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25 poemas aleatorios | |
Ya he llorado hasta sentirme viva Me he comido de dolor hasta los dientes Llorarte, sí pero lamiendo el mundo Amarte, sí y llorar de amor por eso Llorar sin religión sobre una biblia de lágrimas He pensado demasiado en lo que te falta y me sobra Lloro sin querer, como si hubiesen motivos ... | |
Como el aire hace y deshace sobre las páginas de la geología, sobre las mesas planetarias, sus invisibles edificios: el hombre. Su lenguaje es un grano apenas, pero quemante, en la palma del espacio. Sílabas son incandescencias. También son... | |
en el círculo de llamas esta danza el movimiento de su pecho a la derecha y el de sus caderas a la izquierda el animal de la creación en un solo dibujo siempre sagrado sobre el suelo ardiente señora de la danza se cubre a sí misma como Tetis... | |
Si ya no puedes regresar a tu orilla izquierda, déjate llevar a donde sea. Sería bueno olvidarse del brocal del pozo y aventurarse en el río subterráneo. El día de ayer se ha ido y el que tú fuiste ayer. No trates de levantar del polvo ese amor, porque sólo levantarás jirones y sombras. Enséñale... | |
Lo que la mar arroja no son únicamente iniquidades. De cuando en cuando el tiempo se amotina para corporeizar nuestros ensueños... y entonces llega a nuestras playas un gigante dormido, un desmayado cuerpo de profeta por el que todos claman, que casi todos esperaban, que cada hombre ... | |
No tengo tiempo de mirar las cosas como yo lo deseo. Se me escurren sobre la mirada y todo lo que veo son esquinas profundas rotuladas con radio donde leo la ciudad para no perder tiempo. Esta obligada prisa que inexorablemente quiere entregarme el mundo con un dato pequeño. ... | |
Que vuelvas a ver la enorme catedral y la erizada Capilla y sientas el paso distante, los rumores de los Cruzados y de San Luis. Que vuelvasa la calle Monsieru le Prince para asomarte a los escaparates y, luego, en la calle Vavin, a los inventos de los herboristas y su lento prodigio -la invisibilidad ... | |
¿Qué otra cosa sino este cuerpo soy alquilado a la muerte para unos cuantos años? Cuerpo lleno de aire y de palabras, sólo puente entre el cielo y la tierra. 2 Si el hombre está hecho a semejanza de Dios, o Dios a semejanza del hombre... | |
En medio de un silencio desierto como la calle antes del crimen sin respirar siquiera para que nada turbe mi muerte en esta soledad sin paredes al tiempo que huyeron los ángulos en la tumba del lecho dejo mi estatua sin sangre para salir en un momento tan lento en un interminable ... | |
El jugo de una naranja es dulce y su cáscara amarga. Todo mundo lo sabe, pero nadie es capaz de probar que la cáscara de una naranja es amarga. Hablemos de las semillas: piedra y alumbramiento. Una naranja es una constelación o una herida en el pecho. ¿Qué dicen del color? ... | |
¡Yo adoro el diamante de luces reales! El que desbarata diáfanos cristales en el rizo rubio y en la trenza umbría; príncipe nimbado de auroras triunfales ¡augusto monarca de la pedrería! ¡Yo adoro el granate que trágicamente inflama en los senos su cáliz ardiente! Sangre milagrosa ... | |
ayer escuché una canción que se parecía mucho a tu cuerpo. o sea que estuve triste de adioses toda la noche. de ausencias. estuve triste porque la canción no terminaba y era como tu cuerpo. a veces me pregunto cómo pudiste aparecer a tan altas horas de mi dolor. me pregunto ... | |
¿Dónde leí que Rainer María Rilke murió por lainfección que le produjo pincharse la mano con laespina de una rosa? La rosa no viene a mi poema, viene la espina de la rosa. Pero no llega hasta el papel la espina, se clava en la palma de la mano de Rainer María Rilke. ... | |
Uno vuelve, siempre, a los viejos sitios donde amó la vida. César Icella Esa tristeza lenta del recuerdo se nos va desdoblando por la cara. Y en lugar de los ojos se humedecen dos profundas hogueras en donde alguna vez frotamos nuestras manos con las de un ser querido. ... | |
Llego entre dos esbirros, que no dudan de que a un monstruo feroz guardan y aquietan. Gritos desgarradores me saludan y brazos epilépticos me aprietan. Suspenso en el umbral callo y vacilo. Alto y grueso blandón muestra y agrava con lampo incierto el espantable asilo. ... | |
Me quité un brazo una pierna, un ojo, me desprendí de media alma y me siento igual a cuando no te tenía. Pero ya uní mis partes, cosí mi ojo a mi pecho, mi pierna a mi brazo, y mi brazo a mi trasero, ahora soy normal, soy el rey del descontento. | |
Todo el año caído, todo el año, polen sin rumbo, tierra sin semilla, algo que muy adentro se apolilla y algo que por afuera se hace daño. El aire huele como a desengaño, algo se pudre, algo está en la orilla y mientras el otoño se amarilla el ambiente se torna más huraño. ... | |
Para Marianne, mi hija En vano envejecerás doblado en los archivos: no encontrarás mi nombre. En vano medirás los surcos sementados queriendo hallar mis propiedades. No tengo posesiones. En cambio, es mío el sueño de los valles arrobados y mío el subterráneo ... | |
Inmóvil en la luz, pero danzante, tu movimiento a la quietud que cría en la cima del vértigo se alía deteniendo, no al vuelo, sí al instante. Luz que no se derrama, ya diamante, fija en la rotación del mediodía, sol que no se consume ni se enfría de cenizas y llama equidistante. Tu salto es un segundo ... | |
Qué o quién me guiaba? No buscaba a nadie, buscaba todo y a todos: vegetación de cúpulas azules y campanarios blancos, muros color de sangre seca, arquitecturas: festín de formas, danza petrificada bajo las nubes que se hacen y se deshacen y no acaban de hacerse, siempre... | |
Tu nombre repetido por las calles Tu boca Tu paso que no es nocturno ni de aurora Tu voz Sólo tu ser creciendo en las esquinas Tu tiempo... tus alianzas Ahora sentada en espiral Después el humo. Selección: Guido Ferrer | |
Viéramos, amarilla, construirse la corona sulfúrica de humo en la huella del chivo, y floreciera la doliente señora del incienso con el siete de espadas. Viernes santo. Y más: la pesadumbre que con uñas insomnes nos exprime del corazón un grito... | |
Cuando todo era flores tu camino, cuando todo era pájaros tu ambiente, cediendo de tu curso a la pendiente todo era en tí fugaz y repentino. Vino el invierno con sus nieblas vino el hielo que hoy estanca tu corriente, y en situación tan triste y diferente ni aún un pálido sol te da el destino. ... | |
No le toques los pechos Extranjero A esta sombra con fiebre que esta noche Anocheció tan hembra Por los linderos de los residentes Todo el verano es de ellos Escúchalos dichosamente extraviados Sin saber cómo hacer Para entender bajo sus propias voces Este lamento ... | |
Los he visto de cerca, solemnes y magníficos, poniéndose su cuerpo cada día mientras les duele el cráneo desvestido. Los he visto en la tierra, azotándose, gusanitos de Dios sin esperanza. Colgados de la vida, con su domingo a cuestas que tarda en regresar una semana. Cerca del testimonio... | |
