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CRÍTICA DE LA RAZÓN PURA O PORQUÉ NO TE HE ESCRITO


                                                            “¡averigüen dónde queda ternura!”
                                                            JUAN GELMAN

Recomiendan no adentrarse en el obsesionario donde se desmadejan las hipótesis a riesgo de demostrar que uno más uno son mucho más que dos/
o mucho menos/ según el ángulo en que el corazón
se conjuncione u oponga a la razón.

Me he comido un pan abstracto/ y Kant está sobresaltado por eso/
porque teme de seguro que con las dudas harapientas y trepadoras/
no pueda emularlo para llegar a ésa certidumbre con agallas/
ésa pececito que huye de mis redes de practicar la razón ya/
ése que demuestre la existencia del amor y la inmortalidad de tus ojos.

No estaba predestinado/ pero el comején de la irresolución me ha rasgado el alma y unas sinrazones han aprovechado la coyuntura y han huído por las malhadadas costuras descosidas.

No te he escrito porque mi verano tirita en tu invierno secular/
en ése gélido aleteo ajeno a mi canción no cantada.

No te he escrito porque todavía no ha transcurrido toda la era necesaria
para que tu ansia evolucione hasta amar.

No te he escrito porque ya escribí te amo en el cielito lindo/
y el olvidar se ha puesto a llover junto con todas las palabritas.

No te he escrito porque siento que las lucecitas exiguas no conmueven
a tu río lindo que dónde estará.

¿No querrás otros resplandores?. Yo no entiendo de esos reflejos.

Esos fulgores de las usinas son fogonazos/ te pueden dejar deslumbrada el almita/
y hay que estarlos manteniendo con los fuelles del erario del que puede puede.
(quién puede aguantar todo el tiempo insuflando/
y no hay músculo que aguante eso)

Ten cuidado con eso porque lo artificioso es voraz y no se puede sostener mucho tiempo y luego puede venir la penumbra.

Las lucecitas congénitas en cambio tienen ombligo
y sólo se apagan con la muerte.
Yo milito con ésas pobrecitas.
Claro que sólo se ven en la noche cuando aguzas el corazón.

Si tu corazón habla en arameo y el mío en celta, entonces qué es eso de seguir preguntando por tu sombra/ pregunta un búho erudito discípulo de Kant.

Yo planteo que ésas son cosas de los corazones anarcos.
Quién los entiende.
Pobrecitos, sólo queda perdonarlos porque no saben lo que hacen.

Entonces/ lo que pudo ser y no fue/
¿seguirá atado ahí todavía para desvelarme/
para seguir intentado subirse a las tentativas ariscas/
ésas chúcaras que no hacen si no cocear?

Sin embargo, una anhelación está rondando por ahí solita/
según dicen haberla visto los avisadores de la noche/
expertos en escarbar cuitas no deshojadas.

En efecto/ el otro día la encontré sentadita debajo de mi pupila.
Le di de añorar y se durmió.

¿Y tú/ sigues dando vueltas sobre ti misma
para encontrar dónde se te cayó el amor?

¿Tan ínfimo era que no lo encuentras?

¿No será que lo estás pisando y no lo ves?

¿o quizás este olvidado en alguna gavetita de tu almita atrapada?

El otro día pasaste por debajo de mi alma/ y yo no me di cuenta/
si no hasta que el corazón me tocó el hombro otra vez/
cabizbajo/ y me pidió la llavecita para abrir la ternura.

Así es él.

Siempre pregunta si por encima del pensamiento está colocadito el amor.

Yo/ extraño ensimismado/ no puedo evitar darle permiso para explorar.
A ver si esta vez encuentra algún atajo que lleve a querer.

¿Quién sabe dónde queda querer?


Beto Hermoza

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Publicado el: 16-02-2004
Última modificación: 00-00-0000


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