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25 poemas aleatorios

 

   He emblanquecido mi pelo...

   Eduardo Langagne

primeros versos

He emblanquecido mi pelo en busca de una virtud; no perdí la juventud, pues la invertí en ese anhelo. Supe de amor y desvelo cuando nacieron mis hijos, mantuve los ojos fijos al descubrir la Belleza...

 

   Donación de órganos: las cosas que yo he visto

   Eduardo Langagne

primeros versos

Estos ojos han visto cosas que me han plomeado la pupila, han mirado otras más que sofocan el iris o alteran su atónita respuesta ante la luz. Estos ojos diluidos por algunos libros, sorprendidos por escenas que los cines de provincias censuraban, he de donarlos para que desde...

 

   Mar por la tarde

   Octavio Paz

primeros versos

Altos muros del agua, torres altas, aguas de pronto negras contra nada, impenetrables, verdes, grises aguas, aguas de pronto blancas, deslumbradas. Aguas como el principio de las aguas, como el principio mismo antes del agua, las aguas inundadas por el agua, ...

 

   Taube

   Fernando Ruiz Granados

primeros versos

Esta paloma no conoce diluvios No sabe de Arcas Ni de altares de piedra y holocaustos Esta paloma ignora el naufragio de la luz La imposibilidad de la palabra Los signos escritos y borrados por el viento Los pasos perdidos de la arena Sabe de los raudales de claridad del día ...

 

   Antes de nacer (Fragmentos)

   Alberto Blanco

primeros versos

E antes de nacer reconocemos verdaderamente nuestra vida de nuevo Adáncomo ese niño del aire que sólo vino a dar nombres de luzal claro mundo de la segunda concepción de materia densa recién coronada es la forma que ha de ser nutrida por el poder de una ideapor la raíz de la acción ...

 

   Nostalgia del puerto

   Jaime Augusto Shelley

primeros versos

Agotado por la furia, estaba en mí cantar alegría, traer al papel un paseo después de los mariscos con cerveza y el café de la Parroquia, aspirar los olores del puerto cuando cae el sol, entre las risas y los gritos de los niños en el malecón; pero vinieron las lluvias, el norte. Y nos fuimos a México. ...

 

   Cantemos al dinero

   Jaime Sabines

primeros versos

Cantemos al dinero con el espíritu de la navidad cristiana. No hay nada más limpio que el dinero, ni más generoso, ni más fuerte. El dinero abre todas las puertas; es la llave de la vida jocunda, la vara del milagro, el instrumento de la resurrección. Te da lo necesario...

 

   Eso ya lo sabes

   Marisa Trejo Sirvent

primeros versos

I Eso ya lo sabes Estás en todos En los pequeños ruidos de la calle En cada esquina de este cuarto Y en los miles de años de mi vida Pero hoy Te busco en las intimidades de mi cuerpo En cada impulso de mi sangres En los papeles atesorados En esa música lejana ...

 

   Diluvio

   Salvador Novo

primeros versos

Espaciosa sala de baile alma y cerebro dos orquestas, dos, baile de trajes las palabras iban entrando las vocales daban el brazo a las consonantes. Señoritas acompañadas de caballeros y tenían trajes de la Edad Media y de muchísimo antes y ladrillos cuneiformes papiros, tablas, ...

 

   Orillejos

   Margarito Ledesma

primeros versos

¿Quién me llama la atención? -El Estación. ¿Quién hay que mis pesares calme? -El Empalme. ¿Y quién sofoca mis males? -De González. Por eso mi pobre corazón tiene unas ganas fatales de pasiarse por el Estación del Empalme de González. ¿Qué como cuando hago rimas? ...

 

   Llorarle era bueno

   Sabeli Ceballos Franco

primeros versos

no pude llorar ayer porque era anti práctico además me la he pasado llorando por dentro ¿qué más da hacerlo por fuera? -pensé antes llorarle era bueno como un cuervo viudo disecado... ser el cuervo es otra cosa me despertó una pesadilla ojalá fuera igual con las pesadillas ...

 

   Tratado de la desesperación: los peces

   José Emilio Pacheco

primeros versos

Siempre medita el agua del acuario Piensa en el pez salobre y en su vuelo reptantebreves alas de silencio El entrañado en penetrables líquidos pasadizos de azoque en donce hiende su sentencia de tigre su condena a claridad perpetua o ironía de manantiales muertos tras dormidas ...

