro silencio Acaso el roce de la música suscita un movimiento un gesto un pequeño...

 

   Necesidad

   Eduardo Langagne

primeros versos

Primero un epígrafe rotundo, convincente. Después ese pronombre en la dedicatoria. abajo, un verso limpio, exacto, trabajado, bien pulido, aunque el pobre no sea inolvidable. Otro verso más claro, la sencilla metáfora del verso que le sigue, tal vez algún recurso que mantenga la idea ...

 

   Un ramo de rosas

   Eduardo Langagne

primeros versos

Una es la rosa que hirió a Rilke, quisiera por ello escarmentarla, pero no puedo; le temo y me fascina, me obsesiona la rosa memorablemente enlazada a nuestras vidas. Elegí alguna más de entre las milagrosas rosas de Juan Diego que la ilusión dibuja en un ayate. Evocaré también las rosas...

 

   Agua nocturna

   Octavio Paz

primeros versos

La noche de ojos de caballo que tiemblan en la noche, la noche de ojos de agua en el campo dormido, está en tus ojos de caballo que tiembla, está en tus ojos de agua secreta. Ojos de agua de sombra, ojos de agua de pozo, ojos de agua de sueño. El silencio y la soledad, ...

 

   Bienvenido sea (IV)

   Alfredo R. Placencia

primeros versos

¿Eres Tú la Sunamitis, cuyo dulce imperio abarca los eternos siglos?... ¿Eres la escogida entre millares de mujeres?... ¿La que sueñan los poetas, la que amó cada patriarca, la que llaman los profetas Primogénita, Deífica, Vellocino y Trono y Arca?... ¿Eres Tú la siempre ...

 

   Mar de fondo (XVIII)

   Francisco Hernández

primeros versos

A partir de septiembre el río no ha hecho más que crecer. Se lleva lo que a su paso encuentra: casas, puentes, arrumbadas berlinas y muros de contención. La cola del huracán, envuelta en lluvia, llena mi espacio de pájaros sin nido que irrumpen como malas noticias. ...