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25 poemas aleatorios | |
Quién es esa sirena de la voz tan doliente, de las carnes tan blancas, de la trenza tan bruna? —Es un rayo de luna que se baña en la fuente, es un rayo de luna... ¿Quién gritando mi nombre la morada recorre? ¿Quién me llama en las noches con tan trémulo acento... | |
¡Si tú murieras! Anoche, mientras fijos tus ojos me miraban y tus convulsas manos mis manos estrechaban, tu tez palideció. ¿Qué hicieras me dijiste si en esta noche misma tu luz se disipara, si se rompiera el prisma, si me muriera yo? ¡Ah! deja las tristezas al nido abandonado, las sombras ... | |
Mísera flor!, te arrancará el destino de mi doliente y cariñoso seno, y el mundo cruzarás, de azares lleno, en alas de estruendoso remolino; o tal vez hallarás en el camino otro sol y otro campo más ameno, y halagada del céfiro sereno ostentarás tu encanto... | |
Epitafio sobre ninguna piedra: Mixcoac fue mi pueblo: tres sílabas nocturnas, un antifaz de sombra sobre un rostro solar. Vino Nuestra Señora, la... | |
atrápame esta noche con la mirada dueña del paraíso y la espada que se fragua entre los muslos transfórmame quítame esta pena como si fuera un vestido envuélveme esta noche con fiero amor que me pierdo en un cuerpo azotado por el frío | |
Estaba yo pelando una pera muy quitada de la pena, contenta de ir a servir de desayuno, cuando de pronto noté el poco pudor con que se dejaba eliminar la vestimenta y cómo soltó en humedad que me escurría por lo dedos un jugo lúbrico que me pedía cierto pudor ... | |
Pues ya si en el exido De hoy más no fuere vista ni hallada, Diréis que me he perdido, Que andando enamorada... San Juan de la Cruz Cántico espiritual Atraída al olor de tus aromas Y embriagada del vino de tus pechos, Olvidé mi ganado en los barbechos Y perdí mi canción entre las pomas. ... | |
El ómnibus se detuvo. Los viajeros bajaron uno a uno. Tú estabas entre la multitud de muchachas que trabajan esa tierra y el sol de mediodía. Los viajeros se asomaron a los surcos, a los rostros; interrogaron y sudaron, y luego volvían al ómnibus cuando tú te me acercaste y empezaste ... | |
Los mismos sitios y las mismas calles. Días como tirados a cordel , tan lisos y tan sin detalles. Cual el tic-tac de un reloj, isócrona la vida, y monótono el latir del corazón. El propio sol adormilado y yerto echado como un perro junto al huerto; las mismas puertas en los mismos quicios; ... | |
Avanza como avanzan los felices: ingrávida, ligera, no tanto por las alas cuanto porque es acéfala. Una cabeza es siempre algo que tiene un peso: la estructura del cráneo que es ósea y el propósito siempre de mantenerla erguida, alerta. Y lo que adentro guarda. ... | |
No lo salves de la tristeza, soledad, no lo cures de la ternura que lo enferma. Dale dolor, apriétalo en tus manos, muérdele el corazón hasta que aprenda. No lo consueles, déjalo tirado sobre su lecho como un haz de yerba... | |
El arquero prepara su flecha hacia la presa: gacela agazapada en el rincón de unas cobijas. Selección del poemario inédito UN GRITO EN EL ARCA de Isolda Dosamantes | |
amar es combatir, si dos se besan el mundo cambia, encarnan los deseos, el pensamiento encarna, brotan alas en las espaldas del esclavo, el mundo es real y tangible, el vino es vino, el pan vuelve a saber, el agua es agua, amar es combatir, es abrir puertas, dejar de ser fantasma ... | |
Con esta ortografía de palabras insomnes desde la piel te escribo en el desorden Desde la boca que inventó tu boca lanzo señales de humo para alcanzar tu oído que dormita el lenguaje nocturno de la almohada Te estoy hablando desde la piel del humo el humo que me estalla ... | |
Éste que sale del baño no soy el que entré en la regadera. Era otro. Tenía un topacio en cada ojo. Venía de ver la verdad escueta y la trenzada hilatura de los sueños. Era un yo mismo mucho más potente, capaz de salir de sí, de su piyama y ponerse en la tierra de los otros, con la mirada... | |
Haber creído alguna vez viendo la noche desplomarse al mundo y una tristeza al corazón volcada, y después ese cuerpo que oprimen nuestras manos: la mujer que sonríe y sobre el lecho se nos vuelve cadáver mutilado en el recuerdo, como mentira ínfima o rosa desde siglos viviendo ... | |
No temas, niña sola cruza el salón despacio porque el eco es enorme y podrá degollarte las pisadas. Abrázate a tu sombra si es preciso, si no logras llegar, mejor no vuelvas, porque no es justo... | |
Como un cisne espectral, la luna blanca en el espacio transparente riela, y en el follaje espeso, Filomela melifluas notas de su buche arranca. Brilla en el fondo oscuro de la banca tu peinador de vaporosa tela, y por las frondas de satín se cuela o en los claros la nívea luz se estanca. ... | |
Aman los puercos. No puede haber más excelente prueba de que el amor no es cosa tan extraordinaria. (Selección: Juan Domingo Argüelles) | |
Cuántos años tengo, Olga Lucía, pregunto mientras lentamente te desplazas por la habitación y paso a paso me dejo llevar por el movimiento de tus piernas. Cuántos años tengo para mí, para ti, para aquellos que de lejos me miran y no me saludan porque extraña soy para esta vida ... | |
Cesa tu voz y muere sobre tus labios mi alegría. No habrá palabra que en tu piel levante ni un incierto sabor de brisa oscurecida como el recuerdo que en mis ojos deja el paso de tu aliento, porque vives inmersa en tu silencio, impenetrable a mis sentidos y si mis manos en tu piel ... | |
madre madre muerta mi tambor sobre tu tumba madre muerta suena el cuero del tambor sobre tu tumba y mis manos sobre el cuero del tambor sobre tu tumba las uñas de mis manos golpeando sobre el cuero del tambor sobre tu tumba madre muerta la sangre de las uñas... | |
Nombra el poeta con un silencio ante la cosa oscura, con un grito ante el objeto luminoso. Pero ¿qué cosa dicen de las cosas los nombres? ¿Se conoce al gallo por la cresta guerrera de su nombre, gallo? ¿Dice mi nombre, Eduardo, algo de mí? Cuando nací ya estaba creado el nombre, ... | |
Creyente sólo en lo que toco, yo te toco, mujer, hasta la entraña, el hueso, aquello que otros llaman alma, tan unida, tan cerca de la carne mortal y voluptuosa o siempre ardiente o nunca maltratada sino dulce, oscilante entre querer y subir, adentro de la espuma. Te toco, dije, mujer, hasta... | |
Tu traición justifica mi falsía aunque lo niegues con tu voz de arrullo; mi amor era muy grande, pero había algo más grande que mi amor, mi orgullo. Calla, pues. Ocultemos nuestro duelo, la queja es infecunda y nada alcanza; agonicemos contemplando el cielo ya que el cielo es nuestra ... | |
