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25 poemas aleatorios | |
Las vÃrgenes arrastran una sombra, habitan una sombra. No podrÃan arrastrar otra cosa. Las vÃrgenes sin esclavinas llevan contorno de fluidos, galvanizada sombra. Pero ya nimbo, sombra misma, la sombra de su sombra: cosa limpia. Pasan de vez en cuando, tangentes de la rosa... | |
Son las seis de la mañana y los guajolotes cantan. Calor de humana ternura. Soledad acompañada. Jamás en toda la vida olvidaré tu presencia. Me acogiste destrozada y me devolviste entera, Ãntegra. En esta pequeña tierra dónde pondré la mirada? ¡Tan inmensa, tan profunda! Ya no hay... | |
I Inclinada, en tu orilla, siento como te alejas. Trémula como un sauce contemplo tu corriente formada de cristales transparentes y frÃos. Huyen contigo todas las nÃtidas imágenes, el hondo y alto cielo, los astros inventados, la vehemencia ingrávida del canto. Con un afán inútil mis ramas se despliegan, ... | |
El aleteo de la flor del cardo entre espinasde viento (Del libro de reciente aparición Estrella oÃda, coeditado por El Aduanero y la UAM Azcapotzalco.) | |
Los murciélagos no saben una palabra de su prestigio literario. Con respecto a la sangre, les gusta la indefensa de las vacas, útiles señoronas incapaces de fraguar un collar de ajos, una estaca en el pecho, un crucifijo; pues tan sólo responden a la broma sangrienta, al beso impuro... | |
Si nuestro amor no fuera, al tiempo que un secreto, un tormento, una duda, una interrogación; si no fuera una larga espera interminable, un vacÃo en el pecho donde el corazón llama como un puño cerrado a una puerta impasible; si nuestro amor no fuera el sueño doloroso en que vives sin mÃ, ... | |
A los hombres, a las mujeres que aguardan vivir sin soledad, al espeso camaleón callado como el agua, al aire arisco (es el aire un pájaro atrapado), a los que duermen mientras sostengo mi vigilia, a la mujer sentada en la plaza vendiendo su silencio. En fin, diciendo ciertas cosas ... | |
Cada hora vendrá un hombre distinto. Llegará con la voz distorsionada por el zureo de las aves y ensayará el papel de amante sobre el cuerpo fugaz de la mujer de arena. Cada hora distinta un hombre nuevo renacerá... | |
hay un lenguaje arcano que silenciosamente se murmura con la yema de los dedos hay un lenguaje secreto que tenuemente se pronuncia en una simple mirada hay un lenguaje cifrado que veladamente se habla en la conjunción de las palabras hay un lenguaje profano que suavemente ... | |
He conocido parte de mi paÃs/ me ha asombrado su devastación Me apoyo en uno de sus muros donde alguien ha escrito Unas cuantas palabras de guerra/ tal vez inocentes He tocado su raÃz con los codos y la quijada Todo esto es absurdo e innecesario No sé nada, otra vez A mi edad... | |
Ya entiendo: la ciudad vivirá más que yo que la he amado. Allá ella, abandonada. Su corazón será un inmenso cacto, cubierto de primores y de muertos. 5 Sin embargo me iré a hacer otras ciudades; por un leve tiempo dejarás de importarme; aunque me vaya te estaré haciendo... | |
Maté la nube de mis pensamientos, cedà terreno a los pensamientos de la nube. Predije con Apollinaire las nuevas artes, advertà en un claro del bosque otras manchas verdeclaras, ardientes zonas en que pude establecer una pausa encastillada, labios que sonrÃen ... | |
I INVITACIÓN AL POETA Coge la lira de oro y abandona el tabardo, descálzate la espuela, deja las armas que para esta vela no has menester ni daga, ni tizona. Si tu voz melancólica no entona ya sus himnos de amor, conmigo vuela a esta región que asombra y que consuela; ... | |
¿A dónde voy entonces sino a ti placer, a ti morir? ¿A dónde lleva lo más profundo que esconde mi desear? Si la llama al arder consume, el instante que recogà del árbol de la vida el simple fruto de la muerte da. ¿Qué salvación espera en el cauterio del otro dormir, ... | |
Empujé, vacilando como un ebrio, la entrecerrada puerta. HabÃa en la estancia gentes que lloraban, y en medio de los cirios funerarios ella... ¡mi vida!... muerta. Pálido mármol que esculpió la Muerte con su mano de hielo, la hermosura terrestre de la virgen del abierto sepulcro ... | |
Oh, Siddharta Gautama!, tú tenÃas razón: las angustias nos vienen del deseo; el edén consiste en no anhelar, en la renunciación completa, irrevocable, de toda posesión; quien no desea nada, dondequiera está bien. El deseo es un vaso de infinita amargura, un pulpo de tentáculos insaciables, que ... | |
En el patio un pájaro pÃa, como el centavo en su alcancÃa. Un poco de aire su plumaje se desvanece en un viraje. Tal vez... | |
Yo Nezahualcóyotl lo pregunto: ¿Acaso de veras se vive con raÃz en la tierra? No para siempre en la tierra: sólo un poco aquÃ. Aunque sea de jade se quiebra, aunque sea de oro se rompe, aunque sea plumaje de quetzal se desgarra. No para siempre en la tierra: sólo un poco... | |
Cuando estoy dormido la ciudad encoge uñas, hasta el cielo cruje. Tanto es el estremecimiento que acontece que hasta en sueños veo que la ciudad no se ha movido de su lugar. Sólo cuando me despierto encuentro mi cuerpo de cabeza, mi cama en la cocina, mi casa en un monte. Sólo... | |
¿Has visto cómo crecen las plantas? Al lugar en que cae la semilla acude el agua: es el agua la que germina, sube al sol. Por el tronco, por las ramas, el agua asciende al aire, como cuando te quedas viendo el cielo del mediodÃa y tus ojos empiezan a evaporarse... | |
me reprochas que no te escriba. mamá. dices que soy el desarraigado de ti. el abandonado de ti. dices que nacà de sombra o viento o árbol vacÃo de pájaros. que no tengo tumba para enterrar mi gloria. que lo ves en mis ojos. qué viento hay en mis ojos. mamá. dime qué me arrastra ... | |
Ad aeternam un hombre y un perro semejante a un caballo de oro; dos guerreros como esculpidos por el polvo; un rey y un yelmo donde el sol reverbera; una reina blonda cautiva tras un muro que rodea afiladas fortalezas. Ad aeternam una imagen vagarosa, que no toma forma definida ... | |
Eres tú la sola mirada que se colma de azules bajo la sombra de las hojas? ¿La que guarda aún el recuerdo del vestido blanco y los azahares nupciales? ¿La que monta una bicicleta de plata como acudiendo al llamado de un deseo imprevisto? ¿La que baila frente a la luna... | |
Miras arder lo que ha quedado en pie del último sendero: la luna llena de otro enero sobre la piel de tu pasado, un mar que olvidas y ha olvidado en su esplendor tu verdadero rostro, la luz que fue primero verbo y temblor en tu costado y que hoy dejas partir a solas, detrás del fuego. ... | |
Ven mi Juan, y toma asiento en la mejor de tus sillas; siéntate aquÃ, en mis rodillas, y presta atención a un cuento. Asà estás bien, eso es, muy cómodo, muy ufano, pero ten quieta esa mano; vamos, sosiega esos pies. Este era un rey... me maltrata el bigote ese cariño, Este era un rey... vamos niño, ... | |
