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25 poemas aleatorios | |
Lleno de soledad y aburrimiento, procuro consolarme con tu vista, y toma el sueño su segura pista, acostumbrado a cabalgar el viento. No precisa ningún descubrimiento para correr en pos de tu conquista: bástame al intentarlo que me asista un ligero temblor del pensamiento. Surco... | |
Continuidad niebla prohibida gota violeta declive de mi sueño rúbrica fiel de una misma palabra aurora torbellino desnudo reflejo en ruinas de tu aniversario preguntas adheridas a la evasión solemne de tus muslos. Insistes en compacta sucesión de movimientos como metales ... | |
Porque ya mis tristezas son como los matices sombrÃos de los cuadros en que la luz fulgura; porque ya paladeo la gota de la amargura en el dorado néctar de las horas felices; porque sé abandonarme, con la santa inconsciencia de una tabla que flota, sobre el mar de la vida, ... | |
¿Sentiste el tiempo, tanto aquel abstracto no determinado, como el real, que te sujeta y esclaviza? Caminó solo y libre cuando detuviste el tic tac que en tu mente lo marcaba... ¡Casi no te reconozco sin tu lucha contra el tiempo! La tristeza, ¿qué le hiciste? Ya no la traes, ya no la llevas. ... | |
esa canción se toma mi vida de un sólo trago esa canción me detiene en los muelles de tus piernas esa canción es una esponja en tu mirada y me lleva de tu sombra a tu bahÃa esa canción es una copa de nocturno tinto y tengo sed de luz cruda de estrellas ... | |
Los amantes se aman, en la noche, en el dÃa. Dan a los sexos labios y a los labios sexos. Chupan, besan y lamen, cometen con sus cuerpos las indiscreciones de amoroso rigor, mojan, lubrican, enmielan, reconocen. Pero al concluir el asalto, los dos lavan sus dientes con distintos cepillos. ... | |
Gracias, Señor, porque me diste un año en que abrir a tu luz mis ojos ciegos; gracias porque la fragua de tus fuegos templó en acero el corazón de estaño. Gracias por la ventura y por el daño por la espina y la flor; porque tus ruegos redujeron mis pasos andariegos a la dulce quietud de tu rebaño. ... | |
¡caer, volver, soñarme y que me sueñen otros ojos futuros, otra vida, otras nubes, morirme de otra muerte! -esta noche me basta, y este instante que no acaba de abrirse y revelarme dónde estuve, quién fui, cómo te llamas, cómo me llamo yo:¿hacÃa planes para el verano y todos ... | |
Si es real la luz blanca de esta lámpara, real la mano que escribe, ¿son reales los ojos que miran lo escrito? De una palabra a la otra lo que digo se desvanece. Yo sé que estoy vivo entre dos... | |
Desde hace años, Jesús, el corazón me rebota loco entre las sienes y ando por los rincones escondiendo al sollozo. Estreno una sonrisa cada mañana y pido limosna en todas las esquinas, porque ¿quién va a prestarme su vida, su amor, o su Dios? Tengo que comprármelos yo misma, ... | |
Pero apenas la bella precursora signÃfera del Sol, el luminoso en el Oriente tremoló estandarte, tocando al arma todos los suaves si bélicos clarines de las aves (diestros, aunque sin arte, trompetas sonorosos), cuando como tirana al fin, cobarde, de recelos medrosos embarazada, ... | |
Un domingo Epifania no volvió más a la casa. Yo sorprendà conversaciones en que contaban que un hombre se la habÃa robado y luego, interrogando a las criadas, averigüé que se la habÃa llevado a un cuarto. No supe nunca dónde estaba ese cuarto pero lo imaginé, frÃo, sin muebles, ... | |
No en parte alguna puede estar la casa del inventor de sà mismo. Dios, el señor nuestro, por todas partes es invocado, por todas partes es también venerado. Se busca su gloria, su fama en la tierra. Él es quien inventa las cosas, él es quien se inventa a sà mismo: dios. Por todas partes es ... | |
Muerte, ya estamos en la pista de baile. Quien no baila no aleja las costras de la maledicencia, y el vals promete mucho, bailar no cuesta nada. Brilla el salón y aprietas mi cuerpo contra el aire dulcÃsimo. Un poco más y serás mÃa, y agotarás el aire enardecido para cortarme... | |
Peregrino de las horas tenues bajo la piel del tiempo no olvides recordar lo que has perdido: la dirección del agua el asombro mortal de los hechizos En las capas superiores de la esfera más allá del fin del horizonte luminosas huellasaljofarados caucesdibujados por el paso de los sueños. ... | |
Con sus seis primaveras muy ufana, quebrando con sus pies las hojas secas, me recitó en el campo una mañana mi hija mayor: Fusiles y muñecas. Repitiendo mis versos no sabÃa que colmaba el mayor de mis antojos; no me culpéis si oyéndola sentÃa, lágrimas en el alma y en los ojos. ... | |
Oh, señor, nada inquiero!... me resigno y espero, sin temer que se apague mi estrellita de Fe... Sabes bien que mi vida de cansancio se agota, que mi sueño está trunco, que mi dicha está rota, y jamas de mis labios ha salido un ¿por qué?... Ni discuto tus leyes invariables, ni anhelo desertar de la tierra ... | |
Éste que sale del baño no soy el que entré en la regadera. Era otro. TenÃa un topacio en cada ojo. VenÃa de ver la verdad escueta y la trenzada hilatura de los sueños. Era un yo mismo mucho más potente, capaz de salir de sÃ, de su piyama y ponerse en la tierra de los otros, con la mirada... | |
El balcón de la avenue Gambetta donde las estaciones se marcan en los árboles en la vegetación inmensa de Père Lachaise Desde este sexto piso ParÃs no es más que un cementerio el musgo crece sobre él apariencia de viejo viejo mundo confiture y baguette ParÃs, 1981. ... | |
que está desnudo que anda a saltos que ruge gime brama las órbitas de sus ojos se han abierto hacia atrás hasta fundirse que ha sido espejo de dones y crisol de fantasÃas el cabello le nace como una fuente negra y hosca que tira al derredor palabras sucias y en horas que los demás... | |
No has muerto. Has vuelto a mÃ. Lo que en la tierra donde una parte de tu ser reposa sepultaron los hombres, no te encierra; porque yo soy tu verdadera fosa. Dentro de esta inquietud del alma ansiosa que me diste al nacer, sigues en guerra contra la insaciedad que nos acosa y que, ... | |
A Vicente Quirarte A diario riego el árbol de mis poemas. Corto su fruto dulce, amargo o con espinas. Le podo las licencias marchitas, lo libero de larvas y quistes. Los catadores reclaman lo mal que anda mi siembra. Definitivo: retiran mis versos del firmamento. Yo miro transitar rÃos de saliva, ... | |
Rápidas manos frÃas retiran una a una las vendas de la sombra Abro los ojos todavÃa estoy vivoen el centro de una herida todavÃa fresca. De: Libertad bajo palabra | |
Tendida y desgarrada, a la derecha de mis venas, muda; en mortales orillas infinita, inmóvil y serpiente. Toco tu delirante superficie, los poros silenciosos, jadeantes, la circular carrera de tu sangre, su reiterado golpe, verde y tibio. Primero es un aliento amanecido, ... | |
el tiempo se escurre por callejas sinuosas y sombrÃas indiferente inconmovible negándose a perdonar y obrar milagros y va renunciando a todo a los dÃas a las noches para pasearse por laberintos cifrados en su curva dejando a su paso un rastro cargado de penumbras de soles ... | |
