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25 poemas aleatorios en video | |
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A Juan Ramón Jiménez
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Rubén DarÃo Por Francisco Portillo | |
Tienes, joven amigo, ceñida la coraza para empezar, valiente, la divina pelea? ¿Has visto si resiste el metal de tu idea la furia del mandoble y el peso de la maza? ¿Te sientes con la sangre de la celeste raza que vida con los números pitagóricos crea?... | |
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MelodÃa de darnos...
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Pedro Piccatto Por Héctor Rosales | |
MelodÃa de darnos... la sagrada melodÃa de darnos. Ese es el gran acierto de las almas. Es llevar para siempre en nuestra vida el esplendor abierto de una fruta... | |
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La jurado
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José Watanabe Por José Watanabe | |
Dolorosas mudanzas de entrecasa han convertido el cuarto de la difunta en este desordenado escritorio donde leo poemas de cien jóvenes y con ignorancia califico. En la pared queda una suave mancha de grasa donde la difunta apoyaba su coronilla de madre. Desde allà viene a leer conmigo... | |
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Porque llovÃa triste...
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Francisco Caro Por Francisco Caro | |
Porque llovÃa triste paré el Skoda al borde de tus pasos, de la acera, de tu cadera grito, de tu espalda de prisas y aguacate. Se asomó tu sorpresa por el cristal, llovÃa llovÃa y te subiste un instante tan sólo antes de que mi sed te reclamara. Que estabas empapada de la sombra de todas las acacias... | |
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Una ascensión en La Habana
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Eliseo Diego Por Eliseo Diego | |
MatÃas Pérez, portugués, toldero de profesión, qué habÃa en los inmensos aires que te fuiste por ellos, portugués, con tanta elegancia y prisa. En versos magnÃficos dijiste adiós a las muchachas de La Habana, y luego, una tarde en que era mucha la furia del tiempo... | |
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Poema para una amiga muerta
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Pedro Piccatto Por Washington Benavides | |
Tu muerte en flor, angustia recordada, hoy viene a mÃ, de qué secreto es escultura y ritmo, apéndice y semblante cuando era de aquà abajo un apagado lila coro de nomeolvides te rodeaba de qué pestaña joyas pupilas o matices era tu resplandor... | |
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Carta al joven poeta para que no envejezca nunca
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Gonzalo Rojas Por Gonzalo Rojas | |
Repita usted siete veces: no hay rata curativa y sanará, repita, repita, hasta que las palomas salgan volando del pantano y aparezca Lautréamont como por encanto riendo sin paraguas ni mesa de disección, ¡pamplina el azar!, el juego es otro y no se sabe cuál, no hay belleza convulsiva... | |
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Primavera
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Eliseo Diego Por Eliseo Diego | |
No es una delicada primavera quien bulle en el jardÃn haciendo flores, negra de arcilla y manchas de colores y de toda sustancia verdadera. No es una frágil niña pinturera quien le prende a la tierra mil amores y con la nada borda los primores en que se mira la creación austera... | |
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Si oyeran lo que te digo a veces...
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Ernesto Cardenal Por Ernesto Cardenal | |
Si oyeran lo que te digo a veces se escandalizarÃan. Que qué blasfemias. Pero vos entendés mis razones. y además bromeo. Y son cosas que los que aman se dicen en la cama... | |
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Sobre el promontorio, la casa era un cascarón... (fragmento)
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Marosa Di Giorgio Por Marosa Di Giorgio | |
Sobre el promontorio, la casa era un cascarón macabro. Tuve miedo. La fiebre me hacÃa delirar un poco. Me asomé a la ventana. La medianoche tenÃa luna. Una alta luna, entera y sombrÃa. Los magnolios se ilusionaban y querÃan estallar sus pimpollos como balas blancas... | |
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Serpentina
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Delmira Agustini Por Cecilia Salerno | |
En mis sueños de amor, ¡yo soy serpiente! Gliso y ondulo como una corriente; Dos pÃldoras de insomnio y de hipnotismo Son mis ojos; la punta del encanto Es mi lengua... ¡y atraigo como el llanto! Soy un pomo de abismo. Mi cuerpo es una cinta de delicia, Glisa y ondula como una caricia... | |
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André Breton cumple cien años y está bien
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Gonzalo Rojas Por Gonzalo Rojas | |
Esa vez que murió Breton nos juntamos todos a bailar. ¡Por Nadja! decÃamos tirando al aire las copas contra las estrellas, y él miraba la farsa y daba cuerda a su reloj de polvo:Es que no hay Eternidad, muchachos, es que no hay Eternidad... | |
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Me preocupa el televisor
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Jaime Sabines Por Jaime Sabines | |
Me preocupa el televisor. Da imágenes distorsionadas últimamente. Las caras se alargan de manera ridÃcula, o se acortan, tiemblan indistintamente, hasta volverse un juego monstruoso de rostros inventados, rayas, luces y sombras como en una pesadilla... | |
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Restringido propósito
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Oliverio Girondo Por DarÃo Grandinetti | |
Demasiado corpóreo, limitado, compacto. Tendré que abrir los poros y disgregarme un poco. No digo demasiado... | |
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No hay puertas
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Olga Orozco Por Olga Orozco | |
Con arenas ardientes que labran una cifra de fuego sobre el tiempo, con una ley salvaje de animales que acechan el peligro desde su madriguera, con el vértigo de mirar hacia arriba, con tu amor que se enciende de pronto como una lámpara en medio de la noche... | |
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La materia que insiste persiste en el vacÃo
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Pedro GandÃa Por Pedro GandÃa | |
Adolescente virgen ofrenda su desnudo Al sueño y la pasión de sus idólatras, Y blancos astros signan el corazón del Cosmos Como esperma de un dios que enciende la ceniza. PrÃncipe-Mago alÃgero, de sombra refulgente, Lo conforma con ruinas de espejos abisales... | |
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decir ahà es una flor difÃcil...
