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El mayor de los temores

Me pregunto si el tiempo está fuera del tiempo,
para explicar mis anacrónicos miedos.
Conclusiones... de una nostalgia no vivida;
de un pájaro que después de volar no pisó tierra;
de un sueño olvidado al amanecer nunca visto;
de la asfixia de una orgía de polvo y líquido.

A lo que temo es a lo que sabré... hormigas que siempre aparecen;
angustia acelerada en una banalidad
que dura tanto como la suma
de una lágrima sin nombre,
del rumbo fijo e inerte de una mirada,
de la sonrisa fría frente a un rostro abstracto;
no son más que segundos dedicados a la resignación, o al ocio.

A veces cierro los ojos para evitar ver lo antes visto:
repetición continua de voces y lugares
cuya familiaridad me aterra, pero no tanto;
y no pienso más que en mi espera deseosa de tragedia
o en los destellos radiantes de esperanza,
que van más allá de la tristeza y la felicidad...
Tan lejos como el pensamiento.

Ya no temo al frío o al calor, o al dolor y al placer;
ni al dueño y al esclavo, ni al cazador ni al cazado;
ni al amor ni al odio o al lleno o al vacío;
por eso mi tiempo se malgasta
y sin nada que hacer veo en la T.V.
como dios y satán se debaten un mitin político
que los científicos no saben explicar.

Mientras tanto espero una respuesta
que me diga qué no puedo hacer;
tal vez así le dé importancia a ciertas cosas;
como la gula del sexo salvaje del sábado y la sopa caliente del domingo.
que no es más que líquido y polvo que transportan las hormigas...
afortunadas que sólo existen; a menos que se les pisen.
y aún así ellas no temen; eso se lo dejan al pie,
o a la piel; que es el disfraz perfecto de valentía.

Confrontar mis miedos es cortar mi piel, ver la sangre fluir y la herida sanar;
recordarlo es proteger mi piel de la sangre y la cicatriz.
Palabras de un miedoso que no mata ni a una mosca; pero mata.

Pero más que la muerte y la herida temo al cáncer de vida;
que envenena lentamente en la insoñación:
De la Tierra encerrada en los puños dentro de un avión;
de un Libro olvidado en la luna;
de un Sueño varado en el inconsciente;
de la Saliva tragada en otras bocas.

Y es que tener hambre, sueño, frío, calor, o sexo el sábado,
es comer el pájaro que piso tierra,
es cerrar los ojos y no ver el amanecer para luego olvidar el sueño,
es buscar calor en una piel y frío en una mirada,
es hervir en la sopa del domingo.
Pero a eso no le temo por que ya es rutina.

No hay temor más grande que descubrir,
que al final soy tierra, libro, sueño y saliva,
entre las lágrimas, miradas y sonrisas de una piel intacta.
Miedo... de simplemente ser; pero no tanto.


GG

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Publicado el: 02-01-2003
Última modificación: 00-00-0000


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