| Al llegar el último dÃa |
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Si hoy fuera el último dÃa señalado para no asombrarnos le pedirÃa prestado a mi enemigo su pañuelo de seda, su corbata de sombra. AtarÃa con ellos las palabras rotas y las que nunca dije. ¿A quién llamarÃa amiga, antigua compañera de linaje, hermana de mi estirpe? A ella, ... |
| Canciones para el celebrante |
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Espléndido animal, óyete resonar por la noche como un tren que conoce el lugar de su destino. No preguntes a nadie cuál es el sitio. Para el que indaga no está reservada la respuesta. ¿Quién, celebrante, se atreverÃa a ponerse el olor del mar, la túnica de los desaparecidos? El intérprete... |
| Colibrà 50 |
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1 No transcurre el tiempo cuando la soledad del hombre está desierta los actos cotidianos nos sitian estrellas como estatuas apagadasvelan nuestro silencio. Acaso el roce de la música suscita un movimientoun gesto un pequeño deseo. 2 El aire quema en ocasiones nos sofoca ... |
| Colibrà 50 |
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No transcurre el tiempo cuando la soledad del hombre está desierta los actos cotidianos nos sitian estrellas como estatuas apagadas velan nuestro silencio Acaso el roce de la música suscita un movimiento un gesto un pequeño... |
| Condiciones objetivas |
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Nacimos diferentes. Somos muchos y pocos para el grito. No nos doblegaremos ante nada. Es la era de Acuario, signo de aire que arrasará las viejas estructuras. De: Tlaltelolco 68 |
| Destino de las palabras |
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Navegamos los dÃas y las palabras viajan hasta darnos la mano las palabras incendioen los labios insomnes las palabras incendio festÃn de fuego para el solitario. ¿Qué destino para las palabras? Se recomienza siempre y se vuelve a la palabra primitiva la que ata y nos seduceviva ... |
| El innombrable |
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La sombra fue siempre la sombra el halo que tu imagen me dejaba. Desterrado de mi paraÃso libre por fin de tà de tus congéneres emerge finalmente tu verdadero rostro. ¡Cuánto afecto, mi Dios, desperdiciado! De: Los pasos circulares |
| El primer animal |
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Soy un torpe animal melancólico que a veces se alegra de la lluvia o la niebla y mira pasar sus piernas en ocasiones extrañas dentro de su cuerpo mientras gusta de encender la noche con el fruto de sus lamentaciones y de vez en cuando como un alto nombramiento conferido desde... |
| En México, donde tu fuego tampoco podrá extinguirse |
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Será porque hoy tu fotografÃa junto a mà es una lámpara de fuego y ha venido un poeta de España que persigue tus pasos por la calle de Nápoles de la ciudad de México. Será porque duermes entre peces de tierra y no hay una paloma sobre tu pecho y tu espalda se ha quedado en silencio. ... |
| Esbozo para empezar un amor |
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Certero, como el que apunta al corazón de la uva te aposentas en mÃ. Preciso como el aire de junio, la infatigable luz se adormece en la tarde o el grito del flamenco despedazando inútiles ocasos. Por ti salgo a encender la pira de los sueños y a cosechar gardenias imposibles ... |
| Esbozo para empezar un amor |
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Certero, como el que apunta al corazón dorado de la uva te aposentas en mÃ. Preciso como el aire de junio, la infatigable luz que se adormece en la tarde o el grito del flamenco desplazando inútiles ocasos. Por ti salgo a encender la pira de los sueños y a cosechar gardenias imposibles. Las prendo... |
| Irrealidad |
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Nada es real el amor está detrás de cualquier puerta (¿pero cuál?) desconocido al que estuve a punto de hallar tantas veces sin conseguirlo. La mitad de mi vida lo he intentado. Nada es real mundo que se construye como una garra del sueño higo inmaduro soledad sola dicha... |
| La ciudad inocente |
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Ciudad antropófaga ¿por qué caminas en nosotros y te mueves como una bestia que la sombra confunde? Te desperezas en todos los habitantes que te identifican en esa cierta debilidad por el otoño, hábilmente disimulada. Nada puedes hacer cuando te derriban el último sueño... |
| La orfandad del sueño |
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Regreso de los sueños que se inclinan cada noche a recoger violetas. De tardes que se juran la lluvia a perpetuidad. De palomas que se adelantan a los acontecimientos. Regreso porque es preciso convencerse y mirar que los atardeceres cambian siempre de sitio y la lluvia no solamente... |
| Los locos |
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Los he visto de cerca, solemnes y magnÃficos, poniéndose su cuerpo cada dÃa mientras les duele el cráneo desvestido. Los he visto en la tierra, azotándose, gusanitos de Dios sin esperanza. Colgados de la vida, con su domingo a cuestas que tarda en regresar una semana. Cerca del testimonio... |
| Los locos |
