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25 poemas aleatorios

 

   En medio de las risas...

   Jaime Sabines

primeros versos

En medio de las risas y testigo del llanto, oyendo y viendo gentes remotas a mi lado, en una soledad sin palabras ni gestos, acaso solo y triste, me doy cuenta, me hablo. Por este no morirme me estoy muriendo a diario. Desde mi cuerpo grito noche a noche, me espanto...

 

   Viento entero

   Octavio Paz

primeros versos

El presente es perpetuo Los montes son de hueso y son de nieve están aquí desde el principio El viento acaba de nacer sin edad como la luz y como el polvo Molino de sonidos el bazar tornasolea timbres motores radios el trote pétreo de los asnos opacos cantos y quejas enredados ...

 

   Romance apócrifo

   Manuel Ponce

primeros versos

Es el lirio nazareno, lo difícil de la hora, reyes sin fruto, el inútil degüello de la paloma. Paisajes de Mediodía, barnices de dura goma izan brocales antiguos, frescos tópicos de sombra. Hojas de plata caían sonando por la memoria del apóstol mineral cargado con las alforjas. Pero Jesús...

 

   Noche y nieve

   José Emilio Pacheco

primeros versos

Me asomé a la ventana y en lugar de jardín hallé la noche enteramente constelada de nieve La nieve hace tangible el silencio y es el desplome de la luz y se apaga La nieve no quiere decir nada: Es sólo una pregunta que deja caer millones de signos de interrogación sobre el mundo ...

 

   Los grillos (defensa e ilustración de la poesía)

   José Emilio Pacheco

primeros versos

Recojo una alusión de los grillos: su rumor es inútil, no les sirve de nada entrechocar sus élitros. Pero sin la señal indescifrable que se trasmiten de uno a otro. la noche...

 

   Con el dolor de la mortal herida...

   Sor Juana Inés de la Cruz

primeros versos

Efecto muy penoso de amor, y que no por grandes se igualan con las prendas de quien le causa Con el dolor de la mortal herida, de un agravio de amor me lamentaba, y por ver si la muerte se llegaba procuraba que fuese más crecida. Toda en el mal el alma divertida, pena por pena ...

 

   Elegía

   Manuel José Othón

primeros versos

A la memoria de Rafael Ángel de la Peña De mis oscuras soledades vengo y tornaré a mis tristes soledades a brega altiva, tras camino luengo; que me allego tan sólo a las ciudades con vacilante planta y errabunda, del tiempo antiguo a refrescar saudades. ...

 

   Booz canta su amor

   Gilberto Owen

primeros versos

Me he querido mentir que no te amo, roja alegría incauta, sol sin freno en la tarde que sólo tú detienes, luz demorada sobre mi deshielo. Por no apagar la brasa de tus labios con un amor que darte no merezco, por no echar sobre el alba de tus hombros las horas que le restan a mi duelo. ...

 

   He llegado aquí

   Nezahualcóyotl

primeros versos

He llegado aquí, soy Yoyontzin. Sólo busco las flores, sobre la tierra he venido a cortarlas. Aquí corto ya las flores preciosas, para mí corto aquellas de la amistad: son ellas tu ser, ¡oh príncipe!, yo soy Nezahualcóyotl, el señor Yoyontzin. Ya busco presuroso mi canto verdadero, y así también busco ...

 

   Canción de amor y sombra

   Luis Rius Azcoita

primeros versos

Quiero sembrarme en ti. No me conformo con tu piel, ni con tu risa, con tu aliento. No me bastan tus ojos y tus labios. Tu sangre quiero. Tenderte junto a mí, desmadejar tu pelo sobre el césped, sentirlo embravecido como el torrente negro. Deslizar mi silencio por tu lengua. ...

 

   Anacusia

   Jaime Augusto Shelley

primeros versos

Escribía sobre el amor, ¡Como si no tuviera otras que decir, más importantes! Sobre cosas que pasan, sobre miasmas de siempre, acerca de pólipos y amibas, y eso sobre el amor . Caía sobre de ello, sobre de ellas tres, hembras de mi alquimia. Escribía sobre ti, yo mismo y otra. ...

 

   Una lágrima

   Antonio Plaza

primeros versos

I Yo, mujer, te adoré con el delirio con que adoran los ángeles a Dios; eras, mujer, el pudoroso lirio que en los jardines del Edén brotó. Eras la estrella que radió en Oriente, argentando mi cielo con su luz; eras divina cual de Dios la frente; eras la virgen de mis sueños, tú. ...