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Eduardo Milán Por Eduardo Milán | |
decir ahà es una flor difÃcil decir ahà es pintar todo de pájaro decir ahà es estar atraÃdo por la palabra áspera cardo y por el cardenal cardenal decir ahà es decir todo de nuevo y empezar por el caballo: el caballo está solo ahora está solo no hay ahora oscuro no hay ahora de silencio... | |
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Duro es...
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Ernesto Cardenal Por Ernesto Cardenal | |
Duro es pero no me quejo del amor incorporal que me tocó en suerte. Me quedarÃa sólo para vos. y ya más solo no puede ser... | |
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Años después
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Floridor Pérez Por Floridor Pérez | |
A quien llamar en la casa vacÃa. Sólo a las puertas doy la mano. Ellas dan la manilla y se abren par en par. Una silla me dice tome asiento. La mesa puesta espera los amigos que nunca regresaron . Tanto tiempo hace que la escalera va y viene por sus peldaños, que ya no recuerda si esta allà para subir o… | |
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Las maravillas y miserias del amor
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Juan Gelman Por Juan Gelman | |
Las maravillas y miserias del amor. Sus oscuros fulgores, sus catástrofes. Caminar por el filo de la pérdida. Dar lo que no se tiene. Recibir lo que no se da. El amor a la poesÃa, a la madre, a la mujer, a los hijos, a los compañeros que cayeron por una esperanza... | |
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Mi casa y mi corazón
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Marcos Ana Por Marcos Ana | |
sueño de libertad) Si salgo un dÃa a la vida mi casa no tendrá llaves: siempre abierta, como el mar, el sol y el aire. Que entren la noche y el dÃa, y la lluvia azul, la tarde, el rojo pan de la aurora; La luna, mi dulce amante. Que la amistad no detenga sus pasos en mis umbrales... | |
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El fin
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Jorge Luis Borges Por Eduardo Lizalde | |
El hijo viejo, el hombre sin historia, El huérfano que pudo ser el muerto, Agota en vano el caserón desierto. (Fue de los dos y es hoy de la memoria. Es de los dos.) Bajo la dura suerte Busca perdido el hombre doloroso La voz que fue su voz. Lo milagroso No serÃa más raro que la muerte. Lo acosarán… | |
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Más alto
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Floridor Pérez Por Floridor Pérez | |
Anoche Dios soñó conmigo. Fui la paja en su ojo zumbé en sus santas narices o pulga en el oÃdo. Y Dios con bendita paciencia dormÃa el sueño de los justos mientras yo me desvelaba por despertar, antes que Él pestañara mueva un dedo o de un solo soplido... | |
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El gladiolo se enfermó...
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Marosa Di Giorgio Por Marosa Di Giorgio Lectura en francés Christophe Rouxel | |
El gladiolo se enfermó. Desde sus pavorosos cabellos rosados enviaba chispas a mi habitación. En todas sus bocas abiertas tenÃa lágrimas, rosas y, también huesos y peines. Aterrada clamé a la Virgen Llévalo, pero, la Virgen no se separaba de la estampa. Y él ardÃa como un brasero... | |
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Poniente sobre el mar del miércoles 1o de marzo de 1972
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Amanda Berenguer Por Amanda Berenguer | |
Porque hunde usted su cabeza cortada en el filo del agua azul marino su cabeza entre pájaros suspensos nubes alas pendientes del tono final de las guindas porque desciende usted rojo al patÃbulo del horizonte señor del dÃa poderoso y vencido soporto la sombra el engaño las pesadillas... | |