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Los he visto de cerca, solemnes y magnÃficos, poniéndose su cuerpo cada dÃa mientras les duele el cráneo desvestido. Los he visto en la tierra, azotándose, gusanitos de Dios sin esperanza. Colgados de la vida, con su domingo a cuestas que tarda en regresar una semana. |
| Los suicidas del viaducto |
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Salieron a contemplar la luna de junio y los niños olvidaron sus juegos. Pocos pueden permitirse el lujo de una muerte elegida en un cierto momento ser un mÃnimo astro incendiado en el cemento acariciado poco antes por una barredora mecánica de luces amarillas e intermitentes. ... |
| Mujer inconveniente |
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Definitivamente no, señora mÃa usted no es la mujer que conviene a su marido. Carece de imaginación utiliza el gastado lenguaje de las mujeres de nuestros abuelos. Alterna las visitas a los supermercados con las telenovelas y espera con la crema puesta la cuota semanaria del amor. ... |
| Neblilúnea |
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SabÃas que una muchacha desnuda canta como una botella que se arroja al mar? ¿Lo sabÃas? Escúchame cantar como a un árbol lacustre en el centro de Neblilúnea. A la orilla de tu sangre, en tu terrestre compañÃa. Neblilúnea, la ciudad descubierta por nosotros conoce tu pasado... |
| Neblilúnea |
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I ¿SabÃas que una muchacha desnuda canta como una botella que se arroja al mar? ¿Lo sabÃas? Escúchame cantar como un árbol lacustre en el centro de Neblilúnea. A la orilla de tu sangre, en tu terrestre compañÃa. Neblilúnea, la ciudad descubierta por nosotros, conoce tu pasado y el mÃo. ... |
| Otra vez España |
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Tu nombre suena en mis oÃdos extraño y cercano como el murmullo del mar, ebrio de vida. ¿Cuál es la canción que todos cantan, cuál es la verdadera, la que viene de las minas y es tan grata a nuestro corazón como la tierra fértil, como los viejos libros de caballerÃa... |
| Palabras al amigo solitario |
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He aquà que estás y vives y nada es suficiente. Un algo insoportable te domina y la ciudad no cabe ya en tus manos. Se te sube a la espalda, regresa a tus zapatos. Y piensas en el hijo que no tienes, en la mujer amada que le falta a tu noche cada dÃa. Aquà estás, dividido, doliéndote... |
| Para nombrar a España con amor |
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PaÃs que venÃas a mi encuentro sin sospecharlo (¿o era yo la que caminaba hacia ti?) que estuvo siempre detrás del mar, con su aliento de sal y el deseo de la primera golondrina. Es posible que un dÃa me reconozca en ti, en tu olor de semillas, en tus flores recién cortadas, en tu... |
| Para quien pretenda conocer a un poeta |
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Es difÃcil conocer el corazón de un poeta. A primera vista resulta fácil doblegarlo por la vanidad, ensalzarle y hasta aprenderse de memoria unas cuantas lÃneas suyas. Caminar a su lado y sostener el mar con la mirada, hablar de ciudades irreales, adivinar su amor y sus costumbres, su vida... |
| Petrópolis bajo la niebla |
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Porque no era válido salir a buscar el fuego del mar detuvimos los pasos frente a la tarde campana llamando golpeando las puertas de la ciudad abierta que aguardaba nuestra llegada en su vaivén de niebla. El sol deshecho del dÃa atravesaba las palabras del descubrimiento de las primeras ... |
| Petrópolis bajo la niebla |
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Porque no era válido salir a buscar el fuego del mar detuvimos los pasos frente a la tarde campana llamando golpeando a las puertas de la ciudad abierta que aguardaba nuestra llegada en su vaivén de niebla. El sol deshecho del dÃa atravesaba las palabras del descubrimiento... |
| Presencia de las islas |
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Como un cortejo cabalgando a solas surgen de la niebla. ¿Quién alimenta su esplendor que ninguna tempestad oculta? De las islas sube algo parecido al deseo. Casa viviente en el mar las islas animales fantásticos esperan su alimento de frutos silvestres su ración de ostras. Para mi... |
| Ulises |
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Ese color le sienta a tu estatura a tu forma de hablar y de mirarme. Navega un barco en la acera de enfrente. El tiempo detiene sus velas y tu llegas náufrago a mis brazos. Solemos pasar el tiempo contando las... |
| Unas palabras para el extranjero |
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Escucha extranjero, yo voy a mostrarte la lejanÃa. En esta ciudad no navega hoy más barco que el de la soledad. Las sábanas son frÃas en los hoteles. Hay crÃmenes y miedo a media noche. Podemos, si quieres, cantar sin corbata y navegarnos tomados de las manos aun a riesgo de ser acusados ... |
| Verano en la ciudad |
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Los árboles nocturnos crecen de pronto sobre nuestros pasos. Cuando la luz descubre su presencia los desnuda y los puebla de voces las voces de la noche y sus amores. El agua juega entonces con el agua y regresa a sà misma como un amor de siempre que retorna o un estremecimiento... |
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