 

   Bienvenido sea (IV)

   Alfredo R. Placencia

primeros versos

¿Eres Tú la Sunamitis, cuyo dulce imperio abarca los eternos siglos?... ¿Eres la escogida entre millares de mujeres?... ¿La que sueñan los poetas, la que amó cada patriarca, la que llaman los profetas Primogénita, Deífica, Vellocino y Trono y Arca?... ¿Eres Tú la siempre ...

 

   A veces uno toca el cuerpo

   Homero Aridjis

primeros versos

A veces uno toca un cuerpo y lo despierta por él pasamos la noche que se abre la pulsación sensible de los brazos marinos y como al mar lo amamos como a un canto desnudo como al solo verano Le decimos luz como se dice ahora le decimos ayer y otras partes lo llenamos ...

 

   Oda por la muerte del Che Guevara

   Marco Antonio Montes de Oca

primeros versos

El temporal termina cuando por cada gota de lluvia brota un pájaro sediento, Un navío de velas negras en que ventrudos fantasmas andan de puntillas Para no despertarte demasiado pronto, querido comandante Guevara. Tu muerte, distante y compartida, pasa por la garganta de los niños...

 

   Retrato de niño

   Salvador Novo

primeros versos

En este retrato hay un niño mirándome con ojos grandes; este niño soy yo y hay una fecha: 1906. Es la primera vez que me miré atentamente. Por supuesto que yo hubiera querido que ese niño hubiera sido más serio, con esa mano más serena, con esa sonrisa más fotográfica. ...

 

   La nave de la China

   Francisco González Léon

primeros versos

La nave de la China que llegó a Acapulco le trajo a la noble Marquesa de Uluapa un cofre de laca color de vainilla; y ornado de alados dragones dorados y de extrañas flores, unos dos tibores. Pero a mi me trajo algo que es mejor: a mi me ha traído olvido de amor. ...

 

   Los hombres azules

   Ricardo Yáñez

primeros versos

Los hombres azules en el agua brillante los hombres negros en el agua y los peces saltando en el aire por sus cabezas los peces de mercurio y plata (Del libro de reciente aparición Estrella oída, coeditado por El Aduanero y la UAM Azcapotzalco.)

 

   Tepeyólotl: Corazón del monte

   Efraín Bartolomé

primeros versos

Todavía llegaba el gato grande a hacer perjuicio a veces Todavía se oían los rumores Se oía que un relámpago entró y no dejó más señas que unas manchas de sangre Todavía se ponía de puntas el vello de la espalda ante la huella hundida —bien marcada en el lodo...

 

   Muérdagos furiosos retintaron los árboles...

   Víctor Sandoval

primeros versos

Muérdagos furiosos retintaron los árboles. Hubo una llamarada en cada objeto. La misma inquieta llama compartida por los amantes frente a sí ante la suave y lenta tela que desciende hasta que al fin, noche de luna, desnuda como un dedo ensortijado, renaces desde siempre: ...

 

   Cae la lluvia sobre junio...

   Homero Aridjis

primeros versos

Cae la lluvia sobre junio El espíritu de la mujer que ama corre en tu cuerpo... se desnuda en las calles La vida en los rincones sostiene el equilibrio del mundo con un algo de Dios que asciende de las ruinas Los hijos del hombre hacen su universo sobre un barco de papel que se destroza ...

 

   Las Vírgenes terrestres

   Enriqueta Ochoa

primeros versos

Para Marianne, mi hija En vano envejecerás doblado en los archivos: no encontrarás mi nombre. En vano medirás los surcos sementados queriendo hallar mis propiedades. No tengo posesiones. En cambio, es mío el sueño de los valles arrobados y mío el subterráneo ...

 

   De pronto New York se quedó sin Joseph Brodsky

   José Eugenio Sánchez

primeros versos

pasan las risotadas de un carro antiguo un tipo tembloroso te ofrece lo que quieras las prostitutas en abrigo se cubren el viento entre ellas unos uniformados salen de un bar completamente ebrios un vagabundo extiende la mano al final de la calle se enciende la tortea de una patrulla de policía ...

 

   Triunfo de la carne derrota de la piedra

   Marco Antonio Montes de Oca

primeros versos

Piedra imán, piedra falsa, Piedra cerrada a piedra y lodo; En mi mortero cede tu cohesión, Ahí te ablandas, te vuelves río de harina, Denso vapor que fumo en la mañana. Piedra obstinada: Una dureza más firme que la tuya prevalece: Voluntad se llama. Amor enfermo...

 

   La casa de Doña Juana Nepomucena

   Francisco González Léon

primeros versos

El huerto umbroso, y aquel rosal que se alcanzaba, desde la sala de la casita a divisar. La viejecita que allí vivía; la viejecita que me contaba mientras bordaba, mientras tejía, vidas de santos, raros portentos, y tantos cuentos de encantamientos y brujería. Y las toronjas junto a las rosas: ...