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25 poemas aleatorios | |
El aleteo de la flor del cardo entre espinasde viento (Del libro de reciente aparición Estrella oída, coeditado por El Aduanero y la UAM Azcapotzalco.) | |
No hay pájaro que ronde a estas alturas por la anchura del cielo despejado; la bóvedad es azul, mediterránea, pero de sumo ardiente, intransitable. Fustiga la hora nona el parabrisas con la acupuntura de los rayos; imaginad entonces la intemperie que abrasa los perímetros del éter: ... | |
Es tu nombre y es también octubre es el diván y tus ungüentos es ella tú la joven de las turbaciones y son las palomas en vuelos secretos y el último escalón de la torre y es la amada acechando el amor en antemuros y es lo dable en cada movimiento y los objetos y son los pabellones ... | |
No, madre, no te olvido; mas apenas ayer ella se ha ido, y es natural que mi dolor presente cubra tu dulce imagen en mi mente con la imagen del otro bien perdido. Ya juntas viviréis en mi memoria como oriente y ocaso de mi historia, como principio y fin de mi sendero, ... | |
Quum subit illius tristissima noctis imago quae mihi supremum tempus in urbe fuit; quum respeto noctem qui a tot mihi cara reliquie labitur es oculis nuc quoque gutta meis. OVIDIO.-ELEGIAS III. Aún era yo muy niño, cuando un día, cogiendo mi cabeza entre sus manos y llorando a la vez que me veía ... | |
Te acercas A los patios De las primeras casas El ruido De tus trastos Altera los ladridos Pareces Una sombra Que se mueve En el aire De: El deseo postergado Premio Nacional de Poesía Aguascalientes 2007 | |
En un archipiélago del océano pacífico existen paquetes turísticos con tu nombre, paraíso para jugar al golf o al tenis, para iniciar a los recién casados: villas Dafoe, comedor Viernes, curiosidades Crusoe. Ahora sólo eres más viejo, Robinson, no tienes que enseñar hablar a nadie; ... | |
Aquí, bajo esta rama, puedes hablar de amor. Más allá es la ley, es la necesidad, la pista de la fuerza, el coto del terror, el feudo del castigo. Más allá, no. De: Poesía no eres tú | |
No acabarán mis flores, no cesarán mis cantos. Yo cantor los elevo, se reparten, se esparcen. Aún cuando las flores se marchitan y amarillecen, serán llevadas allá, al interior de la casa del ave de plumas de oro. | |
El mediodía alza en vilo al mundo. Y las piedras donde el viento borra lo que a ciegas escribe el tiempo, las torres que al caer la tarde inclinan la frente, la nave que hace siglos encalló en la roca, la iglesia de oro que tiembla al peso de una cruz de palo, las plazas donde si un ejército acampa ... | |
Los que tenemos unas manos que no nos pertenecen, grotescas para la caricia, inútiles para el taller o la azada, largas y fláccidas como una flor privada de simiente o como un reptil que entrega su veneno porque no tiene nada más que ofrecer. Los que tenemos una mirada culpable y amarga ... | |
Quién desteje el amor Ése es quien me desteje No es nadie El amor se deshace solo Como la trenza del río destrenzada en el mar No estoy de amor tejido Estoy tejido de tejerlo De sacar de mis íngrimos telares Este despótico trabajo Eternamente abandonando el fleco que se aleja ... | |
El misterio nocturno era divino. Eudora estaba como nunca bella, y tenía en los ojos la centella, la luz de un gozo conquistado al vino. De alto balcón apostrofóme a tino; y rostro al cielo departí con ella tierno y audaz, como con una estrella... !Oh qué timbre de voz trémulo y fino! ... | |
Porque dejan tus manos el cincel en el borde de antiguas limaduras Tus manos que labraron tu boca para decir palabras donde el norte crecía Nada Ni un cabalgar de noche a lomos de la savia Un continente errante en la espalda encorvada Un mínimo silencio que diga sí, adelante ... | |
Esta mujer y yo, que sumamos un siglo, nos unimos en el beso original bajo un desnudo encino, sobre un lecho de hierba, mientras la luz del sol se abre paso entre las ramas como un ave que se acerca al nido. Esta mujer y yo, sobre la arena suave, a la sombra de una roca... | |
Empujé, vacilando como un ebrio, la entrecerrada puerta. Había en la estancia gentes que lloraban, y en medio de los cirios funerarios ella... ¡mi vida!... muerta. Pálido mármol que esculpió la Muerte con su mano de hielo, la hermosura terrestre de la virgen del abierto sepulcro ... | |
Se que la humana fibra a la emoción se libra, pero que menos vibra al goce que al dolor. Y en arte no me ofusco; y para el himno busco la estética del brusco estímulo mayor. Mas no en aleve audacia demando a la falacia la intensa y cruda gracia, como un juglar sutil. A la verdad ajusto el calculado ... | |
III Entran hombres con los cautivos atados. ORESTES atado, apedreado, delira así: Cabra de sol y Amaltea de plata que, en la última ráfaga, suspiras aire de rosas, palabras de liras, sueño de sombras que los astros desata; al viejo Dios leche difusa y grata, y, ... | |
I ¡Pues bien! yo necesito decirte que te adoro decirte que te quiero con todo el corazón; que es mucho lo que sufro, que es mucho lo que lloro, que ya no puedo tanto y al grito que te imploro, te imploro y te hablo en nombre de mi última ilusión. II Yo quiero que tú sepas que ya hace muchos días ... | |
La luna tiene su casa. Pero no la tiene la niña negra la niña negra de Alabama. La niña negra sonríe y su sonrisa brilla como si fuera la cuchara de plata de los pobres. La luna tiene su casa. Pero la niña negra no tiene casa la niña negra la niña negra de Alabama. | |
El mediodía parte el arroyo en delgadas mitades de sonido saca del lomo de la bestia crepitación y humo todo lo que es húmedo la hora lo ha bebido todo lo que respira en mi interior descansa las casas y el árbol tienen la oscuridad abajo ojos de tierra roja beben... | |
Me sepultaron a los veintiocho, durante junio, inesperadamente cavaron el pozo y arrojaron sobre mí la tarde. Ni siquiera el grito, sólo el canto de la cigarra en plena liturgia. Desde entonces, solitaria en el jardín y repleta de furia, germina mi ausencia en los árboles que tanto cuida mi madre. ... | |
Mas la forma en sí misma no se cumple. Desde su insigne trono faraónico magnánima, deífica, constelada de epítetos esdrújulos, rige con hosca mano de diamante. Está orgullosa de su orondo imperio. ¿En las augustas pituitarias de ónice no juega, acaso, ... | |
Este fácil soneto cotidiano que mis insomnios nutre y desvanece, sin objeto ni dádiva, se ofrece al nocturno sopor del sueño vano. ¡Inanimado lápiz, que en mi mano mis odios graba o mis ensueños mece! En tus concisas líneas, aparece la vida fácil, el camino llano. Extinguiré la luz. ... | |
Mayo nos dio corolas asombradas, su fuego Julio; y en Agosto hubimos la exaltación sorbida en los racimos de sus uvas azules y doradas. Crepúsculos Octubre en llamaradas espiga coronó frutos opimos. Y en la sien de Noviembre percibimos un augurio de nieves... | |
