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David Huerta | |
Que vuelvas a ver la enorme catedral y la erizada Capilla y sientas el paso distante, los rumores de los Cruzados y de San Luis. Que vuelvasa la calle Monsieru le Prince para asomarte a los escaparates y, luego, en la calle Vavin, a los inventos de los herboristas y su lento prodigio -la invisibilidad ... | |
Humo de rosas quemadas en el jardÃn donde hemos conocido a la noche con brazos más extraños que la palabra Deseo, donde sobrevive un aire de recuerdo inútil, mordido por la venenosa fragilidad que distribuye la sombra al pasar, cuando el frÃo se transforma en una cercanÃa ... | |
Entro en una gasa letárgica hecha de fantasma y Purgatorio. Está detrás de una velocidad de párpado la fractura de una Afirmación. Pero yo nada puedo ya afirmar en esta ensordecedora negociación de bien, mal, polÃtica, moralidad. Entro y salgo de vestiduras tensas, la Afirmación ... | |
La región que buscabas en el azul del sábado es una reliquia desprendida del corazón húmedo del aire: una zona de poca fortuna Para la riqueza de tus manos rectas y dolorosas, metidas en el azar de un brusco acercamiento o penetradas por el disturbio de una desnudez ... | |
CapÃtulo I Simulacro El mundo es una mancha en el espejo. Todo cabe en la bolsa del dÃa, incluso cuando gotas de azogue se vuelcan en la boca, hacen enmudecer, aplastan con finas patas de insecto las palabras del alma humana. El mundo es una mancha sobre el mar del espejo, ... | |
En la noche del cuerpo se preparan los alimentos de Dios, la cena carmesà de los esclavos, el mÃstico bocado de los turbios amantes- sudor, lágrimas, mierda- el humus lento, el óvalo marchito, el resto náufrago del visionario, el regalo sedente que se posa en la tierra- ... | |
MilÃmetros de ti convergen ahogándose, bajo la noche, la fantasÃa de toda la transparencia empozada en el cuarto. Tu mirada oscila con un cerrado esplendor, y en tu saliva surgen pedazos de nombres, alas de quemaduras: la noche resuena en tu paladar con paso lentÃsimo ... | |
Aquà están los nervios que envuelven, como un papel fragante, las melodÃas obtusas del rencor. Y aquà la risa como un pájaro ebrio Escuchar. Olvidar. Dos neblinas. La espuma del sufrimiento cala en el encaje náufrago de mi silbido matinal. Aquà están los sonidos olvidadizos, ... | |
Señor, salva este momento. Nada tiene de prodigo o milagro como no sea una sospecha de inmortalidad, un aliento de salvación. Se parece a tantos otros momentos... Pero está aquà entre nosotros y crece como una luz amarilla de sol y de encendidos limones - ... | |
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