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25 poemas aleatorios | |
Un cielo azul, dos estrellas brillando en la inmensidad. Un pájaro enamorado cantando en el florestal. Por ambiente, los aromas del jazmín y el azahar. Junto a nosotros, el agua brotando del manantial: nuestros labios, mucho más. Tú levantándote al cielo y yo siguiéndote allá. ... | |
Dios está podrido en dinero, dice en voz baja un comerciante del pueblo. En sus eternos ratos libres, se entretiene devorando la imaginación de quienes no tienen para comer. ¿Quiere retratar... | |
En la casa de las pinturas comienza a cantar, ensaya el canto, derrama flores, alegra el canto. Resuena el canto, los cascabeles se hacen oír, a ellos responden nuestras sonajas floridas. Derrama flores, alegra el canto. Sobre las flores canta el hermoso faisán, ... | |
Más que aire más que agua más que labios ligera ligera Tu cuerpo... | |
El que se lamentaba de hacer su propia estatua con arcilla que pruebe las materias que nosotros usamos. Nosotros, es decir, los marginales: memoria, ensueño, humo, sueño, esperanza. Nada. De: Poesía no eres tú | |
A tres leguas de un puerto bullente que a desbordes y grescas anima, y al que a un tiempo la gloria y el clima adornan de palmas la frente, hay un agrio breñal, y en la cima de un alcor un casucho acubado, que de lejos diviso a menudo, y rindiéndose apoya un costado en el tronco ... | |
El ómnibus se detuvo. Los viajeros bajaron uno a uno. Tú estabas entre la multitud de muchachas que trabajan esa tierra y el sol de mediodía. Los viajeros se asomaron a los surcos, a los rostros; interrogaron y sudaron, y luego volvían al ómnibus cuando tú te me acercaste y empezaste ... | |
He detenido la respiración para sentir si tú respiras. A la vez has quedado tan presente y lejana. Eterna casi. Fuera del tiempo, sola, sin moverte. Y me llenó el terror incontenible de que te hubieras ido; de que te hubieras muerto en sueños, y me hubieras dejado entre los brazos ... | |
La vi tendida de espaldas entre púrpura revuelta... Estaba toda desnuda aspirando humo de esencias en largo tubo escarchado de diamantes y de perlas. Sobre la siniestra mano apoyada la cabeza, y cual el ojo de un tigre un ópalo daba en ella vislumbres de sangre y fuego ... | |
Puedes perderte así un día de fiebre sin saber por dónde la sangre corriendo emponzoñada puedes perderte así un día de rabia Éste es aún el aguerrido mundo de los sueños Nacerás hoy con buena estrella Mirarás y serás reconocido Tomarán tus palabras como justas Crecerás en boca ... | |
¿A dónde voy entonces sino a ti placer, a ti morir? ¿A dónde lleva lo más profundo que esconde mi desear? Si la llama al arder consume, el instante que recogí del árbol de la vida el simple fruto de la muerte da. ¿Qué salvación espera en el cauterio del otro dormir, ... | |
Musa en alcahaz toca a mitad de lo que fluye; pues la otra, enrarecida, va en efusión, si no divina, sí en exterior extendido, en vuelo. Hasta los codos, todavía hay poesía. Un paso más, y aleando... | |
Colección reservada de sonetos votivosV Toda una noche para mí tenerte sumisa a mi violencia y mi ternura; toda una larga noche sin premura, sin nada que nos turbe o nos alerte. Para vencerte y vencerte y vencerte, y para entrar a saco sin mesura en los tesoros de tu carne pura, ... | |
Eres tú la sola mirada que se colma de azules bajo la sombra de las hojas? ¿La que guarda aún el recuerdo del vestido blanco y los azahares nupciales? ¿La que monta una bicicleta de plata como acudiendo al llamado de un deseo imprevisto? ¿La que baila frente a la luna... | |
Si cabalga tu empeño por mis bandas y mis cabellos usas como bridas, despiertas en mi espalda alas dormidas y un reino de palomas me desbandas. Voy hasta a donde quieras. Tú me mandas. El rumbo hacia las cosas compartidas: Unas buscadas y otras poseídas, ir y venir... | |
Herido está de muerte, vacilante Y con el paso torpe y mal seguro Apoyo busca en el cercano muro Pero antes se desploma palpitante. El que en rico palacio deslumbrante Manchó el ambiente con su aliento impuro, De ajeno hogar en el recinto oscuro La negra eternidad mira delante. Se extiende ... | |
(Homenaje a Chuang Tzu) Anoche te soñé. Llevabas una gabardina de piel, y abajo nada. Era otoño y estabas empapada de lluvia; caminabas en alguna estación de Madrid hacia ninguna parte. Detenías tus pasos, cada tanto, para sentir azafranada tu piel resplandecer ante la luna ... | |
En este lugar fue construido un jardín En este lugar la luz levantó sus bóvedas En este lugar fue sembrado el árbol Cuya forma une al cielo con la tierra En este lugar brotó la primera fuente En este lugar nació el río de cuatro brazos Que se extiende por los cuatro rumbos de la tierra ... | |
Vuelvo los ojos a la que soy Es la casa que mucho antes de mí se fundó En las colinas más altas de la dicha Reconozco objetos Fotografías en las que me veo crecer La habitación donde la primavera comienza Tú también vuelves Claudio La vida está en nuestras manos ... | |
Dame tus manos puras; una gema pondrá en cada falange transparente mi labio tembloroso, y en tu frente cincelará una fúlgida diadema. Tus ojos soñadores, donde trema la ilusión, besaré amorosamente, y con tu boca rimará mi ardiente boca un anacreóntico poema. ... | |
La nota roja encontrará la flecha, el arco, el tizne de la luna; una mujer con olor a pescado putrefacto, espinas, escamas y una cabellera de serpientes. Al ver sus senos, un camino de sanguijuelas será la columna vertebral del reportero. Reconstruirán la historia ... | |
Soy rico, yo, el señor Nezahualcóyotl. Reúno el collar, los anchos plumajes de quetzal, por experiencia conozco los jades, ¡son los príncipes amigos! Me fijo en sus rostros, por todas partes águilas y tigres, por experiencia conozco los jades, ... | |
Crin que al aire te vuela, rizada y bruna, parece a mis ahogos humo en fogata; y del arpa desprendes la serenata divinamente triste, como la luna. Y del celo ardoroso despides una fragancia de resina; y él te dilata ojo que resplandece con luz de plata, como en la sombra el vidrio de la laguna. ... | |
Tenemos que rodear este tiempo de pájaros, dijo la prima Eva, que sabía de la inutilidad de todo esfuerzo, por lo cual -ella agónica- me sorprendió. ¿Te acuerdas que reía?, musitó como en fiebre y fue cuando el relámpago partió en dos su árbol. Partía ella hacia el fondo de sí, hacia la sangre ... | |
Las cosas que entran por el silencio empiezan a llegar al cuarto. Lo sabemos, porque nos dejamos olvidados allá adentro los ojos. La soledad llega por los espejos vacíos; la muerte baja de los cuadros, rompiendo las vitrinas de museo; los rincones se abren como granadas para que entre el grillo ... | |
