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25 poemas aleatorios | |
Hay usura y amor en la olla podrida de mis huesos. Viene una canción que a todos nos concierne. Lóbrega alegrÃa de la promiscuidad; el sueño en los párpados, la flor de plástico en el pelo, el brillo del collar que corta la garganta; la nube y su cabeza turbia; por la atarjea del patio ... | |
Estoy acostada en la misma cama donde murió mi madre hace ya muchos años; sobre el mismo colchón; bajo la misma cobija de lana negra con la cual nos envolvÃamos las dos para dormir. Entonces yo dormÃa su lado, en un lugarcito que ella me hacÃa debajo de sus brazos. Creo sentir... | |
Asà llegó la madre de mi abuela a la Habana, altiva hija de un continente antiguo y ni el sol de las Antillas pudo arrancar una destello caribea sus mejillas Asà llegó la bisabuela a la isla asombrillada. De: Del mundo y otros cielos. 2004 | |
Opaca carne, diaria chispa, ven en la hora de la muerte. Devórame sin paz donde del éxtasis la brava lengua se entreduerma gigante e inalcanzable. Sangre que arremete, asalta el molino de voces que aprieta mis mudas venas para rezumar el licor de la fragancia que perece. ... | |
Bañarse bajo la luz de un álamo Ser todo cuanto miro En el pozo del sol. Sorpresa blanca Que te acuclillas y saltas Y me lames la mano con tu llama Y mueves cabellos Pegados al rostro con lágrimas: Vete de aquà Quema la selva de arpas Y al viento que la hace gemir Porque ... | |
Aún son tus manos Las dulcÃsimas arañas Que suben y bajan por los hilos del arpa, Y no descansan si antes no vacÃan de todo fruto El nervioso follaje de la música? No quiero otra cota de mallas Ni más red aérea, Que la tejida por ti como defensa Contra las cuevas encapuchadas Con... | |
Mi piel nunca será cercada frontera ni apacible galaxia ni éxodo de golondrinas... Será flama que asciende, desciende y asfixie tu piel en llamaradas. Nuestras danzantes lenguas rojas cuerpo abajo rodaránhasta sucumbir a voraces caricias. | |
MAYO HUNDIÓ TREINTA y un garfios en mi espalda Cómo explicarlo: el mundo solÃa esperarme a la vuelta de la esquina deseable por lejano inmerecido futuro aún en su cáscara justo antes de pudrirse Pero una tarde certeza de lo inmóvil el hastÃo del mismo ocaso mismo puño ... | |
Siempre fui mi pene, Dios mÃo, siempre fui el pedazo de mi carne que entraba en las mujeres, que me hacÃa hombre, conocedor del mundo, propietario de la vida y de la muerte. ¿Por qué me disminuyes? Yo no quiero aprender de tu sabidurÃa... | |
Propio camaleón de otros cielos mejores, A cada nueva aurora mudaba de colores. Asà es que prefiriera a su rubor primero El tizne que el oficio deja en el carbonero. Quiero decir ( me explico ): la mudanza fue tal, que iba del rojo al negro lo mismo que Stendhal. Luego, un temblor de púrpura... | |
Primero Que nada Me complace EnormÃsimamente Ser Un buen Poeta De segunda Del Tercer Mundo. | |
Disculpe usted, Fernando, su Persona de múltiples poetas, Simulación, amaño, sin duda es fingimiento literario. Usted pensaba, creo, que al tener en la sombra la poesÃa Que hicieron acuciosos heterónimos, podrÃa aclararse entonces ... | |
El dÃa empuja en el alba cuerpos de humo blanco casas de niebla donde una ventana se abre con una cara azul cúpulas y cabezas de niño construidas hacia el fondo del cielo papeles curvados que en el viento son astros borrosos animalia que no sube por los intermitentes peldaños... | |
Voces al doblar la esquina voces entre los dedos del sol sombra y luz casi lÃquidas Silba el carpintero silba el nevero silban tres fresnos en la plazuela Crece se eleva el invisible follaje de los sonidos Tiempo tendido a secar... | |
no hay nada frente a mÃ, sólo un instante rescatado esta noche, contra un sueño de ayuntadas imágenes soñado, duramente esculpido contra el sueño, arrancado a la nada de esta noche, a pulso levantado letra a letra, mientras afuera el tiempo se desboca ... | |
Aprendà de los clásicos a no esperar nada de nadie y todo lo que en el misterio se madura... probarlo. Ya no soy jardÃn, pero aún hay algo de hierba después de los cuarenta años. Frutos salvajes porque ni el árbol de la vida ni el del conocimiento, volvieron a crecer. ... | |
Me siento fuera de sentido, lloro, me aflijo, cuando pienso, digo y recuerdo: ¡Oh, si nunca yo muriera, oh, si nunca desapareciera! ¡Allá donde no hay muerte, allá donde se alcanza la victoria, que allá yo fuera! ¡Oh, si nunca yo muriera, oh, si nunca desapareciera!... ... | |
Tu paso, como una sombra, era difÃcil de seguir, y al perderte en una esquina sólo quedaba en mÃ, como en la calle, un vago sentimiento de vacÃo. Tu cimbreo, tu cintura me estremecÃan y el jardÃn parecÃa tener más rosas y el verano calor, pues en mis labios de niño aún no habÃa la palabra ... | |
Toco la piel del tigre y el tigre vibra, ronronea, se hace el dormido bajo la palma de mi mano, como un trompo que zumba: mitad madera, mitad punta acerada. Hablo de un libro: en su espesura encuentro la fauna de mis dÃas, los árboles que a diario me cobijan y los saurios y helechos ... | |
Adán del universo: donde pones tu planta la tierra se conmueve de ocultos paraÃsos. (Te anuncia una legión de brazos incendiados.) Eva soy, inmemorial y eterna, ligada a ti por el suspiro de antigua soledad, y desterrada por el frutal capricho. En el exilio estoy. El alba de mis besos ... | |
TenÃa una alberca regular, cinco o seis canchas de tenis, una cafeterÃa que daba a un poco de jardÃn, luego un frontón y un gran salón de baile. No era gran cosa, su mejor época debió de ser, por los cincuenta o los sesenta, mi padre se hizo socio cuando ya estaba decayendo lentamente, como... | |
Después que me miraste, qué gracia y hermosura en mà dejaste SAN JUAN DE LA CRUZ Como raudo rayo fecundado el Amor desciende. Con sus garras abre surcos en la tierra. Y crece el musgo, el limo blanco, el árbol venerado por la tribu. Y la ternura crece sobre el alba. ... | |
En el último rÃo de la ciudad, por error o incongruencia fantasmagórica, vi de repente un pez casi muerto. Boqueaba envenenado por el agua inmunda, letal como el aire nuestro. Qué frenesà ek de sus labios redondos, el cero móvil de su boca. Tal vez la nada o la palabra inexpresable, ... | |
Recuerda el tiempo que en la playa sola, al ver la ola que alumbraba el sol, tú me dijiste que la mar un dÃa se acabarÃa antes que tu amor. Hoy que te busco por la playa sola, no está la ola que alumbraba el sol; las olas mueren y tu amor no existe; ¡qué mal supiste comparar tu amor! ... | |
Para Rosy Tiene el cabello negro y los ojos que, desde ahora, son mis ojos. Despierto y la contemplo, o tal vez duermo y sueño al filo de su cuerpo. | |
