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DURO TIEMPO DE LA PAZ

DURO TIEMPO DE LA PAZ
[Doce años después de la firma de los Acuerdos de Paz, firmados en Chapultepec, México]



Antes de aquello, ¿qué hubo?
Y después de aquello, ¿qué hubo?
Y aquello ¿qué fue?
Antonio Porchia: Voces


A menudo perdemos la cuenta de cuanto
Hemos caminado por inmensos laberintos
A esta fecha después de miles de años
No es posible encontrar una salida
Que de a la puerta de un mapamundi sin cascajos
Que nos anticipe a un destino menos despótico
Que nos saque de la cárcel para emprender otros vuelos
Al final del túnel hay vacíos insospechados
Llagas es el precio de la vista ante los faroles
¿Quién soy? ¿Quiénes somos? Ardemos en la travesía
¿Dónde hallaremos nuestro propio escalofrío?
¿Qué océanos filtran nuestras palpitaciones?
Estamos arrojados a una desnudez indescifrable
Batallas inútiles horadan nuestros rostros
Hay un umbral de sangre que se pega en las pupilas
Hay un reino de huracanes inasibles sobre nuestros techos
Y una memoria depilada por fantasmas
Y una luz que convierte la herencia en ceniza
Y un mar que mendiga su propia agua
Yo tú y la paz Paz de los huesos sepultados
Lavados por la sal del océano cuando se jugó a perderlos
En ese gran museo abisal del destierro
Todos reposan en la ráfaga pero nadie la detiene
Todos hacen la señal de la cruz para santiguarse
Y sin embargo la locura sigue como recia tormenta:
Corrosivos trenes rodando en el ansia
Agónicas grietas apagando la garganta
Encajes derruidos en los dientes
Alambiques de pólvora tornándose aguardiente
Brumas más punzantes que los alfileres
Mordeduras monstruosas y la ley impune
Delirios en la sartén vacía del desierto
Demonios que aúllan con látigos medioevales
Pero la paz está allí aunque haya perdido su cabeza
Está allí como hoja de papel en blanco
Como un cuerpo sobreviviente que sangra
Que se hunde o emerge del cieno no lo sé
Que tiene los cabellos enredados en la zarza
Que tiene miedo y frío del recuerdo
Pero la paz está allí —nos dicen― con palomas blancas al fondo
Esa paz que no nos mira cuando la nombramos
No sé si huyó perseguida por otros azores
O si simplemente murió en la batalla del vuelo
No sé si vendrá con el misterio de la esperma
O simplemente será un fantasma bajo la luna
No sé si será un acto de fe para inmolarnos
O un cadáver blanco en un concierto de rock
Pero la paz está allí sólo que para verla con los ojos cerrados
Por eso “tiene más sentido tu sombra en el bosque
Que esos tristes hombres que recuerdan al zorro,
Al lobo y a la aspa”…
Barataria, 16012004.


André Cruchaga

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Publicado el: 19-01-2004
Última modificación: 00-00-0000


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