 

   A filo de la luz

   Blanca Luz Pulido

primeros versos

A filo de la luz siempre hacia adentro debajo del torrente subterráneo en el espejo cedido por la claridad fundirse con los sueños abandonar el día y en el último latido viajar perderlo todo dejar hasta la sombra mirar las playas sumergidas las rocas certezas inauditas a la orilla ...

 

   La belleza...

   Ricardo Yáñez

primeros versos

La belleza caída de las hojas comidas de gusanos. (Del libro de reciente aparición Estrella oída, coeditado por El Aduanero y la UAM Azcapotzalco.)

 

   Interior

   Gilberto Owen

primeros versos

Las cosas que entran por el silencio empiezan a llegar al cuarto. Lo sabemos, porque nos dejamos olvidados allá adentro los ojos. La soledad llega por los espejos vacíos; la muerte baja de los cuadros, rompiendo las vitrinas de museo; los rincones se abren como granadas para que entre el grillo ...

 

   Señalaremos...

   Tomás Segovia

primeros versos

Señalaremos, al azar tal vez, días especiales consagrados a celebrar el esplendor de nuestro lecho, lugar donde la guerra se derrota a sí misma, donde tú te abres y yo no me cierro, donde los luchadores saben por fin que luchando se hablan y se pertenecen. Los sexos allí aportan...

 

   Madre nuestra la tierra

   Aurora Reyes

primeros versos

Cuando dormías, Madre elásticas hamacas mecidas por el tiempo , halo de niebla apenas en la blanca serpiente de tu órbita, un diamante de labio transparente cristalizó la sombra de tu cuerpo. Tu corazón fue líquida mirada, juventud sideral enamorada. ...

 

   Aquel tren

   Eduardo Langagne

primeros versos

Yo era un niño En el tren a Chihuahua el paisaje era un frágil futuro arenoso y sin gente La paciencia rodaba en el alma con ruido de hierro Un túnel oscuro veía mis temores marcaba las líneas ocultas del agrio destino ...

 

   Cápsulas de amor mientras se viaja

   Sabeli Ceballos Franco

primeros versos

sí lo volvería a hacer pienso y te acaricio la ausente patagonia que llevas en la frente sé que no querías hacer el viaje sonríes al parabrisas (no es bueno distraerse mientras se maneja) pero tu pupila derecha me arrincona suficiente para sentirme más importante que el volante ...

 

   El desierto

   Leticia Luna

primeros versos

A Rosalba Llegamos a la estación Catorce después de un concierto de Santana era el año del dragón y tu sonrisa una enciclopedia leíamos a Simone de Beauvoir y los duendes efectivamente eran verdes Los duendes y la mezcalina no se llevan dijiste cuando en la estación encontramos ...

 

   Siempre fui mi pene

   Jaime Sabines

primeros versos

Siempre fui mi pene, Dios mío, siempre fui el pedazo de mi carne que entraba en las mujeres, que me hacía hombre, conocedor del mundo, propietario de la vida y de la muerte. ¿Por qué me disminuyes? Yo no quiero aprender de tu sabiduría...

 

   llueve en la mañana del cielo...

   Rogelio Guedea

primeros versos

llueve en la mañana del cielo. la hormiga y la arañita discuten las últimas noticias de mi porvenir. nadie sabe adónde partió el calcetín que rentaba mi buró. adónde mis camisas arrugadas. el aire me borró de tus fotografías. mi paraguas está caído. bajo mi cama el moribundo sol. ...

 

   Ser de intemperie

   Tomás Segovia

primeros versos

¿Qué podrá evocar el Nómada que no sea desnudez y no esté a la intemperie? La fuerza que ha abrazado es tener siempre sus casas recorridas por el viento, su lecho siempre en alta mar, su corazón dis- tante siempre entre lluvias y neblinas. Y sin partidas, en una sucesión ...

 

   Contemplación

   Enriqueta Ochoa

primeros versos

Hay sobre las cimas de la tarde que avanza un incendio de rosas lentas, temblando. Qué sentido tan hondo el de la luz derramada en el rubor del aire. El alma se ha suspendido en un deslumbramiento de ángeles cristalinos...

 

   El veterano de guerra

   Víctor Sandoval

primeros versos

La madrugada en que los gallos se volvieron locos y la Torre de Pisa fue mutilada por cantar cantares de Ezra Pound. La noche en que los gatos desollados vivos por el celo arañaban el aire del tejado y el amante de la adúltera abandonaba el lecho tibio para que el engañado ...